Y sin más prolegómenos, con los antecedentes mencionados pasaré a analizar lo que considero el punto esencial que nos permite comprender el motivo “oculto” (y profundo) que tuvieron los jerarcas hebreos para decidir que Jesús debía morir, y que, al menos en un cierto sentido, fue también compartido por Poncio Pilatos.
Y para hacerlo es necesario recurrir al Evangelio de Juan, que no sólo es cronológicamente hablando el último de los redactados, sino que existe coincidencia entre los “biblstas”, tanto en el sentido de que Juan conocía los textos de los Sinópticos, como también con respecto a que, además de su evidente interés de probar la condición de Jesús como Mesías, es el más “elaborado” de los 4 Evangelios.
Conforme lo mencioné ayer, pasaré a explicar las razones que me llevan a pensar, que el estilo de vida comunitario que practicaba Jesús constituyó la causa oculta de su ejecución.
Pero antes de hacerlo debo aclararles que me limitaré a analizar lo que podemos denominar como el aspecto simplemente humano del ajusticiamiento de Jesús.
Es decir, que no me referiré para nada al sentido sobrenatural de la misma (reordenamiento del caos causado por el pecado) ya que sobre ese aspecto se ha escrito y especulado mucho (y seguramente se lo seguirá haciendo) dado que constituye un misterio absolutamente insondable para la capacidad de la mente humana, razón por la cual me parece inútil tratar de descubrir algo al respecto.
En el post anterior expliqué los motivos fundamentales que me llevan a pensar, que Nuestro Señor Jesús no sólo vivió con sus discípulos en comunidad de vivencias y de BIENES, sino que los que recibieron sus enseñanzas comprendieron que la mejor forma de seguirlas era viviendo de esa misma manera.
O por lo menos que así lo entendió, y vivió, de manera real, efectiva y concreta, viviendo de esa forma completamente solidaria, la mayor parte de quienes adoptaron el cristianismo durante los primeros siglos de nuestra era.
Ayer recomendé que consultaran con cualquier “referente religioso” de la actualidad (cura, obispo, monja, pastor, o lo que fuese, que cuente con plena confianza de vuestra parte) con respecto a si es cierto lo que afirmo, de que el ideal del cristiano es imitar a Jesús, es decir, tratar de vivir de la forma que resulte lo más parecido posible a como lo hizo Él durante su vida terrena.
Y como no recibí comentario alguno rechazando mí afirmación, me permito estimar que coinciden conmigo (aunque más no fuese en ese único aspecto) razón por la cual resulta entonces necesario que “investiguemos” cuál fue la forma en que vivió realmente Jesús.
Antes de analizar los dos aspectos a los que me referí en el post anterior, estimo imprescindible aclarar que cuando afirmo que debería haber recibido alguna respuesta a mis propuestas, estoy haciendo referencia PRIMORDIALMENTE a todos aquellos a los que suelo llamar los «referentes religiosos de la actualidad» (obispos, curas, monjas, monjes, pastores, ministros, hermanos, etc. etc.) ya que estimo que si ellos no consideraron necesario ni siquiera entrar a analizar esa perspectiva —y la consiguiente propuesta de vida que he efectuado— obviamente debemos pensar que ha ocurrido por cuanto entienden que existen “ERRORES” en la misma.
Hace ya un tiempo, en el último post que “colgué” en este blog escribí estas palabras: «me siento muy cansado de expresar distintas cosas, sin recibir la atención y las respuestas que considero sería bueno obtener»,
Y como al leerlas alguien puede pensar —o decirme— que si mi deseo es actuar como corresponde a un “buen cristiano”, debería aceptar humildemente las cosas como el Buen Padre Celestial tiene a bien disponerlas, y que por ende correspondería que pese a eso siga las enseñanzas de San Pablo, y continúe «predicando con ocasión o sin ella», más allá del resultado que obtenga mi accionar.
Antes mencioné algunos aspectos que resultan útiles para comprender, que cuando se utiliza la famosa frase «la Iglesia es Jerárquica», y se hace referencia con ella a que no es una democracia, sino que sus disposiciones deben ser aceptadas “sin chistar”, suele desconocerse que semejante postura es válida sólo para lo que hace a las cuestiones de Dogma o Magisterio Extraordinario de la Iglesia, pero que de forma alguna puede utilizarse para tratar de justificar aspectos que no hacen a esa cuestión, sino que se refieren a situaciones meramente temporales, terrenales, contingentes.
Muchas veces escuchamos decir «La Iglesia es Jerárquica».
Incluso es posible que esa frase —tantas veces repetida— se la hubiese utilizado más de una vez en distintos blogs de RD, y que tal vez se lo hizo, no para señalar una realidad por todos conocida, sino también para afirmar algo que, no sólo es así, sino QUE «ES CORRECTO QUE SEA DE ESA FORMA».
Conforme lo mencioné ayer, pondré a continuación otras líneas correspondientes a uno de mis libros, cosa que hago ya que me parece interesante reflexionar un poco sobre la cuestión de las vestimentas que se utilizan en los rituales religiosos, y que —según se supone— habrían sido dispuestas por Dios (el Eterno, el Buen Padre Celestial del cual nos habló Jesús).
A raíz de los comentarios que tuvo la amabilidad de poner nuestro buen hermano Iker, en el último post que redacté con relación al problema de la falta de vocaciones sacerdotales y religiosas, y más allá de lo que allí le respondí, me parece oportuno traer a colación algo más relacionado con la existencia de los “ornamentos sagrados” que —como evidentemente poco tienen que ver con la forma de vivir de Jesús, y de todos los cristianos del inicio de nuestra era— sin duda alguna también se relacionan con aspectos del Antiguo Testamento, que es donde se los menciona con tanto énfasis y detalle.
Para finalizar el tratamiento de este tema, efectuaré un breve resumen para que quede bien claro mi pensamiento. Y lo iniciaré recalcando expresamente que NO NIEGO LA NECESIDAD DE LA EXISTENCIA DEL SACERDOCIO MINISTERIAL, sino que, simplemente, trato de "ubicarlo" correctamente, en parte a través de la lectura de la Biblia, y en parte a través de los "signos de los tiempos" de nuestra actual realidad, y lo hago con el objeto de contribuir a desentrañar los motivos que pueden estar generando dicho problema, pues es evidente que cada vez son menos quienes se sienten llamados a desempeñar tales "funciones".
Continuando el análisis que vengo realizando, creo necesario pasar a enfocar el aspecto del celibato desde un punto de vista diferente al mencionado antes, ya que en realidad este post no tendrá basamento bíblico ni cosa parecida.
En rigor de verdad eso tampoco es del todo correcto, ya que existen muchos textos de la Biblia que son los que me llevan a pensar de la forma en que lo hago.
Viernes, 24 de mayo
Peio Sánchez Rodríguez
Faustino Vilabrille Linares
Juan Fernandez Krohn
Francisco Margallo
JC Rodríguez, A Eisman
Ana Bou
Manuel Mandianes
José Moreno Losada
Asoc. Humanismo sin Credos
Josemari Lorenzo Amelibia