Presentación del temaEstimados hermanos y hermanas en el Señor:
Hace tiempo que una intensa tristeza embarga mi alma, la cual se origina en ver que el mensaje de Amor del Evangelio no logra mayor aceptación entre los seres humanos.
Al analizar ese hecho he rezado, meditado, y procurado investigar en cuáles son las causas que lo hacen tan poco aceptable para la mayor parte de la humanidad.
Los problemas
Sin duda alguna, son diversos.
Pero considero que los más graves son sólo dos y ya los mencioné:
a) Los cristianos decimos una cosa (que hay que amar al prójimo) pero hacemos otra (nos aprovechamos de las necesidades de nuestro prójimo).
b) Y también aseguramos que somos todos hermanos (somos hijos del mismo Padre) pero, sin embargo, según cual sea la riqueza, la inteligencia, la fortaleza, la salud, la capacidad o hasta la belleza con la que uno nace, puede vivir “muy bien”, “más o menos bien”, o como “la mismísima mi… mona”, digámoslo así, evitando ofender algún oído demasiado delicado.
Pero creo que también hay otro que no debemos olvidar jamás.
c) La existencia de actitudes autoritarias, que fueron (y son) realizadas en nombre de Aquél que —siendo el AMOR por excelencia— de ningún modo merece que se le hubiesen adjudicado semejantes hechos.
Por otra parte he podido advertir —y con gran sorpresa por cierto— que muchos de aquellos que, por la opción de vida que han realizado, teóricamente al menos deberían estar MUCHO MÁS PREOCUPADOS que yo por esa situación, sin embargo parecen vivir “muy tranquilos”, limitándose a aceptar esa realidad como si no existiese ninguna forma de modificarla.
Y como yo no creo que sea así, sino que considero que es posible cambiarla, les he efectuado una propuesta que consiste —simplemente— en buscar la forma para REGRESAR A VIVIR COMO LO HACÍA JESÚS, dado que desde muy chico he escuchado que el ideal del cristiano es imitar a Jesús.
Y aunque creo que nadie tiene duda al respecto, les recuerdo que el libro que (después de la Biblia) más ediciones a tenido, es el famoso Kempis: “La imitación de Cristo”.
Y sin embargo, sólo he recibido de ellos algo que califico como un SORPRENDENTE SILENCIO.
Tratando de llamar la atención
Por eso he resuelto poner a consideración de todos ustedes una serie de textos, a los cuales —y para darles un título— designé como “BIENES TERRENALES: SACERDOTES Y LAICOS ¿CUÁL ES LA DIFERENCIA?” motivo por el cual estas líneas constituyen simplemente una suerte de anuncio, o, si ustedes lo prefieren, “aviso publicitario” de los mismos, el que realizo con la ilusión de que quienes puedan leerlo se interesen en esa cuestión, y que además lo difundan entre sus amistades y conocidos, para tratar de llegar a la mayor cantidad posible de personas.
Dejo aclarado que he utilizado una larga serie de artículos, que originalmente publiqué en un semanario y que posteriormente transformé en tres segmentos de uno de mis libros.
Y también que esos artículos, a su vez, fueron un compendio que realicé tomándolos de muchas páginas que llevo redactadas, y que formarán parte un libro mucho más extenso que espero poder publicar algún día, con el cual —si fuese necesario— explicaré aún con más claridad mis ideas.
Por tal motivo es posible que encuentren párrafos que se repiten parcialmente.
Les agradeceré que mediten en lo que señalo, y también que tengan la amabilidad de reflexionar sobre la TOTALIDAD de los escritos que iré consignando en los próximos días, aún cuando algunas de mis ideas puedan parecerles, no sólo extrañas y novedosas, sino también —o por tal circunstancia— difíciles de aceptar en forma inmediata.
Y les diré que considero necesario hacerlo, por el mismo motivo que elegí las palabras con las cuales resolví titular estos comentarios, ya que me parece evidente que uno de los problemas que más conflictos y “alejamientos” ha causado, es la enorme diferenciación que existe entre aquellos que yo llamo “los referentes religiosos” de la actualidad (y de todo tiempo y lugar que fuese, llámenlos ustedes con el nombre que deseen: sacerdotes, curas, obispos, monjas, monjes, popes, pastores, ministros, etc.etc.etc.) con “el resto” del pueblo de Dios, con los laicos, a los que menciono como “los de segunda” (en realidad, normalmente hablo de “los cristianos de segunda”, aunque ese gravísimo problema no es patrimonio exclusivo del cristianismo, sino que participan del mismo la enorme mayoría de las religiones, fundamentalmente las que tienen raigambre bíblico).
Y les aclaro que mi postura (que estoy seguro de probar) es simple.
NO FUE DIOS quien hizo esa diferenciación o que, en el peor de los casos, si la hizo NO LES DIO DERECHO A VIVIR “DE ARRIBA”, DEL ESFUERZO DEL RESTO DE SU PUEBLO.
Y, les diré que me veo OBLIGADO a hacerlo, ya que esos “referentes religiosos” no se han detenido a analizar —ni siquiera en un simple plano intelectual— en la posible solución a ese problema que les mencioné al principio —y que yo les vengo sugiriendo desde hace un tiempo— y que consiste —sencillamente— en estudiar la forma de VIVIR REALMENTE COMO VIVIÓ JESÚS, pero haciéndolo, no de una manera “abstracta”, “mística”, “espiritual”, o como prefieran llamarla, sino de una forma REAL, PRÁCTICA, VERDADERA, CONCRETA, COTIDIANA, cosa que únicamente se logrará si, en lugar de sólo “decirnos” hermanos, comenzamos a “vivir” realmente como tales, llevando nuestras vidas de todos los días a un plano de auténtica y efectiva solidaridad, compartiendo nuestras capacidades, nuestras vivencias, y NUESTROS BIENES.
Dios mediante, mañana iniciaré el desarrollo de este tema.
Cordiales saludos
MARANA-THA
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Yo creo que tu primer error está en el principio: "Hay que amar al prójimo"
Esto no es cuestión de deberes ni de hincar los codos. Amas al prójimo, no porque debas, sino porque te sale del alma, embaucada por el amor de Dios. No es un deber ni un mandato sino algo que brota de quien tiene la experiencia íntima de ser amado.
Sentir el amor invita a amar,da igual ser laico que consagrar su vida, y por tanto subir escalafones ante los que no consagran nada. Salir de sí es la clave, salir del estatus, del egoismo, de tanta falsedad oculta en "el servicio". Hasta esto se falsea teñido de ego inflado y al servicio de si mismo (o de sí misma, que también las hay mujeres)
¡Cuánta razón tienes, Mario!...Los laicos siempre hemos sido "la chusma" en la Iglesia, pero a la vez ¿quien mantiene económicamente a la institución?.
No me extraña que lo que tu llamas "referentes religiosos" no te hagan caso. No les conviene.
Viernes, 17 de febrero
Francisco Baena Calvo
Guillermo Gazanini Espinoza
Pedro Tarquis
Religión Digital
José Arregi
Francisco Margallo
Juan Fernandez Krohn
Vicente Luis García
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya