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Ni Reyes, ni Magos (1)

03.01.10 | 06:21. Archivado en Reyes Magos
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Ante la proximidad de la tradicional fiesta de los Reyes Magos, creo conveniente mencionarles algunas de mis ideas al respecto, aunque desde ya les aclaro que posiblemente algunos hayan leído ya lo esencial de las mismas, dado que Xabier tuvo la amabilidad de ponerlas en su blog hace algún tiempo.

Introducción

Epifanía, que es una palabra de origen griego, es el nombre con el cual el cristianismo celebra la popular "Fiesta de Reyes" o "Día de los Reyes Magos", y es un término que significa "manifestación", ya que con él que se quiere indicar la "exteriorización" de Jesús hacia otros pueblos. Mejor dicho, actualmente se lo entiende de esa forma, ya su origen fue muy distinto por cierto, pues hacía referencia a la manera “fastuosa” con la cual una ciudad recibía a grandes dignatarios extranjeros que ingresaban en la misma.

Y se la interpreta ahora como la “revelación” del nacimiento de Jesús —el Mesías— a los pueblos no judíos, ya que los famosos "Reyes Magos" fueron unos personajes venidos del oriente, lugar desde donde habían arribado para rendir “homenaje” al niño de Belén, que para ellos era nada más —ni nada menos— que el recién nacido “Rey” de Israel.

Seguramente habrán podido escuchar que esos señores —que no eran hebreos— al igual que los pastores —que sí lo eran— fueron a "adorar" al Niño Jesús (ése sería el sentido de la palabra “homenaje”, que utilicé antes) cuyo nacimiento habían conocido en forma misteriosa (los “viajeros” por la estrella, y los “locales” por el anuncio de los ángeles).

Posiblemente también hayan podido oír, que ese hecho significa que al Niño—Dios lo fueron a “saludar”, no sólo los “pobres” (representados por los pastores) sino también los “ricos” (que obviamente están personificados por los "Reyes") ya que el mensaje de salvación de Jesús es para todo el mundo.
Y aún cuando podemos asegurar, que sin duda alguna eso último es absolutamente cierto, ya que el Evangelio trajo un mensaje de esperanza y redención, que es válido para todos los seres humanos por igual —sin distinción alguna— me parece que conviene reflexionar con más detenimiento sobre aquella otra cuestión (el “saludo” de los “Reyes”) al igual que con respecto a algunos otros aspectos que hacen a esa explicación que tradicionalmente venimos escuchando.

En honor a la brevedad no entraré a un análisis detallado de las distintas facetas que presenta ese pasaje bíblico, y por eso sólo mencionaré algunos de los puntos sobre los cuales considero que se debería pensar un poco más, ya que “desmenuzarlo” completamente alargaría estas líneas mucho más allá de lo aconsejable.
Incluso hay algunos puntos que son meramente anecdóticos, y que, por ende, no hacen demasiado al fondo de la cuestión.
Y como un claro ejemplo en tal sentido, les menciono lo que hace al número de los viajeros que llegaron del oriente, ya que carecemos de datos exactos al respecto.
Por lo menos si nos basamos en la lectura del Evangelio, que nada dice en ese sentido.

Tres regalos

Se menciona que fueron tres por la cantidad de los regalos que le habrían ofrecido al Niño Jesús, aunque nada quita que, pese a eso, pudieran haber sido menos —o más— los famosos visitantes, y no los tan populares Melchor, Gaspar y Baltasar como se lo menciona constantemente, nombres que —dicho sea de paso— tampoco constan en los Evangelios, y menos aún que uno de ellos fuese de raza negra.

Como un punto de importancia intermedia, podemos efectuar algunas consideraciones con relación a los regalos que le fueron entregados a Jesús en Belén, y que según los “Padres de la Iglesia” (es decir, conforme se lo viene repitiendo desde antaño) tienen un sentido simbólico, ya que se dice que el oro fue entregado a Jesús como un reconocimiento a su realeza (y obviamente entendida ésta con un sentido temporal, como Rey de Israel) mientras que el incienso lo fue por su divinidad (cosa que, como señalaré más adelante, es realmente dudoso que pudiese efectuarse en ese carácter) y finalmente la mirra como una indicación a su naturaleza humana (por su condición de hombre perfecto, tal cual como lo somos cualquiera de nosotros) o tal vez con relación a su Pasión y Muerte, ya que esa sustancia, junto con determinados perfumes y otros elementos, era empleada por los hebreos en el proceso de “preparación de los cadáveres” para la sepultura.

Regalos reales

Sin embargo, y sin pretender negar ese sentido “simbólico” (o, si ustedes prefieren decirlo de esta otra forma, “místico”, o “sobrenatural”) fiel a mi idea de tratar de ver con absoluta naturalidad los hechos que se relatan en la Biblia (tal cual como yo interpreto fue la vida de Jesús) les diré que esos regalos bien pudieron ser entregados en “otros conceptos”, mucho más sencillos, simples y normales.

En primer lugar, con relación al incienso, creo posible pensar que bien pudo haber sido un elemento ofrecido como un medio para hacer más placentera la estancia de María y el Niño en el pesebre (o en la cuadra, o el establo de su casa, sitio donde —como ya se los he mencionado en el comentario que efectué sobre la Navidad— considero que ocurrió realmente el nacimiento de Jesús) dado que en ese tipo de lugares no suelen ser los “aromas agradables” los que más abundan, y por ende el incienso les servía para disimular un poco los que emanaban de los animales que allí se encontraban.

Por otra parte, en lo que hace a la mirra, son bien conocidos los efectos anestésicos que ese elemento posee, y al respecto basta con recordar, que mezclada con vino le fue ofrecida a Jesús antes de la crucifixión (Mc.15,23) por lo cual bien pudo haberle sido suministrada por los sabios visitantes para solucionar algún cólico del recién nacido, o con cualquier otro efecto terapéutico, tanto fuese para el Niño como para su Madre.

Finalmente el oro. Y el respecto considero que, viendo la pobreza de la Sagrada Familia, es posible que optaran por entregarles algo de ese metal, que los tres personajes sin duda llevaban, ya que era la moneda universal, típica de un viaje en esa época, dado que por entonces no existían ni los cheques de viajero, ni las tarjetas de crédito, ni cualquier otra cosa parecida.
Incluso les diré, que hasta más lógico que eso me resulta pensar, que hubiese surgido la idea de suministrárselos al tomar conocimiento de la actitud adoptada por Herodes, hecho que obligó a la Sagrada Familia a emprender la huída hacia Egipto, y que, sin duda alguna, el hacerlo con algo de oro en sus “bolsillos” les facilitaría bastante afrontar las necesidades que les surgirían a raíz de ese traslado intempestivo.

Y pasando a otro tema de mayor importancia que lo relatado hasta aquí, interpreto que habría que analizar también —y muy detenidamente por cierto— el sentido de la palabra "homenaje" que se suele emplear en ese pasaje, ya que considero que ese término (al igual que el uso del de "adoración") resulta por lo menos “bastante aventurado”, dado que el reconocimiento de la muy peculiar condición de Jesús como Dios (es decir, su condición de Segunda Persona de la Trinidad) fue el resultado de un largo y complicado proceso que recién se “consolidará definitivamente” hacia los siglos III - IV de nuestra era, razón por la cual me parece absolutamente prematuro utilizarlo para un suceso ocurrido tanto tiempo antes.

Y como debo continuar haciendo algunas otras consideraciones sobre los famosos “Reyes Magos”, las cuales incluso pueden ser un poco más extensas por su importancia, siguiendo los sabios consejos recibidos de no hacer textos tan largos suspendo este post, y continuaré con ese análisis mañana.

Cordiales saludos
MARANA-THA

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