Pasaré a intentar “descubrir” las razones por las que, aquellos que menciono como los actuales “referentes” religiosos (curas, pastores, etc.) no se han detenido —ni siquiera como una mera hipótesis intelectual— a analizar la posibilidad de organizar un sistema de vida que signifique desarrollar al cristianismo como una verdadera comunidad, de vida, y de bienes.
Y me parece que es imprescindible hacerlo, ya que, en primer lugar, es evidente que la forma de vida que llevamos guarda escasa relación con el “mensaje de amor del Evangelio”, en segundo lugar, por cuanto esa fue la manera en que vivió Jesús, y en tercer lugar, porque no es cierto que ese estilo de vida no se desarrolle en ningún lado ya que, por ejemplo, algo similar existe en el kibbutz israelí.
Por otra parte no me parece ni siquiera “admisible”, que se limiten a afirmar que «es difícil lograrlo», y menos aún que —como hicieron algunos— me “sugiriesen” que fuese yo personalmente quien trate de encontrar laicos dispuestos a integrar una comunidad con ese sistema de vida, ya que, en el mejor de los casos, ese pensamiento me fue expuesto diciéndome implícitamente algo así como: «sí no los encuentra, eso “demuestra” que su propuesta está equivocada», actitud que no sólo me parece injusta, sino DIRECTAMENTE INMORAL, impropia del “carácter” que poseen quienes así se expresaron.
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Universidad Pontificia Comillas
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo