Por Julio San Francisco
periodista cubano desterrado
Los antiamericanos españoles (y de todo el mundo) con quienes durante mis once años de destierro he tenido que estar discutiendo, en bares, paradas y salones, porque se resisten a creer que Estados Unidos de América no sólo es la mejor democracia del mundo actual, sino también el paradigma de ese mundo de hoy, deben estar frustrados, rabiosos. Aunque no lo aceptarán, acaban de recibir otra prueba contundente. La gran América acaba de dar otra lección al mundo (y a esos españoles y no españoles): Barack Obama, un emigrante pobre, un negro flaco,
será el 44 presidente de la capital del Universo
Pocas horas atrás leí un comentario de una cubana americana aterrorizada por la posibilidad de que ganara. Decía que ella conocía el comunismo y sabía lo que le esperaba a su nueva patria si ganaba el candidato demócrata. De que conocía el comunismo no tengo la menor duda porque esa monstruosidad no hay quien pueda dejar de conocerla si llega a vivirla, pero lo que me sorprende es que, viviendo tantos años en la gran potencia, no conozca a Estados Unidos de América, no conozca al futuro nuevo presidente.
Barack Obama vive como un americano. Barack Obama siente como un americano. Barack Obama piensa como un americano. Barack Obama actúa como un americano. Barack Obama es un americano como lo es McCain. Por cierto, si Obama es un triunfador y McCain un perdedor, fue tan digna, elegante y honorable la respuesta del viejo héroe ante su derrota que yo, ante la disyuntiva de ser político, si es cierto que lo soy como dicen algunos amigos y enemigos, como poeta -de lo cual sí no tengo ninguna duda- optaría por el papel para todos secundario del candidato republicano, no por lo que pueda representar, sino por su acto de dignidad.
Sí sé que soy un luchador, poeta aparte o parte. Aunque sea de Derecha, militante en Cuba de la Unión Liberal de la República de Cuba, y militante en España del Partido Popular, yo también tengo un sueño llegar a ver, o que puedan verlos otros, una Cuba Libre y Justa, un Mundo Libre y Justo, un planeta en el que Ítaca no quede lejos a ningún ser humano.
Ese sueño no es sólo de la Izquierda. Esa visión y esa versión de los sueños humanitarios y políticos es un mito. Tener un sueño de este tipo es una facultad de todos los seres humanos que han optado por el Bien personal y ajeno. Así que no se asombre nadie de estas palabras.
La victoria del candidato afroamericano, como si hubiera sido la de un hispanodescendiente, era necesaria, no sólo para los Estados Unidos, sino para la Humanidad. Si las utopías han demostrado ser trágicas y desastrosas. Los sueños siempre serán necesarios y quien será el nuevo presidente de los Estados Unidos a partir del próximo 20 de Enero es un hombre de sueños, no de utopías. Que todos se alegren y nadie se asuste. Eso sería lo racional. Estados Unidos y el mundo -todos los seres humanos del planeta en general- con logros tan impresionantes como la propia informática y la Internet y catástrofes con espeluznantes como la crisis financiera y la económica, necesitaba un tiempo de sueños y un hombre de sueños que alimentara los sueños de muchos otros seres de sueños. Ese hombre es, hoy por hoy, sin duda, el futuro presidente de los Estados Unidos.
En cuanto a Estados Unidos y el resto del mundo, pues, estoy convencido de que su elección ha sido beneficiosa. En Cuanto a Cuba, realmente no lo sé, pero la tiranía cubana podría estar temblando, en un momento tan crítica para ella (ante la próxima y cercana muerte de su engendrador, el viejo tirano Fidel Castro), porque esa tiranía está acostumbrada a sobrevivir ante una situación, creada y mantenida por ella misma, de "país sitiado", de "guerra permanente". ¿Qué hará el nuevo Presidencia hacia Cuba? ¿Cómo responderá el nuevo tirano Raúl Castro? ¿Se quedarán al fin el hermano mayor y el menor sin sus argumentos, sobre todo ante la fracción anacrónica, reaccionaria y retrógrada de la Izquierda (también de alguna parte de la Derecha), más convincentes y dulzones? ¿Podrá beneficiarla o perjudicarla la victoria de Barach Obama? No lo sé. Nadie lo sabe. Ni ellos lo saben. ¡Pueden estar en peligro!
Como empezó el insigne Rubén Dario un célebre poema, empezaré este parráfo: "Margarita, voy a contarte un cuento". Había una vez un pueblo cuyas familias estaban divididas por el exilio que provocó un tirano llamado Fidel Castro. Los familiares de afuera les enviaban fotos, entre otras, delante de coches y casas buenas y bellas, y el tirano y sus personeros les decían a sus súbditos que esas casas y esos coches no eran de ellos, sino de amigos o desconocidos y que habían posado así para hacerles creer que vivían bien en una ciudad llamada Mayami, cuando estaban muriéndose de hambre, pero un día llegó a la presidencia un demócrata llamado Jimmy Carter, quien permitió a mediados de la década del '70 (del lejano, viejo y pasado siglo) el viaje de esos mismos familiares a su patria y resultó que llegaron llenos de maletas con ropa que repartían, en primer lugar a sus hijos, sobrinos, nietos, y también vecinos. La gente se dio cuenta, entonces, que lo de las fotos era real y que lo del tirano era mentira y la mencionada ciudad dejó de ser vista como un infierno y empezó a ser vista como un paraíso por los habitantes de la isla cercana. Pocos años después, en 1980, se produjo el primer éxodo masivo desde la isla, que era realmente el infierno, hacia Mayami que, para todos los isleños, era realmente el paraíso y así huyeron 150 mil personas en menos de lo que se apaga con un soplo una vela y la ideología de la tiranía se oscureció para siempre después de lo que se conoció nacional e internacionalmente como el Éxodo del Mariel. Ya nada fue igual para el viejo y mentiroso tirano. Aquí termina la primera parte del cuento.
Pues bien, amigos, esa autorización la propició un presidente demócrata. Ese gran daño ideológico -el primero, el segundo fue la perestroila- lo propició un presidente demócrata, como el que acaban de elegir los electores americanos. Hoy, algo parecido, podría ser el final del cuento.
DISCURSO DEL PRESIDENTE ELECTO DE LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA Barack Obama
¡Sí, podemos!
¡Hola, Chicago!
Si todavía queda alguien por ahí que dude de que Estados Unidos es un lugar donde todo es posible, que se pregunte si el sueño de nuestros fundadores sigue vivo en nuestros tiempos, que cuestione la fuerza de nuestra democracia, esta noche es su respuesta.
Es la respuesta que dieron las colas que se extendieron alrededor de escuelas e iglesias en un número como esta nación jamás ha visto, por las personas que esperaron tres y cuatro horas, muchas de ellas por primera vez en sus vidas, porque creían que esta vez tenía que ser distinta y que sus voces podrían suponer esa diferencia.
Es la respuesta pronunciada por los jóvenes y los ancianos, ricos y pobres, demócratas y republicanos, negros, blancos, hispanos, indígenas, homosexuales, heterosexuales, discapacitados o no discapacitados. Estadounidenses que transmitieron al mundo el mensaje de que nunca hemos sido simplemente una colección de individuos ni una colección de Estados rojos y azules. Somos, y siempre seremos, los Estados Unidos de América.
Es la respuesta que condujo a aquellos que durante tanto tiempo han sido escépticos, temerosos y dudosos sobre lo que podemos lograr a poner manos al arco de la historia y torcerlo una vez más hacia la esperanza en un día mejor.
Ha tardado tiempo en llegar, pero esta noche, debido a lo que hhemos hecho en estas elecciones, en este momento decisivo, el cambio ha llegado a América.
Esta noche recibí una llamada extraordinariamente cortés del senador McCain.
El senador McCain ha luchado duramente en esta campaña. Y ha luchado aún más larga y duramente por el país que ama. Ha aguantado sacrificios por Estados Unidos que no podemos ni imaginar. Todos nos hemos beneficiado del servicio prestado por este líder valiente y abnegado.
Le felicito. Felicito a la gobernadora Palin por todo lo que han logrado. Y estoy deseando colaborar con ellos para renovar la promesa de esa nación durante los próximos meses.
Quiero dar las gracias a mi compañero en este viaje, un hombre que hizo la campaña desde el corazón y actuó como portavoz de los hombres y las mujeres con quienes se crió en las calles de Scranton y con quienes viajaba en un tren de vuelta a su casa en Delaware: el vicepresidente electo de Estados Unidos, Joe Biden.
Y no estaría aquí esta noche sin el respaldo infatigable de mi mejor amiga durante los últimos 16 años, el pilar de nuestra familia, el amor de mi vida, la próxima primera dama de la nación, Michelle Obama.
Sasha y Malia [sus hijas], os quiero a las dos más de lo que podéis imaginar. Y os habéis ganado el nuevo cachorro que nos acompañará a la nueva Casa Blanca. Y aunque ya no está con nosotros, sé que mi abuela nos está viendo, junto con la familia que hizo de mí lo que soy. Les echo en falta esta noche. Sé que mi deuda con ellos es incalculable.
A mi hermana Maya, mi hermana Alma, al resto de mis hermanos y hermanas, muchísimas gracias por todo el respaldo que me habéis dado. Estoy agradecido a todos vosotros. Y a mi director de campaña, David Plouffe, el héroe no reconocido, quien diseñó la mejor estrategia, creo, en la historia de Estados Unidos.
A mi estratega jefe, David Axelrod, que me ha acompañado en cada paso del camino. Al mejor equipo de campaña que en la historia de la política. Vosotros hicisteis realidad esto, y estoy agradecido para siempre por lo que habéis sacrificado para lograrlo.
Pero, sobre todo, no olvidaré a quien pertenece de verdad esta victoria. Os pertenece a vosotros. Os pertenece a vosotros.
Nunca di la impresión de ser el aspirante a este cargo con más posibilidades. No comenzamos con mucho dinero ni con muchos avales. Nuestra campaña no fue ideada en los pasillos de Washington. Se inició en los jardines traseros de Des Moines y en los cuartos de estar de Concord y en los porches de Charleston. Fue construida por los trabajadores y las trabajadoras que recurrieron a los pocos ahorros que tenían para donar a la causa cinco, diez dólares y veinte dólares.
Adquirió la fuerza de los jóvenes que rechazaron el mito ser una generación apática, que dejaron atrás sus casas y sus familiares para trabajar por poco dinero y sacrificando horas de sueño.
Adquirió la fuerza de las personas no tan jóvenes que hicieron frente al gélido frío y el ardiente calor para llamar a las puertas de desconocidos, de los millones de estadounidenses que se ofrecieron voluntarios y organizaron y demostraron que, más de dos siglos después, un gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo es posible en la Tierra.
Ésta es vuestra victoria.
Y sé que no lo hicisteis sólo para ganar unas elecciones. Y sé que no lo hicisteis por mí. Lo hicisteis porque entendéis la magnitud de la tarea que queda por delante. Mientras disfrutamos esta noche, sabemos que los retos que nos traerá el día de mañana son los mayores de nuestras vidas: dos guerras, un planeta en peligro, la peor crisis financiera desde hace un siglo.
Mientras estamos aquí esta noche, sabemos que hay estadounidenses valientes que se despiertan en los desiertos de Irak y las montañas de Afganistán para jugarse la vida por nosotros.
Hay madres y padres que se desvelarán en la cama después de que los niños se hayan dormido y se preguntarán cómo pagar la hipoteca o las facturas médicas o cómo ahorrar lo suficiente para la educación universitaria de sus hijos.
Hay nueva energía que aprovechar, nuevos puestos de trabajo que crear, nuevas escuelas que construir y amenazas que afrontar, alianzas que reparar.
El camino por delante será largo. La cuesta será pronunciada. Puede que no lleguemos en un año ni en un mandato. Sin embargo, Estados Unidos, nunca he estado tan esperanzado como esta noche de que llegaremos.
Os prometo que, nosotros, como pueblo, llegaremos.
Habrá percances y pasos en falso. Muchos no estarán de acuerdo con cada decisión mía cuando sea presidente. Y sabemos que el gobierno no puede solucionar todos los problemas.
Pero siempre seré sincero con vosotros sobre los retos que nos espera. Os escucharé, sobre todo cuando discrepemos. Y sobre todo, os pediré que participéis en la labor de reconstruir esta nación, de la única forma en que se ha hecho durante 221 años: bloque por bloque, ladrillo por ladrillo, mano encallecida sobre mano encallecida.
Lo que comenzó hace 21 meses en pleno invierno no puede terminar en esta noche otoñal. Esta victoria en sí misma no es el cambio que buscamos. Es sólo la oportunidad para que hagamos ese cambio. Y eso no puede suceder si volvemos a lo de antes. No puede suceder sin vosotros, sin un nuevo espíritu de sacrificio. Así que hagamos un llamamiento a un nuevo espíritu patriótico, responsable, en que cada uno eche una mano y trabaje más y se preocupe no sólo de uno mismo sino también del otro. Recordemos que si esta crisis financiera nos ha enseñado algo es que no puede haber un Wall Street [el sector financiero] próspero mientras Main Street [la economía real] sufre.
En este país avanzamos o fracasamos como una sola nación, como un solo pueblo. Resistamos la tentación del partidismo, la mezquindad y la inmadurez que han intoxicado nuestra vida política desde hace tanto tiempo. Recordemos que fue un hombre de este Estado quien llevó por primera vez a la Casa Blanca la bandera del Partido Republicano, un partido fundado sobre los valores de la independencia y la libertad del individuo y la unidad nacional. Son valores que todos compartimos. Y si el Partido Demócrata ha logrado una gran victoria esta noche, lo hemos hecho con humildad y el empeño de curar las divisiones que han impedido nuestro progreso.
Como dijo Lincoln a una nación mucho más dividida que la nuestra, no somos enemigos, sino amigos. Aunque las pasiones hayan puesto bajo tensión nuestros lazos de afecto, éstos no deben romperse.
Y a aquellos estadounidenses cuyo respaldo me queda por ganar, puede que no haya obtenido vuestro voto esta noche, pero escucho vuestras voces. Necesito vuestra ayuda. Y seré vuestro presidente también.
Y a todos aquellos que nos ven esta noche desde más allá de nuestras costas, desde parlamentos y palacios, a aquellos que se reúnen alrededor de las radios en los rincones olvidados del mundo, nuestras historias son diferentes, pero nuestro destino es el mismo, y llega un nuevo amanecer de liderazgo estadounidense.
A aquellos que quieren derrumbar el mundo: os vamos a vencer. A aquellos que buscan la paz y la seguridad: os apoyamos. Y a aquellos que se preguntan si el faro de Estados Unidos todavía ilumina con fueerza: esta noche hemos demostrado una vez más que la fuerza auténtica de nuestra nación procede no del poderío de nuestras armas ni de la magnitud de nuestra riqueza, sino del poder duradero de nuestros ideales: la democracia, la libertad, la oportunidad y la esperanza firme.
Ahí está la verdadera genialidad de Estados Unidos: que puede cambiar. Nuestra unión se puede perfeccionar. Lo que ya hemos logrado nos da esperanza para lo que podemos y tenemos que lograr mañana.
Estas elecciones tuvieron muchas historias que se contarán durante siglos. Pero una que tengo en mente esta noche trata de una mujer que votó en Atlanta. Ella se parece mucho a otros que guardaron cola para hacer oír su voz en estas elecciones. Salvo por una cosa: Ann Nixon Cooper tiene 106 años.
Nació sólo una generación después de la esclavitud, en una era en la que no había automóviles por las carreteras ni aviones por los cielos, cuando alguien como ella no podía votar por dos razones: porque era mujer y por el color de su piel. Y esta noche pienso en todo lo que ella ha visto durante su siglo en Estados Unidos: la desolación y la esperanza, la lucha y el progreso; las veces que nos dijeron que no podíamos y la gente que se esforzó por continuar adelante con ese credo estadounidense: sí, podemos.
En tiempos en que las voces de las mujeres fueron acalladas y sus esperanzas descartadas, ella sobrevivió para verlas levantarse, expresarse y alargar la mano hacia la papeleta. Sí, podemos. Cuando la desesperación y la Gran Depresión se extendió a lo largo del país, ella vio cómo una nación superaba sus miedos con un New Deal (Nuevo Contrato), nuevos empleos y un nuevo propósitos comunes.
Sí, podemos.
Cuando las bombas cayeron sobre nuestro puerto y la tiranía amenazó al mundo, ella estaba allí para ser testigo de cómo una generación respondió con grandeza para salvar la democracia.
Sí, podemos.
Ella estaba allí con los autobuses de Montgomery, las mangas de riego en Birmingham, un puente en Selma y un predicador de Atlanta que dijo a un pueblo: "Lo superaremos".
Sí, podemos.
Un hombre llegó a la luna, un muro cayó en Berlín y un mundo se interconectó a través de nuestra ciencia e imaginación. Y este año, en estas elecciones, ella tocó una pantalla con el dedo y votó, porque después de 106 años en Estados Unidos, en los buenos tiempos y en las horas más negras, ella sabe cómo Estados Unidos puede cambiar.
Sí, podemos.
Hemos avanzado mucho. Hemos visto mucho. Pero queda mucho más por hacer. Así que, esta noche, preguntémonos ¿qué cambio verán, que progresos habremos conseguido si nuestros hijos viven hasta ver el próximo siglo, si mis hijas tienen la suerte de vivir tanto tiempo como Ann Nixon Cooper? Ésta es nuestra oportunidad de responder a ese desafío. Éste es nuestro momento. Éstos es nuestro tiempo, para dar empleo a nuestro pueblo y abrir las puertas de la oportunidad a nuestros pequeños; para restaurar la prosperidad y fomentar la causa de la paz; para recuperar el sueño americano y reafirmar esa verdad fundamental: que, aunque muchos, somos uno; que mientras respiremos, tenemos esperanza.
Y cuando tengamos dudas y oigamos a algunos decir que no podemos, contestaremos con ese credo eterno que resume el espíritu de un pueblo: sí, podemos.
Gracias. Que Dios os bendiga. Y que Dios bendiga a Estados Unidos de América.
DISCURSO DE MARTIN LUTHER KING EN 1963
¡Hoy tengo un sueño!
Hace 100 años, un gran estadounidense, cuya simbólica sombra nos cobija hoy, firmó la Proclama de la emancipación. Este trascendental decreto significó un gran rayo de luz y de esperanza para millones de esclavos negros, chamuscados en las llamas de una marchita injusticia. Llegó como un precioso amanecer al final de una larga noche de cautiverio. Pero 100 años después, el negro aún no es libre; 100 años después, la vida del negro es aún tristemente lacerada por las esposas de la segregación y las cadenas de la discriminación; 100 años después, el negro vive en una isla solitaria en medio de un inmenso océano de prosperidad material; 100 años después, el negro todavía languidece en las esquinas de la sociedad estadounidense y se encuentra desterrado en su propia tierra.
Mis hijos vivirán un día en un país en el que no se les juzgará por el color de su piel
Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá su verdadero credo
Por eso, hoy hemos venido aquí a dramatizar una condición vergonzosa. En cierto sentido, hemos venido a la capital de nuestro país, a cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra república escribieron las magníficas palabras de la Constitución y de la Declaración de Independencia, firmaron un pagaré del que todo estadounidense habría de ser heredero. Este documento era la promesa de que a todos los hombres les serían garantizados los inalienables derechos a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Es obvio hoy en día que Estados Unidos ha incumplido ese pagaré en lo que concierne a sus ciudadanos negros.
No habrá ni descanso ni tranquilidad en Estados Unidos hasta que a los negros se les garanticen sus derechos de ciudadanía. Nunca podremos quedar satisfechos mientras nuestros cuerpos, fatigados de tanto viajar, no puedan alojarse en los moteles de las carreteras y en los hoteles de las ciudades. No podremos quedar satisfechos, mientras los negros sólo podamos trasladarnos de un gueto pequeño a un gueto más grande. Nunca podremos quedar satisfechos, mientras un negro de Misisipi no pueda votar y un negro de Nueva York considere que no hay por qué votar. No, no; no estamos satisfechos y no quedaremos satisfechos hasta que "la justicia ruede como el agua y la rectitud como una poderosa corriente".
Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño. Es un sueño profundamente arraigado en el sueño americano. Sueño que un día esta nación se levantará y vivirá el verdadero significado de su credo: "Afirmamos que estas verdades son evidentes: que todos los hombres son creados iguales". Sueño que un día, en las rojas colinas de Georgia, los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos, se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad. Sueño que un día, incluso el Estado de Misisipi, un Estado que se sofoca con el calor de la injusticia y de la opresión, se convertirá en un oasis de libertad y justicia. Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad.
¡Hoy tengo un sueño!
Sueño que un día, el Estado de Alabama cuyo gobernador escupe frases de interposición entre las razas y anulación de los negros, se convierta en un sitio donde los niños y niñas negras puedan unir sus manos con las de los niños y niñas blancas y caminar unidos, como hermanos y hermanas.
¡Hoy tengo un sueño!
Sueño que algún día los valles serán cumbres, y las colinas y montañas serán llanos, los sitios más escarpados serán nivelados y los torcidos serán enderezados, y la gloria de Dios será revelada, y se unirá todo el género humano.
Ésta es nuestra esperanza. Esta es la fe con la cual regreso al Sur. Con esta fe podremos esculpir de la montaña de la desesperanza una piedra de esperanza. Con esta fe podremos trasformar el sonido discordante de nuestra nación, en una hermosa sinfonía de fraternidad. Con esta fe podremos trabajar juntos, rezar juntos, luchar juntos, ir a la cárcel juntos, defender la libertad juntos, sabiendo que cuando repique la libertad y la dejemos repicar en cada aldea y en cada caserío, en cada Estado y en cada ciudad, podremos acelerar la llegada del día cuando todos los hijos de Dios, negros y blancos, judíos y cristianos, protestantes y católicos, puedan unir sus manos y cantar las palabras del viejo espiritual negro: "¡Libres al fin! ¡Libres al fin! Gracias a Dios omnipotente, ¡somos libres al fin!
Extracto del discurso leído en las gradas del Lincoln Memorial durante la histórica Marcha sobre Washington en 1963.
FRASES DEL POETA CUBANO JOSÉ MARTÍ, MÁXIMO LÍDER DE LA INDEPENDENCI DE CUBA, HACE MÁS DE UN SIGLO:
"Dígase hombre y se han dicho todas las razas" (...) "Ser cultos para ser libres" (...) "Patria es Humanidad".
Miércoles, 30 de mayo
Julio San Francisco
Paul Monzón
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Asociación Cultural Vera Méndez
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Francisco R. Figueroa
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