Juntos andemos

De nuevo

29.08.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús

Desde muy pronto, Teresa de Jesús mantuvo relación con gentes de todo tipo. Tenía un entorno familiar amplio y después, más allá de los amigos y parientes, tíos, primos…, tendrá ocasión de tratar con gentes de toda condición: monjas y curas, mercaderes y nobles, grandes señoras y algún joven «nonada rico». Si podía escribir a Felipe II, también sabía percibir la santidad de una «labradorcita», entre sus monjas de Valladolid.

Así, Teresa se asomó al pozo humano. Primero al suyo, después a muchos otros. Sufrió la presión a que la sometía su propio contraste de luz y sombra, pero entendió la inmensa posibilidad de recomenzar siempre, de descubrir permanentemente al Dios que quiere obrar el bien en todos. Y a Él dirá: «Que sea tan grande vuestra bondad, que… os acordéis Vos de nosotros, y que… nos tornéis a dar la mano y despertéis».

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Un arte evangélico

15.08.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Lisieux, Evangelio, María

La discreción de María en los evangelios es llamativa y una nota importante para la fe. Porque no solo habla de quién es la madre de Jesús, sino también de Dios, de cómo es y cómo obra. En todo caso, como decía el profesor Cothenet: «La discreción sobre el papel de María pertenece también al depósito de la fe, consignado en las Escrituras».

Esa discreción es un «detalle» de la humildad, tal como la concibe el Nuevo Testamento, donde al humilde se le descubre por su fidelidad en lo pequeño y por la alegría de saberse amado sin merecerlo. La humildad evangélica habla de acogida y no lleva cuentas del bien que hace, porque se lo atribuye a otro: a Dios.

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Tiempo para todo

01.08.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Lisieux

La sabia palabra del libro del Eclesiastés dice: «Hay un momento para todo y un tiempo para cada cosa bajo el sol». Como si se hiciera eco de esa palabra, Teresa de Jesús escribía a su gran amigo Antonio Gaytán diciéndole: «Sepa que como en este mundo hay tiempos diferentes, así en el interior, y no es posible menos… y vaya mirando a lo que le inclina más su espíritu». Hay tiempos diferentes… y tiempo para todo.

Teresa había experimentado la prisa y la calma, los agobios de los mil asuntos de la vida y el descanso de la amistad, tanto la divina como la humana. Conocía los humores que zarandean a los seres humanos y lo que el cansancio puede hacer en un buen espíritu, agostándolo y haciéndolo tambalear.

También había disfrutado el regalo de la naturaleza y en el Libro de la Vida decía: «Aprovechábame a mí también ver campo o agua, flores. En estas cosas hallaba yo memoria del Criador, digo que me despertaban y recogían y servían de libro».

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Ofrecer la vida, elegir el amor

18.07.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Lisieux

Queridos amigos: durante estos meses, el blog se actualizará cada quince días. ¡Feliz verano para todos!

En 1895, Teresa de Lisieux tomó una decisión importante que iba a afectar a su propia vida pero, también, a su mundo más próximo, a sus hermanas de comunidad. Una decisión que, finalmente y de modo insospechado para ella, iba a traspasar los muros de su convento, las fronteras de la cristiandad de su Francia natal e incluso los límites de la Iglesia Católica.

Parece desproporcionado y, sin embargo, es real. No hay nada que tenga más fuerza que una vida entregada, una vida hecha de tiempo y carne, de gestos concretos y esfuerzo, de elecciones cotidianas y opciones trabajadas. Teresa decidió ofrecer lo más valioso que tenía: a sí misma, su propia vida y regalárselo a la misericordia o, como decía ella, al «amor misericordioso de Dios», para que la repartiera.

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¿Teresa extraordinaria? (III)

11.07.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús


El largo camino por el que Teresa de Jesús se fue haciendo una mujer nueva y extraordinaria supuso, también, la revelación de un Dios sorprendente e inesperado. El Dios que había transformado su vida y que hará de ella una gran mujer de Dios.

Descubrir a ese Dios, siempre presente pero no siempre percibido, forma parte de la aventura personal de Teresa y de su proceso para convertirse en la «madre de espirituales» que llega a ser, capaz de acompañar a los creyentes, de siglo en siglo.

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¿Teresa extraordinaria? (II)

04.07.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús

Cuando Teresa contaba ya cincuenta años, por fin puede escribir: «Mi alma la despertó el Señor… De esta manera vivo ahora», y explicaba que había llegado a una experiencia de paz inmensa y de abandono confiado en Dios.

Le costó mucho despertar, pero cuando sale del sueño de una vida entre dos aguas, de la mano del «buen amador Jesús», ya no se detiene ni se entretiene en lo que no sirve a Dios. Y lo que no sirve, ella lo veía claro: «¿Pensáis que es posible, quien muy de veras ama a Dios, amar vanidades? Ni puede, ni riquezas, ni cosas del mundo, de deleites, ni honras, ni tiene contiendas, ni envidias; todo porque no pretende otra cosa sino contentar al Amado».

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¿Teresa extraordinaria? (I)

27.06.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús

Cuando se lee a Teresa de Jesús o se piensa en la profunda experiencia de Dios que tuvo; al disfrutar la sabiduría de sus palabras o al mirar la libertad que logró, siendo una monja que vivió en un siglo regido por varones y atado por unas leyes sociales asfixiantes; cuando se ve lo que logró hacer por sí misma, se puede pensar que Teresa es inalcanzable y que era una gran mujer, casi desde siempre.

Sin embargo no es así. Teresa se hizo a sí misma y se dejó modelar por Dios, poco a poco. Pasó de los apegos estrechantes a la apertura del amor, del miedo a la libertad y de la debilidad a la entereza a través de un largo proceso nada sencillo y nunca acabado.

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Conversar

20.06.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús

Teresa de Jesús es doctora de la Iglesia y maestra de espirituales, está reconocida como una de las grandes místicas de todos los tiempos, pero ha elegido un modo muy sencillo para enseñar y compartir su experiencia: conversar con quien desea crecer.

Era una mujer que se sentía hecha para la relación, que disfrutaba comunicando y que, a la vez, luchaba con las palabras, inmensas e insuficientes, para poder decir lo que quería. Por eso, había escrito: «¡Oh Dios mío, quién tuviera entendimiento y letras y nuevas palabras para encarecer vuestras obras como lo entiende mi alma!». Quería nuevas palabras, para decir algo del infinito amor que había descubierto.

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Aprended de mí

13.06.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Juan de la Cruz, Evangelio

Cuando el profeta Sofonías hablaba de la restauración del pueblo de Dios, decía que sería un pueblo nuevo, purificado en la verdad, que tendría unos labios sinceros y unas manos limpias de maldad: «Un pueblo pobre y humilde, un resto de Israel que se acogerá al Señor, que no cometerá crímenes ni dirá mentiras».

Los grandes amigos de Dios, místicos y profetas de todos los tiempos, comprendieron que la restauración de la gran familia de Dios pasaba por recuperar su verdadera identidad y que esta solo se podía conseguir, como decía Sofonías: acogiéndose al Señor, es decir, viviendo de cara a Él, para asemejarse a Él y por tanto, desechando la mentira, la violencia y la opresión de cualquier tipo.

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¿Y vosotros?

06.06.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús, Evangelio

Las palabras de Jesús en el evangelio de Juan, cuando se presenta como «pan de vida», no son fáciles de masticar. Hasta el punto de que cuando termina ese capítulo, el evangelista cuenta que «desde entonces, muchos de sus discípulos se retiraron y ya no iban con Él». Y Jesús termina por preguntar a los doce: «¿También vosotros queréis dejarme?».

Teresa de Jesús hilaba fino y, hablando de Jesús, decía: «Acordaos también qué de personas habrá que no solo quieran no estar con Él, sino que con descomedimiento le echen de sí». Sabía «que va mucho de estar a estar» y algunos de los que parecen estar junto a Jesús, se apartan por cualquier cosa.

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Sentir esta presencia

30.05.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús

Hay misterios que piden silencio, que invitan a encender la mirada interior, que llevan a la adoración. Misterios que huyen de las palabras y que, a lo más, se pueden balbucir –como decía Juan de la Cruz– sin poder decir «aquello de que altamente sienten».

Teresa de Jesús sintió aquella presencia prometida por Jesús: la «presencia tan sin poderse dudar de las tres Personas». Y la acogió como se puede acoger el misterio del amor: abriendo el corazón y aceptando la luz. Tal vez, la única manera de que la inteligencia humana se puede acercar al misterio.

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Hágase tu voluntad

23.05.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Edith Stein

Unos años antes de empezar su vida entre las carmelitas descalzas de Colonia, Edith Stein reflexionaba acerca de la voluntad de Dios y preguntaba: «¿Cómo podemos pronunciar ese “hágase tu voluntad” si no tenemos ninguna certeza de lo que la voluntad de Dios exige de nosotros?».

Edith buscaba, aunque ya había experimentado que Dios va por delante dando luz. Decía que el Espíritu del Señor «se deja encontrar, cuando lo buscamos. Sí, Él espera no solamente a que lo busquemos, Él está continuamente en nuestra búsqueda y nos viene al encuentro».

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Miércoles, 2 de septiembre

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