La 'locura' del vivir compartiendo

Bienes terrenales: laicos y curas - ¿cuál es la diferencia? (2/11)

11.11.09 | 08:28. Archivado en Levitas y Sacerdotes
  • enviar a un amigo
  • Imprimir contenido

Les recuerdo que estoy explicando porqué no creo que Dios hubiese hecho una “separación” entre los miembros de su pueblo, cosa que sostienen los “referentes” religiosos.

Y para “asegurar” que esa situación deriva de una decisión de Dios, suelen traer a colación la frase de Jesús: «Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario.» (Lc.10,7) es decir, que para el Cristo es correcto que quien predique su Evangelio cuente con una adecuada alimentación, y que ésta debe serle suministrada por quienes reciben dicha prédica, hecho que —desde ya lo aclaro— no niego, sino que comparto plenamente.
Sin embargo, estimo que esa frase no puede ser tomada aisladamente, sino que debemos analizarla en el contexto de los demás pasajes bíblicos, y por eso interpreto que tal expresión está referida a la actitud que se puede tener en determinada actividad, a la cual nosotros llamamos “MISIONAR”, es decir, cuando uno va a un lugar distinto al de su propia residencia para enseñar a otros el Evangelio de Jesús.
Pero no creo que pueda ser “asimilada” a lo que llamaría el estilo de vida común y corriente, es decir, para el desarrollo normal de la vivencia humana.
Y eso lo afirmo, no sólo por cuanto resulta ilógico asumir que esa única expresión alcance para reclamar una “apoyatura económica constante”, sino por cuanto, si analizamos también otra expresión del Cristo, dentro del mismo Evangelio de Lucas, veremos que la actitud de “seguirlo” no se la debe considerar “merecedora” de ninguna recompensa terrena.
Por lo menos eso es lo que para mí surge, y con bastante evidencia, del pasaje que suele titularse como «La parábola del servidor humilde» en especial cuando dice «Así también ustedes, cuando hayan hecho todo lo que se les mande digan: “somos simples servidores, no hemos hecho más que cumplir con nuestro deber”.» (Lc.17,7)

Predicar permite vivir, pero nunca acumular bienes

Por otra parte, no cabe duda alguna de que aquella expresión del Señor Jesús está referida a lo que llamaríamos cuestiones o aspectos exclusivamente “alimentarios”.
Pero de ningún modo puede ser “trasladada” a la posesión de bienes materiales.
Por ejemplo, me pregunto, sí la Doctrina Social de la Iglesia sostiene que «en caso de necesidad todos los bienes son comunes», ¿cómo podemos seguir afirmando que la situación que vivimos es “aceptable”, aún cuando incluso hay niños y ancianos que mueren por desnutrición?
¿Cómo es posible que existan tantos bienes en poder de los cristianos (¡y de las Iglesias cristianas!) frente a esos hechos?
Y, si alguien sostiene que «los tiempos son diferentes», o que «las cosas han cambiado», pretendiendo justificar así el tener bienes, por caso un automóvil, a veces muy lujoso, alegando que le permite ir más rápido para atender las distintas actividades pastorales, yo les recuerdo que Jesús no tenía ni siquiera un “triste burro”, ya que cuando ingresa en Jerusalén pide prestado uno.
Y no cabe duda alguna que, sí Él hubiese tenido “esa mentalidad”, habría tenido toda una recua de mulas para poder visitar con sus discípulos un mayor número de poblados, durante el período en que desarrolló su vida terrenal.
¡No! Es imposible sostener ese tipo de ideas para tratar de “explicar” (no digo “justificar”, ya que de ninguna forma resulta posible hacerlo) el seguir manteniendo tantos bienes frente a tanta miseria.
Y quiero aclararles que al mencionar “tantos” no me estoy refiriendo a una mera cuestión económica, es decir, no hago ninguna ecuación matemática para determinar, cuándo es “TANTOS”, y cuándo no lo es.
Para mí, el “tantos” depende de la “necesidad” del prójimo.

Vivir en forma “miserable” no es tampoco el mensaje del Evangelio

PERO como también estoy convencido de que, para seguir adecuadamente el mensaje del Cristo no es posible que nos transformemos en pordioseros, o algo por el estilo (ya que Jesús no lo fue) interpreto que debemos buscar mecanismos que nos permitan vivir A TODOS sin NINGUN TIPO DE PRIVACIONES (incluyendo, si las condiciones lo permiten, el auto, la TV, Internet y todo lo que se les ocurra pensar) pero que, simultáneamente, no sea algo de propiedad, y MENOS AÚN de uso “exclusivo”, sino comunitario.
Pero como si sigo por ese camino no sólo me extenderé demasiado, sino que también perderíamos el rumbo del análisis de la dificultades que existen para compartir mis ideas (realizar una plena comunidad, de vivencias y de bienes) les mencionaba que considero probable que interpreten que ese sistema de vida es ÚNICAMENTE para el “sector especial” que ellos integran, mientras que al resto de los cristianos, a los de “segunda”, nos corresponde “efectuarles aportes” para que continúen transmitiendo el Evangelio.

El texto más utilizado

Y en tal sentido, además de las palabras de Jesús que mencioné, suelen también subrayan una frase de Pablo, a la cual citan como si fuese una “orden” expresa que habría sido dada en ese sentido por el Apóstol de los Gentiles.
Es posible que exista otra y que se me escape. No lo niego.
Sin embargo, la única que encuentro, y que podría ser usada para sostener semejante idea, es la que transcribo a continuación, «¿No saben ustedes que los ministros del culto viven del culto, y que aquellos que sirven al altar participan del altar? De la misma manera el Señor ordenó a los que anuncian el Evangelio que vivan del Evangelio. A pesar de todo no he usado ninguno de estos derechos...¿Cual es entonces mi recompensa? Predicar gratuitamente la Buena Noticia, renunciando al derecho que esa buena noticia me confiere.» (1 Cor.9,13-18).
Afirman entonces que existiría una ORDEN EXPLÍCITA, dada en forma TAJANTE nada menos que por el propio Jesús, diciéndoles a sus discípulos que DEBÍAN vivir del Evangelio, que estaban “obligados” a hacerlo.
Siendo así, la verdad sea dicha, a primera vista por lo menos pocas dudas cabrían al respecto, y por ende no habría absolutamente nada para discutir.
Sin embargo, no me parece que sea “TAN” así.
En efecto. En primer lugar, no hay pasaje alguno del Evangelio donde conste esa ORDEN DIRECTA, motivo por el cual me parece difícil que se la “deba” tomar como real.
En segundo lugar me parece imposible afirmar que exista, cuando es el propio San Pablo, en ese mismo texto que transcribí, quien claramente menciona que él no la cumple, razón por la cual creo que cabe dudar de su existencia.
En efecto; resultaría rarísimo que, si realmente el Señor Jesús hubiese IMPUESTO la “obligación” de vivir del Evangelio Pablo no le hubiese “llevado el apunte”, cosa evidente ya que con total claridad menciona «no he usado ninguno de esos derechos ¿Cuál es mi recompensa? Predicar gratuitamente la Buena Noticia, renunciando al derecho que esa buena noticia me confiere.»

La verdadera actitud “vital” de Pablo

Pero además, leyendo el Nuevo Testamento es fácil advertir, que no fue la única oportunidad donde San Pablo hace referencia a esa actitud de “laburante” que le caracterizó, ya que existen otras y, para evitar discusiones inútiles me permito transcribir algunas a continuación «¿Qué tienen de menos que las otras Iglesias, sino que no he sido una carga para ustedes? Perdónenme si los ofendo. Ahora estoy dispuesto a visitarlos por tercera vez, y tampoco en esta oportunidad les seré gravoso, porque lo que yo busco no son sus bienes sino a ustedes mismos: en efecto, no son los hijos los que deben ahorrar para los padres, sino los padres para los hijos.» (2 Cor.12,13-14) «Les ordenamos hermanos, en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que se aparten de todo hermano que lleve una vida ociosa, contrariamente a la enseñanza que recibieron de nosotros. Porque ustedes ya saben como deben seguir nuestro ejemplo. Cuando estábamos entre ustedes, no vivíamos como holgazanes y nadie nos regalaba el pan que comíamos. Al contrario, trabajábamos duramente, día y noche, hasta cansarnos, con tal de no ser una carga para ninguno de ustedes. Aunque teníamos el derecho de proceder de otra manera, queríamos darle un ejemplo para imitar. En aquella ocasión les impusimos esta regla: el que no quiera trabajar, que no coma.» (2 Tes.3,6-10).
Y eso que en todas esas situaciones la actividad de Pablo ERA MISIONERA, ya que predicaba el Evangelio fuera de su casa, por lo cual se encontraba dentro de la idea de Jesús, de que «quien trabaja merece su salario» (Lc.10,7).
Pues bien, creo que con lo dicho hasta aquí, podemos considerar establecida, al menos, una “sombra de duda” acerca de que el Nuevo Testamento establezca ese “sistema exclusivista”, según el cual, sólo quienes predican el Evangelio deben contar con la apoyatura económica del “resto” para desarrollar su vida.
Por consiguiente deberemos incursionar a partir ahora, en las disposiciones que al respecto existen en el Antiguo Testamento, pero les recuerdo que no creo que la actitud que mantienen tenga origen egoísta, sino que hemos sido educados de esa forma, dado que existen distintos textos en el Antiguo Testamento que sostienen esa idea.
Es decir, que no sólo para esos referentes religiosos, sino que para la generalidad de las personas eso es así, y no habría nada que discutir.

“Abrir” la mente para comprender mi postura

Y antes de explicar mi posición debo pedirles a todos, pero en forma especial a “ellos”, que asuman con mente abierta lo que voy a plantearles, haciéndolo aunque más no fuese que como una simple hipótesis, como una mera posibilidad, pues así podrán captar mejor mi pensamiento.
Trataré de explicarme de otra forma.
Todos entendemos (estamos seguros de que es así) que yo “escribo” estas líneas que ustedes “leen”, ya que hemos aprendido que el accionar que realizo se describe con el verbo ESCRIBIR, mientras que el que efectúan ustedes responde al de LEER.
Sin embargo pudo ser al revés, que ahora yo estuviese “leyendo”, y fuesen ustedes quienes más adelante “escribirían” las palabras que yo “leí” en estas páginas.
Eso, aunque parezca una locura es posible, ya que, en definitiva, todos nos comunicamos por medio de palabras, y éstas responden a convencionalismos aprendidos, y que se desarrollaron a lo largo de milenios, y de acuerdo a ellos es que yo escribo mientras que ustedes leen.
Pues bien, aunque más no sea que como una SUPOSICIÓN, podemos admitir que es perfectamente posible que el convencionalismo que desembocó en esos vocablos podría haberse desarrollado en forma distinta, y entonces hoy ambas acciones (la mía y la de ustedes) serían conocidas por nosotros con nombres diferentes a los que empleamos.
Eso es, sencillamente, lo que les propongo. Que aunque sólo fuese a manera de un “juego” (aunque les aseguro que no lo es) admitan la posibilidad de que lo que hemos venido aprendiendo desde siempre, conforme los textos bíblicos que leemos, PUEDA NO SER ASÍ, sino que corresponda a un error.

Las “tradiciones” y “equivocaciones” bíblicas

Ahora bien, para que comprendan lo que trataré de explicarles, es necesario que conozcan que en la redacción del Pentateuco han intervenido por lo menos “cuatro tradiciones” distintas, es decir, que los primeros libros de la Biblia no fueron escritos por una sola persona, como se aseguró durante mucho tiempo (se les atribuían a Moisés) sino que los redactaron distintos grupos de personas a lo largo de los años.
Sabido eso es posible admitir entonces, que ciertos pasajes hayan podido ser “incorporados” por una tradición posterior, mientras que en la idea bíblica original no existían.
«¡Por supuesto!», me dirán (fundamentalmente quienes “saben” de Biblia) y agregarán, «sin duda es así, pero, de cualquier forma, todas las tradiciones han sido inspiradas por Dios», lo cual no discuto, pero aún así les pido que continúen tratando de hacer ese “esfuerzo mental”, admitiendo como posible que en la Biblia existan errores o exageraciones.
Y para probar esto último, basta con comprender que existen claras contradicciones en sus textos.
A simple título de ejemplo, que pueden corroborar ustedes mismos, les señalaré una, de las tantas “equivocaciones” que constan en la Biblia, y que es admitida por todos, incluidos los “biblistas” serios, es decir, los estudiosos de la Biblia.
Para eso les solicitaría que controlen personalmente en la página 627, de la popular traducción bíblica que conocemos como “EL LIBRO DEL PUEBLO DE DIOS”, y allí podrán verificar tranquilamente que al hacer un comentario dentro del Capítulo 3 del Libro de Ezequiel, se afirma TEXTUALMENTE, y con total simpleza:«Esta categórica afirmación de responsabilidad individual señala un notable progreso respecto al antiguo principio de la retribución colectiva, presente incluso en el Decálogo (Ex.20,5-6 - Deut.5,9-10)» (les aclaro a todos los lectores, que esa traducción de la Biblia es la más conocida y utilizada en mi país, ya que fue realizada por un grupo de biblistas argentinos).
Y quiero destacar muy bien eso último.
Ese “notable progreso” ES NADA MENOS QUE “DESDECIR” una parte del tercer mandamiento, aquella que en los libros del Éxodo y el Deuteronomio afirma «yo soy un Dios celoso, que castigo la culpa de los padres en los hijos, los nietos y hasta la cuarta generación», cosa que NADIE EN SU SANO JUICIO SOSTIENE QUE SEA ASÍ (aunque consta en el “Mandamiento”) ya que evidentemente es como lo mencionó el Profeta Ezequiel, «cada uno paga su propia culpa».
Pues bien; si aceptamos tranquilamente que existe ESE error (en realidad, en los textos bíblicos hay “una pila” además de ese) y que está nada menos que en el DECÁLOGO (en uno de los DIEZ MANDAMIENTOS DE LA LEY DE DIOS) yo les pediría que tengan la “tolerancia” de admitir TAMBIÉN, LA POSIBILIDAD de que exista un error similar en otros textos, en aquellos que pretenden adjudicar al buen Padre Celestial el haber establecido, que un grupo “privilegiado” viva de lo que le suministre el resto de SU pueblo.
Prometiéndoles que continuaré con mi explicación, les envío mi cordial saludo.
MARANA-THA


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios

Aún no hay Comentarios para este post...

    Viernes, 17 de febrero

    BUSCAR

    Editado por

    • facebook
    • twitter
    • Youtube
    • RSS

    Los más recientes

    Hemeroteca

    Diciembre 2011
    LMXJVSD
    <<  <   >  >>
       1234
    567891011
    12131415161718
    19202122232425
    262728293031 

    Sindicación