Antes de suministrarles mi impresión, sobre la tercera causa del “extraño silencio” que mantienen los “referentes religiosos” sobre mis ideas, creo necesario recordarles a todos ustedes que, en rigor de verdad, lo único que yo siempre les he pedido a ellos es, simplemente, que nos detengamos a “pensar un poco” con el objeto de ver, si resulta posible organizar algún emprendimiento como el que propongo (un lugar, una comunidad en la cual se compartan vivencias y bienes) y que, sin embargo, en lugar de una “invitación” para hacerlo, sólo he logrado un silencio incomprensible, cosa que considero tal, ya que es obvio que yo jamás pedí, o sugerí, que me trasfiriesen los bienes de la Iglesia a mí, o que se los venda y reparta a tontas y locas, y menos aún que me mantengan gratis, sino que, sencillamente, lo que yo requerí es que se analice la posibilidad de vivir de esa forma, cosa que no se ha hecho.
Y debo recordarles también, que yo siempre sostuve que “eso”, que ese “sistema de vida” debería surgir, no como una simple cuestión humana, como una forma de poder vivir mejor en este complicado mundo, sino como una cuestión EMINENTEMENTE RELIGIOSA, que surja desde el cristianismo, desde la Iglesia, desde los apóstoles, dado que esa fue la manera en que vivieron, no sólo Jesús y sus discípulos, sino también todos los primeros cristianos.
Y a raíz de eso, me parece que el tercer motivo por el cual no lo hacen, es porque las “jerarquías” religiosas (obispos, superiores de órdenes y congregaciones, etc.,) adoptan al respecto una actitud que es similar (obvio, sólo en “cierto” sentido) a lo que ocurrió en el Sanedrín, ya que temen que de existir esas comunidades —donde se viva con mayor cercanía a como lo hizo Jesús— serían muchos los curas y monjas “rasos” que se irían a vivir allí, y muy pocos los que se quedasen en las parroquias, los colegios, o lo que fuese, dado que en estos últimos hay muchos (MUCHÍSIMOS diría yo) que permanecen en ellos únicamente porque no se animan a “romper e irse a vivir fuera”, ya que comprenden perfectamente que no resulta tan sencillo hacerlo.
Sobre todo, porque los curas y monjas “rasos” son perfectamente conscientes de que no se han preparado para vivir de esa manera, puesto que han dedicado su vida a vivir dentro de la “estructura piramidal de poder y economía” de la Iglesia, la cual les suministra —junto con el aporte obligado de los laicos— todo lo que necesitan para vivir, y carecen de lo que llamaría la “gimnasia común y corriente” del trabajo que tenemos los que “vivimos en el mundo”, y que es lo que nos habilita para conseguir los bienes que nos permite vivir y mantener a nuestras familias.
Por ende, creen que si aceptasen promover esa forma de vida «ese nuevo estilo de vida» (Hech.5,20) sería como si “abriesen la canilla del tanque”.
Y temen quedarse “sin agua” en muy poco tiempo.
Pues bien; les diré que están plenamente equivocados, ya que mi postura, no sólo no implica de forma alguna la desatención de parroquias y colegios, sino que es obvio que tanto la carencia de vocaciones, como el “drenaje” constante de “referentes religiosos” que se da en la actualidad —y que aparentemente estaría originado primordialmente en los “aspectos sexuales”— no puede ser “algo” que ocurra porque sí, sino que detrás de esa realidad sin duda alguna está Dios, quien de esa forma les está diciendo —y se los está expresando “a los gritos”— que «si no cambian de actitud, muy pronto se van a quedar solos».
Pues bien; con esto doy por concluido con el análisis relativo al “silencio” de los “referentes religiosos”, motivo por el cual procuraré señalar —muy sucintamente por cierto— los aspectos que considero producen en el laico una “resistencia” a aceptar, o pensar en la posibilidad de vivir como yo sostengo que deberíamos hacerlo (compartiendo vivencias y bienes).
La primera cuestión que existe al respecto, es una formidable extrañeza sobre la posibilidad de que mi planteo sea correcto.
Es decir, que en ese sentido interpreto que —consciente o subconscientemente— se genera en las mentes de muchos un pensamiento que enunciaría de la siguiente forma:
«No puede ser que Bruzzone esté en lo cierto, ya que, si fuese tal cual como lo menciona, “seguramente” la Iglesia hace tiempo que lo vendría proponiendo».
Pues bien, creo que si se toman la molestia de releer los post que titulé, «Bienes terrenales: laicos y curas ¿cuál es la diferencia?», comprenderán los motivos por lo que no lo hacen.
La segunda cuestión al respecto parte de una especie de temor, al que yo considero innato en el ser humano: el miedo a sufrir privaciones, aunque eso se origina exclusivamente en una falta de comprensión de mis ideas.
Ese temor (¿o terror?) estaría dado en que normalmente se interpreta, que la vida que yo propongo sería una vida “bastante miserable”, sujeta a carencias y otras cosas por el estilo.
Una suerte de vivir como se relata que lo hizo San Francisco de Asís, o algo similar.
Pues bien; les puedo garantizar que eso está muy lejos de mis pensamientos.
Y les diré algo más. Mi forma de pensar está a “años luz” de esa posibilidad, ya que —como siempre lo digo— yo soy sólo un “pequeño burgués”, al que le gusta vivir bien.
Pero además de eso —y esto es lo fundamental— mi pensamiento está muy alejado de esa posibilidad pues no creo que haya que vivir de esa forma.
Y no lo creo por la sencilla razón de que Jesús no vivía de esa manera, ya que es obvio que no era ningún “harapiento”, cosa evidente puesto que al pie de la cruz los soldados sortean su manto porque era de “buena calidad”.
Y no sólo por eso, sino también porque —como cualquiera puede verificarlo— en el Libro de los Hechos se menciona expresamente que los primeros cristianos eran bien vistos por todos, no porque fueran “santos” u otra cosa similar, sino PORQUE ENTRE ELLOS NINGUNO PASABA NECESIDADES (Hech.2,44-47; 4,32-37).
Más aún, les diré que estoy plenamente convencido de que si viviésemos de la forma como interpreto que deberíamos hacerlo, la enorme mayoría de los laicos (y también de los referentes religiosos) viviríamos mucho mejor que como lo hacemos ahora, ya que, por ejemplo, en cualquier época del año podríamos ir a otra comunidad que estuviese, por caso en una zona de montaña, o en verano cercana al mar, y viviríamos tranquilamente —y gratis— unos días allí.
Obvio que no nos pasaríamos la vida viajando, pero las posibilidades de hacerlo de forma alguna desaparecerían, sino que, por el contrario, se incrementarían.
Y como ya me he extendido demasiado suspendo aquí la redacción.
Y en el próximo post analizaré sucintamente la tercera causa del silencio de los laicos, que genera en general una actitud “relativamente similar” a la de los referentes religiosos, y que, desde ya se los adelanto, me parece —al menos— “relativamente” peligrosa.
Cordiales saludos
MARANA-THA
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6/6
Por otra parte, el que hubiese gente con mayores capacidades que otras, ese sólo hecho no les daría derechos superiores, ya que quienes puedan encontrarse en esas situaciones (ser más hábiles, capaces o lo que fuese) en definitiva sólo habrían recibido del Buen Dios más “talentos” que los otros, y eso no es ningún argumento para aprovecharse de tales ventajas, sino que corresponde compartirlos con todos.
Asimismo creo que es obvio que, como nadie elige ni donde nace, ni las cualidades con las que lo hace (lindo o feo, rico o pobre, inteligente o bruto, fuerte o débil, sano o enfermo, etc.) dentro de un sano concepto de hermandad cristiana no es posible “pagar mejor” a quien está más dotado, sino que debe existir una situación de igualdad, reconociendo que somos todos hijos del mismo padre.
Reiterándote mi gratitud, y quedando a tu disposición, te envío un cordial saludo
MARANA-THA
5/6
Que mi insistencia en afirmar que la forma de vida que yo sostengo resulta más afín al Evangelio, es decir, haciéndolo comunitariamente, compartiendo vivencias y bienes, de forma alguna significaría que se podría vivir allí sin trabajar.
En efecto; como lo que yo propongo es que deberíamos formar comunidades integradas por entre unas 50 y 100 familias, es obvio que resultaría muy difícil que, siendo tan pocas personas, resulte posible “hacerse el chancho rengo” en ellas para no trabajar.
Y una de las “reglas de oro” que debería existir en esos lugares, consiste en seguir al pie de la letra la palabra de San Pablo que dijo: “el que no quiera trabajar, que no coma" (2 Tes.3,6-10).
4/6
¿Qué quiero explicarte con eso?
Simple; que todo ese tipo de acciones “altruistas” y de ayuda al necesitado (que yo NO NIEGO NI RECHAZO, y que pienso que será necesario continuar haciéndolas) me parece que no constituyen lo ESENCIAL DEL EVANGELIO, ya que si el pensamiento de Jesús hubiese sido simplemente el actuar de esa forma, seguramente nadie lo hubiese querido matar, dado que les “sacaba de encima” muchos problemas, en especial a las autoridades hebreas, atendiendo las necesidades de los pobres y de los enfermos.
Por otra parte ese accionar “socio-caritativo” tampoco coincide con las palabras del Señor, ya que Él mencionó que no había venido a traer la paz sino la guerra (Mt. 10,34) y exactamente lo mismo surge cuando aseguró que vino a traer fuego y ansiaba que ardiese (Lc.12,48-53).
Finalmente te diré unas pocas palabras, con respecto al segundo tema que mencionas.
3/6
Mejor dicho, sí existieron (o existen) algunos que lo plantea de esa forma, los que sostienen la doctrina marxista, ya que consideran que ese tipo de accionar constituye una de las facetas de lo que esa doctrina denomina el “opio del pueblo”.
Es decir, que interpretan que es una forma de “mantener tranquilo al proletariado”, evitando así que el pueblo tome conciencia de la opresión en la que vive.
Pero te diré que esa forma de razonar, además de ser absolutamente lógica dentro de la estructura del pensamiento marxista, constituye un hecho completamente “moderno” en la historia de la humanidad, ya que apareció recién a fines del 1800.
Por ende, resulta ilógico pensar que podía existir una situación similar en la época de Jesús.
2/6
Pues bien; con respecto a la primera cuestión, debo expresarte que de forma alguna pongo en tela de juicio el hecho de que existan muchas personas que actúan —dentro de las posibilidades que permiten la realidad de sus respectivas vidas— haciéndolo en forma digna de alabanza.
Incluso más, hasta te diría que en algunos casos, es hasta digna de admiración la manera en que lo hacen.
Pero, tal cual como yo “veo” al Evangelio, me parece que —aún aceptando que eso está bien, y que hay que continuar en ese tipo de actividades de ayuda al “necesitado”, tipo Cáritas o lo que fuese— no son esas cosas lo que constituye lo esencial de lo que nos vino a enseñar Jesús.
Y tratando de resumir en pocas palabras esa idea, te diré que actuando de esa forma ningún gobierno, de cualquier época y lugar del mundo en el que busques, consideraría a ese accionar como algo “peligroso”.
1/6
Estimada hermana cristiana-miguela-rafaela
Ante todo te agradezco el comentario, y aunque parecería como si el mismo hubiese quedado trunco, es decir, como que hubo algo más que querías decir, y que por los motivos que fueran quedó sin terminar, de cualquier forma trataré de responderte, procurando esclarecerte mi pensamiento con respecto a lo que mencionas. Obviamente dentro de lo que este limitado medio permite.
Y te diré que creo que mencionas dos cuestiones totalmente diferentes: a) por un lado una realidad que has podido observar, tanto entre grupos evangélicos como en tu parroquia, y b) por el otro (y es lo que me parece más importante con relación a mi idea de vivir comunitariamente) que con esas palabras que empleas, sobre los que “se esfuerzan más y los que lo hacen menos” y también “sobre las responsabilidades que se ocupan en la vida” estaría la razón por la que “cuesta tanto” analizar mis ideas.
Es verdad, que todos tenemos derechos a tener vivienda, comida, vestido, dignidad, respeto,medicos , educación...Y el Estado y la iglesia ayudandose para que esto pudiera hacerse realidad.
Y todos, los altaneros mas "bajitos" y los pobres " mas altos" porque todos tienen dignidad.Es decir todos mas "sencillos".
Pero exactamente lo que dices, a mi me parece que no es acogido por las personas, porque tambien existen personas que se esfuerzan , y personas que no se esfuerzan.
Personas que tienen unas responsabilidades altas, y personas que tienen unas responsabilidades mas normales. Considero logico que las personas que tienen responsabilidades mas altas, tengan el sueldo mas alto, AUNQUE NO TANTO CON TANTA DIFERENCIA,COMO PARA QUE UNOS SE COMPREN ZAPATOS CON DIAMANTES y otros NO TENGAN NI PARA COMER.ESTO ES UNA VERDADERA VERGUENZA.
QUE UNOS TIREN EL DINERO DE TANTO QUE TIENEN Y OTROS PARECEN ESQUELETOS PORQUE NO TIENEN APENAS POCO PARA COMER.
Creo que ahora...
Esas fiestas , tambien las hacemos en mi parroquia cristiana catolica , le digo mi parroquia, porque es a la que suelo ir mas , y conozco mas a la gente,, ya que nos saludamos, nos reunimos, axistimos a reuniones, conferencias muy interesantes, y tambien tenemos nuestras fiestas, en las que nos tratamos y nos da alegria estar ese rato juntos.
a los evangelistas de los que te he hablando antes , tambien los he tratado unos tres años, y son gente muy buena.
En la parroquia a la que voy, hay caritas, y ayudan a mucha gente, ayudan a pagar alguileres de vivienda, les dan ropa, comida etc. es una iglesia que ayuda a muchas personas.
En nuestras reuniones pues hay gente como tu dices "burgues" que vive muy bien, gente con menos dinero, pero que tambien vive bien, gente con poco dinero a la que se le ayuda, Asi que en nuestras fiestas y reuniones, hay de todo desde ricos, hasta necesitados, y todos nos tratamos con cariño, y como familia, y fijate somos cristianos catolico...
Mario, tengo unos amigos que son cristianos evangelistas, y ellos se reunen, hacen buenas obras, y fiestas de vez en cuando para las personas que estan mayores, solos, hacen conciertos porque cantan unas canciones con unas letras preciosas, y en navidad hacen una fiesta grande he invitan a todos sus conocidos y amigos de conocidos y como abren sus puertas tambien dejan entrar a quien desee entrar a su fiesta, donde tienen comida para todos, el año pasado me invitaron, y como yo fui a ver a mi familia , y ellos me dijeron que podia darle mi invitación a quien yo quisiera, se la deje a una amiga muy querida que estaba triste porque se habia quedado viuda, y le dije si tienes ganas vas con tus hijos. Después ella me contó que fue, y que la recibieron muy bien, que estuvo muy agusto, que hablaron con ella, y que ninguno le preguntó porque estaba alli, ya que no la conocian, me dijo que se sintio en familia, y que estuvo feliz, como en familia.
Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Universidad Pontificia Comillas
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo
Antonio Aradillas