El club de los amigos malos

¿Por qué la crisis económica de España es de diagnóstico "crónico"?

07.01.10 | 17:48. Archivado en Mi internacionalismo demócratico
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Por Juan Valer

Empezaré definiendo el término “Economía Ficticia” y para ello no existe otra fórmula mejor que definir su antónimo “Economía Real”.

Se conoce como Economía Real de un país aquella con capacidad de producir bienes y servicios suministrables a segundos y terceros, con la que poder balancear ingresos y pagos, por los bienes y servicios que precisa ese país de segundos y terceros.

Dicho de otro modo, el que compra un televisor chino, debe ofrecer de algún modo un bien o una contraprestación al chino que ha fabricado el televisor o, en su defecto, debe ofrecérselo a un tercero que le ofrezca al chino algo a cambio.

Continuando con lo que sería una exposición de economía básica, podemos ver que lo que expongo es algo tan básico como el “trueque” y es que el trueque subsiste detrás de toda operación que se efectúa con dinero, pues el dinero se inventó a fin de agilizar el trueque, mas el trueque subsiste tras el dinero.

Así que donde un labriego tenía que trocar su trigo por aperos de labranza y buscar a algún herrero que precisara trigo, o tenía que hablar con el panadero para que le pagara su trigo dándole pan al herrero, se encontró con un nuevo panorama, donde el panadero le entregaba dinero por su trigo, con el cual podía pagar al herrero, el hechicero, o cualquiera otro bien y servicio. El dinero en aquella primera época valoraba esencialmente el trabajo y el esfuerzo requerido para la consecución del bien o servicio que se pretendía. Pero esa es otra historia.

BASES DE LA ACTUAL ECONOMÍA ESPAÑOLA

En la dictadura militar del General Francisco Franco (en un principio bloqueada comercialmente por sus vecinos del norte) se implementó una serie de medidas para la consecución del autoabastecimiento estratégico e incluso una cierta independencia tecnológica en todos los sectores, desde el agrícola y ganadero hasta el industrial, pasando por el sector energético, generando superávit en la balanza comercial mereced a su apertura al turismo internacional.

A la muerte del General Franco, los miembros de las diferentes familias y facciones que habían compuesto la estructura de poder en la Dictadura (Sindicato Vertical, Falangistas, Monárquicos borbónicos, Monárquicos carlistas, etc.) se dispersaron ordenadamente entre las diversas opciones políticas que se gestaron al amparo de la nueva Democracia, tan ordenadamente, que reunidos miembros de una misma familia política del Franquismo podían decidir el destino político de sus miembros, o su instalación en un determinado partido político, mediante el lanzamiento de una moneda al aire, importando más la presencia de “La Familia” en todas las opciones políticas que el hecho de que esas opciones políticas tuviesen algo que ver con la ideología de La Familia.

Las primeras legislaturas democráticas españolas se caracterizaron esencialmente por luchas partidistas, encaminadas a definir el mapa político de un bipartidismo pretendido desde el primer momento como parte de la homologación fiscal e institucional con los vecinos europeos, como primer e indispensable paso para la aceptación de España en la Comunidad Económica Europea (CEE) que además de ser una pretensión de los “partidos democráticos” era una vieja y conocida aspiración franquista.

Los primeros gobiernos de la Democracia fueron dirigidos por la Unión de Centro Democrático (U.C.D.), un partido político generado artificialmente por el Rey Juan Carlos I. La función de la UCD consistía primordialmente en generar consensos, así como en gobernar sin ofender a nadie, lo que le obligaba a procurar mantenerse en una postura de imparcialidad impropia de un partido.

Supongo que lo mejor y lo peor que se puede decir de la UCD es que fue un partido nacido con fecha de caducidad, gestado para pilotar la transición de la dictadura a la democracia.

Una vez que algunos de los partidos políticos españoles se sintieron fuertemente asentados comenzaron una operación de acoso y derribo contra la UCD, seguida de otra destinada al desmantelamiento y la absorción de sus miembros, de tal manera que forzaban su desaparición, reclamando para sí los dos partidos que se perfilaban como mayoritarios (PSOE y AP, posteriormente cambia el nombre a PP) el espacio político que aparentemente dejaba la UCD, el Centro, pasando a autodefinirse ambos partidos como de Centro Derecha y de Centro Izquierda.
En las elecciones de Octubre de 1982 el PSOE de Felipe González (antiguo abogado laboralista del Sindicato Vertical franquista) barre con una holgada mayoría absoluta.

Quizás el triunfo de González se pueda explicar en función de la amplia propaganda desplegada por “todos” a favor de la democracia, casi todos en contra de la dictadura (el que hablaba a favor de la dictadura era tildado de inmediato de extrema derecha, por lo tanto los de Centro derecha no podían cometer ese error) y que su principal oponente en las elecciones era un ex ministro franquista que hacía que el electorado lo asociaran, tanto a él como al partido, con el franquismo.

LA DESTRUCCIÓN DE LA ECONOMÍA REAL ESPAÑOLA.

De inmediato, tras su nombramiento como presidente del gobierno español, el inexperto Felipe González se embarcó en la delicada tarea de conseguir la entrada de España en la CEE. Como en cualquiera otra negociación, España debía poner encima de la mesa algunas contraprestaciones o cesiones, para su aceptación en esa Comunidad Económica.

Legados a este punto se hace necesario matizar que, pese a lo que algunos puedan suponer, en una sociedad o asociación, como puede ser la CEE, los socios son socios, lo que no implica necesariamente el que sean amigos, más al contrario, en toda sociedad cada uno de los socios procura barrer para sí la mayor cantidad de prebendas y ventajas posibles.

En esta situación, se forzó a que Felipe González pusiese encima de la mesa de negociación la poderosa corporación industrial generada durante el franquismo, el INI (Instituto Nacional de Industria) que comprendía desde la siderurgia integral, hasta la fabricación de vehículos, pasando por astilleros, industria del aluminio, fundición de metales, industria aeronáutica, industria armamentística, hidroeléctricas, refinerías, petroleras, y un largo etcétera, que componían un enorme entramado de industria pesada que a su vez alimentaba otro mucho mayor de industria ligera (auxiliares y servicios) que en manos privadas rentabilizaban sobremanera el estar instaladas en las inmediaciones de las pesadas, como subcontratistas de primer nivel.

Como fuese (algunos alegan traición, otros torpeza y algunos inexperiencia), Felipe González terminó firmando la destrucción, prácticamente, de la totalidad del INI.

Aún cuando eufemísticamente se le llamó reconversión industrial, en la práctica se produjo el cierre de casi toda la corporación industrial, pese a que habría salido muchísimo más barata la reconversión real, o modernización de los equipos.

La posible discusión sobre este punto se cierra de inmediato cuando Margaret Thatcher (actor y testigo de aquellas negociaciones) escribió en sus memorias, sobre su asombro en cuanto a que González hubiese firmado aquella barbaridad, dando a entender, que los socios de la C.E.E. se habrían conformado con muchísimo menos.
Tras la firma de los acuerdos para la entrada de España en la C.E.E. González se encontró con dos problemas: la inminente destrucción de millones de puestos de trabajo y la contradicción con su promesa electoral en cuanto a la creación de 800.000 nuevos.

Por otra parte, la inminente llegada de fortísimas inyecciones económicas mediante las subvenciones europeas, fondos de cohesión, subvenciones agrícolas, etc. le permitían enmascarar algo la situación en su discrecional utilización, dentro o fuera de los campos a los que iban predestinados.

Lo lógico habría sido que González se pusiera manos a la obra de recomponer el tejido industrial que se veía forzado a destruir, al minuto siguiente de haber firmado su destrucción, pero ¿Qué sabía un joven abogado (que a su vez estaba rodeado de decenas de jóvenes abogados) de tejido industrial? Nada, o menos que nada, de hecho había nacido una nueva casta de funcionarios elevados a políticos, casi ninguno de ellos sabía de otra cosa que de chupatintas del Estado.

No es de extrañar que las soluciones implementadas por el Gobierno González en cuanto a la generación de puestos de trabajo no fueran más allá de multiplicar por 6 la cantidad de funcionarios públicos heredados del Franquismo, pues, como funcionarios vitalicios, ni conocían ni pretendían conocer de otra cosa.

A decir de los catalanes que de negocios entienden mucho, “No hay negocio que tres generaciones dure” (toda regla tiene excepciones). Así que tras 40 años de dictadura Franquista, el Gobierno del PSOE se encontró con una clase empresarial en las PYMES (pequeñas y medianas empresas) descendientes, no de empresarios, si no de obreros, en muchos casos los mismos obreros que habían sido perseguidos por el franquismo, precisamente por pertenecer a asociaciones de tinte Rojo.

Esta masa empresarial sentía, en una buena porción, una simpatía ilógica y visceral por el nuevo Gobierno, de tal manera que se aprestó, de buen grado en un principio, a dar credibilidad a cuantas sandeces les proponían, en una dinámica tan suicida, como si se les hubiese ocurrido dejar al adolescente y recién llegado aprendiz de la empresa, al frente de ella, durante unos cuantos meses.

A la par que se solicitaba de los empresarios privados que modernizasen sus empresas, lo que en la industria en muchos casos implicaba el aumento de la capacidad productiva y el endeudamiento para la adquisición de los nuevos equipos, a la par como digo, se destruían las empresas clientes tradicionales de esas empresas endeudadas y con una mayor capacidad productiva.

En este nuevo mapa de una mayor productividad, desaparición de los clientes tradicionales, mayor competencia por el aumento de la productividad en las empresas de la competencia y un fuerte endeudamiento con unos tipos de interés altísimos, muchas PYMES industriales se vieron abocadas a cerrar sus puertas, algunas tuvieron la inmensa suerte de que sus clientes no fuesen marcados en la nefasta lista firmada por González y otras tuvieron que asumir el sobre costo de salir a brindar sus servicios al extranjero, algunas con mucha suerte lograron entrar en empresas extranjeras como subcontratistas de primer nivel, pero la mayoría de las que salieron al extranjero lo hicieron como subcontratistas de subcontratistas.

En cualquier caso habían perdido la “baza” de la proximidad, podían ser sustituidos en cualquier momento por otras empresas que, o bien pudiesen esgrimir esa “baza”, o bien fuesen más competitivas en los parámetros calidad-precio.

Como pueden ver, en mi exposición preliminar he evitado referirme a otros sectores que no sea el industrial, el motivo es obvio. Los países desarrollados se les conoce con otra definición, la de los países más industrializados y, como podemos ver en los países conocidos como economías emergentes, su desarrollo ha venido de la mano de su industrialización.

Lo anterior no implica que no sean necesarios los sectores agrícola, turístico, ganadero, comercio, servicios y otros, pero ningún país que los tenga como principales en su economía (salvando pequeñas y honrosas excepciones, Andorra por ejemplo) se encuentra entre los desarrollados.

ORÍGENES DE LA ECONOMÍA FICTICIA ESPAÑOLA

A medida que las políticas de González iban dando sus frutos (o anti frutos, según sea vea) las empresas españolas (las que quedaban) empezaban a desconfiar paralelamente en esas mismas políticas, paralizando sus actividades, o reduciéndolas al mínimo que les garantizase su supervivencia, a la espera de tiempos mejores o de decisiones políticas que les garantizasen algún tipo de estabilidad donde poder operar y planificar a corto o medio plazo.

En cualquier caso el potencial industrial español se había diluido en la España gobernada por González.

España estaba con una agricultura y ganadería que precisaba de subvenciones (como cualquiera otra agricultura y ganadería de cualquier otro país desarrollado) para mantenerse en los estándares de renta y fiscales correspondientes a un país desarrollado y perteneciente a la CEE.

De igual manera, el sector turístico debió adaptarse a los nuevos tiempos, con alzas en los precios acordes a la nueva situación, a la par que veían marchar su clientela hacia destinos más económicos y exóticos (la coartada de González para este caso fue la búsqueda de un turismo de “calidad”) lo que condujo a una reducción real de clientes y entrada de divisas.

El desmesurado crecimiento del número de funcionarios y de administraciones, la imparable destrucción de puestos de trabajo, así como la insuficiencia en las ayudas y subvenciones llegadas de Europa para financiar el desastre llevaron a González a diseñar una nueva economía, en la que poder meter la mano en el bolsillo de la población, sin que constase que el Estado estaba recurriendo a una nueva fórmula para recaudar impuestos, esta nueva fórmula requería de la colaboración de testaferros que sirvieran de muro de contención ante la ira de la población, a la par, que debían proveerles de pingues beneficios con una exigua inversión, que le garantizase una colaboración entusiasta y discreta.
Para la nueva recaudación de impuestos encubiertos del gobierno se escogieron grandes empresas y corporaciones que, por otro lado, ya venían amenazando con sacar los píes del embarrado que estaban montando los socialistas en España.

La fórmula se puede definir en pocas palabras como “yo te dejo que con una mínima inversión ganes lo que te dé la gana y te cobro el 70% de los beneficios”.

Evidentemente el cobro de ese porcentaje está algo enmascarado, pero es más o menos así: de cada 100€ de beneficios en la declaración de beneficios de la empresa, el Estado cobra sobre un 30% (quedan 70€), del cobro de dividendos de los accionistas el Estado cobra un impuesto sobre el 20% 14€ (quedan 56€) y a los accionistas en su Impuesto sobre la Renta les cobras sobre el 50% (a los ricos que son los que tienen voz y voto en la Junta de Accionistas, los menos ricos, pero ricos pagan el mismo impuesto y los pobres terminan gastándose los dividendos, con lo que posiblemente terminen pagando bastante más de ese porcentaje entre impuestos directos e indirectos) y al final lo que llega al bolsillo del testaferro son 28€ de los 100 de beneficios.

Para ilustrar el párrafo anterior valga un ejemplo del que todos hemos escuchado algo. La Cadena de supermercados EROSKI paga las manzanas a los agricultores a 0,05 € el kg (2 libras) y lo vende en la Cadena a 1 € el Kg, a lo que habrá de restarse una recaudación directa de unos 0.13 € (IVA) y unos gastos de compra y comercialización de 0.10€, con lo que quedan de beneficios 0.77 €, así que 0,54 + 0,13 (IVA) 0,64 son impuestos del Gobierno.

Si a esto le añadimos que a 0,05 el Kg. de manzanas, hace rato que el agricultor no tiene beneficios, luego los beneficios del agricultor los tiene EROSKI y de ellos el 70% el Gobierno.

Deduciendo, al testaferro se le permite ganar con una inversión y gasto de 0,10 € un beneficio de 0,23 €. Si tenemos en cuenta que esos mismos 0.10 € se invierten y reinvierten unas 100 veces al año, tenemos que con una inversión anual de 0,10€ (diez céntimos de euro) el testaferro obtiene unos beneficios de 23 € a cambio de recaudar para el estado 64 €.

Evidentemente de esta recaudación existen dos grandes perjudicados: el agricultor que hace rato ha dejado de tener beneficios (al que tampoco pueden aplicarle directamente una fiscalidad tan escandalosa como a EROSKI) y el consumidor, al que no se le trasladan los bajos precios de los productos en origen (a más caro compra, más recauda el Estado).

El hecho es que, por motivos obvios, el Estado no puede hacer distingos entre empresas, ni puede aplicar una fiscalidad diferente a una Sociedad Mercantil u otra por ser de diferentes sectores, aún cuando ocasionalmente pueda aplicar alguna ayuda o subvención a algún sector determinado, el hecho es que el sector industrial difícilmente puede asumir una fiscalidad del 70% sobre los beneficios y más cuando en la actualidad enfrenta una competencia feroz de otras empresas radicadas en lo que podríamos definir como paraísos empresariales, países con unos costos laborales muy inferiores a los españoles y con una fiscalidad mucho más razonable.

En este nuevo marco muchas empresas fabricantes de bienes de consumo, auxiliares de la industria pesada, fabricantes de equipos industriales y otras, que tradicionalmente han venido trabajando tanto el mercado nacional, como el internacional, se han visto en la precisión de deslocalizarse (trasladarse total o parcialmente a otros países con mejores condiciones fiscales y laborales) o de pasar a la clandestinidad en lo que se denomina como economía irregular o sumergida, eludiendo el pago de impuestos, como única forma de mantenerse competitivas, tanto en los mercados nacionales, como en los internacionales.

El gobierno por su parte, ante la desaparición fiscal de multitud de empresas (que por otra parte eran estratégicas en el balance de cuentas) implementa un paquete nuevo de medidas destinado a ampliar el espectro recaudatorio (por la insuficiencia de recaudación en las empresas esencialmente comerciales donde lo tiene concentrado).

De este modo el Estado comienza a potenciar un nuevo sector el cual, si bien es cierto está integrado por algunas sociedades mercantiles, está mayoritariamente formado por particulares y pequeñas o medianas empresas, el sector inmobiliario, más concretamente potencia la especulación inmobiliaria.

Lo que a priori es un derecho constitucional de los españoles (la vivienda) pasa a ser objeto de las más sucias manipulaciones desde el poder del Estado, buscando la financiación de éste mediante la hipoteca vitalicia de muchos ciudadanos, en un nuevo impuesto encubierto.

Para ilustrar la inmoralidad del nuevo impuesto encubierto nada más esclarecedor que revisar su evolución. Los últimos años del Franquismo un obrero cualificado de la industria podía adquirir una vivienda por el equivalente a su salario de 6 ó 7 meses, a día de hoy la adquisición de esa misma vivienda le supone su salario íntegro de 10 años.

Evidentemente algún político puede intentar desligarse de la responsabilidad en la especulación inmobiliaria, pero no olvidemos que el Estado le cobra a los ricos que la practican el 50% de los beneficios, que los notarios públicos (que también suelen ser ricos) cobran el 10% de la tasación, que los ayuntamientos cobran los impuestos de bienes inmuebles en función del precio de mercado (a más sube, más les cobran a todos los propietarios, nuevos y viejos), también se cobra una porción del terreno urbanizable, que pueden vender al precio de mercado (creo recordar que es el 15% del terreno), licencias de obras, visados, etc. Y todo cobrando porcentajes a los precios de mercado, sin olvidar el IVA, que si bien en el precio final es del 6 %, durante todo el proceso de construcción es el 16 %.

Con todos estos datos, y aún cuando los responsables de la recaudación encubierta derivada de la especulación pueden no ser empresas, dicha recaudación no tiene nada que envidiarle a la de EROSKI, de hecho está bastante por encima de ésta.

En éstos últimos años el tema de la especulación inmobiliaria ha ido mucho más allá de lo que podría haber imaginado hace unos años la mente más calenturienta del mayor de los estrategas económicos, no sólo se ha hipotecado a familias para los próximos 40 años en la compra de una vivienda tipo apartamento, que además, se ha buscado financiación para ello en inversores extranjeros, pues en toda España no existe la cantidad de dinero suficiente para financiar este despropósito, dicho de otro modo, los salarios de los innumerables funcionarios españoles, hace muchos años que se vienen pagando con créditos provenientes del ahorro alemán, belga, o de donde quiera que lo hayan sabido sacar los banqueros.

Todo este proceso de destrucción de empresas y construcción de un entramado recaudatorio sin mayor pretensión aparente se “fundamenta” en la filosofía del “Vivir el día a día, que mañana Dios proveerá”.

Parece que el Estado Español ha olvidado, o pretendido olvidar, los principios básicos de la economía, sin apercibirse, o sin quererse apercibir, que cada vez que un ciudadano español adquiere un artículo fabricado en otras latitudes, de quien sea que haya fabricado dicho artículo, ese u otro ciudadano español le tiene que dar directa o indirectamente una contraprestación.

De manera que podemos afirmar que prácticamente no existe un ciudadano español, trabajador, funcionario, jubilado o niño, que no disponga de varios artículos fabricados en China, televisores, ordenadores, equipos de música, quincallería diversa, etc. Lo mismo podemos afirmar, que es preciso buscar mucho para encontrar a un solo español que le venda cualquier cosa a un chino.

En la actualidad, y tras el pinchazo de la “Burbuja Inmobiliaria”, inducido sin duda por el plagio del “milagro español” en Los Estados Unidos (lo que llamó sin duda la atención sobre ambos países y tan peculiar método de recaudación) trasladando la imagen de insolvencia del que se ve en la precisión de robar o estafar para sobrevivir (pues es un robo o una estafa el vender y financiar algo muy por encima de su valor real) disparó todas las alarmas en el mundo, generando la crisis que todos conocemos.

A día de hoy en muchos lugares del mundo andarán preguntándose ¿Cuál es el valor real del papel moneda que han atesorado? ¿Cuánto trigo está detrás de un USD y cuánto detrás de un Euro? Sin duda el Dólar USA, pese a todo, tiene un sólido respaldo, el respaldo del Euro, quizás no sea tan bueno, pese a que los mercados parece que opinan lo contrario, no obstante, la solidez del Euro nada tiene que ver con la economía española, el Euro es una moneda que en su día se cambió por la Peseta con el valor que se estimaba que tenía en ese momento. El Euro no es la moneda española, es la moneda que circula en España.
La fortaleza del Euro se entiende por representar y estar respaldado por las economías francesa y alemana.

La economía española no es ni remotamente lo potente que es la alemana o la francesa. España no puede poner en marcha la fábrica de moneda a su libre albedrío. Si España gasta más Euros de los que ingresa, España se queda sin moneda y España está gastando muchos más Euros de los que ingresa.

Todos sabemos lo que sucede a un país donde circula una moneda más potente que su economía (y el que no lo sepa que le pregunte a los argentinos).

Otra de las consecuencias del “pinchazo inmobiliario” ha sido la destrucción “permanente” de cientos de miles de puestos de trabajo en el sector de la construcción.

Lo cierto es que para recuperar un nivel aceptable de empleos en el sector de la construcción española los porcentajes correspondientes de los costos de la construcción y al terreno donde se edifica deberían volver a los que históricamente ha dispuesto la Banca para la concesión de préstamos inmobiliarios, o lo que es lo mismo, un 20 % del precio destinado a pagar el terreno (a su vez ese porcentaje queda fuera del préstamo, pues es el correspondiente al que debe poner el comprador de su bolsillo) y el 80 % la hipoteca, que a su vez es el porcentaje correspondiente a los costos de construcción.

A día de hoy esos porcentajes están invertidos (80 % Terreno y 20 % Construcción) con lo que es improbable que se pueda obtener financiación para ello fuera de los escasos fondos nacionales y eso contando que multitud de inmuebles ha quedado en manos de la Banca, siendo estas instituciones las principales interesadas en acolchar la caída de precios en el sector o atemperarlos a su conveniencia.

Otro de los problemas que enfrenta la economía española es el la aceleración del imparable goteo de deslocalización industrial previo al inicio de la crisis, paradójicamente frenado en este momento por la falta de liquidez que asola las empresas.

Si curiosa y singular es la economía ficticia española, más curiosa y singular resulta la solución que parece se está diseñando para evitar la deslocalización de las escasas industrias de economía real que les restan.

A todos llama poderosamente la atención que presuntos demócratas como los gobernantes españoles anden confraternizando con movimientos dictatoriales y tiranías latinoamericanas, llegando incluso al punto de enfrentarse a instituciones y constituciones democráticas para favorecer esos movimientos y esas tiranías.

La explicación a esta deplorable conducta la encontramos precisamente en los movimientos de deslocalización empresarial, pues si otrora Latinoamérica fue destino natural de trabajadores españoles en busca de un destino mejor, donde no tuviesen que superar la barrera del idioma, a día de hoy, Latinoamérica se ha tornado destino natural a la deslocalización empresarial por los mismos motivos que lo fue para los trabajadores.

Vemos cómo la deriva de la economía ficticia de España ocasionada por los diferentes gobiernos ha llevado a la deriva de la democracia española, a la democracia ficticia, donde se apoyan dictadores y tiranos en el afán de desestabilizar los países en los que está estudiando instalarse la escasa economía real que le queda al Estado español, pretendiendo su disuasión con dicha desestabilización.
La solución a la precaria situación española pasaría necesariamente por la eliminación de 2/3 de los funcionarios públicos (eliminar 2 de los 3 millones de funcionarios), una fuerte apuesta por la reindustrialización del país y la eliminación del impuesto sobre beneficios de las industrias, dejando a libre albedrío de estas la cantidad que se destine a reinversión antes de repartir dividendos.

Claro está que ni tomando estas medidas van a conseguir nada en tanto España tenga un presidente que “Me parece que no es tan inteligente”*

*Frase de Nicolás Zarcosí, con dos vinos de más, pero que pensó con dos vinos de menos. Nota del Autor.

1 comentario


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Comentarios
  • Comentario por Terminator 10.01.10 | 12:56

    Muy bien hilado el deshilado del ya precario tejido industrial español. Un país con un sector industrial invisible no puede ser visible en Europa ni en el mundo, y está condenado a ser un país de opereta, más risible que un Mónaco o una Andorra, por supuesto, porque tiene más de 45 millones de habitantes perplejos, impotentes y enmarañados en una estructura de poder de señoritismo andaluz, absurda, pseudodemocracia odiosa y ofensiva, carente en absoluto de la más mínima inteligencia, y como adalid de esa carencia y añadiendo bobaliconería summa tienen a su mismísimo presidente.

Miércoles, 30 de mayo

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