La 'locura' del vivir compartiendo

La oración - el Padrenuestro (9)

28.01.10 | 12:14. Archivado en El Padrenuestro
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En nuestro itinerario por el texto de la hermosa oración que nos enseñó Jesús, arribamos ahora a las palabras «danos hoy nuestro pan de cada día», y como el tema que plantean las mismas es muy complejo como para pretender abarcarlo en un texto de este tipo (y porque reconozco que no tengo todos los atributos intelectuales necesarios para hacerlo adecuadamente) simplemente me limitaré a exponer unas pocas líneas de pensamiento.

Creo que la esencia de lo que se nos quiere transmitir es que debemos CONFIAR EN QUE DIOS NOS SUMINISTRE los elementos que necesitamos para vivir.
Ahora bien; en forma alguna tal razonamiento puede ser interpretado como la posibilidad de quedarnos en una actitud de simple espera (como dice el tango “Haragán”, «meditando panza arriba en la catrera») para que nos llegue “de arriba”, desde “el cielo” el alimento y los demás elementos necesarios para nuestra subsistencia.
Absolutamente nada de eso.

Dios nos “ordenó” trabajar. Incluso, si hay quien lo prefiere decir así, nos “condenó” a trabajar.
Y digo eso, aún cuando es bien sabido que en realidad el trabajo no es un castigo, sino algo que dignifica al hombre, ya que le permite “sentirse bien”, saberse útil.
Y esto último independientemente de lo que sucede en la actualidad, en donde la carencia de trabajo que se hace sentir tan duramente constituye —sin duda alguna— una NUEVA FORMA DE ESCLAVITUD ya que, sea para no perder el que se posee, sea para obtener alguno, la mayoría de los asalariados (sobre todo los “desocupados”) SE VEN EN LA NECESIDAD DE ACEPTAR CASI CUALQUIER COSA, lo cual, por supuesto, constituye un atentado a la dignidad del ser humano.

Voluntariamente interrumpo ahora esa línea de pensamientos, para evitar desviar la atención del tema que nos viene ocupando desde hace unos días: la oración que nos enseñó el Señor Jesús.
Pero, para que no existan dudas sobre mi opinión al respecto, les recuerdo que ya he escrito algo rechazando el actual gravísimo problema del trabajo (o la falta del mismo) pues, como lo vengo sosteniendo desde siempre, lo religioso en general, y la Biblia en particular, tienen plena vigencia para los problemas cotidianos de la humanidad.

Continuando entonces con la reflexión sobre la oración, debemos preguntarnos qué puede significar semejante “confianza en el Padre”, y en ese sentido creo que corresponde admitir, que en la enseñanza de Jesús resulta bastante claro, por lo menos, lo que Dios NO QUIERE.

En efecto, no hay duda de que Él no ve bien que dediquemos nuestra vida a trabajar pensando en el mañana (guardando en graneros) sino que, simplemente, nos encomienda que concentremos nuestro esfuerzo laboral en el hoy, confiando en que “mañana Dios proveerá”.
Esta enseñanza en verdad no descubre nada nuevo, puesto que repite la que surge del relato bíblico del “maná”, alimento que Dios le había suministrado a los hebreos en el desierto, y que les servía únicamente para una jornada, ya que si alguien recogía más del necesario, al día siguiente se llenaba de gusanos por lo cual no lo podían comer.
Pues bien; si pensamos un poco al respecto, no hay duda alguna de que sí actuásemos realmente con ese criterio, dispondríamos de mucho más tiempo para orar y ayudar a los demás, ¿no les parece?

Pues bien, si realmente creemos en Dios, y si nos ponemos en sus manos y estamos dispuestos a hacer su voluntad, es decir, si nos dejamos llevar por Él en nuestras vidas, tal cual como ocurre con un palito arrastrado por la corriente de un arroyo, si dejásemos que realmente todo quede en las manos de Dios, en ese caso sólo le deberíamos pedir el PAN DE CADA DÍA.
Es decir, que no reclamaríamos (ni buscaríamos) el necesario de aquí a un año, a un mes, a una semana o simplemente para el mañana.
Sólo EL CORRESPONDIENTE AL DÍA DE HOY.

Ahora bien; el problema fundamental que existe al respecto, es que viviendo conforme las pautas del sistema socioeconómico —individualista y egoísta— en que estamos inmersos (¿recuerdan que hasta hace poco, se lo llamaba «Occidental y Cristiano»?) actuar de ese modo resultaría poco menos que suicida, ya que, si alguien pretendiese vivir con el “pan de cada día”, tendría muchas posibilidades de terminar viviendo como linyera o mendigo.

Por lo menos con la escasa fe que tenemos la enorme mayoría de los cristianos.
Y como yo sostengo que Jesús conocía perfectamente ése problema, ya que muchas veces hizo referencia al mismo, sí aún sabiendo la existencia de esa dificultad, igual nos enseñó a orar con esas palabras, creo que debemos pensar en la posible existencia de algo diferente.

Por eso sostengo que deberíamos considerar la posibilidad de organizar algún sistema de convivencia en el cual, aquella actitud que nos reclama el Cristo fuese posible de llevar a la práctica, y en el que cada uno de los que resuelvan vivir allí, si bien renunciarían a la aparente “seguridad” que puede otorgar la propiedad privada de sus bienes, contarían en cambio con la suministrada por un mecanismo comunitario de vida solidaria.

Y si alguien afirma que eso no funciona en ningún lado, les recuerdo que el moderno Estado de Israel se basó fundamentalmente en un esquema de ese tipo, si bien allí han intervenido otro tipo de motivaciones (guerras, imposibilidad de determinar quien era “propietario” de tal o cual sector de la tierra, etc.) las que, al desaparecer parcialmente, es lo que pudo llevar a desvirtuar ese ideal inicial.

Es decir, que el actual “relajamiento” de los originales propósitos solidarios hebreos, hacia un mecanismo mucho más individualista, no surge por ser algo “ineludible e intrínseco a la naturaleza humana” —como pueden sostener interesadamente algunos— sino que son producto, por un lado de la aparente mayor seguridad y paz alcanzada por ese pueblo, y por el otro al haber organizado esos grupos (kibutz) con un concepto meramente de producción, es decir, algo simplemente económico que hoy no puede competir con las multinacionales.

Pero muy distinta es la motivación que yo considero debe existir con relación a un esquema de vida como el que propongo, que debe ser esencialmente cristiano, dado que en esos grupos únicamente debe regir la vida del Evangelio, el amor a los demás, el que seguramente es la verdadera forma de exteriorizar el Amor al ETERNO.

Los invito a que oremos nuestro PADRENUESTRO cotidiano pensando en eso, y pidiendo perdón al Padre por cada uno de nosotros, fundamentalmente por los que, debiendo dar mayor ejemplo de una actitud de vida con “menor preocupación en el pan del mañana”, hemos olvidado hacerlo.

Cordiales saludos
MARANA-THA

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