Creo haber explicado los puntos en los que baso mi opinión, con respecto a lo que llamo la esencia del Evangelio. Pero por las dudas, y aún a riesgo de parecer reiterativo, procuraré resumir seguidamente lo que considero primordial.
a) El Evangelio de Juan menciona y muy nítidamente por cierto, que luego de la resurrección de Lázaro el Sanedrín se reúne, y resuelve que “lo mejor era que Jesús muriese”, actitud que entienden necesario adoptar, no por una mera cuestión de envidia hacia él, sino porque temen que, de no hacerlo, la mayoría de la población lo seguiría, y que, de ocurrir ese hecho, los romanos invadirían y destruirían a Israel.
b) Que es obvio que ese temor no podía tener razón en ninguna actitud de tipo “guerrillera” de Jesús, ya que el Señor jamás se manifestó, ni como líder militar o político, y menos aún fue un factor de alteración del orden público, ya que no soliviantaba a la población aconsejándole que no abonase los impuestos que los romanos exigían, sino todo lo contrario. Y que tampoco podía generarse de una cuestión metafísica (decirse Hijo de Dios) ya que Roma no hubiese movilizado a sus tropas por una cuestión de ese tipo.
c) También les expliqué que antes no existían cárceles como las que hay ahora (jamás se encontró en ninguna excavación arqueológica, edificio alguno con esas características) y que, sin embargo, Jesús habló con mucha claridad de “los presos”.
d) Asimismo expresé que la vida de los esclavos no era algo tan deprimente como generalmente suponemos, sino que era muy similar a la que llevan en la actualidad todos los empleados u obreros —comunes y corrientes— que podemos ver a diario. Y en ese sentido les aportaré algo más. Sabemos positivamente que además existía la esclavitud voluntaria (1Cor.7,23) ya que, si bien en esa época también existían jornaleros y asalariados “independientes”, sin duda alguna no constituían la mayoría de la población, sino que sólo abarcaban lo que hoy mencionaríamos como «mano de obra calificada». Pero, sin duda alguna, la forma más “segura” que tenía el grueso de los seres humanos de aquellas épocas, de “garantizarse” el pan cotidiano y un lugar donde vivir tranquilamente con su familia era “esclavizarse” (celebrar un “contrato de esclavitud”, vigente durante un determinado tiempo).
e) Incluso les advertí al respecto, que el motivo que generaba mayor cantidad de esclavos en la antigüedad no eran las guerras (en época de Jesús hacía ya muchos años que habían terminado, dado que nos encontramos dentro de lo que se suele denominar como el período de LA PAX ROMANA) sino que era el hecho de no pagar las deudas, ya que quienes no lo hacían eran, o bien vendidos (él y su familia) para que el acreedor cobrase su crédito, o en su defecto eran obligados a trabajar para él, debiendo hacerlo hasta que saldasen sus deudas. Obviamente, cualquiera de esas situaciones constituía lo que nosotros conocemos como esclavitud.
f) Asimismo les señalé, que prácticamente toda la economía de aquellas épocas dependía del trabajo de los esclavos, ya que, por un lado, los que nosotros llamaríamos “la gente pudiente” dedicaba su tiempo a las “artes nobles” de la guerra, de lo “religioso”, y a veces hasta lo que hoy llamaríamos cultural, y, por el otro, no existía ningún tipo de maquinaria que permitiese labrar la tierra, cosechar, etc. Por consiguiente si la esclavitud desaparecía, el sistema para obtener bienes se vería sumamente afectado, y con ello también el cobro de impuestos que Roma exigía, ya que los tributos que existían eran los directos, es decir, los que se les cobraba a las personas concretas, cuando producían más bienes que los necesarios para vivir (ellos y todos los que de ellos dependían, entre los cuales estaban los mismos esclavos).
g) Finalmente les mencioné, que la enorme mayoría de las deudas que se generaban en aquel entonces, no eran para adquirir bienes como hacemos nosotros ahora, ya que el mecanismo del crédito que utilizamos constantemente es un fenómeno sumamente moderno en la historia de la humanidad (adquirimos un determinado bien, el cual lo abonaremos mediante el pago de determinada cantidad de “cuotas” que estamos obligados a abonar mensualmente, y que —dicho sea de paso— constituye lo que yo considero una de las “patas” de la esclavitud actual, ya que por temor a no poder pagar las cuotas, y por consiguiente perder sus bienes, los trabajadores “asalariados—esclavos” se ven obligados a aceptar “casi” cualquier exigencia de sus patrones). Nada de eso ocurría en la antigüedad, sino que las deudas se originaban en lo que nosotros denominamos como “calamidades”, tales como las enfermedades, la pérdida de cosechas o mortandad de animales, etc.
Pues bien, si prosperaba masivamente el sistema de vida “comunitario” en que vivía Jesús nada de eso podría ocurrir, conforme explicaré mejor en el próximo post, ya que no deseo alargar demasiado este escrito.
Cordiales saludos
MARANA-THA
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Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
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Universidad Pontificia Comillas
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