Periódicamente surgen noticias sobre comentarios, posturas, declaraciones, documentos y otras cuestiones por el estilo, haciendo referencia a la posibilidad de volver a “imponer” al latín —en forma “obligatoria y excluyente”— tanto en la Celebración de la Misa como en los demás ritos de la Iglesia Católica.
Incluso uno de ellos menciona (al menos aproximadamente) lo siguiente:
Por disposición del papa Benedicto XVI, las misas podrán oficiarse nuevamente en latín. Su Santidad ha levantado las restricciones para llevar a cabo la antigua liturgia de la misa en latín siempre que «un grupo estable de fieles así lo solicite a su párroco correspondiente».
Es decir, que hay quienes reclaman —y hasta diría que “aseguran”— que muy pronto se reestablecerá “en exclusividad” la llamada Misa Tridentina o Misa de San Pío V.
Pues bien, les diré que lo que yo considero más grave de ese asunto, es que no se lo afirma como una simple “nostalgia” —que legítimamente podrían tener quienes desean volver a la Celebración del Sacrificio de la Misa utilizando el latín— sino que me parece que detrás de todo ese asunto hay “algo” más.
Y por eso creo conveniente hacer unos breves comentarios al respecto.
En primer lugar es necesario recordar, que en el origen del cristianismo (es decir, durante más de los dos primeros siglos de nuestra era) lo que nosotros hoy denominamos como “Celebración de la Misa” (y que —salvo error de mi parte— antaño se lo llamaba “la Fracción del Pan”) se lo hacía utilizando el arameo (amén, aleluya y hosanna son palabras arameas) o eventualmente el griego, ya que ésa era la “lengua común” en la mayor parte del Imperio romano de Oriente (algo parecido al idioma inglés en nuestros días, que casi en cualquier lugar del mundo hay personas que lo comprenden) que fue el lugar donde se inició, y se desarrolló el cristianismo (el kyrie eléison, y el símbolo IHS, que deriva de Jesús en griego, son también claros ejemplos al respecto).
Y al respecto me parecería muy útil que todos se hiciesen la siguiente pregunta:
¿Hay alguno que pueda siquiera imaginar, que los hebreos, o los integrantes de otros pueblos, que por ese entonces se encontraban dominados por Roma, admitiesen que se Celebrase la Misa (la Fracción del Pan) utilizando el idioma nativo de los “paganos” que los estaban sojuzgando?
Obviamente, eso es algo que resulta directamente impensable.
Por supuesto que cuando el cristianismo comienza a “afincarse” en el área del Imperio romano de Occidente —Roma incluida— es absolutamente lógico que allí se efectuase la Celebración de la Eucaristía (la Fracción del Pan) en latín, dado que ésa era la lengua vernácula de la mayor parte de los habitantes de esa zona, los cuales —de más está decirlo— en su inmensa mayoría desconocían por completo, tanto el griego, como el arameo.
Y también que tiempo después, con la “cristianización” del Imperio efectuada por Constantino (mejor dicho, con el “uso” que hizo Constantino de la religión cristiana, para “aglutinar” mejor por su intermedio, su poder imperial sobre todas las poblaciones que habitaban las tierras bajo su dominio) se comenzó a fomentar la celebración de los ritos cristianos en latín en toda esa área, coexistiendo incluso algo más adelante con los idiomas propios de los pueblos germanos (mal llamados bárbaros) que se introducen allí después de producirse la caída del imperio romano de Occidente (la caída de Roma).
Es decir, que durante siglos la Celebración de la Eucaristía se lo hizo en la lengua que utilizaba cada población, si bien hasta podríamos llegar a aceptar, que en muchos lugares se usaba constante y únicamente el latín.
Fue recién hacia el 1570 de nuestra era, cuando el Papa San Pío V dispuso la Celebración de la Misa únicamente en latín, siguiendo la doctrina del Concilio de Trento, alegándose para hacerlo el pretender lograr de esa forma la “unidad católica”, es decir, utilizar una única lengua para todos los católicos del mundo, cualquiera fuese el lugar del planeta en el que habitasen.
Y me parece más que obvio que si se llegó a establecer esa disposición, es por la simple razón de que en muchas partes del mundo se continuaba Celebrando la Eucaristía en la lengua vernácula, “popular”, y no en latín, caso contrario esa disposición papal no habría tenido ningún sentido.
Y al respecto hay que recordar algo más.
En primer lugar, que es imposible olvidar, que esa disposición papal reconoció el “derecho” para que, en los lugares donde se utilizaba otro idioma desde hacía más de 200 años, se pudiese continuar usándolo, es decir, que esa resolución papal admitió que en ellos no era imprescindible el uso del latín.
Y en segundo término que, como ya se los mencioné antes, si bien siempre se ha asegurado que esa decisión tuvo por objeto el “aglutinar” a todo el catolicismo (todo el ritual litúrgico) bajo una única lengua, me permitiré decirles que —al menos en mi opinión— también es muy factible (o, si ustedes prefieren decirlo de esta forma, es posible “sospechar”) que en tal disposición papal bien pudo ejercer —al menos— “cierta influencia”, el acentuar de esa forma una clara oposición a la postura de la Reforma iniciada por Lutero, quien reclamaba la lectura personal de la Biblia en las lenguas comunes o populares.
Y aún a riesgo de equivocarme —sinceramente se los digo— yo no tengo duda alguna de que ÉSA fue una de las razones más importantes al respecto.
Pues bien; sea por el motivo que fuese, hay algo más que es imposible olvidar.
Como ya lo dije, durante la mayor parte de la historia de la Iglesia, la Celebración del Sacrificio de Misa (o Fracción del Pan) se la hizo en la lengua de cada pueblo.
Y además, que por aquellos años, y a diferencia de lo que ocurre en nuestros días, el latín era un idioma “bastante” conocido por mucha gente, ya que no sólo Roma se había “cristianizado” hacía rato (no hay que olvidar, que la “lengua común” en toda la zona de lo que había sido el Imperio Romano de Occidente era el latín, tal cual como en Oriente lo era el griego) sino que prácticamente cualquier cosa que por entonces se consideraba “culto”, y se “escribía”, se lo hacía en ese idioma, así como también era ése el lenguaje “académico”, el que se utilizaba en las universidades, etc.
Sabido eso, diría entonces que —hasta allí— el uso del latín en esa época presenta una “cierta” lógica.
Pero me parece obvio que un gran período de existencia de la Iglesia transcurrió con la Celebración de la Misa (con la Fracción del Pan) en los idiomas vernáculos de cada pueblo, mientras que el latín, como idioma único obligatorio (y eso “relativamente”) abarca SÓLO unos 4 siglos, ya que el Concilio Vaticano II, ratificado por el Papa (y por ende, DOCTRINA OFICIAL E INDISCUTIBLE DE LA IGLESIA CATÓLICA APOSTÓLICA Y ROMANA, exactamente idéntica, con el MISMO VALOR QUE LA DOCTRINA DE TRENTO, o la de cualquier otro Concilio o disposición papal) volvió a la Celebración de la Misa en el idioma de cada pueblo.
Por ende cabe preguntarse, qué sentido tendría el retornar ahora al latín.
Y les diré que —lo que yo me “sospecho” al respecto— (recuerden, ya se los he aclarado más de una vez, suelo ser “muy” mal pensado) no me gusta para nada.
Pero, como el desarrollar esa “sospecha” que me produce la insistencia que se plantea con el uso del latín, sin duda me llevará algunas líneas (no demasiadas, no se asusten) para no extender tanto este post lo haré mañana.
Cordiales saludos
MARAHA-THA
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Muy interesante tu post, Mario.
Yo estudié muchos años de latín y me gusta, pero por otras razones.
En cuestión de Misas... ¡¡¡paso de latinajos!!!...que se los queden los que tanto añoran "las cebollas de Egipto" y que nos dejen a los demás en paz.
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
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