Constantemente me “siento” como si viviésemos encerrados dentro de una verdadera pesadilla.
Enviamos un hombre a la Luna y lo traemos de vuelta. Planeamos trasladar a otro hasta Marte, e incluso más allá.
Periódicamente se envía un transbordador al espacio, el cual se acopla a una estación que está orbitando permanentemente nuestro planeta, a centenares de kilómetros de altura, y donde viven varias personas. Además, algunos salen periódicamente a realizar “caminatas espaciales”, para efectuar reparaciones u otras cosas parecidas.
Y casi diríamos que se lo hace de forma “rutinaria”, similar a como nosotros nos trasladamos hasta el comercio de la esquina. Y hasta se realizan viajes “turísticos” hasta allí.
Por otro lado, con sólo apretar un botón encendemos el televisor, y podemos observar hechos que están ocurriendo en este mismo momento al otro lado del mundo.
De la misma forma que con nuestra computadora, o con un pequeño teléfono celular, logramos contactarnos con personas que se encuentran, casi, en cualquier lugar del planeta.
Asimismo, si nos detenemos a analizar otros ámbitos de la realidad, vemos que en medicina contamos con aparatos que les permite a los médicos observar el interior del cuerpo humano, en algunos casos en forma directa, y en otros mediante imágenes, mostrándoselo casi como si al paciente lo fuesen seccionando con una máquina de cortar fiambre. Y además hay otros que los galenos usan a diario, mediante los cuales, y a través de pequeñas incisiones, logran efectuar complejas operaciones en el corazón, arterias, cerebro y en muchos otros órganos de la anatomía humana. Incluso, hasta lo hacen en los corazones de los fetos que se encuentran dentro de los vientres de sus madres, durante el período de la gestación.
Y podríamos seguir mencionando muchas otras cosas, o “maravillas” similares, que hasta hace pocos años sólo era posible imaginar, o como máximo, ver en alguna película de ciencia ficción.
Pues bien; frente a “tanto prodigio tecnológico” cabe preguntarse:
¿Es lógico suponer, que existiendo tantos elementos técnicos —casi increíbles— no se cuente con alguno que nos permita solucionar con mayor eficiencia y rapidez, esos gravísimos problemas que afectan a toda la humanidad, y que he mencionado a manera de título de esta serie de artículos?
¿Debemos, por ejemplo, en el ámbito de la inseguridad y en el de la investigación de los delitos que se cometen, resignarnos a que sólo nos quede como solución el tener que seguir “cosiendo expedientes”, con lo cual, no sólo no se soluciona ni la falta de seguridad ni la impunidad, sino que muchísimas veces sólo sirve para que se cometan errores verdaderamente atroces, culpando a inocentes?
¿No hay ninguna forma de evitar, que tantos problemas políticos y administrativos se sigan resolviendo usando falsedades y favoritismos?
¿Y qué decir de la corrupción, que campea por absolutamente todos los ámbitos de la sociedad?
Pues bien; creo que ha llegado el momento de efectuarnos esas preguntas.
Y me parece obvio que no alcanza con “hacérnoslas”, sino que también debemos reflexionar, y con mucha seriedad por cierto, sobre la posibilidad de modificar ese estado de cosas.
Es decir; que estimo imprescindible responder a lo que evidentemente es un “clamor” absolutamente generalizado, y no sólo de nuestra sociedad argentina, sino que se repite en prácticamente toda la humanidad, y que, por ende, debemos esforzarnos en buscar la forma de tratar de DAR “VUELTA” A LA PÁGINA de esta vida que estamos llevando, con el simple objeto de que podamos comenzar —de una buena vez por todas— a transitar por este mundo de una manera más acorde con la época en que, todas esas maravillas tecnológicas que poseemos, nos deberían permitir hacerlo.
Y no crean que eso es un sueño, o algo únicamente utópico, sino que consiste, sencillamente, en recurrir a uno de esos “elementos técnicos”, el detector de mentiras, para poder hacerlo.
Y para que comprendan que no constituye sólo una fantasía, sino que responde a una realidad, procuraré explicarlo en los próximos artículos.
Cordiales saludos
MARANA-THA
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Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Antonio Aradillas