La 'locura' del vivir compartiendo

La oración - el Padrenuestro (3)

15.01.10 | 11:53. Archivado en El Padrenuestro
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Ya hemos hablado un poco sobre la oración y el "nombre" del Eterno.
Y mencionamos que Jesús nos enseñó que a Dios debemos llamarlo PADRE, haciéndolo con absoluta confianza, ya que Él es quien nos guía y nos va cuidando.
Pero Jesús también nos expresó que Dios no sólo es PADRE, sino que es PADRE...NUESTRO. Es decir, que lo es de TODOS.
Por lo menos, lo indicó así con seguridad al final de su vida, aún cuando reservo para mí algunas dudas, con respecto a que ésa hubiese sido también su interpretación al inicio de su actividad pública.

Todos somos “hermanos”

Pero vayamos a lo que resulta realmente importante, y es que, aquello que decimos constantemente, y que en realidad es algo muy comentado, casi diría uno de los “pilares fundamentales” del cristianismo, significa nada más, y nada menos, que para Jesús, todos, absolutamente TODOS, SOMOS “HERMANOS”.
—Fantástico, me dirán.
—Mirá que “descubrimiento” hizo este tipo.
—Eso ya lo “requetesabíamos”. O, como decíamos hace algún tiempo (al menos en mi país) "chocolate por la noticia".

Y tendrían toda la razón del mundo al expresarse de esa forma ya que soy perfectamente consciente de que con eso no descubro nada nuevo.
Pero, sin embargo, estoy convencido de que eso, aún siendo algo sumamente conocido y aceptado, no indica algo “tan” simple como parece surgir de nuestra vida diaria, sino que, por el contrario, implica algo mucho más profundo y serio, y que, si nos detenemos a pensar un poco, veremos que resulta bastante difícil de cumplir, razón por lo cual considero que debe ser analizado en dos sentidos.

En primer lugar que somos hermanos, no sólo de nuestros amigos, de los que "nos caen bien" o nos resultan simpáticos, de los que tienen nuestros mismos puntos de vista, participan de nuestras mismas creencias, o de similares afectos.
También somos hermanos de los que no nos quieren, de los que no nos gustan, de los que nos molestan, de los que son "feos", de los que nos impiden hacer lo que queremos, de los que piensan o creen distinto que nosotros, de los que...de los que... de los que... y podríamos seguir la lista —que sería casi interminable— y que a cada uno de nosotros nos corresponde completar en nuestras respectivas conciencias y experiencias.

Pero además debemos recordar, que somos hermanos no sólo de los "pobres negritos del África", que a veces vemos morir de hambre por la TV, o de los "chinitos que no tienen nuestra fe”, y hoy con los damnificados por el terremoto de Haití, y a los cuales, dado que "lamentablemente estamos tan lejos" sólo los podemos ayudar con nuestras oraciones, o poniendo una vez al año unos pesos, cuando en el templo se hace una "colecta por las misiones", sino que también (y yo diría FUNDAMENTALMENTE) somos hermanos de quienes están aquí cerca, a nuestro lado.
Nuestro PRÓJIMO, nuestro hermano, sin duda alguna es principalmente nuestro PRÓXIMO.
Y, si analizamos un poco en este último sentido la realidad de nuestras vidas, vemos que de "hermanos" tenemos poco y nada.

Y en segundo lugar (y aunque eso ni indique de forma alguna, que esté en un plano inferior a lo anterior, sino todo lo contrario) el otro aspecto en el que ya creo que vale la pena pensar, es sí, aún cuando cumpliésemos efectivamente con la ayuda que necesitan quienes están a nuestro lado (y que bien sabemos que no es algo "tan común") eso sólo sería suficiente para dar RESPUESTA PLENA al Evangelio.
Sinceramente creo que tampoco alcanzaría, ya que no sólo deberíamos “ayudar” a nuestro próximo (prójimo) sino que —al menos en mi opinión— también deberíamos procurar establecer un sistema de vida en el cual el que hoy está "necesitado" de ayuda pueda "crecer", y que lo haga en idénticas condiciones a las que podemos tener nosotros, hasta que llegue un momento en que no sólo no necesite depender de nadie (en el sentido actual en el que se lo hace) sino que incluso pueda ser él quien nos auxilie a nosotros mismos, o a otras personas.

Sin embargo, la actitud de vida de nuestra sociedad (en la que vivimos “tranquilamente”, y a la cual hasta nos atrevemos a calificar de "cristiana") es completamente ajena a tal posición, dado que cada uno de nosotros vive como si estuviese en una isla, alejado por completo de los problemas de los demás y, si bien admitimos que teóricamente deberíamos preocuparnos por ellos, y ayudarlos, en la cruda realidad de la práctica cotidiana nadie lo hace.
Y si lo hace, jamás se actúa de forma tal, que ese “necesitado” a quien uno ayuda pueda ser uno más en su mesa, en su casa, en su parroquia, colegio, obispado o lo que fuese.

Perdón. Pido humildemente perdón.
Siempre cometo excesos (mucha razón tenía mi madre, cuando me decía: «Marucho, vos sos muy extremista»).

Seguramente existen excepciones dignas de destacar.
Pero de cualquier forma, y aún aceptando eso, creo no errar demasiado al considerar a esa actitud de egoísmo que he mencionado, como la "regla general" de la conducta que tenemos casi todos los cristianos.
Incluso hasta ocurre en el seno de la Iglesia Católica (estructura) ya que hasta allí podemos observar, que ni siquiera dentro del clero, o grupos u organizaciones religiosas existe esa "fraternidad", ya que cada uno de ellos actúa en forma bastante aislada con poco, o nulo apoyo hacia los demás.

Y ni hablar de los que somos —como suelo decir yo— simples cristianos "de segunda" (los laicos) que no sólo debemos afrontar individualmente nuestros propios problemas, sino que, además, estamos obligados a contribuir para solventar los que los afectan a ellos.
Entre los miembros de grupos pertenecientes a las Iglesias Reformadas que podemos observar actuando entre nosotros (al menos en mi país) vemos que generalmente existe menos egoísmo que dentro del catolicismo.
Pero tampoco podemos decir que sea algo "brillante".
Y si analizamos lo que sucede en países cuya población responde mayoritariamente a dichas creencias, sin duda alguna es posible asegurar que "a todos nos aprieta el zapato del mismo lado".

Esa “tremenda diferencia” que existe entre la teoría y la práctica cristiana, en mi opinión se produce por habernos alejado del espíritu judío, que indudablemente es solidario, y haberlo reemplazado por los principios de la filosofía de vida de los griegos y romanos, típicamente individualistas.
Es por eso que hace tiempo vengo pregonando la necesidad, de que —por lo menos— debemos detenernos a pensar si no es posible intentar revertir esta situación, recreando un mundo un poco más afín a la idea que nos dejó el Señor Jesús en su Evangelio.

Hoy tratemos de recordarlo, y al rezar esta hermosa oración que nos enseñó Jesús, pensemos si no es posible intentar algo en ese sentido y —por supuesto— también busquemos quien, entre nuestros conocidos, es hoy, EL DÍA DE HOY, nuestro "HERMANO" en el sentido que nos relata el Evangelio, y procuremos ver también como podemos ayudarle lo cual, generalmente no pasa solamente por "darle unos pesos".

Cordiales saludos
MARANA-THA

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