Ya he mencionado, que el motivo que producía la mayor cantidad de esclavos en la antigüedad eran las deudas impagas, ya que, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad, donde no aceptamos que alguien por el hecho de adeudar dinero, pueda ser “obligado a trabajar” a favor de su acreedor, o “vendido”, en épocas pasadas la actitud admitida por la humanidad era completamente distinta.
Al respecto habría varias cosas que mencionar, pero, con el fin de no extenderme demasiado, sólo me permitiré recordarles dos hechos.
Y lo hago por cuanto estoy seguro de que, quienes tienen ya “varios” inviernos sobre sus espaldas los recordarán perfectamente, y que, quienes son más jóvenes, y nunca han oído hablar del asunto, podrán corroborarlos con el simple recurso de consultar a cualquier persona “mayor” que tengan a mano.
Hasta hace muy pocos años estaba “muy mal visto” ser deudor.
Con toda claridad recuerdo haber escuchado en mi infancia, algunas conversaciones sostenidas por mis padres, abuelos y tías (que para mí eran “muy viejas”, aunque hoy, sin duda alguna, no tendría sobre ellas la misma concepción) haciendo alusión a la situación que atravesaban tales o cuales personas, quienes «se encontraban en muy mala situación», dado que no podían atender sus obligaciones económicas.
Incluso les diré, que era hasta común que esas pláticas se realizaran de una forma “casi secreta”, como temiendo divulgar demasiado esos hechos.
Asimismo era algo común (al menos “relativamente”) que quienes se encontraban en esa situación hasta llegaban el suicidio, ya que no podían soportar “la vergüenza” de verse socialmente rechazados por no poder cubrir sus deudas.
El segundo hecho que seguramente recordarán, es la existencia de una sanción que se aplicaba, sometiendo a “trabajos forzados” al condenado, labores que generalmente consistían en picar piedras para hacer adoquines, elementos que luego eran utilizados en la pavimentación de las calles de las ciudades.
Incluso recuerdo haber leído en mi época de estudiante de la Facultad de Derecho, que en el primitivo Código Penal se había establecido una escala, indicando la cantidad de días que correspondía aplicar de esa sanción, según cual fuese el monto que se adeudaba.
Y también recuerdo que ese mecanismo perduró durante muchos años, hasta que se sancionó una ley que estableció el principio de que NO HAY PRISIÓN POR DEUDAS, y que es el que nos rige actualmente.
Pues bien; esas situaciones son hoy para nosotros algo directamente impensable.
Yo diría que sería similar, a que alguno sostuviese que habría que aplicar la Ley del Talión (ojo por ojo, diente por diente) aunque ésta —dicho sea de paso— también significó un ascenso en la evolución de la humanidad.
Pero insisto, no era así en la antigüedad, sino que quien no pagaba sus deudas era obligado a trabajar para su acreedor, o bien era vendido él e incluso su familia.
Y en ese sentido es interesante recordar, que la palabra proletario —que desde Marx en adelante todos interpretamos como una forma de designar al trabajador, u obrero común y corriente— en realidad es un término que originalmente los romanos utilizaban para designar a las personas que carecían por completo de bienes materiales, y que lo único que tenían en su “haber” era a su prole, a sus hijos.
Y por interpretar que es bastante interesante al respecto, y les resultará útil para comenzar a adentrarnos en mi pensamiento con relación a lo que sostengo es la “esencia” del Evangelio, me permito transcribir una nota de mi libro Por que mataron a Jesús.
«Creo que es fundamentalmente en ese sentido en el que debemos analizar, el famoso “visitar a los enfermos y a los presos” que ponderó Jesús. En efecto, y sin pretender por eso negar, ni desconocer, el valor socio—religioso que actualmente puedan tener tales actitudes, estimo que en la época del Cristo sucedía algo que era muy diferente de lo que acontece ahora, y que por lo tanto, esas acciones fueron alabadas por él ya que requerían a sus discípulos el ponerse en contacto directo con quienes se veían muy dificultados para subsistir, o que directamente no podían hacerlo, al no poder trabajar por estar enfermos, o que estaban sujetos al trabajo forzado para afrontar el pago de sus deudas. Ese acercamiento positivo e inmediato, logrado al “visitarlos”, que fuera lo “reclamado” por Jesús, le “decía” al visitante (es decir, le mostraba con crudeza y por ende le obligaba moralmente) que era necesario “hacer algo” a favor de quien se encontraba en tal situación (trabajar para el enfermo, o ayudar a pagar las deudas del preso) mientras que, si no lo “veía”, podía continuar viviendo tranquilamente en su propia existencia.
Es decir, lo que el Cristo reclamaba en tal sentido a sus seguidores, era no “hacerse los disimulados” frente a las carencias ajenas derivadas de aquellas situaciones, ya que por esa época nadie pagaba salario alguno al enfermo, y las mujeres no podían trabajar, por lo cual la subsistencia de la familia del doliente, o del preso, era algo por demás problemático.»
Y para no extender tanto este post, interrumpo aquí mi explicación.
Cordiales saludos
MARANA-THA
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Miércoles, 30 de mayo
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
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