Juntos andemos

La dignidad compartida

07.02.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús, Actualidad

En la primera Jornada Internacional de oración y reflexión contra la trata de personas.

Para hablar de los seres humanos, Teresa de Jesús utilizó las mejores palabras que encontró, las imágenes más preciosas y valiosas que tenía a mano. Decía que una persona es «como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas».

Un castillo: el ser humano es inmenso. De diamante: es fuerte y del material más preciado. De cristal: puede irradiar e iluminar y puede acoger la luz. Con muchos aposentos: es rico y plural en sí mismo, no es gris, su escala de colores es infinita y su profundidad es inmensa.

Y no contenta con eso, Teresa, como si se hubiera quedado corta, lo comparaba con el cielo. Y el cielo, para ella, era la suma absoluta de los bienes, el lugar de la buena eternidad. El cielo era la casa de Dios. De modo que veía al ser humano como el lugar donde Dios se encontraba.

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¡Acordaos!

27.09.14 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús, Actualidad

Hace mucho tiempo… en octubre de 2013, apareció en los medios una noticia desgarradora. Ya entonces, figuraba como una más, junto a las habituales noticias, destinada a diluirse rápidamente en la catarata informativa que cada periódico contiene.

Ochenta y siete inmigrantes de Níger habían muerto de sed en el desierto. Intentando salir hacia una vida mejor, buscando un agua que no iban a encontrar. Familias enteras, mujeres y niños en su mayor parte, cayeron, muertos de sed, en mitad del Sáhara.

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Por la paz y la vida

06.09.14 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús, Actualidad

«Un callejón muy largo y estrecho, a manera de horno muy bajo y oscuro y angosto. El suelo me pareció de un agua como lodo muy sucio y de pestilencial olor… Al cabo estaba una concavidad metida en una pared, a manera de una alacena, adonde me vi meter en mucho estrecho».

Estas podrían ser las palabras de un prisionero de guerra o las de un soldado, conducido por un túnel que lleva a otro puesto de combate. También las que siguen:

«Los dolores corporales tan incomportables… y ver que habían de ser sin fin y sin jamás cesar… Y digo que aquel fuego y desesperación interior es lo peor».

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El pan nuestro de cada día

21.06.14 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús, Actualidad

Años treinta del siglo pasado: un hombre sube una escalera y comunica a una mujer que, si ella y su marido no pagan en dos días, tendrán que abandonar la casa en que viven. Parece una estampa de los actuales desahucios pero, en realidad, se trata de la escena inicial de la película El pan nuestro de cada día.

Mediados del siglo XVI: una mujer escribe unos papeles espirituales, para consuelo y ayuda de sus hermanas monjas. Comenta el Padre nuestro y al hablar de «el pan nuestro de cada día», anota: «Decir a un regalado y rico, que es la voluntad de Dios que tenga cuenta con moderar su plato, para que coman otros siquiera pan, que mueren de hambre, sacará mil razones para no entender esto si no a su propósito».

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Ante la guerra

07.09.13 | 07:10. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús, Actualidad

Ante la guerra: la que se aproxima, las que ya están en marcha, las que hubo, las que habrá…

Cambian los lugares en el mundo, el norte por el sur, el este por el oeste, cambian los nombres, pero se repite el terror y la locura que es una guerra y se repite el dolor en rostros inocentes.

Este no es el lugar de volver a preguntar por qué se pretende hacer frente a unas guerras sí y a otras no, o por qué unas armas resultan más peligrosas o para quién, ni para hablar del eufemismo daños colaterales. Quizás tampoco es el lugar de preguntar por la guerra que más vidas devora, que se asienta en nuestros sistemas económicos y a la que no hay voluntad de enfrentarse. Quizás este no es el lugar…

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El oro de las Indias y el coltán del Congo

08.06.13 | 07:50. Archivado en Teresa de Jesús, Actualidad

Unos siglos separan la locura por el metal amarillo de la desatada por el mineral oscuro, pero ambos, oro y coltán, vienen a ser símbolo de algo que nos afecta más de lo que pensamos habitualmente. También es una muestra de aquello que llevó al profeta Habacuc a una profunda crisis existencial: los opresores se suceden, detrás de un sistema que oprime, viene otro y parece que nada detiene esa carrera.

Teresa de Jesús vio el despliegue de la aventura española en América desde la ventana familiar, pues todos sus hermanos varones fueron a hacer fortuna. También desde las informaciones que circulaban en su entorno, especialmente las que llegaban de misioneros que volvían para hacer campañas o retirarse.

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Jueves, 27 de julio

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