La 'locura' del vivir compartiendo

La oración - el Padrenuestro (1)

13.01.10 | 07:53. Archivado en El Padrenuestro
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A raíz de unos comentarios que se colocaron hace días en el blog de Xabier Pikaza, algunos de los cuales contenían determinadas “variantes” en oraciones que utiliza la Iglesia Católica, mencioné que redactaría algunas líneas aquí sobre el Padrenuestro, lo cual comenzaré a hacer seguidamente.

Si nos detenemos a observar la concurrencia de feligreses a nuestros templos, en general podemos constatar que no existe gran participación en los ritos del culto que se efectúa en los mismos.
Por lo menos en lo que hace al católico (que es el que yo profeso) aún cuando estimo que esto debe ser algo bastante generalizado.
Si por otra parte nos tomásemos la molestia de consultar a diversas personas, con respecto a los motivos que determinan su no concurrencia a los templos, más de una vez recibiremos respuestas tales como «yo no necesito ir a la Iglesia, cuando quiero rezar lo hago en mi casa», pensamiento que —si bien es tiene un gran trasfondo de verdad— tal vez no presenta del todo correctamente la realidad de la vinculación con Dios, ya que todos los credos establecen también la necesidad de cumplir con ritos cúlticos de carácter comunitarios.
Y dejo aclarado que asumo que éstos deberían estar encaminados esencialmente a hacernos comprender que formamos un todo homogéneo, una verdadera comunidad de hermanos, independiente de las diferencias personales que puedan existir entre nosotros, y que de forma alguna pueden reducirse a una simple manera de recaudar dinero, mediante el procedimiento de pasar por nuestras narices la famosa canastita, o el reclamar algunos dinerillos por tales o cuales rezos que pueden realizarse en dichos templos, y que abarcan desde el nacimiento hasta la muerte.

No obstante, y volviendo a lo esencial de lo que quiero decir, si cuando leemos los Evangelios prestamos un poco de atención a ese aspecto, podemos ver que Jesús tampoco concurría mucho que digamos al templo de Jerusalén.
Y debemos recordar que para el pueblo hebreo únicamente allí era posible rendir culto a Yahvé, ya que existía una expresa prohibición de realizarlo en otro sitio.
Incluso, jamás se lo menciona participando directamente en ningún acto cúltico, excepción hecha de su "presentación" cuando niño recién nacido, en la cual, obviamente debemos asumir su "directa participación", dado que era Él quien —como todo primogénito hebreo— fue “ofrecido” a Dios, cumpliendo con lo que ordena la Ley Mosaica.
Pero, por supuesto, tal “protagonismo” lo hizo en forma totalmente inconsciente.
Pues bien; hasta aquí podríamos decir que nos parecemos “bastante” a Jesús.

En cambio, existen diversos pasajes que mencionan que concurría a la sinagoga y, si bien se podría afirmar que cuando lo hace es fundamentalmente para "manifestarse", es decir, para "exponer o proclamar su mensaje", esto es algo que merece ser analizado con un poco más de detenimiento.
En efecto; un pasaje en el Evangelio nos señala que tal actitud era algo normal en Él ya que indica: «Jesús fue a Nazareth donde se había criado; el sábado entró como de costumbre en la sinagoga y se levantó» (Lc.4,16) lo cual demuestra que cumplía con dicha actividad desde mucho antes de su exteriorización, o "vida pública", dado que se menciona «como de costumbre».
Por otra parte, y esto es lo que deseo recalcar, los Evangelios nos dicen también —y en reiteradas ocasiones— que Jesús «se retiraba a orar», y en estas últimas situaciones me parece que ya no nos asemejamos tanto a Él.

El "cómo era la forma en que Jesús lo hacía" es algo que desconocemos, dado que muy poco se dice al respecto.
Pero cuando sus discípulos le piden que les explique cómo debían rezar ellos, el Cristo les enseña el PADRENUESTRO, y por tal motivo creo que deberíamos considerarla como “la oración por excelencia”.

No obstante, a fuerza de repetirla se corre el riesgo de hacerlo en forma rutinaria, por lo cual en realidad la vamos “olvidando”, ya que muchas veces sólo “recitamos palabras" sin tener en cuenta el significado profundo y verdadero de las mismas.
Y creo que esa idea resulta bastante clara si, por ejemplo, tenemos en cuenta que la Iglesia Católica (al menos la de habla castellana en América) se vio en la necesidad de "aclarar" los términos que se empleaban al rezarlo.

Y es así, dado que cuando yo era chico decíamos "venga a nos el tu reino" frase que, con la repetición del texto (sobre todo cuando lo decíamos "rapidito") muchas veces sonaba (e incluso —lo que es mucho más grave aún— se la interpretaba así) como "vénganos en tu reino", lo cual planteaba una idea de revancha o castigo dirigida hacia quienes no eran católicos, situación que, por supuesto, nada tiene que ver con lo que intentó enseñarnos Jesús.

Tal vez más conocida aún, es la frase "perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores" que se utilizaba por aquel entonces, la cual, muchas veces se la interpretaba como referida a problemas comerciales. Es decir, como el tener que condonar las deudas monetarias, situación que —de más está decirlo— hacía que esa frase fuese "salteada" por muchos de los que tenían algún dinero a cobrar.
Hoy utilizamos la frase "venga a nosotros tu reino" y hemos cambiado la palabra "deuda" por "ofensa" que no sólo ayuda bastante a quienes son acreedores comerciales sino que, como Dios mediante veremos más adelante, tiene mucho más sentido desde el punto de vista evangélico.

Por todo esto, creo que puede ser útil que dediquemos un tiempo a analizar algo del contenido de ésa que, al menos para mí, es realmente una muy hermosa oración, aunque, por supuesto, y como lo he aclarado muchas veces, de forma alguna pretendo hacerlo en forma “erudita”, sino simplemente dentro de los límites de mi capacidad.
Incluso también resulta interesante hacerlo, ya que es una de las pocas cosas en la cual —por lo menos en lo que podemos denominar como lo "esencial"— coincidimos todos los cristianos.

Vamos entonces a procurar reflexionar un poco sobre su texto durante los próximos días y, mientras tanto, si lo recordamos, les invito a que tratemos de rezarlo —aún cuando ahora sólo pudiésemos hacerlo en forma "rutinaria"— pidiéndole al Señor Jesús que aclare nuestra mente, enseñándonos realmente lo que nos quiso decir al dejarnos esas palabras, es decir, que nos ayude a interpretarlas, aunque sólo fuese parcialmente.

Cordiales saludos
MARANA-THA

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