Como mencioné ayer, finalizaré mi explicación con respecto a ese aspecto, al que considero muy importante, ya que forma parte fundamental de “una de las caras de la moneda” que —al menos en mi interpretación— constituye la causa primordial de lo que (para tratar de llamar vuestra atención) denominé como el “fracaso” de Jesús (el escaso “éxito” que ha tenido el cristianismo a lo largo de estos 2.000 años).
Ayer explicaba que, frente a lo que podemos llamar el “fracaso” de Jesús (el escaso “éxito” que ha tenido el cristianismo a lo largo de estos 2.000 años) consideraba necesario decir algunas cosas sobre lo que interpreto han sido las causas —al menos las fundamentales— que generaron esa situación.
Hace unos días escribí un post, en el que me referí a una cuestión que desde hace ya tiempo me angustia mucho, tema al que, tratando de darle un título “llamativo” mencioné como el “fracaso” de Jesús.
Y, si bien es cierto que en el texto aclaré que me refería al “aparente” fracaso que ha tenido su mensaje (es decir el cristianismo en general) sin embargo me parece que es un aspecto que nos debería preocupar (y ocupar) considerablemente.
Sin embargo, nadie, absolutamente nadie, efectuó comentario alguno al respecto.
Estimado hermano Eugenio Ortiz Carreño
Había pensado escribir una respuesta a su comentario de mi último post.
Pero, como al hacerlo me resultó un texto demasiado extenso, prefiero ponerlo como un post aparte.
Ante todo le agradezco su deferencia, no sólo por haber leído mis escritos, sino también por haber efectuado un interesante comentario sobre mi reflexión.
Continuando con la explicación del por qué considero incorrecta la excusa que se utilizó, para tratar de “aclarar” (en realidad ocultar la realidad) las causas que existieron para que se modifique la forma de comulgar que existió en el origen del cristianismo, es decir, en el momento en que luego de muchos siglos se la cambió, y se implantó como forma de comulgar el recibir la Hostia Consagrada en la boca (que es como lo hacíamos hasta hace unos años, y que ahora “algunos” desean reimplantar) les diré algo más al respecto.
Ayer les mencioné, que la excusa que se utilizó para tratar de “explicar” porqué se había dejado de lado el sistema original de comulgar tomando el Pan Consagrado en la mano (que fue asegurar que se lo había hecho para evitar posibles sacrilegios) era un verdadero dislate y que —al menos para mí— eso significó tomarnos a los laicos como unos perfectos tontos.
Y les dije que continuaría con ese tema, cosa que haré a continuación.
Hace algunos días, al finalizar con un breve análisis del PADRENUESTRO, mencioné que consideraba necesario decir algunas cosas con respecto a los comentarios críticos que se suelen escuchar, relacionados con la forma que usamos ahora para recibir el Cuerpo y Sangre del Señor Jesús.
Es decir; con el hecho de hacerlo recibiendo la Eucaristía en la mano, y luego llevándola nosotros mismos a nuestras bocas.
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Antonio Aradillas