El club de los amigos malos

EL CAMIÓN DEL SAHARA

04.10.08 | 14:29. Archivado en Mi internacionalismo demócratico
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Por Juan Valer

Corrían los primeros días del año 1976. El viejo Coronel había recibido en su despacho al cabo 1º Ali. El cabo 1º, tras 20 años de servicio en La Legión española, se había presentado en el despacho del Coronel con la pretensión de solicitar la baja en el servicio y dar a conocer a su superior su pretensión de integrarse en las filas de los que hasta ese momento habían sido sus enemigos, El frente Polisario.

Alguien podría pensar que el viejo Coronel se había extrañado de las manifestaciones y pretensiones del Cabo 1º, pero nada más lejos de la realidad. Hacía meses que el viejo Coronel sentía un fuerte desasosiego, puesto que se sentía traicionado por el nuevo gobierno de España que había entregado el Sahara sin
que el enemigo tuviera que disparar ni un solo tiro, simplemente aprovechando la coyuntura del vacío de poder generado tras la muerte del Generalísimo Franco. Aquello que le estaba comunicando el cabo 1º Ali, era lo mismo que hacía tiempo le estaban pidiendo las tripas de hacer él mismo.

El cabo 1º Ali, había entrado en el despacho del Coronel como siempre, había dado dos golpes a la puerta, dentro y en posición de Firmes, había preguntado como siempre:
-¿Usía da su permiso?
-Adelante.
La gorra en la mano, un fuerte taconazo y como siempre en posición de Firmes ¡A la orden de usía, mi Coronel¡ Vengo a solicitar la baja en el servicio.

-Ciertamente, hace días que lo espero de varios de ustedes, pero no obstante debo instarle a que lo reconsidere.

-Ya lo he reconsiderado bastante mi Coronel, soy saharaui y soy español, pero España abandona el Sahara y a los saharauis, mi puesto está aquí con los míos.

-Está bien Ali (replicó el coronel) pídale un impreso a su Comandante y tramitaremos el expediente.

-Mi Coronel, si quisiera solo eso ya lo habría hecho así, yo vengo por algo mas..

-Está bien, siéntese, respondió el Coronel.

-Mi Coronel, España ha vendido el Sahara a Marruecos y a Mauritania, puedo entender que no nos quieran como españoles, pero enriéndame usted, yo no quiero ser ni mauritano ni marroquí.
Se ha puesto en contacto conmigo El Frente Polisario y me voy a integrar en sus filas tan pronto España abandone El Sahara.

-Primero, la verdad es que no sé qué debo decirle ante esa información que me da -replica el Coronel. Me está usted diciendo que se va a integrar en las filas del enemigo en el momento que el enemigo deje de serlo. Le agradezco esta confianza, en cuanto al valor de venir a decírmelo, no espero menos de un Caballero Legionario. Por supuesto que esta conversación no la hemos tenido nunca, pero usted me dirá si puedo hacer algo por usted.

-Precisamente a eso venía, a ver si antes de la partida de las tropas españolas ¿sería posible que nos fueran dejadas cuantas armas y municiones fueran posibles?

-Primero, ya sabe que eso no es posible, todo el material está inventariado y se nos va a pedir cuentas de ello. Por demás decirle que me está pidiendo que por mi cuenta y riesgo arme a una tropa al margen de cualquier institución del Estado español y de cualquier decisión política. Por supuesto que mi respuesta a su demanda es “No” y como ya le he dicho esta conversación no la hemos tenido nunca.
Cuando salga de mi despacho quiero que hable con el capitán Gómez, que le entregue un camión con el que cargará todos los explosivos del polvorín y los detonadores, coja a media docena de soldados de su confianza, llévelos al desierto y destrúyalos, ya que es peligroso cargar todo eso en el barco.

El viejo Coronel abrió un cajón de su escritorio mientras le decía al Cabo 1º Ali:

-Dos cosas debe tener un Caballero, honor y pistola, mientras ponía delante del Cabo 1º un viejo paño de terciopelo rojo que envolvía una vieja Parabellum P08 que le había entregado su padre mientras le decía la misma frase que terminaba de decirle él.

Apenas dos horas mas tarde de haber mantenido la conversación con el Cabo 1º, se personó en su oficina el Subteniente Rebollo.
Azorado, el Subteniente le dijo al coronel:
-Mi coronel, nos han robado un camión.

-¿Y como ha sido eso?.- replicó el Coronel.

-Al regreso de transportar diversos materiales al muelle del Aaiún, el Sargento Ruiz y el Cabo Guimera, han parado, supongo que a tomar alguna copa y quien sabe, quizás a fumar grifa. El caso es que a la salida de la cantina, se han encontrado que el camión no estaba.

-¿Y el camión que transportaba?.- preguntó el coronel.

-Ya le digo que venían de vacío.

El coronel vaciló un momento, tras el cual, ordenó al subteniente:

-Arreste inmediatamente al sargento Ruiz, que mañana por la mañana se presente ante mí y cuando salga haga entrar a mi secretario.

Personado el secretario del coronel en su despacho, recibió la siguiente orden.

-Mande usted llamar a los jefes de los acuartelamientos de la plaza, para una reunión en la plana mayor esta tarde a las 4.

A las 4 de la tarde en la plana mayor del acuartelamiento se habían reunido la práctica totalidad de los jefes de los acuartelamientos de la plaza y en algunos casos estos habían delegado en algún oficial de alta graduación para su representación. Salvo el Cabo 1º Ali, que había sido llamado por el Coronel para que atendiera las posibles necesidades de los oficiales, ninguno de los ahí reunidos ostentaba un grado menor que el de Comandante.

Una vez estuvieron todos reunidos, el Coronel se dirigió a los reunidos:

-Caballeros, nos han robado un camión.

Los ahí congregados se miraron unos a otros mientras en sus caras casi podía leerse aquello de “más se perdió en Cuba” y prosiguió el coronel:

-Afortunadamente, el camión estaba vació, lo que nos da la posibilidad de llenarlo con todos los efectos que tengamos inventariados y que no aparezcan por ningún lado. En aquel mismo momento la cara de más de uno se iluminó, con lo que parecía una posibilidad de oro, unos pensaron en dejar atrás algunos efectos que resultaban incómodos llevarse, otros pensaron inmediatamente en hacerse con algún arma de recuerdo, alguno pensó en dejar algún efecto de regalo a sus criados, incluso había alguno al que no le cuadraba el inventario, pero el más contento de todos era el Cabo 1º Ali, al que unos minutos antes de la reunión, el coronel había ampliado la faena de la destrucción de los explosivos, con la de la verificación del inventario del polvorín, ya veía que además del camión de explosivos se iba a hacer con morteros, granadas, fusiles, municiones….

Al cabo de unos días el coronel recibía las listas de los descuadres de los inventarios, lista con la que se elaboraría el presunto cargamento del camión.

El camión se cargó con muebles de todo tipo, armarios, escritorios, etc., armas cortas, fusiles, lanza granadas, morteros, municiones diversas, uniformes, botas, útiles de cocina, motores de repuesto, ropa de cama, lanchas de goma, equipos de buceo, tiendas de campaña, adornos y cuadros diversos, libros, etc. etc. etc. Aquel camión cargaba al menos la carga de 10 camiones, sin embargo nadie cuestionó jamás que el camión hubiese sido robado con toda esa carga.

A todo el mundo parece que benefició, o al menos a nadie molestó, que el camión del Sahara cargara con la ineficiencia, con la negligencia, con el latrocinio, incluso con la deuda de Honor del Ejercito Español, por más que todo eso pesara muchísimo más que el peso que podía arrastrar el camión del Sahara.

NOTA DEL AUTOR:
El relato pretende ser una metáfora del cómo las personas, gobernantes o no, pretenden descargar sus errores y sus conciencias en las actuaciones de otros, sea EEUU, o sea el camión robado del Sahara.
Por demás decir que la historia del camión es pura invención y que cualquier parecido con la realidad (que no digo yo que no la haya) es “pura casualidad”.


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