La 'locura' del vivir compartiendo

Bienes terrenales: laicos y curas - ¿cuál es la diferencia? - (1/11)

10.11.09 | 08:58. Archivado en Levitas y Sacerdotes
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Pasaré a intentar “descubrir” las razones por las que, aquellos que menciono como los actuales “referentes” religiosos (curas, pastores, etc.) no se han detenido —ni siquiera como una mera hipótesis intelectual— a analizar la posibilidad de organizar un sistema de vida que signifique desarrollar al cristianismo como una verdadera comunidad, de vida, y de bienes.
Y me parece que es imprescindible hacerlo, ya que, en primer lugar, es evidente que la forma de vida que llevamos guarda escasa relación con el “mensaje de amor del Evangelio”, en segundo lugar, por cuanto esa fue la manera en que vivió Jesús, y en tercer lugar, porque no es cierto que ese estilo de vida no se desarrolle en ningún lado ya que, por ejemplo, algo similar existe en el kibbutz israelí.
Por otra parte no me parece ni siquiera “admisible”, que se limiten a afirmar que «es difícil lograrlo», y menos aún que —como hicieron algunos— me “sugiriesen” que fuese yo personalmente quien trate de encontrar laicos dispuestos a integrar una comunidad con ese sistema de vida, ya que, en el mejor de los casos, ese pensamiento me fue expuesto diciéndome implícitamente algo así como: «sí no los encuentra, eso “demuestra” que su propuesta está equivocada», actitud que no sólo me parece injusta, sino DIRECTAMENTE INMORAL, impropia del “carácter” que poseen quienes así se expresaron.

Mi propuesta es eminentemente religiosa

Y lo afirmo de esa forma, ya que semejante pensamiento resulta totalmente opuesto a lo que sostengo —y no de ahora, sino desde hace rato— pues siempre he dicho que ese “camino” debería ser señalado por todo el cristianismo (pero fundamentalmente por MI IGLESIA CATÓLICA) recomendándolo para cualquier cristiano, si bien no como el único posible, por lo menos como el más afín al mensaje del Evangelio.
Y pienso de esa forma por cuanto mi posición es ESENCIALMENTE RELIGIOSA, y no algo que podríamos considerar enmarcado en un simple aspecto socio—económico.
En efecto; expuse en reiteradas oportunidades, que la idea que surge del Libro de los Hechos de los Apóstoles es que “todos vendían y ponían a disposición de los apóstoles” (Hch.4,32-37) lo cual significa claramente, que no es para un pequeño grupo, o para simples cuestiones individuales, sociales, comerciales, civiles, o como quieran llamarlas, sino algo abarcativo de la mayor parte del cristianismo.
Lo que yo propongo no es un mero cooperativismo, o un “socialismo”, que busque simplemente una forma mejor de vivir, que transforme en algo más tolerable la convivencia humana, sino que, por el contrario, mi posición es que esa vida comunitaria debe desarrollarse dentro de una concepción o contexto DE CARÁCTER EMINENTEMENTE RELIGIOSO.
Y quiero ser muy, PERO MUY claro al respecto.
Mi intención no es organizar un club campestre, un country privado, o cualquier otra cosa que se le pueda parecer.
Lo que yo procuro es explicar que ESE SISTEMA DE VIDA es algo RELIGIOSO, que tiene ese fundamento. Y tan es así, que cuando alguien me propuso hacerlo, le señalé que no lo veía correcto, ya que mi deseo es que SURJA DESDE EL SENO DEL CRISTIANISMO, DESDE LA IGLESIA, DESDE LOS APÓSTOLES.
Y procurando ser bien nítido al respecto, les aclaro que si bien no tengo duda alguna que en ese tipo de comunidades podría vivir cualquier persona, siempre que aceptase desarrollar su vida de esa forma, igualitaria y solidaria (aún cuando se declarase un “consumado ateo”) sin embargo mi objetivo es explicar que ESE MECANISMO DE VIDA ES LA ESENCIA DEL MENSAJE DE JESÚS (y que constituyó la razón “oculta” de su ajusticiamiento).

La esencia del Evangelio no es elitista

Por otra parte es obvio que no sólo es utilizado por una parte importante del pueblo hebreo en los kibbutzin, como se los mencioné antes, sino que también se lo aplica dentro del cristianismo, sobre todo dentro de mi propia Iglesia Católica.
Pero resulta evidente que en Ella se lo hace PARCIALMENTE, para grupos reducidos, “herméticos”, que adoptan además distintos “aditamentos” (pobreza, castidad, obediencia, etc.) que, sin entrar a discutir si son —o no— cumplidos efectivamente, evidentemente no son imprescindibles, y menos aún es lo que anhela la mayor parte de los seres humanos.
Y me parece que son precisamente esos “pequeños problemas” los puntos donde, sin mencionárselos expresamente se generan los roces y conflictos más importantes, que hacen que los “referentes” religiosos de la actualidad no vean con buenos ojos mi posición y pensamiento, actitud que adoptan sin advertir que también es lo que constituye lo esencial del conflicto que los enfrenta con la ENORME MAYORÍA DE LAS PERSONAS, muchas de las cuales, lamentablemente, terminan también rechazando la doctrina de Jesús por pensar que el Evangelio “necesariamente” debe ser como lo vivimos actualmente, pues, siendo esos “referentes” quienes teóricamente más saben, asumen que debe ser tal cual ellos lo enseñan, cosa que, casi está de más decirlo, yo no creo que sea así.

Error de enseñanza

Pero antes de seguir adelante debo aclararles que, si bien critico la forma en que viven muchos de los “referentes” religiosos de la actualidad, desde ya debo decirles que no creo que actúen como lo hacen de puro “malos” que son.
Por lo menos, estimo que no lo son la mayoría de ellos.
En efecto. Seguramente hay quienes lo hacen por razones que nos permitirían ubicarlos en ese rubro de “malos”, sea que los incorporemos en un sector al cual llamaríamos comodidad, avivada o algo por el estilo, sea que entendamos que lo hacen por temor a afrontar los problemas de la vida cotidiana, sea que lo hagan por cualquier otra cuestión, tan poco valedera como esas otras.
Insisto. No sólo es “posible”.Es INDUDABLE que hay —y más de uno— a los que podríamos incorporar en cualquiera de esos grupos.
Siempre existieron “mercaderes” en el Templo.
Pero estoy plenamente persuadido de que la gran mayoría no son movidos por ese tipo de posición egoísta sino, sencillamente por un ERROR DE LA EDUCACIÓN QUE HAN RECIBIDO, la cual los hace asumir, que “por la opción de vida” que han efectuado, respondiendo a un llamado particular de Dios para predicar el Evangelio, son “merecedores” de vivir como lo hacen, contando con una apoyatura económica especial que les permite —en ese aspecto por lo menos— un pasar mucho más sencillo al que poseen muchísimas otras personas (entre las cuales me incluyo) y a las que suelo mencionar como los “cristianos de segunda”, ya que “sólo” somos los que integramos el “resto” del pueblo de Dios.
Incluso, y como acotación al margen, ya que no se relaciona directamente con el aspecto “económico” al cual me estoy refiriendo, no cabe duda alguna que para muchos de ellos (para la mayoría, diría yo) ese mismo tipo de pensamiento los hace “verse” (y lo que es peor “sentirse”) en un plano superior al del resto de los cristianos, ya que, como nosotros no hemos recibido ese llamado “especial”, no sólo estaríamos en un “escalón inferior”, sino que, además, suponen que vivimos una vida que, dentro de la teoría con la que ellos se manejan, interpretan que es menos sufrida que la que ellos “soportan”.
Sin duda alguna eso se ve “abonado”, además, por lo menos dentro del grupo de los sacerdotes y otros miembros “consagrados” de mi querida Iglesia Católica, por el hecho de que ese llamado especial para predicar el Evangelio, generalmente lo hacen profesando “votos solemnes”, lo cual los obliga a vivir en “obediencia”, y renunciado a las “ventajas” de tener una familia directa (esposa – marido – hijos) circunstancia que sería otro “justificativo” para lograr esa apoyatura que antes les mencioné.
Pero no es únicamente por esa circunstancia que sostienen tales pensamientos ya que, respaldando la posibilidad de contar con el soporte económico de los laicos para cumplir con su misión, alegan también en su favor argumentaciones de carácter bíblico.

El núcleo de ese error

En efecto, en apoyo de esa posición “exclusivista” mencionan, no sólo palabras de Jesús y de San Pablo, sino fundamentalmente muchas otras cuestiones similares que constan en el Antiguo Testamento, las referidas al diezmo, el “rescate” de los primogénitos y, en forma especial, la “selección” de un grupo especial —los levitas—, cosas todas éstas que, a estar por lo que se nos viene repitiendo desde hace rato, habrían sido efectuadas personalmente por Dios, adjudicándole sólo a un pequeño grupo esa cualidad de ser un “segmento especial” (inicialmente del pueblo judío, pero que luego se trasladó al cristianismo) quienes estarían “separados del resto” para estar directamente al servicio de Dios, y que, por tal razón, ADEMÁS “deben” contar con el apoyo económico de los integrantes “comunes y corrientes” del pueblo.
Pues bien.
Creo que allí está el fondo de toda esta cuestión, ya que sin duda alguna ellos perciben que mi posición es más igualitaria, al insistir en que TODOS POR IGUAL (y sin votos) deberíamos tener constantemente ese apoyo económico, y no únicamente algo que se considera válido para la mera subsistencia (en lo que se suele llamar “caridad”, aunque para mí se lo denomina así incorrectamente, ya que en ese terreno de lo elemental para vivir, deberíamos hablar simplemente de “justicia”).
Es decir que en la actualidad, sólo cuando el laico está realmente mal, cuando prácticamente no tiene ni siquiera para comer, diríamos mejor, cuando está hundido en la miseria (o como “la mona”) es el momento en el cual se habla de hermandad y amor al prójimo.
Pero resulta evidente que no fue ésa la posición de los primeros cristianos en la Iglesia de Jerusalén, sino que los discípulos y familiares directos de Jesús desarrollaron una vida comunitaria, la cual les permitía a todos por igual vivir bien, sin pasar necesidades.
Pues bien; estoy convencido de que esa “FAMOSA” diferenciación de personas (en lo que hace al uso de bienes) no fue realmente efectuada por Dios (el Eterno, el Buen Padre Celestial del que nos habló Jesús) aspecto que comenzaré a explicar seguidamente y que, y esto se los aclaro de antemano, no tengo duda alguna de poder PROBARLO con los textos bíblicos.
Dejo sentada desde ya mi interpretación, de que en el Nuevo Testamento no existen elementos suficientes como para considerar que Jesús hubiese “establecido” en su favor un privilegio, cuyo resultado serían el derecho exclusivo de contar con el apoyo económico del “resto del pueblo” (los laicos, los “cristianos de segunda”) para transmitir el Evangelio.
Y quiero señalar algo más al respecto.
No niego, ni critico, lo que podríamos considerar una “vocación especial”, el sacerdocio ministerial, o cualquier otra cosa, de carácter sobrenatural o místico al cual quieran referirse.
Nada de eso. Lo único que yo cuestiono es que se asegure que el Buen Dios, estableció TAMBIÉN un “privilegio económico” derivado de dicho llamado particular.
Pues bien, explicaré primero mi postura con respecto al Nuevo Testamento, y luego ingresemos en el análisis de los datos que existen en la Antigua Alianza, y que “favorecen” esa idea.
Pero antes de hacerlo, y como una acotación inicial al tema, les diré que, lo relacionado con CIERTOS HECHOS que “habrían” acontecido en la antigüedad, y de los cuales surgió esa interpretación “selectiva”, no es “patrimonio” exclusivo de la tradición o cultura religiosa judeo—cristiana, sino que existe algo similar en casi todos los pueblos de antaño, circunstancia que, POR SÍ SOLA debería ser suficiente para hacernos dudar bastante, antes de adjudicarles a los sucesos que se relatan en la Biblia la particularidad de ser realmente una acción de Dios (el Eterno, el Buen Padre que mostró Jesús) introduciendo con ellos en el pueblo hebreo “tamaña” diferenciación.
Por lo menos debería alcanzarnos para dudar bastante, al menos si afirmamos que únicamente fue el hebreo el pueblo “elegido” y visitado por Él.
Pero, como analizar esa “extraña situación” nos embarcaría en un plano muy distinto al que procuro imprimir a estos artículos, prefiero dejarla de lado, y limitar mi análisis únicamente a los textos del Antiguo Testamento, particularmente los que se conoce como “la Torá”, es decir “la Ley”, las disposiciones que existen en el Pentateuco, los primeros cinco libros de la Biblia.
Pero antes de hacerlo, y tratando de acortar un poco la explicación de mis ideas, deseo exponerles previamente algo más.
En primer lugar, y para que comprendan mejor lo que acabo de decir, les aclaro que he efectuado un análisis mucho más amplio de esa cuestión, redactando centenares de páginas que Dios mediante formarán un libro que espero publicar algún día, motivo por el cual comprenderán que no es algo “tan” sencillo de explicar en estas líneas que ustedes leen ahora.
En segundo lugar, y para que nadie piense que lo dicho es una forma de “abrir el paraguas”, creyendo que me «resultará imposible probar» lo que he expresado, les diré también que estoy tan persuadido de que dicha “diferenciación” no corresponde realmente a una decisión del Buen Dios, que no tengo inconveniente alguno en participar en todo tipo de discusión, o investigación, que se quiera efectuar al respecto.
En ese sentido, y aún cuando pueda parecerles “vanidoso”, les aseguro que es tanta, pero TANTA, mi tranquilidad al respecto, que no sólo he publicado ya un libro breve (referido sólo a una parte de los aspectos religiosos) sino que hasta me atrevo a plantear este tema en este blog, y estoy dispuesto a defenderlo ante quien fuese.
Y les garantizo que lo afirmo con total honestidad, pero también con absoluta humildad, ya que no sé porqué se me ocurren a mi estas ideas.
Y creo que es IMPORTANTE HACERLO, ya que, por entender que esa situación, esa DIFERENCIACIÓN (pero fundamentalmente sus consecuencias económicas) entre un “grupo selecto” (los consagrados, ministros, o como prefieran llamarlos) y el “resto” del pueblo de Dios (laicos) tiene origen en verdaderas disposiciones de Dios (el Eterno – el Amor) es la causa por la cual suponen que, sólo quienes realizan las distintas actividades de culto, o predicación de la palabra, “tienen derecho” a contar con el apoyo de los bienes de los demás para vivir.
Obvio entonces que, cuando “escuchan” (analizan) mi posición, absolutamente igualitaria en ese sentido, asumen que NECESARIAMENTE no puede ser correcta, aún cuando evidentemente no encuentren argumentos concretos para rebatirla, ya que si así fuese, tengan la seguridad de que hace rato lo habrían hecho.
Y les recuerdo que no pienso que actúen así por ser “malos”, sino por cuanto tienen en sus mentes el peso de una instrucción equivocada, pues han sido educados como si formasen parte de un grupo “selecto”, separado del “resto” (al cual aseguran “servir”) y por tal causa consideran que el remanente del pueblo de Dios (los seres humanos “comunes y corrientes” dentro de los que me incluyo, los “cristianos de segunda”) vivimos una vida “menos sacrificada”, y que Dios nos “obliga” a suministrarles los bienes que “necesitan”, para poder cumplir adecuadamente con su misión de transmitir el Evangelio.
Interrumpo aquí para no alargar tanto este texto.
Cordiales saludos
MARANA-THA

3 comentarios


Los comentarios para este post están cerrados.

Comentarios
  • Comentario por Roser Puig F 11.11.09 | 13:43

    Amigo Mario, creo que lo que tu anhelas, ya lo han intentado poner en práctica muchas comunidades religiosas a lo largo de los siglos de historia del Cristianismo, Por lo tanto, que te respondan los jerarcas actuales, a quienes se lo has propuesto, que el no encontrar voluntarios laicos disponibles por tu parte, “prueba” que ello “es imposible”, lo que prueba, a mi entender, es que están apoltronados en los privilegios clericales y en el materialismo consumista imperante, y no quieren dar ejemplo de fidelidad al Evangelio, que es lo que deberían hacer. No esperes nada de quien esté sentado en un trono. La iniciativa debe partir desde abajo, como partieron todas las iniciativas de monjes y monjas con voto de pobreza. Lo malo es que el Maligno hace una guerra muy especializada contra esas iniciativas. La historia nos cuenta que la mayoría acaban construyendo templos y basílicas en honor del fundador/a. ¿Pero hemos de renunciar a intentar seguir a Jesús por ello? ¡ánimo!

  • Comentario por Teodoro Gallo 10.11.09 | 14:48

    La gran pregunta sería ¿ ES ESTA LA IGLESIA DE CRISTO?...solo contestando a eso y comparando con aquellas primeras comunidades se puede llegar a saber.

  • Comentario por Roser Puig F 10.11.09 | 09:38

    Bueno, pus yo pienso que en realidad (salvo honrosas excepciones) el clero se cree que “la iglesia” son ellos. Los laicos les servimos para público de sus ceremonias y para aportar medios económicos para que esas ceremonias sean espectaculares. Por suerte existen muchos y muchas que han entendido lo de que “aquellos que se crean mayores “sirvan” a los demás”. Pero estos no suelen estar en puestos relevantes y hasta se los excluye o silencia. Y por suerte también, muchos laicos/as se sienten aludidos por las recomendaciones de Jesús, y ponen su vida al servicio de este Evangelio de Amor Fraterno, sin necesidad de hacerse clérigo o monja. Aunque una organización que respalde siempre es más efectiva para emprender grandes obras. En definitiva, lo que sobra en nuestra Iglesia es la pretensión de algunos de ser más que los demás. Y, como dice Mario, esta pretensión no es cosa de Dios mi de Yavhe.

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