Juntos andemos

500 años despertando

28.03.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús

Teresa de Ahumada despertó a la vida un 28 de marzo, en 1515. Llegó de madrugada, desvelando a la familia y como anunciando ya que iba a pasar su vida despertando a las gentes.

Tal vez, porque pasó gran parte de su vida despertándose, pudo contagiar el hambre de luz que llevaba en sí. Y por lo mucho que le había costado acabar de despertar, abrir los ojos a la verdad, ya no los cerraría nunca a lo verdadero, ni permitiría a quienes andaban cerca de ella, dejar de vivir de cara a la luz.

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A los que aman (II)

21.03.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús

Teresa de Jesús fue una mujer enamorada, que también cedió su luz y su palabra a los que aman y buscan, a los que «quieren ir por [el camino] y no parar hasta el fin, que es llegar a beber de esta agua de vida».

Enamorada y preocupada por otros caminantes, porque sabía que no es difícil equivocar la ruta, decía: «Creo se engañan aquí muchas almas que quieren volar antes que Dios les dé alas» y quieren encontrarse al final de un camino que es más largo de lo que imaginan. «Veo a algunas almas muy afligidas por esta causa: como comienzan con grandes deseos y hervor y determinación de ir adelante», creen que enseguida han de llegar.

Y les dirá: «No se fatiguen; esperen en el Señor, que lo que ahora tienen en deseos Su Majestad hará que lleguen a tenerlo por obra… [importa] tener gran confianza y no desmayar, ni pensar que, si nos esforzamos, dejaremos de salir con victoria».

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A los que aman (I)

14.03.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Juan de la Cruz

Mario Benedetti dedicó una letrilla preciosa a los amadores. Decía así:

A los que buscan, aunque no encuentren.
A los que avanzan, aunque se pierdan.
A los que viven, aunque se mueran.

A esos mismos tendía la mano Juan de la Cruz, con sus palabras. Los rastreadores de lo profundo las entienden; quienes no cejan, aunque den traspiés y se extravíen alguna vez. Las comprenden los que bucean en la vida. Y les decía que, para todos ellos, «maravilla grande es y cosa digna la abundancia de la suavidad y dulzura que tiene Dios escondida», guardada más adentro.

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Por amor de ellas

07.03.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús, Mujer

Ocho de marzo, de un año cualquiera. Se repite incansable, desde 1977, el «Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional». Igual que se repiten historias que podrían llamar a la desesperanza, por su persistencia. Como si dijeran: no se puede hacer nada.

Pero no es cierto. Siempre se puede hacer algo. Y lo dice la historia creciente de mujeres libres, que responde al dolor de otras tantas sin liberar. Es posible seguir avanzando, hay que alimentar la conciencia y seguir con el trabajo que puede producir el cambio necesario.

En el siglo XVI, el siglo en que vivió Teresa de Jesús, se podía leer cosas como esta: «La mujer cuando dice una palabra descomedida paga con la bofetada, pero cuanto toca en lo vivo la honra (al marido) a las veces paga con la cabeza».

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Despreocuparse

28.02.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús, Evangelio

En los evangelios, el tema de la preocupación no está muy bien visto. Solo cuando se trata de tomar decisiones graves, parece estar permitido lo de preocuparse un poco y pararse a pensar bien la decisión que se toma. Decisiones del tipo: «renunciar a sí mismo», como proponía Jesús, una vez que le seguía mucha gente, para ver quiénes podían ser discípulos.

Quitando eso, Jesús suele aparecer despreocupado y despreocupando. Se lo decía a su amiga Marta –«Marta, Marta, andas inquieta y preocupada por demasiadas cosas»–. Y se lo repetía también a sus mejores amigos –los discípulos– que se agobiaban con cierta facilidad.

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Multiplicar la alegría (II)

21.02.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús, Evangelio

Para seguir multiplicando la alegría hay que cavar un poco más. Remover la tierra y hacer tareas de prospección. Aunque en el camino de la conversión, sucede lo que explicaba Teresa: «Aunque no vaya después por el mismo camino, lo poco que hubiere andado de él le dará luz para que vaya bien por los otros, y si más andare, más».

Hasta ese punto merece la pena elegir la vida, el camino del bienvivir y del amor. Teresa decía a sus hermanas que hicieran lo posible para que todos entendieran que la conversión –entrar en el camino de la amistad con Dios e ir conformando con Él la vida– es lo mejor que puede suceder. Por eso escribía: a «todas las personas que os trataren, hijas, habiendo disposición y alguna amistad, procurad quitarlas el miedo de comenzar tan gran bien».

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Multiplicar la alegría (I)

14.02.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús, Evangelio

En ocasiones, las palabras pierden su significado auténtico o van tomando un matiz que las aleja de su esencia. Por ejemplo, Teresa de Jesús decía que al amor «le tienen usurpado el nombre». Que se llama amor a cosas que, en realidad, son mucho menos que amor. Es algo que sucede con frecuencia.

Si se piensa en qué es «bienvivir», saltarán a la mente muchas cosas que se acercan poco a su significado inicial. Y enseguida habría que ponerse a pensar qué es vivir con holgura u honestamente, que es como define el diccionario la palabra bienvivir.

Pasa otro tanto con la conversión. Antes y después de su significado religioso, nadie piensa que es ponerlo todo a dar vueltas… o sea, algo muy dinámico y estimulante. Como un catalizador de vida. Y así no es extraño que, al final, el asunto de la conversión tenga tan mala fama, como si fuera que se acaba la fiesta y empieza lo aburrido, cuando no lo pesado y restrictivo. No deja de ser sorprendente.

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La dignidad compartida

07.02.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús, Actualidad

En la primera Jornada Internacional de oración y reflexión contra la trata de personas.

Para hablar de los seres humanos, Teresa de Jesús utilizó las mejores palabras que encontró, las imágenes más preciosas y valiosas que tenía a mano. Decía que una persona es «como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas».

Un castillo: el ser humano es inmenso. De diamante: es fuerte y del material más preciado. De cristal: puede irradiar e iluminar y puede acoger la luz. Con muchos aposentos: es rico y plural en sí mismo, no es gris, su escala de colores es infinita y su profundidad es inmensa.

Y no contenta con eso, Teresa, como si se hubiera quedado corta, lo comparaba con el cielo. Y el cielo, para ella, era la suma absoluta de los bienes, el lugar de la buena eternidad. El cielo era la casa de Dios. De modo que veía al ser humano como el lugar donde Dios se encontraba.

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La fuente (III)

31.01.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Juan de la Cruz

Con unos versos emocionantes, Juan de la Cruz comparte su experiencia de la fuente divina, de la «eterna fonte». En su Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por fe, dice: «Qué bien sé yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche».

Hablará de una fuente escondida, pero que sabe dónde hallar. Apenas da comienzo a su Cántico Espiritual, escribe: «No le vayas a buscar fuera de ti, porque te distraerás y cansarás y no le hallarás ni gozarás más cierto, ni más presto, ni más cerca que dentro de ti. Solo hay una cosa, que, aunque está dentro de ti, está escondido».

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La fuente (II)

24.01.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús

A medio camino entre los Padres de la Iglesia y Edith Stein, se encuentran Teresa de Jesús y Juan de la Cruz, y también ellos bebieron de la fuente inagotable divina, experimentaron a Dios como el manantial de donde todo procede y se sumergieron en él para dar vida.

Ante el misterio de Dios, la fuente madre que no solo da la vida sino que también acoge y recoge en sí a todos los seres humanos, Teresa se conmueve y exclama: «¡Oh Vida, que la dais todos! No me neguéis a mí esta agua dulcísima que prometéis a los que la quieren. Yo la quiero, Señor, y la pido, y vengo a Vos».

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La fuente (I)

17.01.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Edith Stein

Desde antiguo, Dios ha sido presentido como una fuente infinita. El salmista oraba diciendo: «En ti está la fuente de la vida», y los Padres de la Iglesia hablaban de Dios Padre como «el ojo de la fuente». Dios, como el hontanar del misterio del mundo y de la vida. Como la sobreabundancia y el movimiento incesante, que quiere difundirse.

Muchos místicos han tenido querencia especial por este símbolo, que evoca el fluir de la Gracia, de la fuerza que empuja siempre hacia delante. Habrá remansos, pero lo propio de la fuente es manar incesantemente, regar y dar vida.

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Recordar lo nuevo II

10.01.15 | 07:00. Archivado en Acerca del autor, Teresa de Jesús

Algunos años antes de que Juan de la Cruz se pusiera a recordar novedades, la que fuera su amiga, madre y hermana, maestra y discípula a la vez, hizo memoria de lo nuevo, igual que él. Añadió ella –Teresa de Jesús– un toque particular, un deje de ironía sobre las novedades que, en realidad, no lo son. Novedades que no son más que vanidad y un husmear por costumbre; cosas bien antiguas, en realidad.

A lo largo de sus numerosas fundaciones, Teresa había comprobado que «como el mundo es tan amigo de novedades», todos curioseaban cuando llegaba, con su grupito de hermanas, a una ciudad.

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Sábado, 28 de marzo

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