Doctrina – Autoridad (Jerarquía) y Servicio
Más de una vez, al escribir sólo sigo un impulso que, casi diría, es inconsciente.
A veces todo queda en una “nebulosa”, sea por cuanto permanece inconcluso (en mi computadora hay varios textos “atrancados”, esperando “luz” para continuarlos) o bien porque al finalizar la redacción, de todas formas persiste en mi mente un interrogante, que a la par que me incita me abruma, a tal punto que diría me “molesta” y me obliga a continuar reflexionando sobre lo que escribí.
Otras veces, en cambio, al terminar surge con claridad el sentido profundo que me llevó a hacerlo.
Pues bien, debo decirles que al concluir esta larga serie de artículos he comprendido que también existía en ellos un motivo oculto.
En efecto. Varias veces mencioné que la causa por el cual los redactaba, era procurar que los “referentes” religiosos analicen la posibilidad de establecer una verdadera vida cristiana, es decir, que se avengan a pensar seriamente en la posibilidad de instrumentar un sistema de vida SIMILAR AL QUE VIVIÓ EL SEÑOR, una plena participación —de vivencias y de bienes— recreando el estilo de vida de la Primera Comunidad Cristiana.
E insistí en eso, ya que afirman constantemente que hay que seguir a Cristo, que hay que imitar a Jesús.
Sin embargo, al terminar con lo que me había propuesto comprendí que también existió otra finalidad: la de “clarificar” públicamente mi posición con relación a la “jerarquía eclesiástica”.
Y debo decirles que en ese sentido, mi subconsciente actuó sin que yo lo advirtiera.
O tal vez fue el Señor quien me impulsó a hacerlo.
Todo se originó hace ya bastante tiempo, cuando alguien me manifestó que el cura que en ese momento estaba a cargo de la Parroquia había expresado, que «el problema que tenían mis pensamientos era que yo no aceptaba la jerarquía», es decir, que si bien él no encontraba en mi “extraña” forma de pensar, ningún punto que se opusiese al Dogma de la Iglesia, mi actitud de todas formas no era correcta por cuanto «rechazaba la jerarquía eclesiástica», la “autoridad” del sacerdote.
De más está decirles que ya en aquel entonces expresé que eso no era cierto, y que resultaba necesario clarificar el sentido en que pudo haberlo manifestado.
Recuerdo que señalé, intentando explicar mi posición, y a simple título de ejemplo, que si imaginariamente nos trasladábamos a la época de Galileo, y tuviésemos la oportunidad de hablar con el Papa, sin ninguna duda yo le habría dicho que no debía condenarlo, y que consideraba que, por hacer eso, de modo alguno mi actitud podía ser interpretada como “opuesta a su jerarquía”.
Pues bien; creo que pese a todo nunca se terminó de comprender mi actitud y pensamientos, motivo por el cual me parece, que una parte de lo que he venido expresado en estos artículos ha tenido por objeto clarificar mi posición, ya que resulta evidente que en mis planteos siempre me refiero a situaciones o aspectos simplemente mundanos, contingentes, terrenales, y que jamás pongo en tela de juicio los temas o puntos “metafísicos”, espirituales, sobrenaturales o como ustedes prefieran llamarlos.
Una clara diferenciación doctrinaria
Y creo que es importante aclararlo, ya que en mi Iglesia (Católica, Apostólica y Romana) se viene sosteniendo “desde antaño” la existencia de dos ámbitos, o aspectos, perfectamente diferenciados en su Doctrina.
Al primero se lo conoce como Dogma o Magisterio Extraordinario, y contiene una serie de puntos (pocos en verdad) con respecto a los cuales NO SE ACEPTA DISCUSIÓN ALGUNA, es decir, que se sostiene que SÍ o SÍ son “LA VERDAD”.Por ende, quien afirma ser católico debe aceptarlos “bajo pena de excomunión” (o, por lo menos, yo diría que no puede discutir públicamente sus postulados).
Al segundo se lo menciona como Doctrina o Magisterio Ordinario, cuyos principios (una “multitud” en verdad) a la inversa de lo anterior, al ser aspectos que no forman parte del Dogma pueden no ser compartidos o admitidos por el católico (incluso públicamente) sin que tal actitud signifique apartarse de la Iglesia. Y esa “tolerancia” se tiene sobre todo con el pueblo común, con los laicos (con los de “segunda”, como lo soy yo) ya que los sacerdotes (y “consagrados“) tienen una obligación mayor de aceptarlos, fundamentalmente a raíz de los votos que realizan.
Y como me parece imposible que esa CLARÍSIMA DIFERENCIACIÓN doctrinaria sea desconocida por los “referentes” religiosos de mi Iglesia, sí critican mis puntos de vista diciendo que “no acepto su jerarquía”, la única explicación que le encuentro al asunto, es que sólo procuren defender la permanencia del actual sistema de cosas (el laico aporta bienes, que ellos usan y administran discrecionalmente) dado que yo únicamente cuestiono aspectos que hacen al uso y administración de los bienes y cosas similares.
Ya expliqué antes que no creo que hagan eso de “puro malos que son”.Tampoco por ser “cómodos”, vivillos o ante la mera incapacidad de afrontar los problemas de la vida cotidiana.
Seguramente habrá algunos a los que podríamos ubicar en cualquiera de esas situaciones.
Y tan es así, que a más de uno que he conocido a lo largo de mi vida, casi me atrevería a “colocarlos” allí yo mismo.
Sin embargo no lo hago, pues podría significar “juzgar sobre la intencionalidad” que los mueve, ámbito de su absoluta intimidad, que queda reservado al oportuno e inapelable juicio de Dios, y no a una simple impresión de mi parte.
O, eventualmente, al juicio de sus “pares” o “superiores”.
Simple lógica: iguales, superiores o inferiores
Por otra parte, aún admitiendo que existen “varios” (incluso “muchos”, si alguno prefiere decirlo de ese modo) a quienes podríamos situar en esos rubros tan poco valederos, pese a eso estoy bien seguro de que NO SE ENCUENTRA ALLÍ LA INMENSA MAYORÍA, sino que, simplemente, a raíz del error de la educación que reciben, se ha formado en su mente una “idea”, o “sensación” de DIFERENCIACIÓN, la cual ineludiblemente les acarrea también la de SUPERIORIDAD, aún cuando constantemente afirmen que no se consideran de esa forma.
Y creo que en definitiva eso es bastante simple de comprender, ya que, cuando no se es IGUAL, desde un punto de vista estrictamente lógico sólo quedan dos alternativas posibles, la de ser INFERIOR o SUPERIOR.
En consecuencia, y como prefiero no ser yo quien efectúe un análisis de sus actitudes personales, les sugiero que lo mediten, y “resuelvan” donde entienden que les corresponde ubicarse (como iguales, superiores o inferiores) sobre todo cuando hablan de “autoridad o jerarquía”.
Y que también lo hagan cuando cuestionan mi postura ABSOLUTAMENTE IGUALITARIA (en el uso y administración de los bienes, y otras cosas similares).
Autoridad o “jerarquía” en sentido evangélico
Y a raíz de eso mencionaré otro punto, refiriendo aquello que la misma Doctrina, considera verdaderamente como “autoridad” o “jerarquía”.
Y pueden corroborarlo fácilmente consultando a quienes les merezcan confianza.
O mejor aún, leyendo en cualquier manual de teología moral, el sentido que posee la “autoridad” o “jerarquía con un enfoque evangélico.
Pues bien, les diré que con sentido cristiano, la justificación moral de cualquier autoridad religiosa se encuentra en lo que se denomina la “diakonía”, es decir el servicio, ya que el Señor Jesús expresamente señaló que había venido a servir y no a ser servido (Mc.10,41-45) y además, que esa actitud NECESARIAMENTE debe estar vinculada estrechamente a su enseñanza, al asimilarla, y con absoluta claridad, a la del esclavo.
Pues bien, traeré a la memoria uno de los últimos actos de Jesús, al cual conocemos como el “lavatorio de los pies”, donde podemos advertir, que no sólo asumió la actitud de un esclavo, sino que lo hizo con uno de los de “menor categoría”.
Y eso resulta obvio ya que no podemos ni siquiera soñar, que las personas que podían darse el lujo de tener varios esclavos admitiesen que, quien lavaba los pies cuando se ingresaba al domicilio, luego de transitar por calles y caminos polvorientos o barrosos (obvio, no había entonces ni asfalto ni veredas) y pisando (¡con sandalias!) excrementos de animales, fuese el mismo que preparase los alimentos, o higienizase las habitaciones.
Ése fue el esclavo, que utilizó el Señor Jesús, para “enseñar” a sus Apóstoles cómo debían actuar. Y además los interrogó acerca de si comprendían su enseñanza, y pese a que le respondieron que lo habían hecho, tengo mis serias dudas al respecto, ya que pocos días más tarde se negaron a “servir a las mesas”, alegando tener que dedicarse a la oración y la enseñanza.
En definitiva igual que ahora, ¿NO?
Y resulta obvio que el “servir las mesas” no era actuar como mozos, sino trabajar aportando bienes, cosa que sí debieron hacer los “helenistas”.
Y es interesante comprender, que de ese grupo “inferior”: 1º) “surge” el primer mártir, 2º) son quienes sufren la primera persecución, y 3º) constituyeron “la base” humana con la cual Pablo “construye” luego a la Iglesia.
En cambio, de los Apóstoles se pierde prácticamente todo rastro en la Biblia.
Pues bien; y ya que mi cuestionamiento es sobre aspectos que hacen a lo contingente, a lo terrenal, a lo mundano, voy a finalizar preguntando sí la generalidad de las actitudes que suelen adoptar los actuales “referentes” religiosos, pueden ser ubicadas realmente dentro de ese concepto, es decir, si en su actuación cotidiana, concreta, efectiva, existe o no, un real servicio que presente esas características que enseñó Jesús.
¿Servir al laico, o “servirse” del laico?
Normalmente aseguran “servir” al laico, al pueblo de Dios.
Incluso, algunas veces es posible escuchar, que «el sacerdote es sólo un hombre, elegido entre los hombres, para servir a los hombres», frase que, por supuesto, arranca estruendosos aplausos cuando se la expresa en ámbitos clericales.
También, y en más de una oportunidad, se suele mencionar que sólo es un “empleado” de ese mismo pueblo de Dios, dado que es éste quien le entrega el dinero necesario para poder vivir.
Y aseguran que el cura SÓLO pide a cambio de sus servicios, que los laicos le den una casa (un lugar para vivir) y unos “pocos mangos” (pesos) para hacerlo “adecuadamente”.
En realidad, sobre el primer punto yo diría mejor que le paguemos los gastos que se originan en una casa (luz, gas, teléfono, a veces hasta el cable de TV, Internet, etc.) ya que normalmente existe en cada parroquia, al menos un inmueble de la Iglesia.
Antes de decir algo al respecto, y si bien como algunos de ustedes saben yo soy abogado, con total honestidad reconozco que tengo muy pocos conocimientos de legislación laboral, dado que no es mi especialidad, y nunca me gustó esa materia.
Sin embargo, pese a ese “déficit” de mi parte, me parece que quien actúa de esa forma, MUY DIFICILMENTE puedan ser considerado “empleado” en una relación laboral, sino que resulta ser el “patrón” de la misma.
En efecto, prácticamente no existe ningún empleado que pueda exigir una vivienda, y menos aún que sea quien estipule unilateralmente el importe que pretende cobrar por sus servicios.
Tampoco dentro de la relación laboral es el empleado quien establece los horarios en los cuales realizará las distintas actividades a su cargo (en cambio, el cura fija los de celebración del culto, las reuniones, cursos etc.) y además, jamás es el dependiente quien está en condiciones de determinar que actividades debe desarrollar su “patrón”, mientras que el cura lo hace con los laicos que deseamos colaborar con el accionar pastoral.
Existen también otros “referentes”, que aseguran “vivir como lo enseñó Jesús”, ya que profesan “votos de pobreza” y, por ende, que carecen de bienes personales o propios.
Sin embargo, resulta obvio que tampoco afrontan reales necesidades desde el punto de vista económico, ya que la Congregación, u Orden a la que pertenecen, les suministra todos los elementos que necesitan, razón por lo cual no deben preocuparse de esos “detalles menores” que, por supuesto, también quedan a cargo del aporte de los laicos.
Unos y otros aseguran que “trabajan”, brindándonos al resto del pueblo de Dios (a los laicos, a los de “segunda”) los elementos espirituales que necesitamos, y si bien no hay ninguna duda de que lo hacen, es decir que laboran, también es cierto que actúan siempre desde el puesto de “gerentes” o dueños de una empresa, y no tal cual lo hace un empleado común (casi se me “escapa” y escribo un “esclavo” común).
Y es interesante comprender al respecto, que esa “empresa” que administran, y que les permite vivir bastante bien, no la hicieron ellos con su exclusivo esfuerzo y bienes personales, sino que “ha sido armada” con el aporte de millones y millones de laicos, muchos de los cuales (la inmensa mayoría diría yo) han vivido (y continuamos haciéndolo en la actualidad) pasando muchas veces grandes necesidades.
Y también es importante comprender que esos aportes, efectuados por millones de laicos a lo largo de los siglos, fueron realizados con el objeto de que se propague el Evangelio, Y NO PARA OTRA COSA.
Por otra parte, si bien comprendo que todo lo que afirman resulta psicológica o subjetivamente cierto, es decir, que creen que está bien la forma en que actúan, eso se debe a que han sido educados en base a esos textos bíblicos que he cuestionado, y por ende han adquirido una mentalidad de “diferencia” con los laicos, y consiguientemente de “superioridad”.
Por eso no terminan de entender, que mientras en el Libro de los Hechos de los Apóstoles se dice claramente que «TODOS eran bien vistos porque NADIE PASABA NECESIDADES» (Hech.4,32-37) la realidad es que ellos NO SON BIEN VISTOS por la mayoría de las personas (y no son bien vistos por la forma en que viven, ya que el mensaje que transmiten, normalmente es aceptado) y, además, que muchísimos laicos afrontan serias carencias.
Yo pregunto, cuando se habla de “jerarquía” o “autoridad”, ¿no será que se la confunde con sumisión?
Insisto una vez más. Sí aseguramos que el ideal del cristiano es imitar a Jesús, y sabemos que Él fue humilde y vivió en plena COMUNIÓN DE VIVENCIAS Y DE BIENES, ¿Por qué no hacemos lo mismo?
Reciban mí afecto, y el invariable deseo y ruego del MARANA-THA
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Gracias a todos por intervenir
Y a Roser Puig debo decirle que, en mi opinión, el grave problema no es que yo tenga razón, sino que el mensaje del Evangelio no "llega" a la inmensa mayoría de las personas por ese tipo de situaciones.
Cordiales saludos
MARANA-THA
Amigo Mario, tienes “más razón que un santo”. En el pos “teología sin censura” de José Maria Castillo, que a mi me aparece debajo del tuyo, creo que encontrarás todavía más argumentos para tus opiniones sobre el clero. Un saludo cordial.
De todo hay en la viña del Señor, pero....¡qué a gusto viven algunos curas a costa del pueblo con su coche último modelo y viajando todo el día!
Querido Mario,
no se trata de "generalizar"...lo cual seria muy simple.
Se trata de DENUNCIAR lo que es ontologicamente malo y perjudicial para las personas.Nada mas.
PRIVILEGIOS FUERA.
Alfonso
En mi escrito creo ser lo suficientemente claro, explicando que si bien hay "malos" entre los referentes religiosos, gracias a Dios no lo son la gran mayoría.
El acusar a todo el clero católico de tanta maldad me parece un error, ya que, si así fuese, sin duda alguna la Igleisa no habría durado tantos siglos.
Yo he conocido algunos pastores de Iglesias Reformadas muy malos, pero también conocí a muchos que realmente son muy buenas personas.
Pienso que el generalizar tanto es incorrecto.
De todas formas, gracias por intervenir
Tenemos un clero "demasiado acostumbrado" a mandar...siempre y en todo sobre los pobres seglares.
El clero es siempre el principio y el fin en la Iglesia y Dios es solo un pretexto para estos malvados.
La Iglesia es una institucion tenebrosa,con un clero que gobierna con poder INCONTESTABLE E INAPELABLE sobre los indefensos seglares.Sus sacramentos son "sobrenaturales" porque "ellos" son sobrenaturales.Ignoran que no hay mas que una sola jerarquia:DIOS.
El clero catolico no es mas que un refrito monstruoso de las viejas estructuras clericales del antiguo pueblo de Israel en el Templo de Jerusalen.
Viernes, 17 de febrero
Juan Antonio Espinosa
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