La 'locura' del vivir compartiendo

Vacaciones: un olvido (¿error?) de Dios (1)

09.01.10 | 07:01. Archivado en vacaciones
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Si bien es posible que algunos conozcan mis ideas al respecto, dado que Xabier Pikaza tuvo la amabilidad de permitirme consignarlo en su blog hace un tiempo, aún así volveré a insistir en este asunto, dado que considero que resulta útil para continuar explicando mi pensamiento (y al mismo tiempo difundiéndolo) el que —como espero recordarán— consiste simplemente en interpretar que la esencia del Evangelio está en el sistema de vida comunitario que practicó Jesús durante su vida terrenal, compartiendo vivencias y bienes.

Nuestra realidad

Pues bien; si nos detenemos a analizar la realidad que nos rodea, creo que posiblemente coincidirán conmigo en afirmar, que el período de las vacaciones ocupa en la actualidad —al menos para muchísimos seres humanos— un lugar bastante destacado en sus vidas.
Casi me animaría a decir, que para muchos resulta ser algo “preponderante”.

Los que vivimos en zonas que presentan bellezas en el paisaje, al igual que quienes lo hacen en las costas marítimas u otros lugares semejantes, podemos advertir que muchos de los que concurren a pasar sus vacaciones suelen hablar con envidia de nuestra situación, alegando que tenemos suerte, y que somos realmente “privilegiados” al poder "disfrutar" todos los días de estos lugares favorecidos por la naturaleza.

De más está decirles que en realidad eso es sólo parcialmente cierto, dado que quienes estamos constantemente aquí también debemos trabajar —y a veces muy duramente por cierto— para poder hacerlo. Es decir, que viviendo aquí no nos limitarnos a descansar como hacen los turistas, que vienen únicamente durante cortos períodos.

No obstante, y aún admitiendo la existencia de ese “error de concepto”, tan común en la opinión del turista, sus manifestaciones igualmente resultan muy interesantes para reflexionar sobre las ideas que les he venido exponiendo, y también con lo que intento explicarles con estas líneas, y que se relaciona con el título del presente post.

En efecto; esa "envidia" surge de interpretar, que en los sitios que son generalmente considerados aptos para pasar las vacaciones, se vive mucho mejor que en los lugares donde habita normalmente la mayor parte de los seres humanos.
Y por eso me parece útil reflexionar un poco sobre el sentido de las vacaciones, y además tratar de relacionarlo con los textos bíblicos (es decir, con la “Palabra de Dios”).

Pues bien; resulta obvio que hoy en día, prácticamente nadie pone en tela de juicio la "necesidad" que tiene el ser humano de “recargar sus pilas”.
Es decir, de contar con un lapso anual —al menos uno— que le permita “desconectarse de la rutina diaria”, de los problemas cotidianos, y dedicarse simplemente a dormir, a divertirse, a practicar algún deporte o caminar, y fundamentalmente a no tener que preocuparse tanto en que, las distintas situaciones de su vida, estén más o menos en orden.
En definitiva un período que le permita “descansar”, recuperándose así del cansancio que le produce el ajetreo y la rutina del quehacer cotidiano.
Y al respecto —y para que vayan “captando” mi idea sobre el particular— digo yo, ¿no creen ustedes que en lugar de “descansar”, sería mejor decir sencillamente “vivir”?
Y al respecto diré algo más.
Me animaría a afirmar que en la actualidad, ese tipo de situación (el hecho de la “necesidad” de las vacaciones) bien puede ser planteado como algo relacionado con la “situación sanitaria" del ser humano, como si la salud del individuo requiriese imprescindiblemente del período vacacional.
Y avalando mi pensamiento en tal sentido, les diré que en las revistas especializadas (tanto en lo turístico como en medicina) existen muchos artículos que hacen referencia a esa situación, y todas afirman ese hecho como algo “científicamente” inobjetable, casi diría como una auténtica “verdad de fe”.

Que nos dice la Biblia sobre el descanso

Pues bien; si es así, si por una parte admitimos o consideramos que eso es correcto, y si por la otra dedicamos algunos minutos a analizamos los textos bíblicos, encontraremos allí un aparente “error de Dios”, ya que. si bien menciona la obligación del descanso semanal, no dice absolutamente nada con respecto a un período anual de similares características.

Y afirmo que esa “carencia” en los textos bíblicos resultaría aparentemente un “error” de Dios, ya que sin duda alguna Él se preocupó por el bienestar de sus creaturas.

En efecto, si efectuamos aunque más no fuese una lectura superficial de los Evangelios, podremos advertir en ellos que, si hay un aspecto sobre el cual Jesús mantuvo serios conflictos con la dirigencia hebrea de su época fue, precisamente, lo relacionado con el famoso tema del "descanso" semanal.

Para el pueblo hebreo la obligación de respetar la inactividad de una jornada semanal era completa y absoluta, a punto tal de haberse llegado al extremo de determinar, la cantidad de pasos que era lícito dar ese día fuera de la casa en que se habitaba.
Y no piensen que era sólo una cuestión de otras épocas, ya que incluso en la actualidad hay muchos que continúan pensando —y actuando— exactamente igual.

Pues bien; es sabido que Jesús no tuvo en cuenta tal rigurosidad, sino que actuó también en sábado (curó enfermos, permitió que sus discípulos arrancasen espigas de trigo para comer, etc.) actitud que —lo reitero— le ocasionó algunos de los enfrentamientos de mayor significación con los grupos de dirigentes más importantes que existían en aquella época en Israel (escribas, fariseos y saduceos).

Esa forma de actuar, esa “libertad” en su accionar fue defendida celosamente por el Cristo, no sólo por el hecho de sentirse (o considerarse) “Señor del Sábado”, sino trasladándolo también para todo ser humano, ya que afirmó expresamente que «el sábado ha sido instituido para el hombre y no el hombre para el sábado» (Mc.2,27) palabras con las cuales mostró a las claras, que el sentido del descanso semanal es el de favorecer al ser humano, y no el de perjudicarlo.

Es decir, que la exigencia de no trabajar el séptimo día de la semana, establecida en el Decálogo, está indicada en un doble aspecto.
Por una parte para permitir un lapso de descanso durante el cual el hombre deje de lado sus actividades cotidianas, mecanismo con el cual se evita que su salud física y mental se resienta.
Y por la otra, para que tal segmento de inactividad laboral facilite que se “enfoque” mejor la realidad integral de la vida.
Es decir, que se lo haga tanto con aquello que corresponde a lo espiritual como a lo terrenal, “a lo divino y a lo humano", procurando entonces que en dicho lapso se tenga la posibilidad de dimensionar, con mayor exactitud, la totalidad de sus necesidades.

Y como una de las cosas que he aprendido en este asunto de Internet y los blogs, es que no hay que extenderse demasiado, Dios mediante continuaré con mi explicación mañana.

Cordiales saludos
MARANA-THA

Si le interesan mis libros, puede visitar www.jesusescomunidad.com.ar


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