El club de los amigos malos

¿Por qué en Honduras las Fuerzas Armadas dieron un Golpe Constitucional y no un Golpe de Estado?

05.07.09 | 02:52. Archivado en Mi internacionalismo demócratico
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Por Julio San Francisco
Periodista cubano desterrado

UN LECTOR me ha hecho llegar dos comentarios de periodistas cubanos en el exilio, Raúl Rivero y Huber Matos Araluce, titulados respectivamente “Zelaya y los tiempos rotos” y “La OEA ha perdido su autoridad moral” con el ruego de que los exponga ambos en el blog del Gobierno Constitucional Cubano “El club de los amigos malos”, del cual soy creador y blogger, y exprese con quién estoy de acuerdo.

Una vez más en mi largo peregrinar por el camino del periodismo, que siempre tiene, como mínimo, una piedra que cae y hay que subir sobre los hombros, día a día, a la mismísima cumbre, me veo en la disyuntiva de confrontar o no opiniones diferentes, en este caso de dos periodistas a quienes mucho respeto como profesionales, como demócratas y como seres humanos y, finalmente, expresar o no la propia.

Si optara por la primera opción sería fiel a la misión que he asumido desde hace muchos años y que consiste, en síntesis, en escribir honestamente lo que pienso y hacerlo con el propósito de aportar al lector elementos de juicio sobre un hecho noticioso, sobre un decursar de acontecimientos, sobre una realidad que pueda incumbirle. Informarlo diáfanamente de mi posición. Ésta fue, es y será siempre, precisamente, la decisión más difícil o la menos fácil, pero, a la vez, la que me mantiene leal a la deontología, que, para mi significa no sólo deber, sino ética periodística.

La otra opción me convertiría en un equilibrista circense sobre la cuerda de la palabra o en un alquimista de la conveniencia y la oportunidad.

Una vez más opto por el papel de Sísifo, el más difícil y eterno. Tal vez pueda consolarme el hecho de que los tres luchamos por la libertad de prensa, por la libre expresión del pensamiento individual y colectivo y asumimos este oficio como servidores públicos.

No estoy de acuerdo con ninguna persona, partido, institución y gobierno que ha condenado la acción de las Fuerzas Armadas Hondureñas. No estoy de acuerdo con Raúl Rivero, estoy de acuerdo con Huber Matos Araluce.

En Honduras no se produjo un Golpe de Estado de unas Fuerzas Armadas que extirparon del poder a un presidente, democráticamente elegido, que respetaba la Constitución. En Honduras se produjo un Golpe Constitucional contra un presidente, Manuel Zelaya, que, una vez en el poder y contra el buen juicio de todos los poderes realmente independientes y de su propio partido había dado órdenes concretas de violar la Carta Magna del país que textualmente refrenda: “CONSTITUCIÓN DE LA REPÚBLICA DE HONDURAS, 1982 - TITULO II: DE LA NACIONALIDAD Y CIUDADANIA - CAPITULO VI / DEL PODER EJECUTIVO - ARTICULO 239.- El ciudadano que haya desempeñado la titularidad del Poder Ejecutivo no podrá ser Presidente o Designado. El que quebrante esta disposición o proponga su reforma, así como aquellos que lo apoyen directa o indirectamente, cesarán de inmediato en el desempeño de sus respectivos cargos, y quedarán inhabilitados por diez años para el ejercicio de toda función pública.

Podría discutirse si el Alto Mando de las Fuerzas Armadas Hondureñas estaba o no facultado para desterrar al Presidente, pero, aún en el supuesto de que no estuviera facultado, habrían cumplido el Mandato Constitucional en su esencia.

Manuel Zelaya puede ser traído nuevamente al país o puede regresar por sus propios pies y quedar inhabilitado “(…) por diez años para el ejercicio de toda función pública”, en caso de que, también constitucionalmente, no deba cumplir otras sanciones.

Las Fuerzas Armadas de todo país se deben a la Constitución y al Estado de Derecho. El presidente Manuel Zelaya pretendió violar la primera y puso en peligro al segundo. Las Fuerzas Armadas Hondureñas no dieron un Golpe de Estado tradicional y bananero, dieron un Golpe Constitucional respondiendo a un precepto jurídico del mejor Derecho del Mundo –aprobado desde 1982 y que debería aparecer en la Constitución de todos los países. Como tal, habrá que estudiarlo.

Por añadidura, traicionó a sus electores al cambiar el color de su camiseta ideológico-presidencial por la tan desprestigiada castrista-chavista, populista y dictatorial y, cuando les es posible aplicar el mejor fijador y teñirla para medio siglo, tiránica.
Los cubanos ya conocemos muy bien que el camino del Infierno está empedrado de “buenas intenciones” proclamadas con fervientes consignas como “Patria o Muerte, Venceremos”, con “Socialismo o Muerte”. Igualmente lo hemos sufrido “muy bien”. Cada día mayor cantidad de venezolanos se suman a ese conocimiento. Ahora, que redacto estas líneas, acabo de leer, según reporta EFE desde Caracas, que el Presidente venezolano Hugo Chávez, elegido democráticamente, ordenó el cierre de 285 emisoras de radio y televisión en su país con pretexto sacado del mágico sombrero, claro.

De hecho, el presidente hondureño era Hugo Chávez, en tanto que el presidente venezolano es Fidel Castro. Manuel Zelaya tenía el propósito confeso de convertirse en doméstico sirviente de ambos constructores del socialismo del siglo –XXI violando todo lo que tuviera que violar, que solamente era la Constitución de su país y la confianza de sus electores.

Esta es mi opinión. Hágase el lector la suya.

Iberoamérica –región que nos ocupa- es un escenario evidentemente complejo en este tema. (No es mi propósito hoy analizar el por qué). Probablemente de ahí parta la condena tan unánime a la decisión y la acción de los Mandos Militares hondureños, pero cualquier lector medianamente dotado de sentido común probablemente convenga conmigo en que todos los poderes habían hecho lo posible y lo imposible por evitar la consulta a la cual llamaba "democráticamente" el "demócrata" Zelaya desde su cargo democráticamente otorgado, mientras el fantasma populista nacional y la componenda chavista-castrista internacional avanzaban tenebrosamente, vertiginosamente hacia un punto sin retroceso, ese mismo lector probablemente entonces también convenga conmigo en que cuando no queda ya nada que hacer, hay que hacer algo, en este caso, aplicar el Artículo Constitucional 239.

A continuación los comentarios de Raúl Rivero y Huber Matos Araluce:

03/07/2009
Zelaya y los tiempos rotos

Por Raúl Rivero

UNA MAÑANA de diciembre de 2007, dos años después de asumir la presidencia de Honduras, Manuel Zelaya Rosales amaneció diferente, tocado por una fuerza interior y con una cercanía invencible con los pobres. Entonces, salió al balcón del palacio para ver cómo rayaba sobre Tegucigalpa el alba del día en el que descubrió -conmovido, ilusionado- que era un hombre de izquierda.

En efecto, otro individuo. Un político entregado con profundidad nupcial al destino de los olvidados de su país que, según el poeta Roberto Sosa, son tantos que pueden llevan en hombros el féretro de una estrella, destruir el aire como aves furiosas o nublar el Sol.

Tenía que dejar atrás las majaderías de las escuelas religiosas donde estudió. Al olvido, los afanes, el tiempo y la energía dedicados a desarrollar el patrimonio familiar, las fincas, el ganado, las empresas agropecuarias. Al latón de la basura las escaramuzas dentro del Partido Liberal que le llevó al poder. Y a borrar de la crónica social esa estúpida melaza burguesa de llamarlo Melito Zelaya.

A lo mejor, con Hugo Chávez, Daniel Ortega, Evo Morales, Rafael Correa, Fidel Castro y otros amigos íntimos de última hora, puede admitir que se le trate de camarada Mel.

El problema grave para llevar adelante su proyecto izquierdista de atosigar de libertad y riquezas a Honduras es el tiempo. Zelaya, electo en 2005, debe dejar la presidencia el 27 de enero del año que viene. Y no tiene derecho a ser reelegido, según la Constitución de su país. Pero, por la fea costumbre de los demócratas aburridos de tratar de alternar el poder, Zelaya había convocado una consulta popular con la intención de que los pobres lo apoyen para cambiar el contenido de un simple papel que le impide montarse en las ancas del caballo blanco de Simón Bolívar y recorrer América junto a otros liberadores de pueblos.

Pero ese afán no justifica en ningún caso lo que ocurrió ayer. El golpe de Estado en Honduras es condenable desde todo punto de vista, y ha hecho bien la comunidad internacional en condenarlo enérgicamente y en pedir el inmediato restablecimiento de la normalidad constitucional.

Zelaya tiene en Latinoamérica su espacio natural como parte del folclor de la región. Con su sombrero tejano y su bigotazo criollo. Un pícaro que ha hallado en la pobreza que avivaron él y otros pícaros, y en el populismo salvaje, la plataforma para tratar de imponer un régimen que le facilite mover los lindes de su hacienda privada hasta el borde de las fronteras del país.

Esa fórmula para el poder eterno es un éxito en Latinoamérica, una región donde se puede hallar un dictador debajo de cualquier piedra. O de cualquier sombrero.

04/07/2009
La OEA ha perdido su autoridad moral

Por Huber Matos Araluce

La OEA ha caído en una contradicción entre sus principios y sus acciones. Hugo Chávez y sus asesores castristas ejercen una influencia desproporcionada y negativa en la organización; su Secretario General, José Manuel Insulza, comete el frecuente error de complacerlos.

En Honduras, el castro-chavismo y el presidente Zelaya planearon subvertir el orden constitucional. Zelaya sabía lo que hacía. El numeral 239 de la constitución hondureña define como un delito el solo hecho de intentar una reforma constitucional con el fin de legalizar la reelección: “quienes la apoyen directa o aun indirectamente, cesarán de inmediato en el desempeño de sus respectivos cargos y quedarán inhabilitados por diez años para el ejercicio de toda función pública”.

Los planes fracasaron y Hugo Chávez reaccionó violentamente. Su amenaza de derrocar al gobierno de Honduras no fue insólita, lo insólito fue el silencio de los gobiernos en la OEA y el de su Secretario General. Alvaro Uribe fue el único que discretamente defendió el principio de no intervención.

La declaración inicial de Insulza fue que lo único que podía hacer la OEA era una sanción moral. Chávez tenía otros planes, quería que se acorralara al gobierno hondureño.

Aislándolo se intensificaría la polarización política y se justificaría la violencia. En un clima de inseguridad aumentarían las dudas sobre la legitimidad del gobierno de Micheletti y la de las próximas elecciones.

Se retiraron los embajadores y se decretó un ultimátum. Los gobiernos de los países colindantes: Nicaragua, El Salvador y Guatemala decretaron un cierre ilegal de fronteras por 48 horas; Hugo Chávez suspendió el suministro de combustible a Honduras. Todos los gobiernos latinoamericanos que sistemáticamente han denunciado el embargo norteamericano a Cuba, callaron ante esta acción. Solamente Oscar Arias dijo que el cierre de fronteras violaba los acuerdos de comercio.

En un despliegue a lo John Wayne, el presidente depuesto y el Secretario General de la OEA declararon que viajarían a Honduras para que a Zelaya se le restituyera en la presidencia.

Era esto o el aislamiento internacional, pues ya habían logrado respaldo en la ONU.

Pero para la mayoría de los hondureños no era a Zelaya a quien le iban a devolver la presidencia, sino al fantasma de Hugo Chávez. No se exigía el regreso a la constitucionalidad, sino la capitulación incondicional de su soberanía y su seguridad a Zelaya, quien para ellos era el representante del chavismo.

Cuando el gobierno hondureño anunció que juzgaría a Zelaya si regresaba, opción que debieron tomar antes de mandarlo a Costa Rica, se decidió que José Manuel Insulza viajara solo a Tegucigalpa. Daniel Ortega declaró públicamente que él esperaba que el viaje de “José Manuel” a Honduras no fuera a abrir una negociación y el Secretario General ratificó: “No vamos a Honduras para negociar”.

En Tegucigalpa Insulza exigió a la máxima autoridad del tribunal de justicia la restitución de Zelaya y una investigación para castigar a quienes lo arrestaron y lo sacaron del país.

Los resultados de la política equívoca de la OEA ya los conocemos. El gobierno de Honduras renunció a su membresía en ese organismo regional, protestando, entre otras cosas, por las “resoluciones unilaterales e indignas” de la OEA y por el silencio ante las amenazas de Hugo Chávez.

La OEA ha callado ante los repetidos atropellos contra la democracia en Venezuela y el fraude en las elecciones de alcaldes en Nicaragua. Levantó una sanción al régimen tiránico castrista alegando que era anacrónica, cuando lo único anacrónico es la dictadura que la mereció.

Los gobiernos mantienen sus embajadores en La Habana mientras los retiraron de Honduras.

Denunciaron al gobierno hondureño con una vehemencia que estuvo completamente ausente ante la barbarie perpetrada contra el pueblo iraní por la dictadura del aliado de Hugo Chávez, Mahmoud Ahamadineyad.

La Carta Democrática Interamericana es una fuente de legitimidad mientras las acciones del organismo regional sean consecuentes con los principios aprobados por los estados miembros. Por sus contradicciones, la OEA ha perdido autoridad moral y su crisis de identidad contribuye al deterioro de la democracia en toda Latinoamérica.

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Comentarios
  • Comentario por max mendoza 22.11.10 | 22:56

    en honduras fue un golpe de estado periodista sos un resentido social vendido

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