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La oración - el Padrenuestro (12)

09.02.10 | 11:55. Archivado en El Padrenuestro
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He llegado al punto que —junto con lo del perdón— me resulta lo más complicado de todo lo que menciona esa oración que nos enseñó Jesús: «líbranos del mal».
O bien, como prefiero decir yo al rezar mi PADRENUESTRO, «líbranos del MALO».

El motivo fundamental por el cual utilizo ese término, se debe a que interpreto que la enseñanza de Jesús está dirigida a alertarnos sobre aquél que es nuestro "enemigo" por excelencia, es decir el demonio.
Y el motivo por el cual pienso de esa forma, es porque me resulta poco creíble la idea de que el Señor se hubiese limitado a sugerirnos que, en nuestra petición al Padre Celestial, debamos exponerle un simple deseo referido a que "evite" que nos suceda algún "mal", es decir, lo que nos pueda parecer "desagradable".

En efecto; pocas dudas podemos tener, en el sentido de comprender que para Jesús, absolutamente todo se encuentra dentro de lo que llamamos el "plan providencial del ETERNO", es decir que, aún cuando nosotros no podamos comprenderlo perfectamente bien, todo cumple —de una u otra forma— dicho "correcto esquema" prefijado por Dios.
De acuerdo a eso, lo que nosotros podemos tal vez interpretar como "calamidades", tendrían también un sentido con una finalidad valiosa dentro del contexto o economía (obviamente en sentido religioso, y no monetario) de dicho plan salvífico previsto por el Buen Padre Celestial.

Siendo así, resulta muy poco probable que tratase de enseñarnos a solicitarle que "nos evite" lo que, con nuestra limitada capacidad humana, entendemos constituye algo malo para nosotros.
Es decir que, con una concepción integradora, o verdaderamente “religiosa” de la vida, aún en las cosas más "feas" que puedan sucedernos, tenemos la posibilidad de obtener aspectos positivos, ya sea de simples enseñanzas o, que meramente nos corresponda reconocerlas como elementos que la providencia de Dios coloca en nuestro camino, para ayudarnos a obtener nuestra salvación.

Por eso creo que con aquellas palabras, Jesús se refiere al tema (o “problema”) del demonio más que a cualquier otra cosa, y por ende resulta conveniente que reflexionemos —aunque sólo sea unos instantes— sobre ese “famoso y nefasto” personaje.
No es que intente hacer un estudio profundo sobre tal ente, cosa que excede por completo, no sólo las posibilidades de un artículo como este, sino fundamentalmente mis propios conocimientos al respecto.

Por otra parte tampoco creo que sea conveniente entrar en semejante actitud.
Simplemente me limitaré a alertar, en el sentido que, ese tema —tal cual como sucede con algunos otros, que más de una vez se suelen sostener con una suerte de "doctrina sumamente sólida"— es producto en su mayoría de los análisis o elucubraciones realizadas fundamentalmente durante la Edad Media, los cuales están basados en los textos bíblicos escritos con posterioridad al cautiverio de Babilonia, mientras que en los redactados con anterioridad, es decir, los textos “más primitivos” de los relatos bíblicos, existen muy pocas referencias a hechos que los estudiosos y conocedores de la Biblia (recuerden siempre que yo no me considero como tal) consideran como relativas a la existencia del demonio.

A simple título de ejemplo al respecto, les recuerdo que la famosa serpiente que habría tentado a Eva en el paraíso, no tenía en realidad en ese pasaje relación directa alguna con lo que nosotros hoy entendemos como el demonio.
Por otra parte, el famoso Satán del Libro de Job, tampoco era ese nefasto individuo que nos complica tanto la vida a nosotros, no obstante lo cual, hoy lo asociamos como si fuese, no sólo el mismo ente, sino que hasta le adjudicamos esa designación como si fuese su “nombre propio”.
Dicho sea de paso, idéntico “fenómeno” podemos mencionar con respecto a la mayoría de los aspectos relacionados con los ángeles.

Es decir; que en los más remotos manuscritos bíblicos prácticamente no existe nada en absoluto, ni con respecto a los ángeles, ni sobre los demonios.
Tal vez —por lo menos así lo espero— podamos contar algún día con mejores elementos que los actualmente disponibles, lo cual nos permitirá colocar “ésos” aspectos dentro de un marco algo más adecuado a la realidad.

Y esto lo digo sobre todo con relación al famoso Satanás, por cuanto, casi invariablemente la humanidad ha caminado respecto a la problemática del demonio en una doble tesitura.
Por un lado muchas veces se lo pretende minimizar, es decir, o bien se niega su existencia o, sin negarlo, se lo toma como algo "poco serio", como si no tuviese ninguna significación para nosotros.
Por otro lado, han existido épocas en las cuales se ha generado una especie de "psicosis demoníaca", que incluso ha llegado a producir situaciones durante las cuales se cometieron excesos terribles, que afectaron a enfermos mentales, o con relación a otras personas que, por el simple hecho de que actuaban de forma extraña, que escapaban a la capacidad de comprensión de esos períodos, se los consideró “endemoniados”.
De más está decirles, que en forma alguna es mi deseo fomentar tales actitudes. Ni las unas, ni las otras. Pero si considero necesario insistir en que la presencia del "maligno", es una realidad que es conveniente tener en cuenta.

Es decir; no es posible cerrar los ojos a la presencia del "Malo" (o demonio) pero tampoco debemos caer en una suerte de "caza de brujas", que a mi entender resulta muy poco correcta, al menos para quienes sostenemos la existencia del ETERNO el cual, merced a nuestra petición, nos suministra todas las defensas necesarias para afrontar con eficacia cualquier asechanza que semejante personaje nos pueda plantear.

Por eso insisto en que, si observamos el texto del PADRENUESTRO, y vemos que esa referencia está expresada en forma inmediata a la "tentación", son pocas las dudas que podemos albergar, tanto en lo que se refiere a la existencia en sí del demonio, como al poder que el mismo posee y es capaz de ejercer en nuestra contra, cosa que sucedería si nos descuidamos, y no le prestamos el debido "respecto".
.
Cordiales saludos
MARANA-THA

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Nota: Posiblemente, más de un amable lector pensará que este debería ser el último post sobre el PADRENUESTRO.
Sin embargo estimo necesario redactar algunas líneas más, relacionadas a unas palabras que los católicos no utilizamos al rezarlo (al menos “normalmente”).


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