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Bienes terrenales: laicos y curas - ¿cuál es la diferencia? (3/11)

12.11.09 | 09:40. Archivado en Levitas y Sacerdotes
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Como recordarán, estoy intentando explicar mi punto de vista sobre lo que estimo es el error, de haberle atribuido al Buen Padre Celestial ciertos hechos (que habrían ocurrido hace miles de años) de los que surgiría una diferenciación entre un “grupo especial” (antes levitas y sacerdotes, hoy curas, pastores, etc.) y el “resto” del pueblo (los laicos, los de “segunda”) y, FUNDAMENTALMENTE el que éstos últimos “deban” asistir económicamente a los primeros.
Pues bien, continuando con mi “tentativa” de explicarlo, y aún habiendo aclarado que considero que la enorme mayoría de quienes integran ese “sector privilegiado” no actúan como lo hacen por ser “malos”, sino simplemente por la educación recibida, quiero insistir en mi pedido de que adopten una actitud de apertura mental, asumiendo (aunque sólo sea como una alternativa más) la POSIBILIDAD de que exista un error en el pensamiento que tradicionalmente se ha sostenido al respecto.

El riesgo de cometer un error similar

Y lo hago, convencido de que el negarse a hacerlo podría significar un nuevo error, que en cierto sentido coincidiría con el cometido por “otros dirigentes religiosos”, los que “servían” al pueblo hebreo hace 2.000 años cuando se negaron a escuchar a Jesús, cosa que tampoco ellos hicieron por ser “malos”, sino por cuanto la vida terrena que exteriorizó el Cristo no fue la del jefe militar que todos esperaban, pues no sólo no restauró el “Reino de Israel” expulsando a los romanos, sino que tampoco construyó ese “mundo de justicia y de paz” anunciado por los profetas.
Sólo hizo el bien, y enseñó a SER HUMILDES, Y A COMPARTIR.
Resulta obvio entonces que al rechazarlo no lo hicieron por ser “malvados”, sino sencillamente por cuanto tomaban al pie de la letra esos “hechos fantásticos” que constan en la Biblia, y que mostrarían un accionar de Dios ajeno a las cosas simples y naturales, ya que lo presentan rodeado de un “gran poder” muy diferente al que normalmente exteriorizaba Jesús.
Pero también, porqué de esos hechos insólitos que se relatan en la Biblia, y que, según la educación y mentalidad que aquéllos tenían, SIN DUDA ALGUNA mostraban el “verdadero accionar” de Dios, surge el motivo por el que “ellos eran los jefes”, el grupo selecto que “debía mandar” al pueblo, y éste, a su vez, suministrarles los bienes “necesarios” para poder vivir adecuadamente.
Por ende, al asumir como reales esos sucesos (y también su consecuencia, es decir, la “elección” de un grupo especial, y la consiguiente formación de una estructura piramidal de poder tempo—religioso) resultaba imposible que admitiesen a Jesús como Mesías, ya que su vida NO SE CORRESPONDÍA PARA NADA con ese tipo de hechos, y por ende resultaba absurda, completamente absurda esa idea, dado que lo único que hacía ese “triste y desconocido galileo”, era mantener actitudes humildes, ajenas a lo “verdaderamente divino”, a la “Teofanía” o exteriorización de Dios.
Y además, y para colmo de males, porque se codeaba con pecadores (publicanos y prostitutas) por lo cual resultaba una blasfemia inaudita que se lo considerase Hijo de Dios.
Y espero que comprendan que lo que acabo de mencionar es sin dobles intenciones, y sin pretender de forma alguna equiparar mis expresiones o ideas a las de Jesús, ya que ni en chiste, “ni por las tapas” deseo compararlas. Menos aún hacerlo en lo personal.
El simple pensar eso sería, POR LO MENOS, una absoluta estupidez.
Sólo quiero destacar la similitud que podrían presentar ambas “actitudes”, al no asumir ni siquiera como una ALTERNATIVA, el análisis de la eventual existencia de errores en aquellos textos que son los QUE OTORGAN PODER, mientras que sí se los admite, y con total tranquilidad en otros, incluso dentro de la propia Ley de Dios, conforme lo expuse antes.
Pero también debo señalar, que evidentemente la situación en nuestros días resulta bastante más seria que antaño, ya que, mientras los dirigentes que rechazaron el mensaje que personalmente les daba Jesús, sólo tenían los textos del Antiguo Testamento (que es donde se menciona, y en repetidas oportunidades, al “accionar de Dios” dentro de un plano al que podríamos llamar “fantástico”, y hasta brutal e injusto) hoy nosotros tenemos ADEMÁS esas enseñanzas del Cristo, en especial su mención del Padre Bueno, el Abba (papá o papito) que no coincide para nada con ese actuación violenta y sanguinaria. Y también, en su actitud absolutamente humilde, que se refleja, por ejemplo, en el conocido episodio del lavatorio de los pies.

Eventuales errores en los textos, QUE OTORGAN PODER

Y con ese presupuesto voy a comenzar a mencionar algunos puntos del Antiguo Testamento, tratando de explicar mi idea de que es un error el pensar que existieron hechos con los cuales Dios “privilegió” a un sector de su pueblo en el uso de los bienes terrenales.
Y lo voy a hacer, asumiendo que los actuales “referentes” religiosos adoptarán un criterio de apertura mental para analizar mis ideas.
Pero no vayan a creer que sólo les pido a ellos esa posición, sino que también les requeriré idéntica actitud a quienes suelen explicar que, como ese “sector privilegiado” son unos vivillos, si bien creen en Dios se alejan de lo religioso por no creer en los curas o en la Iglesia, aspecto que analizaré más adelante.
Pues bien. Vayamos de una buena vez por todas al fondo del asunto.

El Templo

Algo que nos permitirá comprender ese error, es lo atinente al TEMPLO, con todo lo que significaba desde el punto de vista, no sólo del poder, sino también del manejo económico.
Para explicarlo mejor utilizaré la traducción de la BIBLIA DE JERUSALÉN, y lo hago ya que suele ser considerada por muchos “biblistas” (especialistas que han dedicado su vida a estudiar la Biblia) como una de la más completa y documentada, comentario que, por supuesto, transmiten (por lo menos dentro de mi Iglesia Católica) a todos los aspirantes al sacerdocio o a la vida consagrada.
Transcribiré a continuación dos pasajes, y un pequeño comentario al segundo de ellos.

«Tomó Moisés la Tienda y la plantó para él* a cierta distancia fuera del campamento; la llamó Tienda del Encuentro. De modo que todo el que tenía que consultar a Yahveh* salía hacia la Tienda del Encuentro, que estaba fuera del campamento.» (Ex.33,7)
«Habló Yahveh a Moisés y le dijo: “Manda a los israelitas que echen del campamento a todo leproso, al que padece flujo y a todo impuro por contacto con cadáver. Los has de echar, sean hombre o mujer; fuera del campamento los echarás, para que no contaminen sus campamentos, donde yo habito en medio de ellos*.” Así lo hicieron los israelitas, los echaron fuera del campamento. Los israelitas lo hicieron tal cual como había dicho Yahveh a Moisés.» (Nm.5,1-4).
*La redacción sacerdotal imagina en medio del campamento la Tienda, que las antiguas tradiciones sitúan en el exterior, cf.Ex.33,7"

Para captar mejor lo que trato de explicarles a través de esa “diferencia”, deben comprender que el primero de los pasajes que transcribí, y que se encuentra en el Éxodo, corresponde a los textos bíblicos más antiguos, y se los conoce como la “redacción o tradición YAVISTA”, mientras que el otro, el del libro de los Números, pertenece a la “redacción o tradición SACERDOTAL”, que fue escrita siglos después y es autora del Libro del Levítico, de la mayor parte del de Los Números, y de otros pasajes que fueron “intercalados” dentro de los textos que forman el resto del Pentateuco, dos de los cuales existían desde mucho tiempo atrás (Génesis y Éxodo) pues habían sido escritos por las tradiciones más antiguas, la YAVISTA y la ELOHISTA.
Pues bien; es evidente que según el texto del Éxodo, en el inicio histórico del pueblo hebreo (EL PUEBLO DE DIOS, el “elegido”) CUALQUIERA podía ir personalmente a consultar a Yahveh, cosa que hacía tranquilamente, saliendo del campamento y encaminándose a la Tienda del Encuentro (que recibió ese nombre precisamente por eso, por servir como punto de reunión con su pueblo) y es interesante ver que, el hecho de que debían alejarse del campamento no sólo figura en dicho libro, sino que también lo confirma la nota que la mencionada Biblia de Jerusalén pone al segundo pasaje, ya que dice claramente que «la redacción sacerdotal IMAGINA en medio del campamento la Tienda, que las antiguas tradiciones sitúan en el exterior».
Ahora bien, pensar que ambas situaciones “es lo mismo” es absurdo, ya que es fácil comprender que ese "IMAGINAR" implica necesariamente lo siguiente.
Sí la Tienda del Encuentro se hubiese encontrado “realmente” dentro del campamento, para consultar a Yahveh, cualquiera del pueblo, sí o sí debía pasar por los “intermediarios” (el grupo de los levitas y los sacerdotes) mientras que, si la Tienda estaba afuera el contacto era directo.
Y afirmo eso, ya que basta con leer el Libro de los Números, obviamente también de redacción sacerdotal, en especial Cáp.1,49-54 y 2,17 (en realidad hay más, como para “divertirse”) para comprobarlo, pues allí se asegura que la Tienda del Encuentro estaba en el centro del campamento israelita, rodeada por la tribu de los Levitas, y sólo más allá, a la distancia, se ubicaba el pueblo “común”, y que incluso, si alguno se arrimaba lo mataban (Nm.3,10).
Obvio que alguien podrán decir, que «como Dios es Dios, hace lo que quiere, y pudo cambiar de idea y establecer un sistema distinto a como funcionó al principio», lo cual teóricamente podría ser cierto (aunque eso no figura en la Biblia, ni coincide con la expresión «no se vuelve atrás», de Nm.23,19) pero, conforme trataré de explicarlo es muy difícil que puedan probar eso.
Y creo que resulta muy interesante analizar algo más, nuevos errores sobre ese tema, ya que nos permitirá comprender los motivos por los cuales esas “extrañas diferencias“ que yo noto, pasan sin embargo inadvertidas para los actuales “referentes” religiosos.
Como dije, utilizo la versión que se conoce como LA BIBLIA DE JERUSALÉN, ya que suele ser usada al estudiar en los seminarios, y a partir de allí se la tiene siempre como un “importante libro” de consulta.
Para que lo comprendan mejor, transcribiré nuevamente uno de los pasajes, agregando unas palabras más a las que había copiado antes, para tener mejores elementos al explicar mi idea.

«Tomó Moisés la Tienda y la plantó para él* a cierta distancia fuera del campamento; la llamó Tienda del Encuentro. De modo que todo el que tenía que consultar a Yahveh* salía hacia la Tienda del Encuentro, que estaba fuera del campamento. Cuando salía Moisés hacia la Tienda, todo el pueblo se levantaba y se quedaba de pié a la puerta de su tienda, siguiendo con la vista a Moisés hasta que entraba en la Tienda.» (Ex.33,7).

Como podrán advertir existen dos asteriscos (*) los cuales nos señalan que al pié del texto hay sendos comentarios sobre ese pasaje.
Pues bien, si nos detenemos a leerlos (Pág.106) veremos que sobre el primero se menciona, que el pronombre “él” podría referirse tanto a Moisés, como al Arca o al propio Yahveh, mientras que, con respecto al segundo, haciendo referencia a la “consulta a Yahveh”, se señala «Es decir, pedir un oráculo por medio de Moisés, quien en la Tienda conversa a solas con Yahveh ...Más tarde se “consultará” a Yahveh por medio de un hombre de Dios o un profeta».
Analizando el primero les diré, que me parece insostenible indicar que lo hiciese para sí mismo (para el propio Moisés) ya que se señala claramente que "salía del campamento" para entrevistarse con Yahveh, y unas pocas líneas más adelante se dice también que «Luego volvía Moisés al campamento, pero su ayudante, el joven Josué, hijo de Nun, no se apartaba del interior de la Tienda» (Ex.33,11).
En cambio, de admitirse que la plantó para que la “habitase” Yahveh, al igual que si fuese para el Arca, ese pronombre debería escribírselo Él, con mayúscula, y no con la minúscula que se utiliza en el texto.
Ese aspecto, que aisladamente parecería sin importancia la tiene en realidad, y en forma muy significativa, y también la posee, y más aún, el comentario que existe con respecto al otro asterisco que transcribí antes.
En efecto, la segunda nota menciona directamente que el oráculo, la consulta a Yahveh que “cualquiera podía hacer”, debían efectuarla por medio de Moisés. Incluso, agrega que luego se la efectuará a través de un “hombre de Dios” o de un “profeta”.
Va de suyo entonces que, sin decirlo expresamente, deja en claro que el pueblo llano, el laico, el de “segunda”, JAMÁS podría hacerlo sólo.
Sin embargo —y quiero resaltarlo muy bien— resulta obvio que esa “intermediación” de Moisés NO CONSTA EN EL TEXTO bíblico, sino que con claridad se menciona «Todo el que tenía que consultar a Yahveh salía hacia la Tienda» sin hacer referencia alguna a que debiese recurrir a dicho Patriarca para efectuarla.
Pues bien, si a esa idea de “intermediar”, le “sumamos la posibilidad” de que la Tienda hubiese sido “plantada para Moisés” (es decir, que la utilizaba como su propia casa, sugerencia “obvia” al usarse la minúscula) casi les diría que es fácil asumir, como evidente y lógico, que se “debía recurrir” a él para efectuar la consulta a Yahveh.
Aunque, INSISTO, NO ES ESO LO QUE MENCIONA EL TEXTO bíblico.
Sinceramente, no sé si al redactar las notas se lo hizo a propósito (para robustecer la idea de esa “mediación”) o por un simple error. Pero sin duda alguna son muchos los “referentes” que la han leído, y, ante el “prestigio intelectual” de esa versión de la Biblia, seguramente lo tomaron como correcto y verdadero.
Ante ese tipo de cosas, es lógico que se “acumulen” los errores, y que a raíz de los mismos se asegura que existen diferencias entre “grupos” de personas por “disposición” de Dios, cosa que para mí es un grave error.
Prometiendo continuar, les saludo cordialmente
MARANA-THA


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