Juntos andemos

Para este fin...

05.09.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Juan de la Cruz

Juan de la Cruz tenía una fe inmensa en el ser humano. Algo sorprendente, cuando se conoce su vida. Desde su infancia difícil, marcada por la pobreza, hasta su última enfermedad –«unas calenturillas», como la llamó él– y su muerte.

Porque Juan vivió una pobreza extrema que dejó huella en su cuerpo y en toda su persona, y que se llevó por delante, muy temprano, la vida de su padre y de uno de sus hermanos. Y la enfermedad final lo encuentra en medio de un «castigo» que le impusieron sus mismos hermanos, sin acabar de comprender quién era ese hombre menudo y curtido: un hombre fiel al proyecto iniciado por Teresa de Jesús, enamorado de Dios, leal a sus superiores y verdadero hermano de sus hermanos.

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Aprended de mí

13.06.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Juan de la Cruz, Evangelio

Cuando el profeta Sofonías hablaba de la restauración del pueblo de Dios, decía que sería un pueblo nuevo, purificado en la verdad, que tendría unos labios sinceros y unas manos limpias de maldad: «Un pueblo pobre y humilde, un resto de Israel que se acogerá al Señor, que no cometerá crímenes ni dirá mentiras».

Los grandes amigos de Dios, místicos y profetas de todos los tiempos, comprendieron que la restauración de la gran familia de Dios pasaba por recuperar su verdadera identidad y que esta solo se podía conseguir, como decía Sofonías: acogiéndose al Señor, es decir, viviendo de cara a Él, para asemejarse a Él y por tanto, desechando la mentira, la violencia y la opresión de cualquier tipo.

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Del miedo a la paz

11.04.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Juan de la Cruz, Evangelio

Anochece, las puertas están cerradas y el miedo es señor de la casa. La desazón de la incertidumbre y el desánimo de no saber si todo el camino recorrido ha servido para algo. La sombra de la culpa, como un presentimiento o una losa, sobrevolando la habitación. Ese es el paisaje en el que se encuentran los amigos de Jesús, después de su muerte.

La experiencia de los discípulos está tan cerca de la que, tantas veces, atraviesa la vida humana, que las palabras del evangelista Juan parecen escritas fuera del tiempo, escritas para todos los tiempos. El miedo, la inquietud y el desaliento siguen preguntando si hay respuesta y salida. Y la fe busca continuamente; espera, tenaz y atrevida, que Jesús siga vivo.

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A los que aman (I)

14.03.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Juan de la Cruz

Mario Benedetti dedicó una letrilla preciosa a los amadores. Decía así:

A los que buscan, aunque no encuentren.
A los que avanzan, aunque se pierdan.
A los que viven, aunque se mueran.

A esos mismos tendía la mano Juan de la Cruz, con sus palabras. Los rastreadores de lo profundo las entienden; quienes no cejan, aunque den traspiés y se extravíen alguna vez. Las comprenden los que bucean en la vida. Y les decía que, para todos ellos, «maravilla grande es y cosa digna la abundancia de la suavidad y dulzura que tiene Dios escondida», guardada más adentro.

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La fuente (III)

31.01.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Juan de la Cruz

Con unos versos emocionantes, Juan de la Cruz comparte su experiencia de la fuente divina, de la «eterna fonte». En su Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe, dice: «Qué bien sé yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche».

Hablará de una fuente escondida, pero que sabe dónde hallar. Apenas da comienzo a su Cántico Espiritual, escribe: «No le vayas a buscar fuera de ti, porque te distraerás y cansarás y no le hallarás ni gozarás más cierto, ni más presto, ni más cerca que dentro de ti. Solo hay una cosa, que, aunque está dentro de ti, está escondido».

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Recordar lo nuevo I

03.01.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Juan de la Cruz

Hace más de cuatrocientos años, un hombre hizo un retrato de su intimidad y escribió un poema sobrecogedor –unas canciones, decía él–, escribió Llama de amor viva. Una noble señora le pidió que lo comentase, para poder entenderlo mejor. Y así, un viejo poema íntimo y un comentario algo arrebatado, –un «admirable fracaso» para unos y una «obra de arte» para otros– han cobrado carácter universal y se han convertido en una novedad continua, de siglo en siglo.

¿Por qué?

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Estar bien con Dios

13.12.14 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Juan de la Cruz

Visitar a Juan de la Cruz es siempre un disfrute. Más allá de lo útil, que nunca falta en la cita, se da la dicha del encuentro con un hombre entero. Si fue recordado por quienes le trataron como alguien sumamente amable y afectuoso, todavía ahora, al escucharle en letra de molde, una impresión muy cálida cobija al que se acerca.

Juan de la Cruz se hace próximo y aproxima a lo profundo del ser y de la vida. A la bondad y a la luz. Acerca a Dios. Y, cerca de él, se aprende libertad.

Palabras graves y pequeños consejos, poemas inmensos junto a dichos y letrillas, densa teología, sabiduría y alguna regañina… En su arquilla, que eso parecen sus obras completas, hay multitud de cosas. No es que tenga de todo, es que con él se vislumbra el Todo.

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Gestos

«Gestos sencillos y concretos». Eso pedía, recientemente, el Papa Francisco a los cristianos. Y eso le hemos visto hacer a él repetidamente. Además de las grandes propuestas que ha lanzado y de los pasos significativos que ha dado, Francisco ha tenido muchos gestos, sencillos y concretos, y ha recordado que aportan significado y realidad, que inspiran y generan creatividad. Los gestos abren muchas puertas para construir la hermandad que Jesús quería.

En el estado de Tamil Nadu (India), algunos católicos de casta alta levantaron un muro en el cementerio, para que sus muertos estuvieran separados de los difuntos «intocables». Un día, dos obispos católicos demolieron una parte del muro.

El muro se reconstruyó, pero los obispos sembraron compasión y solidaridad, y despertaron una esperanza, cosas más fuertes que todos los muros que existen.

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Bienaventurado el que...

25.10.14 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Juan de la Cruz, Evangelio

A primera vista, a nadie se le antoja que místico sea una persona razonable… o bien que una persona muy razonable, vaya a ser mística. Juan de la Cruz, místico, maestro de espíritu y letras y poeta inmenso, viene a decir que sí, que lo místico y lo razonable están muy unidos. Y que la «sabiduría mística» lleva al amor, al tiempo que libra de ignorancias.

Juan habla de «obras misteriosas», porque misteriosos son los caminos del espíritu y misterio es Dios, término amado del camino. Y se descubre a sí mismo, y a cada ser humano, en Dios. Cada persona –dirá en Cántico– «tiene su vida en Dios» y forma parte de ese misterio insondable de amor que Él es.

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Cosas de la noche (III): Mudanzas

20.09.14 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Juan de la Cruz

Mudanza y seguimiento son dos palabras que están profundamente unidas desde que Jesús de Nazareth dijo que «el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza». Algunos exegetas dicen de Él que fue un itinerante perpetuo y, como poco, los evangelios reflejan que no se instaló por mucho tiempo en ningún lugar, tras comenzar su vida pública.

Juan de la Cruz entendió claramente que instalación y seguimiento no podían ir juntos. No por un afán caprichoso o por inconstancia, sino por la necesidad evangélica de vivir desprendidos para poder servir. Y vio también la dificultad de muchos creyentes para mudar y desinstalarse.

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Lo que está en juego

16.08.14 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Juan de la Cruz

«Vivo, luego espero», decía Laín Entralgo. La esperanza es movimiento, un movimiento vital. Laín, como Juan de la Cruz, entendió que la esperanza es uno de los grandes motores de la vida. Al hablar de ella, Juan dirá que su oficio es enseñar a mirar en la mejor dirección, que es la salud de la persona, que da viveza, ánimo y levanta hacia lo bueno.

La esperanza tiene tanto de don como de responsabilidad. Está unida por un cabo a la confianza y por otro al amor. Desde la fe, se abre a lo mayor y así, de un Dios que es misericordia sin límites, dice Juan que «cuanto más espera el alma, más alcanza». Como también dirá que es el amor el que hace fuerte la esperanza.

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Cosas de la noche (II): la sed

12.07.14 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Juan de la Cruz

La vida no es un mar tranquilo, una línea recta o un tramo llano donde se sucede el tiempo y los acontecimientos se entrelazan. Tiene ritmo ondulatorio, grandes desniveles, arriba y abajo y, a veces, se pierde el equilibrio. Hay, dice Juan de la Cruz, un «anochecer y amanecer a menudo».

Él se propone acompañar para que los desequilibrios, inevitables, no arrollen todo a su paso. Es cierto que es un maestro radical, que no le gusta detenerse en las cosas de poco tomo, salvo para despejarlas rápidamente. Pero, desde su posición, abre una puerta para que cada quien llegue hasta donde pueda o quiera.

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Sábado, 25 de marzo

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