Ayer decíamos que Jesús participaba poco de las actividades del Templo (hecho en lo cual nos parecemos bastante a Él) pero que, no obstante eso muchas veces rezaba, pues en reiteradas ocasiones los Evangelios nos aseguran que "se retiraba a orar" (situación en la que ya, al menos “normalmente”, no nos asemejamos tanto).
También recordábamos que nos enseñó el Padrenuestro y que, por tal motivo vale la pena tratar de reflexionar un poco sobre lo que nos quiso enseñar con esas palabras.
El “nombre propio” de Dios
La primera palabra que encontramos allí es PADRE, y por lo tanto, antes de entrar en la oración en sí, resulta conveniente detenernos unos instantes en el nombre de Dios.
Mejor dicho, lo que estimo que Jesús nos quiso indicar al respecto.
Les aclaro que no es mi interés efectuar un análisis "profundo" de ese tema, que —la verdad sea dicha— resulta bastante complejo.
Y no lo haré ya que —como todos saben— yo no soy ningún “experto” o conocedor de los textos bíblicos (en realidad, prácticamente de nada) sino que sólo soy un simple laico que, tal vez por ser “muy arriesgado”, me atrevo a reflexionar en voz alta sobre algunos puntos que me llaman la atención.
Por eso, simplemente deseo mencionar alguna idea sobre el “nombre” de Dios, como una pequeña introducción al texto del Padrenuestro.
Para el pueblo hebreo, salvo circunstancias muy especiales no se podía mencionar a Dios.
Esto llegó hasta nosotros como el segundo de los mandamientos, el cual, al menos según me lo enseñaron a mí desde muy chico dice: "no tomar su santo nombre en vano".
Y sobre el particular les diré, que creo que a raíz de tal prohibición, los hebreos recurrieron al empleo de 4 letras YHWH con las cuales —sin nombrarlo— lo identificaban, letras que luego han llegado hasta nosotros como YAHWEH (ó JEHOVÁ).
Sin duda serán varios los lectores que tratarán de recordarme, que dicho pueblo, como otros del Medio Oriente, en realidad no utilizaban las vocales para escribir, sino que únicamente lo hacían con las consonantes y que, por consiguiente, esas 4 letras eran (y son) "el verdadero nombre" de Dios.
Incluso me dirán, que precisamente por ese motivo existe esa diferencia respecto al "nombre propio de Dios" a que antes hice alusión (Yahweh para unos, Jehová para otros) según cuales fueran las vocales que se colocaron entre aquellas consonantes (o signos gráficos).
Y no hay inconveniente en pensar de esa forma.
Es decir, que si desean creerlo así pueden hacerlo perfectamente.
Es más; les aclaro que esa es la opinión tradicional y generalizada con respecto al tema.
Inclusive, si hay alguien que prefiere mencionarle de esta forma, casi me animaría a asegurarles que es la interpretación "canónica u oficial".
Y no sólo en la Iglesia Católica, sino también en las Iglesias Reformadas.
Personalmente entiendo que no es que deba ser "necesariamente“ así, sino que interpreto que, posiblemente, en el origen de su uso pudo haber sido algo así como un simple código de identificación.
Y la razón por la cual pienso eso es por cuanto esas letras son traducidas como "Dios" (el Eterno) pero, al mismo tiempo, se le adjudica algo así como la cualidad de ser su “nombre propio”.
Por otra parte, entiendo poco lógico pensar que estuviese prohibido mencionar a Dios al "hablar", pero permitido hacerlo al "escribir".
Además les aclaro que en la Biblia existen distintas formas de designar a Dios, con otros “nombres propios” (Elohim, Sadday, Adonay, etc.) hecho que también influye “bastante” en que piense de esa manera.
No obstante, como lo dije antes, no es el caso detenernos ahora en este aspecto, por lo cual prefiero retornar al tema que es lo realmente importante y que es el PADRENUESTRO.
Y por eso en aquél sentido simplemente les diré, que al ETERNO (a Dios) no le vamos a poner ni a quitar absolutamente nada de nada con adjudicarle un "nombre" que —para mí— más que servir para individualizar un concepto o una idea concreta, o identificar a UN SER, ha servido a lo largo de la historia de la humanidad para pretender adjudicárnoslo como si Él fuese una especie de "propiedad" personal (o grupal) y, por supuesto, que como "humildes" (¿?) servidores suyos, también a sido utilizado para pretender ejercer "en Su Nombre" (en “Ése” nombre) algo de "su poder", reclamando que el resto de los mortales “obedezcan inmediata y silenciosamente” a quienes podían invocarlo por ese nombre, ya que tenían (y “tienen”) “derecho” a utilizarlo.
Pues bien; leyendo los Evangelios podremos ver que Jesús, si bien era un judío de pura cepa, no hay absolutamente nadie que ponga en duda eso, a lo largo de su vida no dudó en utilizar el “nombre” de Dios (o Yahweh).
En otras oportunidades también lo llama "El Altísimo", que era la forma usual de mencionarlo en aquella época (con lo cual se evitaba decir "Yahveh" al hablar).
Incluso, excepcionalmente, habla de Él como "Rey".
Sin embargo, normalmente no lo mencionaba de ninguna de esas formas, sino que Jesús hablaba de Dios como PADRE.
Esto, en rigor de verdad no era algo “tan” original, ya que en el Antiguo Testamento a veces se lo menciona de esa forma.
Pero en cambio, para Jesús esa fue la forma normal o común (yo diría "rutinaria") como lo mencionaba, como se refería a Él.
Pero no radica sólo allí la novedad que nos trae la enseñanza de Jesús.
En efecto; Él le dio un sentido nuevo, un “matiz especial” a esa palabra, ya que el término que empleaba era ABBA, la cual —si bien quiere decir PADRE— hoy en realidad nosotros (por lo menos los argentinos) deberíamos traducirla mejor como "Papá" o, mejor aún, como suelen llamarnos nuestros hijos, simplemente “Pá”.
Es decir que lo hacía con absoluta familiaridad, con plena confianza, sin ningún temor, y, lo que es tal vez más importante aún, es que nos enseñó que también nosotros deberíamos llamarlo de esa forma.
Tal vez exista alguien que me pueda decir: «bueno, eso es lógico, ya que Jesús era en realidad “el” Hijo de Dios».
Y tal vez sea posible.
Pero en mi opinión Jesús no lo hizo por poseer una situación "especial" con respecto al Padre, distinta a la que podemos tener nosotros, sino por cuanto Él advirtió lo que es realmente esencial en el ETERNO.
De no ser así, si fuese a raíz de algo “realmente especial” (derivado de su particularísima condición de "Hijo de Dios", escrito así, con mayúscula) obviamente no nos habría enseñado a nosotros a que utilizásemos esa palabra para mencionarlo (dado que la misma implica mucha familiaridad) sino que la hubiese "reservado" para Él (en su particular condición de Segunda Persona de la Trinidad).
En cambio, Jesús nos indicó que oremos con el PADRENUESTRO (o “Pánuestro”) ya que el Dios sobre el que nos vino a hablar y enseñar Jesús de Nazareth es un SER AMOR, en el cual podemos y debemos confiar.
No es un “ente—temor”, como lamentablemente tantas veces ha sido planteado, sino todo lo contrario.
Sabiendo esto, durante esta jornada pidamos con ilimitada confianza al Padre Celestial, en nuestro PADRENUESTRO cotidiano, que nos vaya iluminando para que podamos llegar a conocerlo un poco mejor.
Cordiales saludos
MARANA-THA
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Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
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