Para finalizar con este tema, diré que la tercera cuestión que influye para causar el “silencio” de los laicos sobre mi postura, consiste en que, como todos estamos acostumbrados a “rascarnos para adentro”, y nos parece que —en definitiva— siguiendo tal cual como estamos, de una u otra forma contamos con un mínimo de seguridad, la gran mayoría prefiere “no pensar demasiado” en lo que yo planteo, dado que interpretan que el vivir como propongo es “una aventura”, un riesgo que no desean correr. Y por ende optan por no reflexionar sobre ese asunto, para evitar de esa forma sentirse “interpelados” por Dios.
Aunque en rigor de verdad, creo que actuando así sólo hacen como el avestruz, que mete la cabeza en un hoyo para no ver el peligro que se le avecina, pero deja todo su cuerpo al descubierto.
Antes de suministrarles mi impresión, sobre la tercera causa del “extraño silencio” que mantienen los “referentes religiosos” sobre mis ideas, creo necesario recordarles a todos ustedes que, en rigor de verdad, lo único que yo siempre les he pedido a ellos es, simplemente, que nos detengamos a “pensar un poco” con el objeto de ver, si resulta posible organizar algún emprendimiento como el que propongo (un lugar, una comunidad en la cual se compartan vivencias y bienes) y que, sin embargo, en lugar de una “invitación” para hacerlo, sólo he logrado un silencio incomprensible, cosa que considero tal, ya que es obvio que yo jamás pedí, o sugerí, que me trasfiriesen los bienes de la Iglesia a mí, o que se los venda y reparta a tontas y locas, y menos aún que me mantengan gratis, sino que, sencillamente, lo que yo requerí es que se analice la posibilidad de vivir de esa forma, cosa que no se ha hecho.
Luego de la interrupción originada en la Navidad, continuaré con el análisis iniciado.
Hace unos días les mencioné, que la falta de respuesta (o eventualmente críticas) a mi pensamiento, con relación a que la esencia del Evangelio radica en la forma de vida comunitaria de Jesús, y que ésa había sido la causa del temor del Sanedrín a una invasión romana, evento que se hubiese producido por cuanto, de aplicarse en forma masiva ese estilo de vida habría significado la desaparición de la esclavitud, podría tener como fundamento el hecho de que mis ideas tal vez —al menos tal vez— podrían no estar “tan” erradas.
Con motivo de la proximidad de esta popular y querida fiesta para toda la cristiandad, interrumpo momentáneamente la línea de reflexión sobre la cual he venido escribiendo, y lo haré procurando acercar algunas ideas que he aprendido con respecto a la Natividad del Señor Jesús.
He finalizado la explicación de mis pensamientos. Al menos de lo que constituye lo fundamental de los mismos.
Es decir, he señalado la mayor parte de lo que me lleva a afirmar, que la esencia del Evangelio está en el sistema de vida comunitario que practicaba Jesús, compartiendo vivencias y bienes. Y que ese fue el motivo “oculto” de su ejecución, ya que en esa posibilidad radicó el temor puesto de manifiesto en el Sanedrín a una invasión romana, dado que, si se llegaba a desarrollar en forma generalizada, hubiese desaparecido la esclavitud.
Y también les dije que, si bien consideraba que había llegado el momento de que ustedes reflexionaran sobre mis pensamientos —y que eventualmente, dialogaran o consultaran al respecto— “algo más” les tenía que decir, cosa que haré seguidamente.
Creo haber dejado en claro que en la época de Jesús, la mayor parte de la esclavitud se originaba, o bien por las deudas (y que éstas, a su vez, se generaban por problemas a los cuales podríamos llamar catástrofes, como enfermedades, sequías, etc.) o bien como una forma para “asegurar” la propia subsistencia y la del grupo familiar, evitando quedar sujeto a los avatares de una posible no contratación de aquellos que podrían suministrar trabajo.
Y creo que esto último, es decir, esa “angustia existencial”, en esta época en la que nos toca vivir, plagada de “desocupación o paro”, es algo que resulta sencillo comprenderlo.
Creo haber explicado los puntos en los que baso mi opinión, con respecto a lo que llamo la esencia del Evangelio. Pero por las dudas, y aún a riesgo de parecer reiterativo, procuraré resumir seguidamente lo que considero primordial.
Ya he mencionado, que el motivo que producía la mayor cantidad de esclavos en la antigüedad eran las deudas impagas, ya que, a diferencia de lo que ocurre en la actualidad, donde no aceptamos que alguien por el hecho de adeudar dinero, pueda ser “obligado a trabajar” a favor de su acreedor, o “vendido”, en épocas pasadas la actitud admitida por la humanidad era completamente distinta.
Había resuelto escribir sobre la relación entre la esclavitud y los conflictos bélicos.
Pero haciéndoles caso a muchos, que me dicen que yo doy “demasiadas vueltas explicativas” a mis pensamientos, omitiré ese aspecto y me referiré ahora sólo a lo esencial, que es la relación que existía entre la esclavitud y las deudas.
Continuando con la explicación del porqué sostengo que en la vida normal, cotidiana de los esclavos de la antigüedad, existía muy poca diferencia con la que llevan los empleados y obreros de nuestros días, citaré sólo dos casos más para no extender tanto esto, y poder así pasar a explicar mejor ese famoso “temor” del Sanedrín a una invasión romana, que yo sostengo consistía en el que proliferase la vida comunitaria de Jesús, de verdadera hermandad entre todos (compartiendo vivencias y bienes en un plano de igualdad).
Si les pidiese que mentalmente efectuasen un “dibujo”, de la forma como creen que se desarrollaba la vida normal y cotidiana de los esclavos, es decir, el día a día de los mismos, estoy convencido de que en la mente de la inmensa mayoría aparecerían imágenes de una vida miserable, tal vez pasando hambre y siendo mal tratados continuamente.
Y les diría que es absolutamente lógico que eso ocurra, ya que ésa es la imagen que se nos ha grabado en nuestras mentes y que surge de tantas películas, relatos y novelas que hemos podido observar, o leer, a lo largo de nuestras vidas.
Voy a iniciar la explicación de mi pensamiento, con relación a lo que considero la “ESENCIA” del Evangelio.
Y para hacerlo les mencionaré algunas cosas que agradeceré las tengan siempre “presente”, es decir, que sea algo así como una especie de “telón de fondo” que se encuentre detrás de cada punto al cual luego me referiré.
Después de unos días de “receso”, motivado en impostergables razones laborales, voy a comenzar a analizar aquello que yo considero constituye la esencia del Evangelio.
Y que como he podido advertir, que mi pensamiento ha generado una “resistencia” que interpreto “muy extraña”, es que opté por elegir ese nombre que una amiga me sugirió, no sólo para titular este post que ustedes están leyendo ahora, sino todo mi blog, que con tanta generosidad me ofreció la Dirección de Religión Digital.
Les recuerdo que con los cuatro últimos post que coloqué, he tratado de llamar vuestra atención con respecto a los motivos HUMANOS que hicieron que Jesús fuese ejecutado en la cruz, y no sobre los aspectos SOBRENATURALES que tiene ese hecho (único e irrepetible en la historia de la humanidad) sobre el cual —dicho sea de paso— por más que queramos, nosotros jamás podremos descubrirlo acabadamente por ser algo perteneciente a la esfera más íntima del pensamiento de Dios, del Eterno, por lo cual, y sin duda alguna, es algo que resulta completamente alejado a las posibilidades de comprensión de cualquier ser humano.
Para no extender tanto esto, de analizar los aspectos que considero necesario tener en cuenta para comprender los motivos humanos que existieron en la decisión de matar a Jesús, me referiré finalmente al papel que le cupo a los romanos en tal hecho.
Y lo haré muy brevemente, aún cuando sobre esa faceta del problema habría que hablar bastante.
Y en ese sentido, y tal cual como lo manifesté antes, descarto cualquier cuestión de tipo “espiritual o sobrenatural”, ya que ese tipo de cosas a los romanos los tendría sin cuidado, y por ende jamás hubiesen atacado a Israel por meras especulaciones de ese tipo.
Pues bien; dejando de lado eso, sólo nos queda por razonar su eventual decisión de ejecutar a Jesús por titularse “rey”, que es lo que se menciona en los Evangelios.
Continuaré con mi propuesta de repensar el “entorno humano” que culminó con la ejecución de Jesús, tema en el que insisto —no por un mero capricho personal, o por una simple curiosidad intelectual, o académica— sino por considerar que resulta imprescindible hacerlo para comprender debidamente el verdadero y profundo mensaje del Evangelio.
Ya señalé que en el Evangelio de Juan se menciona el temor del Sanedrín a un ataque romano, como causa de su decisión de matar a Jesús.
Y siguiendo la idea que me he trazado, deseo exponer otro aspecto que es necesario analizar para comprender la causa real, “profunda” u oculta de su ejecución.
Continuando con mi invitación a reflexionar sobre los motivos “humanos” de la ejecución de Jesús, voy a plantearles distintos aspectos, ya que considero que se deben tener en cuenta pues ayudan a entender mejor mis ideas.
Planteo ese interrogante, dado que leyendo los Evangelios no logro descubrir —al menos de una forma a la cual podamos considerar “razonablemente” explícita— motivo alguno que justifique una determinación de tal tipo.
Doctrina – Autoridad (Jerarquía) y Servicio
Más de una vez, al escribir sólo sigo un impulso que, casi diría, es inconsciente.
A veces todo queda en una “nebulosa”, sea por cuanto permanece inconcluso (en mi computadora hay varios textos “atrancados”, esperando “luz” para continuarlos) o bien porque al finalizar la redacción, de todas formas persiste en mi mente un interrogante, que a la par que me incita me abruma, a tal punto que diría me “molesta” y me obliga a continuar reflexionando sobre lo que escribí.
Les recuerdo que he explicado porqué creo que hay un error al adjudicarle a Dios el separar a los levitas (hoy curas, pastores, etc.) del resto del pueblo, otorgándoles derecho a beneficios “materiales”, procurando insistir en que piensen en la posibilidad de recrear la forma de vida comunitaria de Jesús, compartiendo vivencias Y BIENES.
Y había quedado en plantear otras cuestiones, cosa que haré seguidamente.
Admitir eventuales errores – analizar nueva visión - ¿el huevo, o la gallina?
He finalizado el análisis con el cual he procurado señalar posibles errores, desarrollados a lo largo de los siglos, y que se usan para pretender “justificar” la existencia de una diferenciación entre los seres humanos, como si fuese algo realmente establecido por Dios.
Levitas y “primogénitos” – crónica de un error (nota 4/4)
Les recuerdo que expresé, que si bien es posible que Yahveh separase a los Levitas, según se lo relata ese hecho habría ocurrido con un procedimiento MUY ESPECIAL.
Y es así, ya que se menciona un meticuloso sistema que encontramos narrado en el mismo Libro de Los Números y que transcribo seguidamente:
Levitas y “primogénitos” – crónica de un error (nota 3/4)
Vamos a investigar el “último tramo”, de la “famosa” diferenciación de personas (y consiguientes “privilegios” a un grupo) que se le adjudica al Buen Padre Celestial, y que habría acontecido por la “separación” de la tribu de Leví del resto del pueblo hebreo.
En distintos pasajes bíblicos se hace referencia a eso, y creo no equivocarme si afirmo que ninguno pertenece a las tradiciones más antiguas de la Biblia.
Los levitas – crónica de un error (nota 2/4)
Les recuerdo que investigamos la posibilidad de que exista un error, al asumir que Dios “separó” en dos grupos a su pueblo (los levitas por un lado, y el resto por el otro) y fundamentalmente, que estableciese de esa forma que el más numeroso deba proveerle de bienes al otro, al más “selecto”.
Y les señalé que hay por lo menos tres (o cuatro) versiones en la Biblia que hablan de ese hecho.
Los levitas – crónica de un error (nota 1/4)
Voy a iniciar el análisis de algunos textos del Antiguo Testamento, que relatan hechos “extraordinarios”, mejor dicho “fantásticos”, que siempre fueron atribuidos a Dios, y que, sin duda alguna constituyen el PUNTAL del error que se ha venido desarrollando a lo largo de los siglos, ya que hicieron que se considere que fue Él, el Buen Padre Celestial, quien “personalmente” estableció una “separación” entre los seres humanos, y que, para colmo de males, como resultado de esa diferenciación habría “beneficiado” a un grupo (obvio, el más pequeño) exigiendo que el otro (el más numeroso, el de “segunda”) brinde su apoyo económico al primero.
Les recuerdo que el motivo por el que arribo a este análisis que estoy efectuando, es para tratar de comprender la causa por la cual, los actuales “referentes” religiosos (grupo “especial”, curas, pastores, etc.) no se detienen a analizar la posibilidad de intentar concretar una vida de real hermandad COMO VIVÍA JESÚS (comunidad de vivencias y de bienes) situación que a su vez les había planteado, ya que me resulta imposible admitir que el mensaje de AMOR del Evangelio no tenga una aceptación mayor que la que obtiene, hecho que únicamente logro explicar, a través de advertir que la inmensa mayoría de las personas que lo rechaza lo hace porque no vivimos realmente ese Amor, sino una historia de violencias y ritualismos, y que, además, se “disculpan tranquilamente” las enormes diferencias que existen entre los seres humanos.
Como recordarán, estoy intentando explicar mi punto de vista sobre lo que estimo es el error, de haberle atribuido al Buen Padre Celestial ciertos hechos (que habrían ocurrido hace miles de años) de los que surgiría una diferenciación entre un “grupo especial” (antes levitas y sacerdotes, hoy curas, pastores, etc.) y el “resto” del pueblo (los laicos, los de “segunda”) y, FUNDAMENTALMENTE el que éstos últimos “deban” asistir económicamente a los primeros.
Pues bien, continuando con mi “tentativa” de explicarlo, y aún habiendo aclarado que considero que la enorme mayoría de quienes integran ese “sector privilegiado” no actúan como lo hacen por ser “malos”, sino simplemente por la educación recibida, quiero insistir en mi pedido de que adopten una actitud de apertura mental, asumiendo (aunque sólo sea como una alternativa más) la POSIBILIDAD de que exista un error en el pensamiento que tradicionalmente se ha sostenido al respecto.
Les recuerdo que estoy explicando porqué no creo que Dios hubiese hecho una “separación” entre los miembros de su pueblo, cosa que sostienen los “referentes” religiosos.
Pasaré a intentar “descubrir” las razones por las que, aquellos que menciono como los actuales “referentes” religiosos (curas, pastores, etc.) no se han detenido —ni siquiera como una mera hipótesis intelectual— a analizar la posibilidad de organizar un sistema de vida que signifique desarrollar al cristianismo como una verdadera comunidad, de vida, y de bienes.
Y me parece que es imprescindible hacerlo, ya que, en primer lugar, es evidente que la forma de vida que llevamos guarda escasa relación con el “mensaje de amor del Evangelio”, en segundo lugar, por cuanto esa fue la manera en que vivió Jesús, y en tercer lugar, porque no es cierto que ese estilo de vida no se desarrolle en ningún lado ya que, por ejemplo, algo similar existe en el kibbutz israelí.
Por otra parte no me parece ni siquiera “admisible”, que se limiten a afirmar que «es difícil lograrlo», y menos aún que —como hicieron algunos— me “sugiriesen” que fuese yo personalmente quien trate de encontrar laicos dispuestos a integrar una comunidad con ese sistema de vida, ya que, en el mejor de los casos, ese pensamiento me fue expuesto diciéndome implícitamente algo así como: «sí no los encuentra, eso “demuestra” que su propuesta está equivocada», actitud que no sólo me parece injusta, sino DIRECTAMENTE INMORAL, impropia del “carácter” que poseen quienes así se expresaron.
Presentación del temaEstimados hermanos y hermanas en el Señor:
Hace tiempo que una intensa tristeza embarga mi alma, la cual se origina en ver que el mensaje de Amor del Evangelio no logra mayor aceptación entre los seres humanos.
Al analizar ese hecho he rezado, meditado, y procurado investigar en cuáles son las causas que lo hacen tan poco aceptable para la mayor parte de la humanidad.
Ayer mencionaba que en la antigüedad la mujer no trabajaba en forma remunerada.
Y también que, si a ese hecho le sumábamos la posibilidad de que al morir el varón (padre—esposo) quedaba desprotegida, veremos la “verdadera” razón del reclamo que se hace en la Biblia de proteger a las viudas y los huérfanos. Pues bien; veamos cómo solucionaban ese problema.
LA MUJER Y EL TRABAJOLeyendo la Biblia resulta difícil encontrar, que se cite a mujeres realizando trabajos remunerados. He encontrado uno sólo, y está referido a una tarea de tipo doméstica (Tb.2,11-12). Obviamente descarto a la prostitución como "actividad remunerada" (aún cuando se la suele denominar "la profesión más antigua del mundo") dado que con referencia a dicha "tarea" podemos hallar diversos textos.
Ante todo expreso mi gratitud a la Dirección de Religión Digital, por permitirme participar con este blog.Y una vez cumplido con ese deber de conciencia, pasaré a mencionarles la razón por la que, no sólo me atrevo a hacerlo, sino también —y aún cuando esto pueda parecerles algo presuntuoso de mi parte— estimo conveniente mi participación.
Nací en Bahía Blanca, ciudad de la República Argentina hace ya bastante más de medio siglo. Fui el tercer y último hijo de una familia de “clase media alta” (padre médico, madre docente).
Me eduqué con los salesianos quienes, si bien como buenos “hijos de su propia educación”, no supieron transmitirme algunas cosas de la realidad de la vida humana, sí, en cambio, fueron capaces de suministrarme una buena base cultural, que nunca dejé de reconocer y agradecerles.
Me recibí de abogado en la Universidad de La Plata, estudio que me permitió adquirir conocimientos que no hubiese obtenido dedicándome a la historia, como pensé hacer en un principio.
Lunes, 13 de febrero
Francisco Baena Calvo
Alfonso Saborido Salado
Pedro Tarquis
Angel Moreno
Juan Jáuregui Castelo
Asoc. Humanismo sin Credos
Vicente Haya
José Mª Castillo
Sor Gemma Morató
Julián Moreno Mestre