Vamos arribando al final del texto que, como lo vengo sosteniendo desde el inicio de esta serie de artículos, es para mí LA ORACIÓN POR EXCELENCIA.
Y lo pienso de esa forma, no sólo porque es la que nos enseñó Jesús (lo cual es más que suficiente para sostener ese pensamiento) sino también porque resume, por así decirlo, todo lo que debemos tener en cuenta para dialogar con Dios.
Pues bien, nos toca ahora analizar un poco la frase «no nos dejes caer en la tentación»
¿En cuál pedimos no “caer”? ¿A qué tipo de sugestión demoníaca podría haber estado refiriéndose Jesús al expresar esas palabras?
Tal vez podríamos afirmar que “eso es lo de menos”. Y en verdad no estaríamos tan equivocados si así lo hiciésemos.
En efecto; yo diría que —al menos “normalmente”— todos estamos en condiciones de asegurar, que a lo largo de cada día recibimos instigaciones de todo tipo.
O, por decirlo de otra forma, sufrimos a diario tentaciones de diversa índole, y que tenemos de forma constante en tal sentido un poco de todo, «como en botica».
Es por eso que tal vez alguien me podría decir, que no deberíamos pensar (¿o perder el tiempo?) en tratar de encontrar alguna tentación en particular.
En efecto; es verdad que a cada uno le "duele más una parte del zapato que la otra" y, si pensamos detenidamente en eso, posiblemente vamos a convenir en que en cada etapa de la vida ese "dolor" va cambiando.
Eso resulta obvio ya que, por ejemplo, para un niño no existe la seducción del sexo, y también resulta bastante extraño encontrar que un joven se encuentre sometido a la trampa del poder, o del dinero, aunque —por supuesto— en esa etapa de la vida el “conflicto” del sexo sí que se encuentra en plena efervescencia.
Y así podríamos continuar analizando distintas alternativas en esta materia.
Y es obvio que no es que desaparecen las "tentaciones" que nos afectan cuando surgen otras, sino que la aparición de una nueva suele dejar "un poco en el olvido" a la anterior, la cual puede incluso “rebrotar” —con mayor o menor intensidad— en el futuro.
Y si bien todo eso es cierto, y no pretendo negarlo de manera alguna, analizando la citada frase del Evangelio parecería que Jesús se refiere a «una» en particular, ya que habla de "la tentación" y no utiliza el plural en dicho texto.
Tal vez de esa forma pudo tratar de hacer referencia a aquella que, en cada momento de la vida nos preocupa más, o nos afecta de manera “particular”.
Es decir, que en forma elíptica pudo haberse referido a la que nos acosa con mayor intensidad en cada etapa de nuestra vida (según lo indiqué antes) y con respecto a la cual sería necesario “atenderla” en forma prioritaria en nuestra oración, para poder combatir adecuadamente esa situación.
Y es posible que así sea, pero pienso que a Jesús de forma alguna pudo escapársele lo que nos muestra la realidad de nuestras vidas, y el hecho de que, incluso en las situaciones más imprevisibles, en las que aparentemente todo se desarrolla “lo más bien” y que, por consiguiente, el vivir debería presentarse de la manera menos comprometedora, incluso allí —y yo diría que sobre todo en esos momentos— surge "la" tentación.
Por eso estimo que resulta razonable pensar —al menos como algo “posible”— que el Señor Jesús nos hubiese tratado de alertar sobre "algo" en particular, sobre una tentación a la cual, por decirlo de algún modo, mencionaría como una tentación "especial ".
Si lo tomamos así, si debiésemos pensar en "una tentación como peculiar" como “la madre de toda tentación”, yo me inclinaría por afirmar que, posiblemente, "LA TENTACIÓN POR EXCELENCIA" sea la autosuficiencia, el pensar que somos nosotros quienes podemos "salvarnos", quienes por nuestro esfuerzo, por nuestros méritos (llámese mortificaciones, ayuno, vida “correcta” o lo que sea) podremos vencer las trampas que nos plantea constantemente el demonio.
Es decir que en ese aspecto, la enseñanza de Jesús estaría referida a que debemos comprender, que necesitamos ineludiblemente la ayuda del Padre para poder escapar del peligro que representa cualquier "tentación".
Lo que nos salva del peligro, lo que evita que caigamos en la “trampa” que fuese, es la ayuda de nuestro Padre del Cielo, y no nuestras propias “fuerzas”.
Por supuesto que con eso no quiero decir que podamos, o que sea “bueno” hacer cualquier cosa, como por ejemplo "ingresar voluntariamente en tentación”, alegando que confiamos en la ayuda del Padre Celestial, sino sólo que todo nuestro esfuerzo (que sin duda alguna debemos realizar también) NO ALCANZA, y que debemos permanentemente requerir la ayuda del Eterno.
Comprendiendo esto, es decir, entendiendo que en realidad somos absolutamente limitados, y que «solos nada podemos hacer», los invito una vez más a orar con el PADRENUESTRO pidiendo especialmente al Padre que nos vaya enseñando a entenderlo cada vez más, para que de esa forma aprendamos a confiar plenamente en Él.
Cordiales saludos
MARANA-THA
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PD. Espero sepan disculpar la demora en continuar y finalizar con este tema, pero no estoy del todo bien de salud. Muchas gracias por vuestra tolerancia.
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Amiga Roser Puig
Disculpá la demora en contestarte.
Muchas gracias por tu preocupación. Estoy mejor. Parece que he sufrido una reacción a un cambio de medicación que, gracias a Dios se va superando (pero despacito).
Un cordial saludo
Mario
.......por eso entiendo que si nuestra meta es hacernos como Dios (esto lo digo con mucha humildad y repeto.A Él todo honor y toda gloria.)no podemos estar dependiendo siempre de Él (aunque todo depende de Él,claro está).Estoi seguro que Él nos dotó de las herramientas necesarias para vencer y el manual de instrucciones de estas herramientas estan en las escrituras sagradas que Él legó a todo el mundo.No deseo circunscribirme sólo a la Biblia,pues no concibo que Dios les dé un manual de instrucciones a unos hijos y a otros no.¿Que clase de Padre sería?.Y si Dios dijo que todos hermanos...pues eso.... ¡TODOS!.Que Dios les bendiga y un abrazo para todos
Vencer las tentaciones es como aprender a montar en bicicleta.Al principio, necesitamos que nos sujete la mano fuerte de nuestro Padre para no irnos al suelo al no ser capaces de dominar la dirección ni el equilibrio.No cabe duda, que en esos momentos,es cuando el Padre esta menos pendiente de nosotros,pues sabe que al tenernos asidos no vamos a ir al suelo.Lo interesante es cuando nos suelta y nos dice : -¡Ahora tu sólo!.No creo que a nuestro Padre le interese que siempre dependamos de Él y no seamos capaces de crecer por nosotros mismos.Si uno observa la Naturaleza que previamente diseñó nuestro Padre,las crias de cualquier especie aprenden de sus Padres para después ser autosuficientes( Creo que esto es el sueño de cualquier padre hacia sus hijos y no que sean padreadictos.Respetando por supuesto el Amor a Dios,que supongo que es motor de nuestra alma)
Amigo Mario, me tienes preocupada. ¿Cómo estás?
Respecto a “la tentación”, creo que es la de pretender estar por encima de los demás. La ambición de poder está en la raíz de todo pecado: poder de poseer a otra persona, de poseer riquezas, de dominar voluntades, de poseer prestigio… Las “tentaciones” de Jesús, de las que nos habla el Evangelio, indican que hasta El tuvo que luchar contra eso. Recibe un abrazo y cuidate mucho.
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Antonio Aradillas