Juntos andemos

Sentir esta presencia

30.05.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús

Hay misterios que piden silencio, que invitan a encender la mirada interior, que llevan a la adoración. Misterios que huyen de las palabras y que, a lo más, se pueden balbucir –como decía Juan de la Cruz– sin poder decir «aquello de que altamente sienten».

Teresa de Jesús sintió aquella presencia prometida por Jesús: la «presencia tan sin poderse dudar de las tres Personas». Y la acogió como se puede acoger el misterio del amor: abriendo el corazón y aceptando la luz. Tal vez, la única manera de que la inteligencia humana se puede acercar al misterio.

Al intentar explicar cómo sentía aquella Presencia, Teresa decía: «Se me representó como cuando en una esponja se incorpora y embebe el agua; así me parecía mi alma que se henchía de aquella divinidad y por cierta manera gozaba en sí y tenía las tres Personas». Y entonces entendió que Dios hace las cosas de manera diferente.

Contaba Teresa que Dios le hizo comprender «que erraba en imaginar las cosas del alma con la representación que las del cuerpo; que entendiese que eran muy diferentes, y que era capaz el alma para gozar mucho». Sin embargo, experimentará el muro de las palabras para poder expresar la inmensa claridad que suscitaba en ella la presencia divina.

Decía: «Esta presencia de las tres Personas que traigo en el alma, era con tanta luz que no se puede dudar el estar allí Dios vivo y verdadero, y allí se me daban a entender cosas que yo no las sabré decir después».

Si hasta entonces Teresa había buscado a Dios, esta Presencia le hizo entender un nuevo modo de unión: «No trabajes tú de tenerme a Mí encerrado en ti, sino de encerrarte tú en Mí». La búsqueda se transformaba en encuentro y el encerrarse en Él, en una salida.

De este modo, comprendió que esa unión era participar de las palabras de despedida de Jesús, que envía a los discípulos a dar a conocer el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Por eso, añadía: «Parecíame que de dentro de mi alma -que estaban y vía yo estas tres Personas- se comunicaban a todo lo criado, no haciendo falta ni faltando de estar conmigo».

Nada iba a quedar encerrado en Teresa, porque eso desharía la verdad profunda de la experiencia cristiana, que se diluye si queda cerrada en sí. De modo que, cuando escribe que ese misterio de los Tres «quiere dar a sentir esta presencia», dice que no se puede dudar ni olvidar y apunta cómo el Señor le hace entender la vida desde esa Presencia: «Piensa, hija, cómo después de acabada [la vida] no me puedes servir en lo que ahora, y come por Mí y duerme por Mí, y todo lo que hicieres sea por Mí, como si no lo vivieses tú ya, sino Yo, que esto es lo que decía San Pablo».

Y hablará de «la paz interior y la poca fuerza que tienen contentos ni descontentos por quitarla de manera que dure», cuando se vive en los Tres y cómo la fuerza con que se siente la Presencia sana el corazón: «Con esto se ha remediado la pena de esta ausencia».

Queda el silencio, después de buscar palabras para expresar la Presencia y queda la mirada, que tantas veces pide Teresa, para ver al Único y para sentir el amor.

Pero ella, que siempre da un paso más y llega más al fondo de las cosas, todavía añade que lo que queda de sentir «con tanta fuerza estar presentes estas tres Personas» –dice– es el deseo de vivir, si Él quiere, para servirle más; y si pudiese, ser parte que siquiera un alma le amase más y alabase por mi intercesión, que aunque fuese por poco tiempo, le parece importa más que estar en la gloria».


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Comentarios
  • Comentario por Gema Juan Herranz [Blogger] 02.06.15 | 23:21

    Gracias, Luz, por compartir aquí y bienvenido, Beto.
    Un abrazo.

  • Comentario por Luz 31.05.15 | 22:26

    "Es importante saber que habitas dentro de Dios -Amor-, pero sentirte habitado por ese Amor te cambia la vida" un Amor que no es un sentimiento, sino un compromiso. Saber que Dios ES y que yo soy sólo unida Él, es una cosa muy distinta, sólo entonces se intenta asimilar el "sin mí no podéis hacer nada", cómo hablar de lo inaudible, de lo inenarrable, de lo inexplicable, sólo sé balbucir palabras ¡limitadas palabras!, como un niña pequeña, sabiendo que el PADRE me entiende en mis pobres expresiones.

    Si Dios Trinidad es ESENCIA, y yo soy imagen y semejanza de Dios, ahora entiendo esa frase que tantos repiten por ahí...¡nunca pierdas tu esencia! y mi respuesta es... tú tampoco!!!!!! Un abrazo grande hermana Gema :)

  • Comentario por Beto 31.05.15 | 17:57

    Gracias por este hermoso escrito. Que dificil es no tratar de entender el misterio de la Trinidad, y obviamente imposible de hacer. Me impacta el no tratar de tener a Dios dentro de nosotros, sino de estar nosotros dentro de El, donde todos cabemos. Cambia mi perspectiva y en mi pequeñez pienso en mi indignidad de ser parte de El. Pero Jesus es el camino para que todos los pecadores lleguemos al Padre, a traves de nuestro sincero arrepentimiento de cada dia.
    Una vez mas, gracias. Es el primer escrito suyo que leo y espero que sea el primero de muchos.
    Dios le bendiga
    Jhpv

  • Comentario por Gema Juan Herranz [Blogger] 30.05.15 | 19:08

    Gracias, amigos. Tenéis razón: creer, adorar y servir son tres verbos que hay que conjugar juntos, para no falsear ninguno de ellos.
    Hay que seguir buscando las palabras menos malas para hablar de Él pero lo cierto es que no hay Dios que lo entienda y menos aún que lo explique.
    Feliz día.

  • Comentario por Teófila 30.05.15 | 11:31

    GRACIAS SIEMPRE POR LA BELLEZA DE TUS ESCRITOS.
    Creer es fundamentalmente adorar al Dios que nos vive y vivifica. Adoradores vivificadores por la salud que nos regala el Dios todo AMOR. Creer lleva a ejercer el amor. ADOREMOS Y OBREMOS SALUD AMOROSA HACIA LOS DEMÁS.
    FELIZ FIESTA DE LOS AMADORES...

    muy bonita la foto y significativa...

  • Comentario por José 30.05.15 | 09:45

    Lo presentía tu artículo de hoy, Gema. El otro día en clase les dije que el misterio de la Trinidad "no hay Dios que lo entienda" (carcajada general). Que después de muchos años de pasar esta fecha litúrgica por mi vida, sólo me quedaba esto: Silencio-mirar-contemplar-adorar... casi se impone el hacerlo de rodillas. Me quedé tan ancho por convencido que al mencionar tú a Teresa, lo seguiré manteniendo sin dudar.
    Y el final, claro que sí: después de adorar, vivir para servir pudiendo decir: "Amarte a Ti, Señor, en todas ñas cosas y a todas en Ti.
    Muchas gracias por tu inspiración. "Pro orantibus"!

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