El club de los amigos malos

Palabras introductorias de Julio San Francisco a su novela Prensa Gulag con prólogo del académico Luis María Anson

16.10.09 | 21:13. Archivado en Mi internacionalismo demócratico
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INTROITO

Durante estos 12 años de destierro en España he recordado mucho aquel mediodía, de mediados de 1995, cuando, más movido por la necesidad de vender un artículo que por el imperativo de luchar por la libertad de prensa, llegué a la casa de Raúl Rivero, y después de una conversación breve, el gran poeta y periodista, hoy también en el destierro en España, me dijo, “Julito, te convoco a que te incorpores ha Habana Press”.

El 1ro. De Mayo de 2009, a las 12 M. (hora de Cuba) se cumplieron 14 años de la fundación de Habana Press, la primera agencia de prensa privada y libre en Cuba en medio siglo de tiranía totalitaria.
Aquél doblemente histórico día, el periodista Rafael Solano, emitía desde la isla al éter el primer despacho puramente, estrictamente, pulcramente noticioso, libre.

El oyente cubano, dentro de la isla, oía por primera vez, una voz de locutor altamente profesional –aquella voz ya conocida, que ahora traía un contenido distinto del periodismo oficialista-, 20 ó 30 líneas opuestas a la tiranía castrista que desconcertaron durante meses a la Policía Política cubana y su cuartel general: la tenebrosa Villa Maristas, pues tendrían que empezar de inmediato a combatir algo para lo cual sí no tenían ni previstos, ni antídotos.

Un grupo de jóvenes –tan patrióticos como tan desconocedores de cómo se redactaba el lead de una nota noticiosa, encabezados por Osmel Lugo, del histórico Partido 30 de Noviembre,- lo secundaban.

Con aquellas 20 ó 30 líneas y la despedida “Rafael Solano – Habana Press” quedaba inaugurada dicha agencia y, sin saberlo nadie, lo que muy pronto pasó a llamarse “Movimiento Cubano de Periodismo Independiente”, que siempre he preferido – y así lo he hecho-denominarlo libre.

ANTECEDENTES

Los vientos de la perestroica soplaban sobre La Habana ‘contaminando’ de un nuevo tipo de información, entre otros, a los propios informadores oficiales del momento, en tanto que los luchadores pacíficos cubanos emitían notas, fundamentalmente en el área de denuncia de violaciones de Derechos Humanos, desde todos los rincones del país.

Rafael Solano ya no trabajaba en Radio Rebelde, Raúl Rivero ya no trabajaba en Tribuna de La Habana, yo no trabajaba ya en Trabajadores. Algunos otros periodistas, como nosotros, o habían sido despedidos de los medios oficiales o habían renunciado a ellos. Nos sentíamos, en general, frustrados y estafados. Estábamos en la calle. Queríamos hacer algo desde nuestra profesión contra la tiranía, pero no sabíamos cómo.

Contábamos, sin embargo, con antecedentes también en el campo de la información: recuerdo –que me perdonen los que pueda olvidar- el caso de Pablo Reyes con su grabadora por las calles recogiendo testimonios libres de los pocos cubanos que se atrevían a hablar para, como los defensores de los Derechos Humanos y los dirigentes de los partidos políticos –todos ilegales y perseguidos hasta hoy-ofrecer una información alternativa al pueblo cubano.

EL MÉTODO

Era muy sencillo. También muy riesgoso. Llamar al teléfono de Radio Martí, fundada en 1985, o de una de las muchas emisoras cubanas o no cubanas de Miami (que se oían en Cuba), las cuales pagarían dicha llamada, grabarían nuestros despachos y, de rebote, en directo o en diferido, se oirían en determinados puntos cardinales de todo el territorio nacional cubano dada la proximidad (90 millas – 180 kilómetros) entre la consta Norte cubana y la costa Sur americana. Iniciábamos así un hecho sin precedentes en la Historia del periodismo mundial: luchar por la libertad de prensa desde el mismísimo corazón del monstruo totalitario comunista agrupados en una agencia sui géneris.

EL APRENDIZAJE

No era muy sencillo. No sabíamos qué estructura se necesitaba. No contábamos con otros medios que no fueran, en la mejor de las manifestaciones de las “Nuevas Tecnologías”, con una vieja máquina de escribir, en la peor, con un bolígrafo colectivo. No teníamos amplio staff. No había una política
editorial definida y, finalmente, no poseíamos un método eficaz, una caja mundial de resonancia y una red de apoyos internacionales. Surgían dos criterios fundamentales: uno, elaborar comentarios y artículos, fundamentalmente, y venderlos a medios en Estados Unidos e Hispanoamérica a través de representantes en Miami. Dos, por un lado, elaborar comentarios y artículos, fundamentalmente, y venderlos a medios en Estados Unidos e Hispanoamérica a través de representantes y, simultáneamente, diariamente, emitir despachos noticiosos en los horarios informativos estelares de Radio Martí y de todas las emisoras posibles de Miami. También en medios de prensa escrita de la capital del exilio cubano como El Nuevo Herald y el Diario Las Américas. Europa aún nos quedaba muy lejos.

Ese mismo año, en Septiembre, ocurren dos hechos decisivos para la concreción y el lanzamiento del insólito proyecto de Habana Press y de su extensión a lo que pronto se convirtió en El Movimiento Cubano de Periodismo Libre: empieza a gestarse Concilio Cubano, desde la inteligencia y la valentía de su Delegado Nacional, el brillante abogado demócrata Leonel Morejón Almagro, hoy también en el destierro, en Estados Unidos, y el no menos brillante periodista demócrata, también cubano, Raúl Rivero, también hoy en el destierro, en España, después de una larga escala en la cárcel, de la directiva hasta entonces de Habana Press, decide fundar Cuba Press. Ya habíamos aprendido algo, seguramente.

En Habana Press nos quedamos su Director y Fundador, Rafael Solano, Premio Rey de España de Periodismo 1988, y yo, -entonces conocido como Julio Martínez por mis textos en el periódico, primero Victoria, de Isla de Pinos, y, después, en el periódico nacional Trabajadores- como Sub Director Editorial.

Teníamos establecido con Morejón Almagro –por mi amistad con el Miembro Fundador de la Corriente Agramontista, organización de juristas independientes y Fundador de NATURPAZ, organización de ecologistas independientes-el compromiso de que nuestra agencia sería la agencia de Concilio Cubano.
Así sería y así fue. Solano y yo empezamos a crear el embrionario staff y mientras el Director captaba al brillante periodista Héctor Peraza Linares, yo lo hacia con el no menos brillante editor de celuloide Joaquín Torres Álvarez. También contamos con Jorge Olivera Castillo, Lázaro Lazo y el fotógrafo Omar Rodríguez Saludes. Solano y yo nombramos como nueva representante de Habana Press en Miami a la querida Iraida Montalvo, pues la amiga Nancy Pérez Crespo, representante nuestra hasta la fundación de Cuba Press, había pasado a ser la representante de esta agencia. En Puerto Rico designamos, también como representantes, a Sergio Ramos y Belkis Rodríguez. La también amiga querida Rosa Berre ponía on line nuestros textos en Cubanet. Este capital en recursos materiales y humanos alcanzaba para satisfacer nuestra ilusión, para cumplir nuestra misión.

Todos reportábamos desde un lugar de La Habana de cuyo nombre sí quiero acordarme, El Caballo Blanco, del barrio habanero San Miguel del Padrón, donde estaba –y está- la casa de la familia Solano, diariamente, con nuestros nombres propios, para Radio Martí y otras emisoras de Miami.

Ocasionalmente, también para Puerto Rico. Intentamos hacer lo mismo para España, pero no fue posible. Las naves estaban quemadas. La suerte estaba echada.

CONCILIO CUBANO

El hecho de que Habana Press haya dado a conocer las Bases de Concilio (la primera información sobre este primer e histórico intento de unidad de los pacíficos demócratas cubanos dentro del país), la caída en La Habana de octavillas lanzadas en su apoyo por Hermanos Al Rescate, los acuerdos de la única reunión clandestina de la dirección nacional de Concilio Cubano, el juicio contra su delegado nacional, el abogado Morejón Almagro, la comunicación de que no podría efectuarse la reunión en Concilio anunciada para el 24 de Febrero de ese año 1996 porque dicho intento había sido aplastado por la represión y el derribo de las avionetas de Hermanos Al Rescate en aguas internacionales –donde fueron asesinados vilmente los pilotos Carlos Acosta, Armando Alejandro Jr., Mario de la Peña y Pablo Morales- por un lado desató la furia de los vientos tiránicos y sus demonios que cayeron con todos sus tridentes contra aquella Junta Directiva de Habana Press, a saber, Rafael Solano, Héctor Peraza Linares y quien suscribe, entonces Julio Martínez, hoy Julio San Francisco, la única de una agencia libre cubana que ha sido desterrada en pleno hasta hoy. Por otro, los dioses tampoco se quedaron con las manos atadas y Habana Press, en aquella temprana fecha ya tenía ganado el reconocimiento de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ, por sus siglas en inglés), Reporteros Sin Fronteras (Reporters sans frontières), entre otras de periodistas y medios, en tanto que Amnistía Internacional y numerosas organizaciones de Derechos Humanos monitoreaban nuestro destino en el infierno. Nos apoyaban igualmente numerosas personalidades y
organizaciones del exilio, entre ellas el Grupo de Apoyo a la Disidencia Interna, de Chuny Montaner.

Cuando tomamos el avión –o mejor, cuando nos obligaron a ser tragados por el avión de “salida definitiva por un término de definitivo” a Solano, a Peraza y a mí, el querido y valeroso Joaquín tomó el relevo y, poco después, también fue a parar a las entrañas de uno de esos pájaros metálicos que vuelan y que, como en nuestros casos, en manos de una tiranía se convierten en buitres y no transportan turistas, sino “gusanos”, carroña enamorada.

Concilio Cubano y Habana Press, con sus hombres en La Habana y sus amigos allende los mares, fueron –y siguen siendo- los hechos que lanzaron, sin páginas webs ni blogs, ni red sociales, un hito informativo sobre la oposición interna a la tiranía cubana, dieron la versión real de la vida en Cuba en una dimensión informativa nunca conocida hasta entonces y se convirtieron, probablemente sin pretenderlo, en materia de estudio de los programas de Historia del Periodismo en Cuba en las futuras facultades de Ciencia de la Comunicación en todas las universidades del mañana, donde habrá de decirse que, en las peores circunstancias, un grupo, cada vez más numeroso de periodistas cubanos demócratas, cumplieron con su deber de informadores y dejaron un testimonio ético para el ejercicio de esta misionera profesión en la Cuba Libre.

Hasta el surgimiento de nuestras agencias privadas y libres en Cuba había una Agencia de Información Internacional (Prensa Latina, PL), una Agencia de Información Nacional (AIN), una emisora de radio internacional, Radio Habana Cuba, tres periódicos nacionales, Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, Juventud Rebelde, órgano oficial de la Unión de Jóvenes Comunistas de Cuba y Trabajadores, órgano oficial de la Central de Trabajadores del Cuba, dos canales nacionales de televión, el Canal 6 y Tele Rebelde, cinco emisoras nacionales de radio, Radio Reloj, Radio Rebelde, Radio Progreso, 15 canales provinciales de televisión, 15 emisoras provinciales de radio, así como innumerables revistas de diferentes ministerios y organizaciones “no gubernamentales” gubernamentales, entre otros medios. Todos los periodistas estábamos obligados a asociarnos a la oficial Unión de Periodistas de Cuba (UPEC). Nosotros rompimos este monopolio de la información. Nosotros rompimos la censura a partir de Mayo de 1995.

En este período ya se habían fundado en el país las agencias Habana Press, Patria, Cuba Press, la Asociación de Periodistas Independientes de Cuba (APIC), el Buró de Prensa Independiente de Cuba (BPIC) y el Club de Periodistas de La Habana.

Bajo riesgo de incurrir en alguna omisión me atreveré a citar, por orden alfabético, los nombres de los periodistas independientes que ya en estos años ejercen una información libre en la Cuba esclava. No he utilizado como criterio de selección el afecto. De hecho aquí hay personas por las que no siento ningún afecto, también aparecen otras que no sienten ninguno por mi. He recurrido y contrastado muchos reportes, (también mi memoria, que no es mala), pero la mayoría de ellos son confusos como suele ocurrir con la información en circunstancias emblemáticamente anormales. Pido, pues, sinceras disculpas anticipadas a cualquiera que haya podido ser omitido, al tiempo que aseguro que cualquier omisión sería profundamente lamentable, en primer lugar para mi. Aquellos periodistas eran Bernardo Arévalo, Néstor Baguer*, Norma Brito, Francisco Manuel Cabrera, José Manuel Cancino, Miguel Fernández, Orlando Fondevila, Bernardo Fuentes, Carlos Fuentes, José García, María de los Ángeles González, Lázaro Lazo, Ana Luisa López, Luís López, Julio Martínez (Julio San Francisco), Mercedes Moreno, Olance Nogueras, Jorge Olivera, Manuel David Orrio*, Isaura María Ortega, Lorenzo Páez, Héctor Peraza, Luís Alberto Pérez, Tania Quintero, Roger Quiñónez, Yndamiro Restano, José Rivero, Raúl Rivero, Jorge Enrique Rives, Omar Rodríguez, Gustavo Rodríguez, Nicolás Rosario Rosabal, Vicky Ruiz, Juan Antonio Sánchez, Rafael Solano, Luís Soler, Reinaldo Soto, Joaquín Torres, Roxana Valdivia. Muchos de estos periodistas están cumpliendo aún una condena dictada por la tiranía cubana: “destierro por tiempo indefinido”, sin embargo lamentablemente, y aún cuando esa condena se mantiene, sus nombres no aparecen, en su condición de desterrados, en ningún informe actual de ninguna organización de periodistas en el mundo, ni de defensa de los Derechos Humanos como si dicha condena hubiera desaparecido de nuestras vidas.

Insto a Amnistía Internacional, Reporteros Sin Fronteras, el Comité para la Protección de los Periodistas, la Sociedad Interamericana de Prensa a que eliminen esta lamentable omisión que podría pasar a la categoría de imperdonable y a que lo hagan no sólo para reparar a las víctimas de esta cruel sentencia, sino también para que ella continúe levantándose como un dedo acusador contra la tiranía que la dictó.

En el área América Latina, en el capítulo Cuba, debe aparecer, al menos en todos los informes anuales, y mientras haya tiranía en mi país y existan periodistas desterrados, el acápite “Periodistas cubanos desterrados” y, de ser posible, la “Fecha de destierro”.

Lógicamente, el totalitarismo, que no hace excepciones en ningún frente, aunque desconcertado porque no existía precedente al respeto, tuvo que analizar la situación creada por un pequeño grupo de informadores y por primera vez en la Historia del periodismo y del comunismo, estudiar el mejor zarpazo y descargarlo desde lo más alto y con toda furia. El informe “Cuba: el exilio o la cárcel”, Misión a La Habana, Mayo de 1996, con el apoyo de la Comisión Europea”, del secretariado internacional de Reporteros Sin Fronteras (Reportes Sans Frontieres, su nombre en francés), refleja esta realidad textualmente así:

“El 13 de Enero, una avioneta de turismo perteneciente a la organización de Miami Hermanos Al Rescate lanzó octavillas en el cielo de La Habana. Estas octavillas llamaban al desobedecimiento civil. Esta organización anticastrista ayuda a los “balseros” (cubanos que dejan la isla en embarcaciones de fortuna) quienes se dirigen hacia las costas americanas. Los periodistas que consiguen algunas de estas octavillas y que difunden su contenido son interpelados. Así, el 14 de Enero de 1996 Rafael Solano y Julio Martínez (Julio San Francisco), periodistas de Habana Press, fueron interrogados en La Habana por agentes de la Policía Nacional. Tras haberles puesto las esposas, la policía los llevó a la comisaría del barrio San Miguel del Padrón. Fueron sometidos a largos interrogatorios antes de ser sueltos. El mismo día, la policía interpela, en su domicilio, a Raúl Rivero, poeta y director de Cuba Press, y a Juan Antonio Sánchez, periodista de la agencia, quien se encontraba en casa de Raúl Rivero. Llevados al puesto de policía, se les soltó después. El 15 de Enero, Rafael Solano y Julio Martínez, de la agencia Habana Press, tuvieron que comparecer una vez más al puesto de policía”.

Estaban desconcertados, histéricos. No sabían qué hacer con nosotros, sólo sabían que tenían que hacernos callar, pero cómo, ¿metiéndonos en la cárcel a todos? Cuando me detuvieron durante el juicio de Leonel Morejón Almagro quedé claro de lo que les ocurría. “Acabaremos con ustedes”, me dijeron. “Claro, les dije, si ustedes tienen la solución en las manos: métannos en la cárcel a todos y terminen con el juego de cogernos y soltarnos cada diez minutos”. “No te vamos a dar el gusto de salir por todos los periódicos. Te vas de aquí, me respondieron. Como ni la KGB soviética, ni su émulo, el Departamento de Seguridad del Estado, la policía política cubana, tenían antecedentes de cómo tratar con periodistas disidentes (opositores) temían el estallido internacional de un movimiento de solidaridad corporativa, un escándalo de “periodistas cubanos presos”. En esto coincidíamos todos. Estudiada la “situación creada” consideraron, entonces, como “el mejor zarpazo” el destierro. Y aquí estamos. Durante la Primavera Negra de 2003 pasaron de esas consideraciones y metieron en la cárcel, con largas condenas, a numerosos periodistas. Tenían que parar lo imparable.

El mismo informe que he citado, de Reporteros Sin Fronteras, “Cuba: el exilio o la cárcel” denuncia cómo la tiranía siguió preparando el terreno para ejecutar ese paso: acusarnos de opositores ilegales y agentes del enemigo y tratar de socavar la campaña internacional en apoyo a los periodistas cubanos libres (independientes). Así se expresa:

“El 27 de Marzo el periódico Granma, órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (P. C. C.), publicó un informe presentado por Raúl Castro, Vicepresidente del Consejo de Estado, 2do. Secretario del Partido Comunista y Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (MINFAR), en el cual nos acusaba, sin mencionar nombres, de tener una orientación “contraria a la conducta patriótica.”

“El 16 de Abril de 1996 el semanal Granma Internacional, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba (P. C. C.), difundido en el extranjero, denunció la actividad de los periodistas independientes acusándolos de ser disidentes “disfrazados” de periodistas y constituir una “quinta columna del imperialismo americano”, al tiempo que recuerda que nuestra actividad es contraria a la Constitución. El medio denuncia también la campaña mundial mediante la cual se “acusa a Cuba de persecuciones y de detenciones masivas de periodistas”. Afirma que las autoridades cubanas manifiestan un “estricto respeto de la integridad personal” de los periodistas independientes”.

Ya habíamos sido condenados al destierro.

La llamada Constitución Socialista de la República de Cuba, en sus artículos 53 y 54, establece textualmente:

“ARTICULO 53. Se reconoce a los ciudadanos libertad de palabra y prensa conforme a los fines de la sociedad socialista.** Las condiciones materiales para su ejercicio están dadas por el hecho de que la prensa, la radio, la televisión, el cine y otros medios de difusión masiva son de propiedad estatal o social y no pueden ser objeto, en ningún caso, de propiedad privada, lo que asegura su uso al servicio exclusivo del pueblo trabajador y del interés de la sociedad. La ley regula el ejercicio de estas libertades.

ARTICULO 54. Los derechos de reunión, manifestación y asociación son ejercidos por los trabajadores, manuales e intelectuales, los campesinos, las mujeres, los estudiantes y demás sectores del pueblo trabajador, para lo cual disponen de los medios necesarios a tales fines. Las organizaciones de masas y sociales disponen de todas las facilidades para el desenvolvimiento de dichas actividades en las que sus miembros gozan de la más amplia libertad de palabra y opinión, basadas en el derecho irrestricto a la iniciativa y a la crítica”.

Como puede apreciarse en los subrayados por mí en cada uno de estos dos artículos está la trampa: se puede actuar exclusivamente “conforme a los fines de la sociedad socialista”. Para ello existen “las organizaciones de masas y sociales” gubernamentales, creadas por la tiranía. Ambos artículos eliminan, enmascaradamente, de forma absoluta, la libertad de prensa y de asociación. Dicha Carta Magna refrenda, pues, “legalmente” la falta de libertad en mi país. Los periodistas independientes (o libres) los violamos los dos reporte a reporte, día a día. En el dossier de cana uno de nosotros en Villa Maristas aparecen las siguientes acusaciones “Asociación ilícita”, “Difusión de noticias falsas”, y “Propaganda enemiga” lo que podía aderezarse con una apetecible salsa: “Estado de Peligrosidad Predelictiva” y “Colaboración con el enemigo”.

Estos artículos los hacen cumplir, en primer lugar, los consejos de dirección de cada medio oficial, el Departamento de Orientación Revolucionaria (DOR) del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y el Departamento de Seguridad del Estado (Policía Política) del Ministerio del Interior, junto con otros mecanismo, coadyuvantes, que, en su conjunto, terminan originando la autocensura en los periodistas, aunque esta cualidad viene incubándose en cada ciudadano cubano desde la guardería, desde la propia calle donde vive bajo la vigilancia permanente de los Comités de Defensa de la Revolución (C. D. R.), hasta reflejarse en cualquier actividad estudiantil, laboral o no laboral, hasta en cualquier actividad de esparcimiento. Los cubanos no sólo no tenemos libertad, sino que nos sentimos sin libertad, que es lo peor, en cada instante de nuestras vidas.

En el Otoño de 1997 me llegó el instante de coger el avión en un vuelo, hasta hoy, sin regreso.

Reporteros Sin Fronteras, (también Amnistía Internacional y otras organizaciones de defensa de los periodistas y de los Derechos Humanos) en su informe 1998, la libertad e prensa en el mundo, lo reflejó así:

“El 5 de Octubre Julio Martínez, vice director de Habana Press, salió de Cuba, con destino a Estados Unidos, después de haber sufrido numerosas presiones a causa de sus actividades de periodista independiente”. En realidad aquí hay un error que se produce porque yo tenía visa para ese país y para España, adonde vine finalmente, y porque en estas circunstancias, como ya dije, a veces las informaciones pueden ser muy confusas, pero esto no es de gran importancia. Desde entonces no me he sentido en ningún lugar.

Al final de los calientes días de Concilio Cubano Rafael Solano, director de Habana Press, fue internado en Villa Maristas. Yo quedé al frente de la agencia y diseñé y ejecuté, con la ayuda del resto del staff, la campaña por su liberación. Poco más de 40 días después Solano fue liberado con la condición de que abandonara el país y lo abandonó. Yo, que apenas resistía hasta ver al Director libre y que debía abandonar Cuba con él sin desear hacerlo, tuve que ingresar a someterse a un tratamiento en el Sanatorio San Juan de Dios de la Iglesia Católica. Mi lugar lo ocupé entonces Joaquín Torres. Estuve ingresado hasta que una noche oí por Radio Martí que Héctor Peraza había sido arrestado. Obtuve el Alta a Petición y salí a ponerme nuevamente al frente de otra campaña por la libertad, en este caso la de Héctor.

-La Seguridad del Estado creía que habían terminado contigo –me dice Joaquín.

-Pues ya ves, se equivocaron –le respondí.

Cuando, a los tres meses, Héctor estaba ya en la calle y preparaba, igual que Solano, la salida para España, a mi no me quedó más opción que salir de Cuba. Salí.

Catorce años después, el Movimiento Cubano de Periodismo Libre se ha consolidado de forma irreversible y existirá hasta que llegue la tan anhelada Cuba Libre. Existen incontables agencias libres en todo el país, incontables periodistas libres en todo el país, que, como en aquellos históricos días de privaciones, temeridades, riesgos, miedos, siguen luchando desde Cuba por la libertad de prensa con teléfonos siempre pinchados y corazones siempre heridos. Entre ellos, Jorge Olivera Castillo, encarcelado en la Primavera Negra Cubana y en libertad condicional por enfermedad en mi patria, y Omar Rodríguez Saludes, preso aún. Por otro lado, en desde el exilio durante medio siglo incontables periodistas cubanos, algunos ilustrísimos, han escrito la misma metáfora de lucha por la libertad de expresión, de prensa, por la libertad.

Solano, -a quien pertenece además la autoría del magnífico y simbólico nombre de Habana Press-Peraza, Joaquín, Olivera, Saludes, Raúl y yo rememoramos aquellos días, con la pequeña dosis de satisfacción que puede entregarnos esta entrega, con dolor y rabia: Lazo yace en una tumba, en Estados Unidos de Américas, no sé dónde. Saludes, como ya dije, en un calabozo cubano, Olivera, prisionero en la cárcel grande cuyos muros son la mar roja, cuya alambrada son los tiburones hambrientos, nosotros, Rafael Solano, Raúl Rivero, Héctor Peraza, Joaquín Torres y yo, en el destierro.

Todavía en Cuba empecé a escribir sobre esta historia un texto que titulé Corto Cuento contra Castro, que alcanzó 500 páginas y que era una mezcla de novela, relato, testimonio, ensayo, autobiografía, periodismo literario o de creación. Finalmente consideré que nunca debía publicarlo y lo destruí. Publiqué entonces, ya en el destierro, los ensayos El Movimiento Cubano de Periodismo Libre, un hecho sin precedentes en la Historia del Periodismo Mundial, Los cinco grupos de periodistas oficiales cubanos y La gran estafa y las Letras Cubanas, así como los reportajes Octavillas sobre La Habana, La reunión clandestina de Concilio Cubano, El juicio de Leonel, y la –digamos- crónica sobre mi amor con la cantante mexicana, Amparo Ochoa, titulada Amor y drama de Amparo Ochoa en La Habana, vivencia esencial recogida en este libro. Todos ellos han tenido gran difusión en la red y en todos ellos está la síntesis de aquella realidad dura vivida e interpretada por mi con la Mayor exactitud que me fue posible. Algunos de esos textos fueron publicados en más de 100 páginas web de todo el mundo, aunque el récord, en mi caso, lo tiene otro sobre el gran cantautor Silvio Rodríguez que, en seis meses, apareció en 203 espacios digitales. El más importante de todos, Octavillas sobre La Habana, se publicó originalmente en el periódico digital Cubanet y en el sitio de Hermanos Al Rescate y probablemente aún pueda encontrarse en más lugares del ciberespacio. Prensa Gulag ha sido escrita entre La Habana y Madrid, entre Mayo de 1996 y Junio de 2006, en circunstancias siempre tensas y en las cuales lo que más me faltaba es tiempo.

Encima de esto, se trata de un texto complicado histórica y técnicamente. Tal vez no sea una gran novela, tal vez los críticos le encontren errores, pero me bastaría con que el lector, al terminar su lectura, pudiera decir –y dijera- “He leído una buena historia. Este hombre hubiera podido ser, en otras circunstancias, un buen escritor si hubiera dedicado su vida a su vocación y no a su deber, como lo decidió”. He decidido, entonces, publicarla ya sin más correcciones y sin aspirar a la perfección -meta obligada de todo artista. ¿Que qué ocurrirá con esta novela? No lo sé. Sólo los autores que han tenido, al menos en Lengua Española, el tiempo y el sosiego para participar en un concurso como Planeta o Alfaguara y resultar ganadores y finalistas, saben qué ocurrirá con su novela. Yo, muy poco dado a los sentimientos de ira, culpa o preocupación, sólo puedo decir que me siento realmente preocupado porque haya personas que puedan sentirse defraudadas al leer, en la última página de este libro, la palabra FIN. Nada más.

Subrayo finalmente que esta es una novela con fondo de ficción y trasfondo autobiográfico. Dice en el prólogo el prestigioso académico de la Academia Española de la Lengua, Luís María Anson, Prensa Gulag “a mi me ha llegado al alma”. Ojalá a todos sus hipotéticos lectores también les llegue al alma. Los dejo con aquellos hechos noveladamente recreados.

Desde el Destierro, para el Olvido, Julio San Francisco

*Estas personas resultaron ser agentes infiltrados de la policía política en el Movimiento Cubano de Periodismo Independiente (o Libre).


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