Juntos andemos

Trascendencia en clave menor: El humor (II)

26.07.14 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús

Teresa de Jesús era una mujer de gran receptividad. Su vida, sus escritos y sus amistades lo muestran claramente. Tenía gran sensibilidad para comprender y hacerse cargo de los demás, también para percibir su entorno, las posibilidades y las carencias.

Esa es una de las razones por las que el humor era uno de sus grandes aliados. Porque, como decía Carlyle, «la esencia del humor es la sensibilidad; la cálida y tierna simpatía por todos los tipos de existencia». Teresa invita a vivir con sensibilidad y simpatía. Y, de hecho, ella siempre ha procurado «dar contento adondequiera que estuviese» y «sentir con pena las penas» de los demás.

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Trascendencia en clave menor: El humor (I)

19.07.14 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús

La experiencia humana tiene una dimensión cómica. Peter Berger, teólogo y sociólogo estadounidense, llamaba «trascendencia en clave menor» a la posibilidad que tiene lo cómico de ser señal de trascendencia. Porque el humor sirve para trascender, para traspasar la realidad ordinaria. Después, esta trascendencia puede tener implicaciones religiosas o no, eso dependerá de cada persona pero, de entrada, el humor abre una puerta a otra dimensión.

Teresa de Jesús tenía especial querencia por esta clave menor para vivir, y no solo por su carácter. Para ella, el humor era un signo de salud humana y espiritual, que proporcionaba la distancia necesaria en la vida cotidiana, para que esta no absorbiese toda la energía sin más. Y significaba, también, saber ocupar el propio lugar: ni diluir el yo en la nada, ni dejar crecer el ego como una mancha de aceite incontenible. El humor es equilibrio y madurez.

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Cosas de la noche (II): la sed

12.07.14 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Juan de la Cruz

La vida no es un mar tranquilo, una línea recta o un tramo llano donde se sucede el tiempo y los acontecimientos se entrelazan. Tiene ritmo ondulatorio, grandes desniveles, arriba y abajo y, a veces, se pierde el equilibrio. Hay, dice Juan de la Cruz, un «anochecer y amanecer a menudo».

Él se propone acompañar para que los desequilibrios, inevitables, no arrollen todo a su paso. Es cierto que es un maestro radical, que no le gusta detenerse en las cosas de poco tomo, salvo para despejarlas rápidamente. Pero, desde su posición, abre una puerta para que cada quien llegue hasta donde pueda o quiera.

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Pablo y Teresa de Jesús

05.07.14 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús, Escritura

Teresa de Jesús decía: tengo «gran envidia a los que tienen libertad para dar voces, publicando quién es este gran Dios» y repetía, a menudo, que «querría dar voces» para decir a todos, algo de lo que había llegado a vivir y entender con Jesús. Pero también recordaba –y los varones que la rodeaban no le permitían olvidarlo– que san Pablo decía que las mujeres debían aprender en silencio y no enseñar.

Parecería inexplicable la química entre estos dos apóstoles, pues Teresa no calló ni dejó de enseñar lo que había comprendido. En vez de atarse a la letra de Pablo, ahondó en ella y no solo recurrió a su palabra infinidad de veces, sino que su sintonía llega mucho más lejos.

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Pedro y Teresa de Jesús

28.06.14 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús, Evangelio

Teresa de Jesús tuvo algunos amigos especiales dentro de la Biblia. Creyentes grandes que le ayudaron a vivir la fe, que le dieron luz para seguir el evangelio y le sirvieron de inspiración. Uno de ellos es Pedro.

Él y Teresa comparten una experiencia fundamental que cambió sus vidas radicalmente. Tal vez por eso, Pedro acude muchas veces a la pluma de Teresa. Los dos llegan con una invitación que hoy sigue siendo necesaria en la vida de cada creyente y de la Iglesia.

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El pan nuestro de cada día

21.06.14 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús, Actualidad

Años treinta del siglo pasado: un hombre sube una escalera y comunica a una mujer que, si ella y su marido no pagan en dos días, tendrán que abandonar la casa en que viven. Parece una estampa de los actuales desahucios pero, en realidad, se trata de la escena inicial de la película El pan nuestro de cada día.

Mediados del siglo XVI: una mujer escribe unos papeles espirituales, para consuelo y ayuda de sus hermanas monjas. Comenta el Padre nuestro y al hablar de «el pan nuestro de cada día», anota: «Decir a un regalado y rico, que es la voluntad de Dios que tenga cuenta con moderar su plato, para que coman otros siquiera pan, que mueren de hambre, sacará mil razones para no entender esto si no a su propósito».

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Suite nº 1 para violonchelo solo en Sol Mayor, BWV 1007 de J. S. Bach: Invitación VII

14.06.14 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús, Música, J.S. Bach

La voz de un violonchelo emerge de unas partituras empolvadas en una tienda de segunda mano, donde habían permanecido calladas durante muchos años. Las rescató del olvido el genial violonchelista Pau Casals. En ellas, aparece un cello desnudo, sin orquesta, arropado por unas manos que lo hacen vibrar. Solo, pero cantando a voces.

Se trataba de unas partituras de Bach, sus seis Suites para cello. En ellas, el violonchelo adquiere una gran expresividad armónica, pues encierran una «polifonía en soledad» y la amplitud de lo que se desarrolla en progresión. Como sucede en el camino espiritual.

Las VII Moradas de Teresa de Jesús culminan con un «instrumento» al que Dios hace resonar: un ser humano que desde su intimidad habitada, donde silencio y soledad se dan la mano, abre su vida a todo. A solas, pero con «esta divina compañía». Fundido, «hecho una cosa con Dios», y sabiendo que lo que importa es «el amor con que se hacen» las cosas.

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El ascensor II: Descender

07.06.14 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Lisieux

«No sentí ningún viento impetuoso al descender el Espíritu Santo, sino más bien aquella brisa tenue cuyo susurro escuchó Elías en el monte Horeb».

Así explicaba Teresita lo que había sentido al recibir lo que ella llamaba el «sacramento de amor», la confirmación. Esa «brisa tenue» le llevará a descubrir, poco a poco, qué es el amor y a unirse al Espíritu que desciende.

Años después de esa experiencia, diría a sus hermanas, Inés y María, dos cosas: que solo «la confianza puede conducirnos al amor» y que es «propio del amor abajarse». Si fiarse es ascender, confiar también va a ser descender, dejándose llevar por el Espíritu.

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El ascensor I: ascender

31.05.14 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Lisieux

Poco antes de dejar caer el lápiz con el que anotaba en su último cuaderno, Teresa de Lisieux –Teresita– escribió una página que impresiona, por el exceso de confianza. Confiar tanto parece una osadía. Supone, además, una valentía extraordinaria cuando esa confianza se sostiene, intacta y crecida, en el momento en que se afronta el paso de la muerte, en medio del dolor.

Decía ella que, «aunque tuviera sobre la conciencia todos los pecados que pueden cometerse», confiaría en Jesús. Sentía que era pura gracia no haber caído en los abismos del mal humano, y añadía: «No es esa la razón de que yo me eleve a Él por la confianza y el amor». Esas fueron las últimas palabras que apuntó.

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Aquel escándalo

24.05.14 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Oración, Teresa de Jesús, Evangelio

En el evangelio de Marcos, Jesús cuenta una parábola inquietante. Tanto que, siglos después de haber sido escrita, Teresa de Jesús se vio bajo sospecha por vivirla en sí misma.

Contaba Jesús que con el Reino de Dios pasaba lo mismo que con una semilla que se echaba en tierra. El sembrador veía crecer la semilla, pero no sabía cómo. La tierra daba fruto por sí misma. Jesús estaba diciendo que el Reino de Dios, Dios mismo, venía sin que nadie influyera en ello.

Por entonces, esta idea arañaba las concepciones de zelotas y fariseos. Que Dios viniera por sí mismo, sin provocación humana… por pura gracia. Ni por la fuerza o por reivindicaciones, ni por cumplir exquisitamente programas religiosos. A Dios, nada de eso le mueve.

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Cosas de la noche (I): el hambre

17.05.14 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Juan de la Cruz

En ocasiones, al leer a Juan de la Cruz, da la impresión de que le urge algo. No es solo que no quiere perder el tiempo, sino que le cuesta mucho ver cómo lo pierden lo demás. «¿En qué os entretenéis?» es uno de sus gritos más hondos.

Ha visto que lo de entretenerse no es por vicio –al menos no solo–, sino que algunas puertas se han cerrado –«para tanta luz estáis ciegos, y para tan grandes voces sordos»– y hay necesidad de volver a abrirlas. Va a empeñarse en ayudar a abrir los ojos y los oídos, para que ciegos y sordos puedan percibir «la ternura y verdad de amor con que el inmenso Padre regala». Eso quiere Juan: abrir, no una vez, sino muchas, porque la vida también es insistencia.

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Creer (III)

10.05.14 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús

El breve recorrido hecho apunta continuamente a la fe como encuentro y a la certidumbre de que «no estamos huecos en lo interior», sino habitados. El ser humano es más de lo que aparenta, como recuerda la misma Teresa: «Veo secretos en nosotros mismos que me traen espantada muchas veces».

Habitados por un Dios inmenso que, a la vez, está muy cerca. A Teresa le preocupa que se presente a Dios como un ser lejano e inalcanzable, porque impide encontrarse con Él: «viene todo el daño de no entender con verdad que está cerca, sino imaginarle lejos». Y anima a «no extrañarse de [tener] tan buen huésped», porque la grandeza de Dios está en que no se le «pueden agotar sus misericordias».

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Sábado, 2 de agosto

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