Juntos andemos

Ahora es tiempo

17.10.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús

Queridos amigos: aquí está mi último artículo, en este espacio que hemos compartido por más de dos años y en el que he disfrutado mucho.
Agradezco a Religión Digital la oportunidad que me brindó de escribir en su página.
Y, sobre todo, agradezco a todos los que con vuestra lectura y comentarios habéis hecho de esto lo que pretendía ser: un lugar de diálogo con los maestros del Espíritu que el Carmelo ha dado a la Iglesia y al mundo y, de un modo especial, con la maestra de maestros, Teresa de Jesús.
Que su palabra siga iluminando nuestros caminos. ¡Gracias!

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Los tiempos recios

10.10.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús

En 1562, cuando Teresa de Jesús daba los pasos necesarios para realizar su primera fundación, alguien le mandó aviso de que «andaban los tiempos recios» y se lo advertía –escribe ella– «con mucho miedo», porque podían acusarla incluso a la Inquisición.

En el siglo XVI, el miedo no era una cuestión de valentía o debilidad sino, más bien, un asunto de realismo y prudencia natural. La falta de ambas cosas podía llevar a la muerte en una hoguera. Y no era difícil ser denunciado, por envidias, rencillas o interés propio. Por eso, avisaban a Teresa: «Iban a mí con mucho miedo a decirme que andaban los tiempos recios y que podría ser me levantasen algo y fuesen a los inquisidores».

Siglo tras siglo, los tiempos recios se renuevan. El miedo toma nuevas formas y los peligros siguen siendo reales. Los «tan grandes males que fuerzas humanas no bastan a atajar», de los que hablaba Teresa, permanecen. Cambia su aspecto, como cambian las épocas, pero la humanidad y la tierra siguen sangrando.

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Otra santidad

03.10.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Lisieux

«El mérito no consiste en hacer mucho ni en dar mucho, sino más bien en recibir, en amar mucho». Así escribía Teresa de Lisieux –Teresita– a su hermana Celina, animándola a dejarse llevar por Jesús y a descubrir otra santidad.

Escribía al hilo de su querido maestro Juan de la Cruz que, cuando hablaba de la ciencia del amor que es la contemplación, decía que «la contemplación pura consiste en recibir». Discípula y Maestro coincidirán en el tenaz ejercicio que lleva a esa pureza y en el largo camino que hay que recorrer para aprender a recibir. Tal vez, el verbo más activo que exista.

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Enmendarse

26.09.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús

Enmendarse es un verbo que no tiene mucha popularidad y, sin embargo, es uno de los más esperanzadores que existen. Porque creer que alguien se puede enmendar significa pensar que hay posibilidad de cambio: solo se enmienda lo que no se da por irrecuperable, solo mejora lo que no está perdido.

El encuentro con Dios, le hizo a Teresa de Jesús descubrir que Él no la daba por perdida y que para Él era recuperable. Por eso decía, con emoción: «¡Oh, qué buen Dios! ¡Oh, qué buen Señor y qué poderoso! No solo da el consejo, sino el remedio. Sus palabras son obras».

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El perdón

19.09.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús

El perdón es un misterio. Atrae y estremece, cautiva y asusta, desvela la vulnerabilidad y hace fuerte, todo al mismo tiempo. La oración de la Iglesia dice que Dios muestra con él su poder y los gurús, sabios y terapeutas de todos los tiempos y tradiciones han puesto sobre ese modo de misericordia una de las piedras esenciales de la vida.

Perdonar y ser perdonado, dar y acoger perdón. Descubrir la salud que hay en ese camino de acceso a la verdad personal profunda, camino también a la solidaridad más grande, la que Jesús ofrece con su vida y su palabra.

Teresa de Jesús entendió que en el perdón se hace verdad el seguimiento de Jesús. En la luminosa experiencia de quien ha recibido un: «vete en paz, quedas curado», al acercarse a Jesús y que ha entendido, a la vez: «haz tú lo mismo». Eso le sucedió a ella.

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Cosas de hombres y de mujeres

12.09.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús

Eso decía Gandhi, que avisaba de que Dios no ha creado las fronteras, que eso es cosa de hombres y de mujeres. Cosas de seres humanos que han olvidado lo que les define: la humanidad.

Teresa de Jesús decía que es «gran bestialidad (no) saber qué cosa somos», desconocer nuestra humanidad, olvidar que todos los seres humanos son dignos, iguales, merecedores de una vida buena sin excepción. «No entendemos la gran dignidad de nuestra alma» –decía ella–, no entendemos que somos «como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal»: fuertes, preciosos y luminosos.

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Para este fin...

05.09.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Juan de la Cruz

Juan de la Cruz tenía una fe inmensa en el ser humano. Algo sorprendente, cuando se conoce su vida. Desde su infancia difícil, marcada por la pobreza, hasta su última enfermedad –«unas calenturillas», como la llamó él– y su muerte.

Porque Juan vivió una pobreza extrema que dejó huella en su cuerpo y en toda su persona, y que se llevó por delante, muy temprano, la vida de su padre y de uno de sus hermanos. Y la enfermedad final lo encuentra en medio de un «castigo» que le impusieron sus mismos hermanos, sin acabar de comprender quién era ese hombre menudo y curtido: un hombre fiel al proyecto iniciado por Teresa de Jesús, enamorado de Dios, leal a sus superiores y verdadero hermano de sus hermanos.

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De nuevo

29.08.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús

Desde muy pronto, Teresa de Jesús mantuvo relación con gentes de todo tipo. Tenía un entorno familiar amplio y después, más allá de los amigos y parientes, tíos, primos…, tendrá ocasión de tratar con gentes de toda condición: monjas y curas, mercaderes y nobles, grandes señoras y algún joven «nonada rico». Si podía escribir a Felipe II, también sabía percibir la santidad de una «labradorcita», entre sus monjas de Valladolid.

Así, Teresa se asomó al pozo humano. Primero al suyo, después a muchos otros. Sufrió la presión a que la sometía su propio contraste de luz y sombra, pero entendió la inmensa posibilidad de recomenzar siempre, de descubrir permanentemente al Dios que quiere obrar el bien en todos. Y a Él dirá: «Que sea tan grande vuestra bondad, que… os acordéis Vos de nosotros, y que… nos tornéis a dar la mano y despertéis».

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Un arte evangélico

15.08.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Lisieux, Evangelio, María

La discreción de María en los evangelios es llamativa y una nota importante para la fe. Porque no solo habla de quién es la madre de Jesús, sino también de Dios, de cómo es y cómo obra. En todo caso, como decía el profesor Cothenet: «La discreción sobre el papel de María pertenece también al depósito de la fe, consignado en las Escrituras».

Esa discreción es un «detalle» de la humildad, tal como la concibe el Nuevo Testamento, donde al humilde se le descubre por su fidelidad en lo pequeño y por la alegría de saberse amado sin merecerlo. La humildad evangélica habla de acogida y no lleva cuentas del bien que hace, porque se lo atribuye a otro: a Dios.

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Tiempo para todo

01.08.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Lisieux

La sabia palabra del libro del Eclesiastés dice: «Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol». Como si se hiciera eco de esa palabra, Teresa de Jesús escribía a su gran amigo Antonio Gaytán diciéndole: «Sepa que como en este mundo hay tiempos diferentes, así en el interior, y no es posible menos… y vaya mirando a lo que le inclina más su espíritu». Hay tiempos diferentes… y tiempo para todo.

Teresa había experimentado la prisa y la calma, los agobios de los mil asuntos de la vida y el descanso de la amistad, tanto la divina como la humana. Conocía los humores que zarandean a los seres humanos y lo que el cansancio puede hacer en un buen espíritu, agostándolo y haciéndolo tambalear.

También había disfrutado el regalo de la naturaleza y en el Libro de la Vida decía: «Aprovechábame a mí también ver campo o agua, flores. En estas cosas hallaba yo memoria del Criador, digo que me despertaban y recogían y servían de libro».

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Ofrecer la vida, elegir el amor

18.07.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Lisieux

Queridos amigos: durante estos meses, el blog se actualizará cada quince días. ¡Feliz verano para todos!

En 1895, Teresa de Lisieux tomó una decisión importante que iba a afectar a su propia vida pero, también, a su mundo más próximo, a sus hermanas de comunidad. Una decisión que, finalmente y de modo insospechado para ella, iba a traspasar los muros de su convento, las fronteras de la cristiandad de su Francia natal e incluso los límites de la Iglesia Católica.

Parece desproporcionado y, sin embargo, es real. No hay nada que tenga más fuerza que una vida entregada, una vida hecha de tiempo y carne, de gestos concretos y esfuerzo, de elecciones cotidianas y opciones trabajadas. Teresa decidió ofrecer lo más valioso que tenía: a sí misma, su propia vida y regalárselo a la misericordia o, como decía ella, al «amor misericordioso de Dios», para que la repartiera.

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¿Teresa extraordinaria? (III)

11.07.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús


El largo camino por el que Teresa de Jesús se fue haciendo una mujer nueva y extraordinaria supuso, también, la revelación de un Dios sorprendente e inesperado. El Dios que había transformado su vida y que hará de ella una gran mujer de Dios.

Descubrir a ese Dios, siempre presente pero no siempre percibido, forma parte de la aventura personal de Teresa y de su proceso para convertirse en la «madre de espirituales» que llega a ser, capaz de acompañar a los creyentes, de siglo en siglo.

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Miércoles, 24 de agosto

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