Admitir eventuales errores – analizar nueva visión - ¿el huevo, o la gallina?
He finalizado el análisis con el cual he procurado señalar posibles errores, desarrollados a lo largo de los siglos, y que se usan para pretender “justificar” la existencia de una diferenciación entre los seres humanos, como si fuese algo realmente establecido por Dios.
Y puse énfasis en lo que estimo lo más conflictivo del problema, pues se asume que, como resultado de esa “separación”, un grupo minoritario habría obtenido determinados privilegios sobre el grueso de los seres humanos, ya que éstos deben “proveerles” bienes que ese “segmento favorecido”, usa y administra con absoluta discrecionalidad.
Y lo he encarado, no tratando de realizar una crítica que pueda parecer “destructiva”, sino todo lo contrario, procurando que los actuales “referentes” religiosos comprendan, que ese gigantesco “resto” de seres humanos que pulula por el mundo, tropieza con enormes dificultades para lograr descubrir al verdadero y único Dios, al Amor, simplemente porque choca con la realidad en la que vivimos, y por ende suele rechazarlo expresando: «no puede ser que exista Dios, ya que si existiese, Él no permitiría que sus “ministros” vivan como lo hacen, aprovechándose de los demás», sin comprender que esto último —en definitiva— se origina sólo en un simple error de la educación que reciben.
Obvio que pese ha todo lo que he expuesto continuarán existiendo quienes digan: «Sin duda, ese tipo (o sea yo) no tiene fe, ya que Dios puede hacer las cosas, cómo quiere, y cuándo quiere» lo cual —insisto una vez más— adolece no sólo del error de afirmar algo que no es cierto con respecto a mi persona, ya que tengo tanta fe como puede poseer cualquiera, sino que esa actitud sería una simple excusa para no detenerse a analizar, no sólo lo que ya mencioné, sino también muchos otros temas, el primero de los cuales señalaré seguidamente.
A veces se afirma que «hay que “entender correctamente” los textos bíblicos, y que es necesario “pensarlos” con la mentalidad de los hombres que la escribieron y no con la nuestra. Por consiguiente, hay que aceptar que existen simples aspectos “formales”, utilizados por quienes los redactaron que no corresponden a hechos reales, sino a mensajes de Dios», frase con la cual intentan indicar que, aquello que es difícil de admitir, lo que puede chocar con nuestra mentalidad o forma de ver las cosas, no debe ser utilizado para cambiar los “aspectos esenciales de la fe” (¿?) sino que es necesario seguir aceptando todo tal cual está, con total “obediencia a los que saben”.
Pues bien; sobre eso traería a colación el conocido dicho que menciona «¿QUÉ EXISTIÓ PRIMERO, EL HUEVO O LA GALLINA?», es decir, si son meras formas literarias utilizadas por los hombres de otras épocas y que —por ende— no responden a hechos reales, ¿por qué se las usa para fundamentar toda la estructura piramidal, de poder y de riqueza, en la cual viven cómodamente?
Y para tratar de clarificar eso, me permitiré transcribir dos comentarios, que podemos encontrar en la Biblia Latinoamericana (XIII Edición, “Letra grande”, San Pablo y Verbo Divino) pues me parecen útiles para explicar lo que quiero decir.
El primero es una nota al Capítulo 6 del Libro de Josué (pág.292) donde, intentando justificar (o al menos explicar) la matanza de los habitantes de Jericó se dice:
«anatema ...se practicaba en varios pueblos; aquí al destruir todo lo que era cananeo, Israel se preservaba de adoptar la cultura y la religión materialista de los cananeos. El lector moderno a veces se escandaliza.¿Cómo pudo Dios ordenar una guerra así?, Josué ¿cómo pensó agradar a Dios ordenando matar a todos, incluso a los niños? ....el autor quería demostrar a sus contemporáneos que no debían temer...Así, pues, cuando se dice: “Y así ordenó a Josué el anatema”, no debemos pensar en una intervención especial de Dios (ver comentario Gn.16).Estas palabras significan solamente que, al decidir el anatema conforme a la mentalidad de su tiempo, Josué preservaba la fe de Israel de lo que más contradecía el plan de Dios: la idolatría. Pero ellos lo hacían como hombres que no sabían todavía el valor de la vida humana».
El segundo (pág.246) dice:
«y la prueba de la elección de Israel, está en las intervenciones sobrenaturales de Dios a favor suyo, cuando lo sacó de Egipto».
Pues bien, lo que cabe preguntarse es, si no fue Dios quien “ordenó” la masacre de Jericó, sino que es sólo una forma de hablar, ¿por que se dice que “la prueba” de la intervención y elección del Buen Dios en favor de los hebreos es otra masacre, la de los primogénitos de Egipto?
Obvio que si aquí también dijeran que es sólo una forma de hablar, ¿dónde quedaría, entonces, el “origen divino” de la separación de los levitas, del intermediar ante Dios, y del obtener bienes por esa actividad?
Digo yo, ¿sí en un lado es sólo una “forma de hablar”, por qué en otro es una “prueba”?
Insisto, ¿el huevo, o la gallina?
Y si bien podría finalizar aquí, considero conveniente decir algo más.
Al iniciar estos artículos traté de aclarar, que a veces los seres humanos cometemos errores por haber recibido una educación equivocada, ya que actuamos de determinada manera pues damos por cierto lo que se nos enseñó.
Y eso ocurre porque “nadie educa mal a propósito”, sino que transmite lo que considera “correcto y verdadero”, aún cuando puede no serlo.
Y traté de explicárselos mencionando —a título de ejemplo— que todos aceptamos que “yo escribo” y que “ustedes leen”, dado que esas son las palabras que utilizamos para describir las conductas que realizamos cada uno de nosotros.
Y les dije que, sin embargo, podríamos pensar (o imaginar) que en lugar de desarrollarse esas palabras, a lo largo de los años podría haber acontecido exactamente a la inversa, y de haber sido así, hoy todos “aseguraríamos” que yo “leo” lo que ustedes “escribirían” más adelante.
Pues bien. Como es posible que no resulte “tan fácil” comprender mi pensamiento con lo expresado acerca del uso de los términos “leer y escribir” (puesto que son palabras que corresponden a cuestiones, que con los años se fueron “precisando” correctamente en el lenguaje que utilizamos) les mencionaré otros ejemplos que estimo pueden ser más claros.
Hasta hace poco tiempo, en el lenguaje político que se utilizaba en la Argentina, y con absoluto desparpajo, se usaba la palabra “Modelo” haciendo referencia con ella al “plan económico” implementado (neoliberal).
Todos la adoptan. Era normal hacerlo en discursos —oficialistas y opositores— y además se la utilizaba en los medios de comunicación, escritos, radiales y televisivos. Incluso, formaba parte, no sólo del lenguaje de la calle, del hombre común, sino que se la empleaba también en ámbitos universitarios y académicos.
Y se lo hacía sin que nadie se detuviese a pensar —al menos— si resultaba “correcto o incorrecto” su uso.
En aquella época intenté explicar el equívoco que se generaba, y redacté unas líneas que envié a distintos periodistas, pero, por supuesto, como prácticamente todo el mundo pensaba que vivíamos “inmejorables condiciones económicas” ni siquiera las publicaron.
Años más tarde, ante la crisis que afrontamos, resultaba imposible o, al menos extremadamente difícil, escuchar que alguien hablase del famoso “Modelo”.
Aunque les aclaro que en estos días parecería como si se la intentase “reflotar”, si bien haciendo alusión a un “Modelo” completamente distinto de aquél otro.
Otros ejemplos también pueden ayudarles a entender mi idea.
Antes, cuando alguien actuaba sin afán de lucro, se solía expresar que lo hacía «por deporte» o «por amor al arte».
Actualmente, ante la mercantilización que existe en esos ámbitos ya no se lo menciona, pues nadie cree que sea así.
Algo similar ocurría en medicina, pues muchas veces se decía que constituía un “verdadero sacerdocio”, por la sacrificada y altruista actuación de muchos médicos.
En nuestros días ha perdido significación, pues no existe —ni por casualidad— esa forma de actuar en ninguna de las “dos puntas”, pues resulta raro hallar, tanto a un facultativo, como un sacerdote, que tengan reales actitudes de desprendimiento.
Con lo expuesto intento señalar, que son muy pocas las personas que se detienen a pensar en el porqué de los hechos, y en cuáles son las razones por las que utilizamos las palabras con las que nos comunicamos.
Menos aún, las que analizan si resulta “totalmente correcto” el uso que les otorgamos ahora, e incluso, les diría que es ínfimo el número de seres humanos que razona con respecto a sí en el origen de su aplicación, las palabras expresaban exactamente la misma idea que les adjudicamos en nuestra época.
Y aún cuando podríamos continuar con los ejemplos, creo que alcanzan para comprender que algo similar aconteció con muchos textos bíblicos.
Mencionándoles eso trato de exponerles (aunque resulta extremadamente difícil hacerlo en estos breves artículos) que la existencia de “errores” en la Biblia, como los que yo creo que existen, fundamentalmente en la “tradición Sacerdotal”, no significa que hubiese existido “mala voluntad” en quienes redactaron esos pasajes, sino, sencillamente, que cuando lo hicieron dieron “forma literaria” a relatos que se venía escuchando “desde antaño”, desde tiempo inmemorial, pues se los venía repitiendo de generación en generación.
Por eso, al hacerlo no se detuvieron a investigar en cuál había sido la realidad de los hechos que se mencionaban, sino que dieron por “absolutamente cierto” que habían ocurrido “exactamente” como los escuchaban.
Por supuesto —seres humanos al fin— al escribir los “adornaron” un poco, para “remarcar” aquellas cosas que SÍ ó SÍ consideraban que era “la verdad”.
Se los consignó, sin buscar la explicación correcta a ciertos hechos o leyendas que involucraron al pueblo hebreo.
Aceptar errores no debe escandalizar, y menos aún hacernos perder la fe.
Por el contrario, debe servirnos para comprender mejor el verdadero sentido de lo religioso.
Y para ir finalizando con estos artículos con los cuales, una vez más, trato de atraer la atención de los “referentes” (jerarquías) religiosos, procurando que se “detengan” a pensar seriamente en la posibilidad de implementar una verdadera vida cristiana (comunidad de vivencias y de bienes - recrear el estilo de vida de la Primera Comunidad Cristiana) plantearé distintas cuestiones sin analizarlas en profundidad, pues la limitación del espacio disponible me obliga a hacerlo superficialmente.
Pero para no extender tanto este texto lo haré en la próxima entrega.
Cordiales saludos
MARANA-THA
Domingo, 19 de febrero
Francisco Margallo
Antonio Aradillas
Jose Gallardo Alberni
Josemari Lorenzo Amelibia
Francisco Baena Calvo
Alejandro Córdoba
Juan Fernandez Krohn
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Salvador García Bardón