He llegado al punto que me resulta más complicado de todo lo que menciona esa oración que nos enseñó Jesús.
Ese “problema” está en las palabras «perdona nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden»
Muchas veces, y seguramente en forma “interesada”, me he preguntado si resulta posible separar ambas frases. Y aún cuando he tratado de darle muchas vueltas a tal interrogante, me parece que es imposible.
Por tal motivo estimo que ese aspecto es uno de los más difíciles y complicados de la vida cristiana.
Por lo menos, si lo tomamos CON LA SERIEDAD QUE CREO DEBE TENER.
Con el objeto de procurar aclarar, aunque más no sea en parte, las razones por las que interpreto que resulta imposible separar ambas frases, resulta conveniente recordar dos pasajes del Evangelio.
El primero, lo encontramos en el Evangelio de Mateo cuando dice:
«Pues si perdonan sus culpas a los demás, también su Padre del cielo les perdonará a ustedes. Pero, si no perdonan a los demás, tampoco su Padre les perdonará sus culpas» (Mt. 6,14-15)
Y, si bien es cierto que dicho texto resulta sumamente claro con relación a la idea que he expuesto anteriormente, como está directamente después del PADRENUESTRO, alguno puede pensar que fue incorporado allí como una mera aclaración de lo anterior.
Sin embargo, existe por lo menos un segundo párrafo, y es el que podemos leer en otro Evangelio, en el de Marcos, donde dice:
«Y cuando estén de pié orando, perdonen lo que tengan contra otros, para que también su Padre del cielo les perdone sus culpas». (Mc.11,25)
Evidentemente esa otra declaración de Jesús, relacionada con lo que llamaría “el requisito” para obtener el perdón de los pecados, está expresada dentro de un contexto diferente al del Padrenuestro, ya que —si bien también está referida al poder de la oración— lo hace explicando que los pedidos al ETERNO sólo serán escuchados por Él, si se realizan dentro de un marco de perdón a los demás.
Por consiguiente, creo que debemos tener en claro, que sólo obtendremos perdón de nuestras propias faltas, si realmente perdonamos las que nos causan los otros.
Y les debo aclarar que perdonar no es olvidar, sino todo lo contrario.
Posiblemente algún lector considere, que no resulta tan difícil perdonar. Sinceramente me alegro por él, ya que yo no veo la cosa tan sencilla.
En efecto, para mí es DIFÍCIL PERDONAR, ya que no sólo es el simple caso de hacerlo con quien nos pisa un pié inadvertidamente, y amablemente se da vuelta y nos dice: «perdón, fue sin querer», o el alumno o hijo que se portó mal, y viene llorando a decirnos "no lo volveré a hacer".
Perdonar es hacerlo aún cuando quien nos ofende ni siquiera se molesta en darse vuelta para pedirnos perdón.
Incluso, cuando tal vez ni se entera que nos ofendió, porque desde su punto de vista entiende que está actuando correctamente, o porque simplemente interpreta que no puede hacer otra cosa, ya que, aún sabiendo que “lo que hace no está del todo bien”, entiende que “no puede hacer otra cosa” dada la situación por la que está atravesando en ese momento de su vida.
Pero aún hay algo más. Perdonar es hacerlo también cuando quien nos ofende lo hace a sabiendas, es decir cuando lo hace conscientemente, e incluso hasta me atrevería a decir, que debemos perdonar también cuando «goza» o se alegra con el dolor que nos causa.
Por lo menos, ese es el ejemplo que nos dejó Jesús desde su Cruz, cuando pidió al Padre que perdonara a quienes lo habían crucificado.
Perdonar es aceptar (ponga usted, amable lector, el sexo que corresponda a su caso en particular) por ejemplo, las ofensas que nos hacen el cliente que nos molesta o el jefe intolerable, el profesor injusto o el alumno insufrible, el amigo que nos desaira, el esposo que no nos quiere, el hijo que nos falla o que nos abandona cuando más lo necesitamos, el padre que no nos atiende lo suficiente....
—BASTA YA.
—¿Duele? Sí que duele, ¡y mucho!, pero ES ASÍ.
—Está bien. Es difícil, mejor dicho dificilísimo. Pero no obstante voy a intentarlo. Ahora bien, ¿hasta cuándo debo hacerlo?
—Porqué lo preguntas si ya sabes la respuesta. La durísima y tremenda respuesta de la Cruz. ¿Realmente necesites que te la recuerde? SIEMPRE, SIEMPRE, SIEMPRE.
—Pero. Entonces ¿qué es de mi vida, qué me queda?
—Humanamente hablando, nada. Sólo TU CRUZ, sólo el AMOR.
Eso es lo que significan aquellas frases «Quien quiera seguirme que tome su cruz cada día y que me siga» y «el que quiera ganar su vida la perderá y el que la pierda por mí la ganará».
Perdonar sin que te pidan perdón. Amar aunque te odien.
Finalmente quiero aclarar, que como ese es un tema que realmente me preocupa bastante, cuando he preguntado sobre el mismo a quienes —teóricamente al menos— saben mucho más que yo de este asunto, me han dicho que «para perdonar debe existir quien pida perdón», lo cual, como podrán advertir por lo que escribí más arriba no es mi punto de vista, dado que estoy seguro de que al Cristo que moría crucificado, nadie le pidió perdón.
Por eso les pido que oren por mí, ya que me resulta sumamente difícil perdonar, por lo cual no estoy tan seguro de obtener realmente el perdón de mis culpas.
Sólo confío en que aquí, en este tan espinoso terreno, también exista aquello que afirma el Señor Jesús, con respecto a que, «lo que es imposible para ustedes es posible para Dios».
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Cordiales saludos
MARANA-THA
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A mi me parece ue lo más dificil es pedir perddon a nuestros semejantes. Siempre creemos que la culpa es del otro/a. Un saludo cordial
Nuestra alma siempre perdona,es nuestra carne la que nos impide perdonar por sus ansias egoístas.Así lo hizo Jesús en la cruz,mas fácil le hubiera sido pedir venganza,sin embargo no lo hizo.El perdón no sólo es misericordia,es una superación de nosotros mismos,y nuestro Padre Amado nos incita a ello como superación y entrenamiento de nuestra alma.Supongo que forma parte de nuestra liberación a los apegos de este mundo.El hombre que es capaz de someter a mil hombres es un gran hombre,pero el hombre que es capaz de someterse así mismo es un valiente.(No recuerdo si lo dijo Buda o Lao Tse).Creo que esta valentía y desprendimiento forma parte del mensaje que intenta mostrar nuestro querido Mario.(En mi humilde opinión)
Hola amigo Julius
Muchas gracias por tus palabras.
Un cordial saludo
MARANA-THA
Este tema del perdón creo que es el más difícil para cualquier cristiano. Y a veces no sólo el perdonar a los demás, sino también el perdón a uno mismo.
Hace falta mucha ayuda de Dios para poder perdonar... Solos no podemos....
Pero el Señor, que conoce lo profundo del corazón, sabe de nuestras dificultades en este sentido ... Confiemos en EL.
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Antonio Aradillas