LA MUJER Y EL TRABAJOLeyendo la Biblia resulta difícil encontrar, que se cite a mujeres realizando trabajos remunerados. He encontrado uno sólo, y está referido a una tarea de tipo doméstica (Tb.2,11-12). Obviamente descarto a la prostitución como "actividad remunerada" (aún cuando se la suele denominar "la profesión más antigua del mundo") dado que con referencia a dicha "tarea" podemos hallar diversos textos.
Y aclaro que no deben interpretarlo como algo irónico, ya que sin aplaudir ni ponderar tal actividad, es obvio que muchas veces ocurría por cuanto, ante la dureza socio—económica, y al no asumir la vida en forma más “heroica y sencilla”, había mujeres que recurrían a prostituirse para poder alimentar a sus hijos. Sin duda, ese es el motivo por el que el Jesús tuvo reiterados gestos de consideración hacia ellas.
En cambio resulta simple ubicar fragmentos, del Antiguo y del Nuevo Testamento, que hacen referencia a los varones como obreros, jornaleros, cosechadores, pastores, albañiles, artesanos, viñateros, escribas, orfebres, capataces, perfumistas y otras diversas expresiones, con las cuales se señala a los representantes del sexo masculino desempeñando actividades por las que percibían una compensación económica, que les permitía satisfacer las necesidades personales y familiares.
Es decir, parecería que según la Biblia estaríamos autorizados a denominar a las integrantes del sexo femenino, como "las holgazanas de la antigüedad".
En realidad de "holgazanas" no tenían nada, ya que no sólo atendían su prole y las tareas del hogar, haciéndolo incluso sin contar con los elementos de confort que existen ahora, y facilitan esas arduas tareas, sino que debían procurar la mayoría de los alimentos (cultivo de huertas, crianza de animales) confeccionaban y reparaban vestidos, etc.
Esa situación no era “patrimonio” exclusivo de las mujeres hebreas, sino que podemos observarlo en todo grupo humano de antaño.
En efecto, es sabido que la mujer irrumpe en el mundo laboral de las "actividades remuneradas" recién en la primera mitad del Siglo XX, y lo hace a raíz de la prolongación de las guerras mundiales, que transformó en imprescindible que los puestos de trabajo, vacantes por la concurrencia de los hombres al frente de batalla, fuesen cubiertos por ellas.
No voy a ingresar en un análisis de los motivos por los cuales antiguamente las mujeres no trabajaban en "forma remunerada", pero es muy probable que el elemento fundamental de tal situación haya sido de carácter eminentemente económico.
En efecto, las actividades laborales pagas de aquellas épocas requerían un esfuerzo físico considerable, realizado “de sol a sol”, y durante prácticamente todos los días del año, situación que las mujeres, no sólo por su estructura física, sino también por estar sujetas a las contingencias del embarazo, amamantamiento y crianza de los niños, no podían realizar.
En ese sentido debemos recordar, que el mecanismo de feriados, vacaciones, jornada laboral con horario limitado, etc., provienen de regulaciones legislativas sumamente modernas en la historia de la humanidad.
Por consiguiente, los eventuales patrones difícilmente "malgastarían" un salario completo, por un desempeño laboral que no le "rindiese" lo que por ese entonces era considerado “adecuado”.
Resulta ilustrativo al respecto la idea que surge del Libro de Rut, donde se menciona con evidente admiración su fortaleza soportando tantas horas de labor (Rt.2,7).
No debemos olvidar, que prácticamente las únicas tareas existentes antaño eran las derivadas del área agrícola, las cuales son realmente "duras", y poco propensas a ser realizadas por mujeres.
Es por tal motivo que hasta el día de hoy se mantienen casi en exclusividad para el sector masculino, y eso sucede pese a que en la actualidad existen algunas, como por ejemplo las que se realizan con las modernas cosechadoras y tractores, que demandan un menor esfuerzo físico.
En efecto, en nuestros días las tareas de roturación de la tierra, recolección de cereales y otros frutos, etc., se realizan con bastante comodidad mediante el uso de esas herramientas agrícolas, en lugar de tener que lidian con bueyes o caballos, ni llevar en línea recta el surco que abre el arado a pura fuerza de los brazos, como era necesario hacer hasta hace pocos años.
Obviamente, para cubrir esas rudas labores, resulta inimaginable que en aquel entonces alguien abonase un "salario habitual" a una mujer, la cual, además de tener bastante dificultad para poder hacerlo en momentos de su vida a los que, por llamarlos de algún modo calificaría de "normales", al quedar embarazada, o amamantando hijos, se veía completamente impedida de realizarlas.
Sin duda, si volvemos a analizar lo que sucede en la actualidad, seguramente coincidiremos en afirmar, que algunas de las tareas que se cumplen normalmente en el campo podrían ser hoy perfectamente efectuadas por mujeres, como por ejemplo conducir las citadas y cómodas maquinarias, recorrer a caballo el campo verificando el estado de los alambrados y animales, etc.
Pero aún así, difícilmente podamos encontrar algún propietario o administrador de un establecimiento rural, que acepte contratar a una representante del "bello sexo" ya que, además de las dificultades que en la soledad del campo su proximidad con los hombre puede acarrear, se negaría a abonarle un "salario común" (que dicho sea de paso, es de los más bajos que existen) puesto que sabe que muchas otras labores, que también se deben cumplir, comúnmente una mujer no las va a poder efectuar, dado que continúan requiriendo una fuerza física superior a la que tienen normalmente.
Como ejemplo basta señalar, la que es necesario poseer para trabajar con el alambre de "alta resistencia", conocido generalmente como "acerado", el cual se utiliza para separar los campos, o los distintos potreros que existen en ellos, pues poseen la capacidad de contener la embestida de los animales.
Es seguramente por ese motivo, por la gran potencia física que tiene en sus manos nuestros paisanos (los de "los dedos gruesos", como los llaman sus patrones, quienes a su vez son denominados por ellos como "los ricos") que conservan por "sana costumbre" el no apretar la mano cuando saludan, sobre todo cuando lo hacen con las mujeres, ya que desde chicos, y tal vez de una forma inconsciente, les inculcan esa actitud.
Si no tuviesen dicha precaución, tengan la seguridad de que a cualquiera de nosotros, que no estamos habituados a esos duros quehaceres, sin dificultad alguna, y por supuesto involuntariamente, al estrechar nuestra diestra la convertirían en un lamentable amasijo de carne y huesos magullados.
Por consiguiente, y más allá de lo anecdótico que puedan parecerles algunos de los párrafos anteriores, creo que no existirá mayor dificultad en dar por aceptado, que en la antigüedad, conforme nos lo enseñan la historia y los textos bíblicos, normalmente una mujer NO PODÍA SUBSISTIR SOLA.
VIUDAS Y HUÉRFANOS
Leyendo la Biblia, más de una vez me llamó la atención la "preocupación" de Dios por "las viudas y los huérfanos", quienes son presentados como individuos que deben ser asistidos por los demás.
En ese sentido debemos mencionar, que tal requerimiento de una "atención preferencial" surge, no sólo de la Ley en sí misma (Deut.24,17 - Ex.22,2) sino que al propio Dios se lo considera en diversos textos como "defensor—justiciero" de tales personas (Deut.10,18 - Prov.15,25; 23,10-11 - Sal.68,6; 146, 9 - Ecli.35,12-15). Asimismo son tenidos en cuenta en forma particular en las festividades hebreas (Deut.16,11.15). Por otra parte, quien no cumple con el deber de protegerlos es declarado "maldito" (Deut.27,19). El no respetarlos es interpretado como un claro símbolo de "maldad" (Sal.94,6 - Jer.5,28 - Jb.22,9; 25,2-3; 31,17.21) o que, semejante "actitud maligna" de un pueblo, justificaría el que Dios no se compadezca de las viudas y huérfanos del mismo (Sal.109,9.12 - Is.9,16). Con los profetas se acentúa incluso tal "preocupación" divina, dirigida tanto al pueblo en general (Is.1,16-17 Jer.7,5.7) como a las autoridades, sean éstas “civiles” o “religiosas” (Is.10,2; 1,23 - Jer.22,3-5 - Ez.22,7).
Procurando resumirlo creo posible afirmar, que todos los que hemos leído la Biblia, o hemos escuchado hablar de su contenido, estamos completamente seguros de que la atención de las "viudas y de los huérfanos" era algo primordial, e incluso parte de la verdad esencial de la religiosidad hebrea (Jer.7,5-7 - Zac.7,10 - Mal.3,5 - St.1,27).
Ahora bien, y tratando de adentrarnos un poco en el significado de tal "preocupación", resulta obvio que si bien esos casos implican una lógica conmiseración, ya que han sufrido una pérdida considerable, frente a la realidad que vivimos en nuestros días nos puede parecer como algo tal vez "injustificado", o por lo menos poco entendible, "exagerado".
Al releer esos textos suelo recordar unas palabras que decía mi madre: «huérfano de padre y madre», con las cuales indicaba casi el signo de la mayor de las calamidades, dado que transmitía los graves problemas que normalmente debía afrontar en la vida el pobre niño que, al haber perdido a ambos progenitores, había quedado casi completamente desprotegido.
Mi madre, mucho más moderna que en las épocas bíblicas, mencionaba la pérdida de los dos ascendientes como un signo de "máxima catástrofe", mientras que en tiempos pretéritos era suficiente la falta del hombre para complicar sensiblemente el problema de la subsistencia.
Esta diferente actitud o pensamiento que existe actualmente, el cual, reitero, puede incluso llegar a chocar con el que surge de los textos bíblicos, se origina en que en nuestra época contamos con un mecanismo de protección y seguridad social a cargo del Estado, fenómeno que en términos relativos es también muy reciente en la historia de la humanidad.
Por ende, si a aquella desprotección que se producía, y que era necesario afrontar, le sumamos lo dicho anteriormente con respecto a la imposibilidad que las mujeres pudiesen trabajar, resulta obvio que cuando se perdía la protección de la fuerza laboral del hombre (esposo—padre) los que de él dependían normalmente quedaban en muy serias dificultades, salvo que fuesen personas de fortuna.
Al respecto, resulta interesante recordar entre los Deuterocanónicos el caso de Judit, de quien expresamente se señala que tenía muchos bienes, lo cual le permitía mantenerse en forma independiente (Jdt.8,7).
Asimismo, es útil para afirmar que esa situación de inseguridad era el motivo de la mencionada "preocupación" divina, el hecho de que en ningún caso se menciona al viudo (varón) como objeto de tal cuidado.
Y obviamente no podemos pensar que no existían hombres con dicho estado civil en la antigüedad, no sólo por los casos mencionados expresamente en la Biblia, sino por los datos que nos aporta la medicina respecto a los fallecimientos derivados de las complicaciones del parto, que eran tan comunes hasta hace algunos años, lo cual sin duda hacía que hubiese muchos casos de varones que perdían a sus esposas, y sin embargo, los mismos no requieren jamás la atención del mandato de Dios.
Por otra parte, la estimación de la esterilidad como signo de "maldición" divina en la mujer también abona este punto de vista, ya que al carecer de hijos era bastante probable que en el futuro quedase desprotegida.
Consiguientemente con lo expresado, interpreto que es dable afirmar, que esencialmente la "preocupación" bíblica referida a "los huérfanos y las viudas" podríamos resumirla aproximadamente en los siguientes términos: "es necesario atender a aquellos que, al carecer de posibilidades de procurarse la propia subsistencia personal, quedan sujetos a la eventualidad de ser explotados por otros".
Y siguiendo un sabio consejo recibido, de no extender tanto los textos, suspendo aquí y finalizaré mañana.
Cordiales saludos
MARANA-THA
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Mario, creo que encontrarás interesante el relato de Rut y Noemí (8:1:1 - 8:1:22) Tres viudas, por falta de una. Se supone que espigadoras, pero la necesidad convierte en alcahueta a la suegra y consiguen recuperar la tierra que habían perdido sus esposos. A mi no me gusta nada, pero no deja de fascinarme hasta qué punto la prepotencia de los ricos y los privilegios de los varones están presentes en todo el A T. Evidentemente, Dios tenía mucho trabajo por hacer. Y lo sigue teniendo. Un saludo cordial y ¡adelante¡
Miércoles, 30 de mayo
Juan Fernandez Krohn
Universidad Pontificia Comillas
Pedro Tarquis
Asoc. Humanismo sin Credos
Carlos F. Barberá
Josemari Lorenzo Amelibia
Ediciones Khaf
Francisco Baena Calvo
Francisco Margallo
Juan Jáuregui Castelo