DONDE DEJO CONSTANCIA personal y pública de mi último despido de mi puesto de trabajo y de este disparo certero de la vida a la línea de flotación de mi blog “El club de los amigos malos” pocos días antes de cumplirse su tercer aniversario on line
A los pocos amigos del exilio cubano que me han ayudado en estos momentos difíciles, aunque sea con un mensaje de aliento
Por Julio San Francisco
Periodista cubano desterrado
El 20 de setiembre de 2005, a una hora que hoy no puedo consultar, quedó on line, hospedado en Periodista Digital, mi blog “El club de los amigos malos”, en el cual aparecen, a modo de promoción que hoy me parecen falsas y vanidosas, estas dos inscripciones: “el blog cubano más leído”, “el blog de la libertad”.
La primera es falsa porque un blog que acababa de nacer no podía ser
el más leído y porque, precisamente porque acababa de nacer constaba con un solo post, el del parto, cuyo título y contenido tampoco hoy puedo consultar, que únicamente en caso de posts prodigio, podía otorgarle ese orden en el ranking al espacio. Es obvio que no podía ser posible aún ningún estudio científico, objetivo e independiente porque no había nada que estudiar.
La segunda es igualmente vanidosa y falsa (“el blog de la libertad”) porque ya existían muchos sitios como este en la amplia blogosfera cubana, sobre todo del exilio, que me conste, que luchaban con igual patriotismo y dedicación por la transición, la democracia y la libertad de Cuba y también podían ser –y de echo eran o son- “el blog de la libertad”.
El próximo 20 de setiembre El club de los amigos malos cumplirá tres años. A partir del tercero ambas inscripciones serán sustituidas por una de varias que medito, (si las chavales y chavales de Periodista Digital, que acaban de decirme que tienen dos mil blogs más que atender y que no harían ningún cambio más en el mío, pueden realizar estas nuevas modificaciones), entre ellas, “El club de los amigos manos” “que tiene amigos buenos” – “que tiene enemigos pésimos” – “un blog por la libertad”. Esto no es ni vanidoso, ni modesto, ni falso: es la verdad.
¡Vanidad de vanidades! Empiezo, pues, por pedir disculpas a todos los lectores y a todos los bloggers cubanos del exilio por ambos errores, aunque no puedo asegurar que lo logre, sí intentaré al menos que actitudes semejantes con resultados semejantes no se vuelvan a repetir.
Convencido ya de que yo no tendría acceso a los medios de prensa españoles, aquel lejanísimo 20, apareció en él mi primera nota. No era ninguna Declaración de nada. Hoy sí puedo hacer algunas consideraciones, contrastables y constables en dicho espacio que me posibilitó declarar a algún medio, tal vez importante, -no recuerdo a cuál dada la enorme cantidad de todo el mundo que me entrevistan acerca de cómo se manifiestan la sintaxis y la semántica en el proceso de aparcamiento de un coche en un parking en horas de la madrugada- que El club de los amigos malos me había posibilitado convertir el ciberespacio en mi campo de batalla, mi ordenador en un tanque de guerra, mis artículos en cañonazos, muchas veces certeros, por la libertad de prensa, y que, cuando llegaba del parking y ponía las manos sobre el teclado me sentía el hombre más feliz del mundo.
En su larga vida –a los tres años ya un blog está en adultez avanzada- El club de los amigos malos ha sido, efectivamente, un espacio permanente de lucha por la libertad de prensa en Cuba y en el resto del mundo, un espacio de lucha permanente por la transición, la democracia y la libertad de mi país, que hoy acumula más de mil posts cuya cifra exacta ahora no puedo consultar.
Desde él se ha luchado, en primer lugar, por la libertad de los presos políticos cubanos –de todos-, se ha condenado a la cincuentenaria tiranía cubana, se ha fustigado la traición a Cuba, al pueblo cubano –principalmente a sus demócratas- consumada por el gobierno del presidente español José Luís Rodríguez Zapatero y se ha apoyado toda causa que me ha parecido digna de apoyo. También se ha promovido mi obra literaria casi totalmente inédita.
He tratado de hacer un periodismo –el que llamo periodismo blogeriano-, como siempre, serio y decente y honrado y, cuando se puede, bello, un periodismo que no cambia esencialmente en nada con respeto al anterior pues tendremos que seguir trabajando, cavando y edificando, en las pequeñas o grandes parcelas del alma humana, con el mismo instrumento fundamental, la palabra, sólo que ahora de forma más dinámica, libre e internacional y, para los que deseen, con objetividad, y, para los que puedan, con calidad.
En ese trienio, el blog ha recibido un Premio, el mejor premio que puede recibir un periodista y su medio: el de sus lectores, otorgado a través de comentarios a pie de lo publicado y de mensajes a su creador, simbolizados todos tal vez en el “11 de Abril. Premio al valor en la lucha por la libertad” con el cual reconoció públicamente el espacio un lector venezolano, Félix J. Tapia, a la vez que ha sido promovido por incontables medios digitales (web y blog) cubanos y no cubanos de todo el mundo algunos de los cuales han republicado nuestros textos. Me vienen a la mente muchos nombres. No escribiré ninguno para no cometer el inevitable error del olvido involuntario. A todos, en nombre del equipo pasado y del actual, doy las gracias una vez más. Algunos meses atrás según un estudio que hoy tampoco puedo consultar este blog ocupaba el cuarto lugar -20 mil entradas en el ranking de la blogosfera cubana del exilio. Si esto constituye un premio, pertenece al equipo –como parte de él, yo- y nuestros lectores.
Por mi parte, he tratado de reconocer –no en reciprocidad- a todos aquellos espacios similares y no similares que me han parecido dignos de encomio y a personas con nombres y apellidos, a tantos como mi poco tiempo, unido indisolublemente a mi sacro lumbalgia, me ha permitido.
Después de que el 3 de Mayo de este año, Día Mundial de la Libertad de Prensa establecido por la UNESCO, lancé por este blog el “Premio Primavera Negra” para el periodista bloger, con el principal propósito de luchar por la libertad de los periodistas independientes cubanos presos, algunos me pasaron mensajes que, en cuerpo y alma, planteaban lo siguiente: “¿Quién es usted para premiar a fulano y fulano y fulano?” Mi respuesta a todos, copiada y pegada, fue “Soy un ser humano capaz de sentir afecto, juzgar, despreciar o admirar, de ignorar, y, por tanto, de criticar, reconocer u olvidar a quien considere que lo merece y de asumir la responsabilidad, privada y pública, por estas acciones. Siguiendo esa premisa mi primer hobby es levantarme todas las mañanas y desde que dejo la puerta cerrada a mi espalda repartir afecto, a cuantos me encuentro en la calle, con un simple Buenos días, una sonrisa, un simple gesto, si me levanto de buena leche. En ocasiones he sentido la sensación de que a muchas de esas personas eso le ha hecho bien. A mí, siempre. Otra discusión, quizás más lógica, sería saber si para usted tiene o no tiene valor un Premio que no posee dotación en metálico. Si yo hubiera podido dotar el Premio mayor aunque sea con mil euros, -algo que sinceramente hubiera deseado al menos para los presos- probablemente usted hoy me estaría felicitando a juzgar por su criterio del valor.
En los mismos mensajes se argumentaba, como base para invalidar el modesto Premio lanzado por mí, con las buenas intenciones de las cuales está plagado el camino del Infierno, la precariedad de mi vida y mis nulas influencias en el universo del exilio. A esto respondí, con una soberbia que ni pude ni quise dominar y ocultar y que ahora tampoco dominaré, ni ocultaré, lo siguiente: “De haber optado yo por pasar mi destierro en los Estados Unidos y, por tanto, haber aprovechado en ese gran país una proposición de trabajo que me habían hecho en La Voz de los Estados Unidos de América –para donde también tenía Visa lograda por la gestión de un grupo de amigos-, en lugar de decidir utilizar la del Reino de España, sería un empleado de la emisora de Onda Corta más importante del mundo; en once años, tendría en el banco –en varios bancos- un saldo total probablemente superior al suyo, un chalet e Miami Beach, un buen coche (si no del año), hubiera participado en varios países (incluido los propios Estados Unidos –Miami-) en algunos de los eventos importantes y no importantes a los cuales he sido invitado en este tiempo, hubiera pasado vacaciones en New York, Londres y París, tal vez una en Roma. Si en la práctica no me hubiera convenido esa emisora, me hubiera trasladado de Washintong a Miami y hubiera empezado a trabajar en algunas de las emisoras cubanas o no cubanas de esa ciudad (La Cubanísima, Radio Mambí, Radio Fe) o en algunos de los periódicos de habla Hispana, medios en todos los cuales en 1996 tenía muy buenos contactos, incluida Radio Martí. De no desear continuar ejerciendo el periodismo, hubiera hablado en la capital cubana del exilio con cualquiera de mis muchos amigos allí –a muchos de quienes, por cierto, ya también hubiera podido abrazarlos después de hasta 30 años sin verlos- para buscar otra forma de ganarme la vida, incluso en la empresa de alguno de ellos, o hubiera también visto a primos y otros familiares que también hace igual tiempo que no veo y tendría también la posibilidad de trabajar en la empresa de alguno de ellos. En ese escenario hoy imaginario que hubiera podido ser real si ayer hubiera tomado otra decisión, mi vida hoy sería menos precaria y mi influencia en el exilio, sin ninguna duda, superior, usted me concedería el “derecho” a otorgar no un pobre premio de un pobre demócrata cubano, sino el mismísimo Nobel. En cualquier caso, incluido el real, el actual, sobre mi vida, usted y todos los que piensan como usted estarían muy por debajo de mí, en mayor precariedad y con menor influencia en el exilio porque yo tengo la suerte –y esto sí es suerte- de no haber tomado nunca la decisión ser imbécil. Y aparecía mi firma.
Pues bien, he agregado al Primavera Negra otros premios extraordinarios –igualmente sin dote- y pensaba darlos a conocer el día del tercer aniversario del blog. De serme posible, también lo haré, pero adelanto que estoy bastante liado con el siempre problemático asunto de la búsqueda de trabajo y tareas adyacentes, poner clasificados… Menos enviar currículos, todo lo demás.
He tenido que escribir siempre con prisa que en periodismo hasta puede llegar a ser útil sólo cuando se trata de un reportero ante la redacción de una noticia presionado por su jefe de redacción, la hora de cierre y hasta los correctores y los linotipistas, cuando existían. También he tenido que escribir siempre con sueño, que sirve sólo cuando no tenemos otra responsabilidad, ni otra perspectiva que la cálida cama para “tirarnos a dormir y quedar rendidos”, como se dice en Cuba, o “tumbarnos y quedar fritos”, como se dice en España. Este ha sido un riguroso entrenamiento, semejante o superior al de Contador para dejar atrás kilómetros infinitos o montañas inéditas, que me servirá, sin dudas, cuando pueda regresar a una redacción libre en La Habana.
He violado conscientemente dos principios imprescindibles del periodismo digital –al que pertenece el periodismo blogeriano: el primero, la brevedad, que en el mundo de hoy –excepto en el sexo- gana afiliados en casi todo. El segundo, el diseño, que empieza y termina con la belleza del espacio y con poder llegar mediante la menor cantidad de clic posibles a la mayor cantidad de asuntos de interés personal. Del primero, soy absolutamente responsable, del segundo, sólo en parte.
En este blog ha podido escribir todo el que desee la libertad de Cuba, nadie ha tenido incluso que ser de Derecha, que es del que soy yo porque es la mano con que coge la cuchara la mayor cantidad de gente en este mundo, nadie ha tenido incluso que desear mi éxito literario. Después de mí –y a veces incluso antes de mí- los jerarquizados han sido los periodistas cubanos independientes que luchan aún desde dentro de Cuba y las personas no cubanas que apoyan esa lucha. Todo el que ha tenido o tiene la clave de entrada a este blog ha podido escribir siempre lo que desee, sin necesidad de censura previa, o sea, de que yo lo lea antes. Ha habido y habrá una excepción: cuando se trate de un texto sobre mí. El oponente que ha querido replicar algún contenido ha contado, por una vez, con el mismo espacio, en lugar y extensión, para hacerlo siempre que lo haya hecho atenido a argumentos y respeto.
Debo haber cometido algunos errores en tanto trabajo precipitado, pero puedo asegurar que existe uno que no he cometido: el de no creer en algo de lo que he defendido. Cuando he estado dominado por la ira, cosa que me ocurre muy poco, he esperado siempre a que se me pase porque escribir dominado por la ira es el mayor error que puede cometer un periodista en cuanto a elegir el instante de sentarse a ordenar palabras tras palabras con algún sentido –sobre todo si se van a hacer públicas- y el que lo puede llevar a cometer los mayores errores de contenido, una derrota pública y segura garantizada de antemano.
Al parecer, la inteligencia cubana –digo la represiva- en algún momento empezó a considerar que El club de los amigos malos era un enemigo poderoso y peligroso porque durante estos tres años también hemos tenido, como constante ñ, la presencia “esforzada” de varios agentes o de uno con varios seudónimos: David, Alberto, Antonio Digna que en realidad se nombra Antonio Indigna, pobres tipos que “defienden –dicen- al invencible Comandante en Jefe y a la gloriosa Revolución Cubana”, y que, como lo hace todo poco cubano que puede conectarse desde nuestra patria, no se dedican a navegar por la red en busca de información libre, enviar mensajes a familiares y amigos, o simplemente entretenerse, como máximo una vez a la semana, dadas las altas tarifas, los bajos ingresos, los pocos lugares para hacerlo, y la vigilancia policial en ellos, sea de militar o de civil, sino lo hacen, con un patriotismo desbordante y contagiante, día a día y son capaces de escribir cada uno de ellos o él con cada uno de los seudónimos, en una larga jornada, hasta 25 comentarios contra un artículo mío o de otro miembro del Club. A estos pobres patriotas seguramente los envidia el insigne periodista cubano Guillermo Fariñas que, por las razones anteriormente expuestas, puede conectarse sólo una vez por semana, lo único que puede escribirme, en el espacio para el mensaje, es la palabra “Saludos” y su internacionalmente respetada firma. Como documento adjunto, sus textos libertarios de Cubanacán Press. Ya le he advertido o les he advertido que siempre sería o serían aplastados como cucarachas con la punta del pie más pesada en el mundo libre: los argumentos, pero tienen que cumplir la orden o les gusta el papel de reparto de cucarachas - me inclino por ambas hipótesis. por el que, desde luego, dado el pésimo resultado, no recibirán el “Cucaracha de Coral” con que premia la Seguridad del Estado o Policía Política cubana a sus agentones.
Actualmente trabajaba en la clasificación de todos los materiales por temas cuyos títulos ahora no puedo mencionar porque tampoco puedo consultarlos para que cada internauta pudiera ir directamente al asunto que le interesaba, tratárase de mi lucha por la libertad de Cuba, mi literatura édita e inédita, mis textos más difundidos o mi solidaridad democrática.
Varios lectores han criticado a lo largo de estos tres años la excesiva presencia de mi Literatura, especialmente del poema El desterrado, en El club… Por experiencia propia sé que cuando a una redacción llegan cinco mensajes iguales sobre un mismo tema pueden existir 500 opiniones semejantes. De cualquier forma, cinco ya serían razón suficiente para responder y, en la medida de mis posibilidades creo recordar que los respondí todos, como intento hacer siempre que el mensaje sea de estímulo agradable o de crítica respetuosa. Ahora respondo a los posibles 495 restantes. Si alguien tiene la voluntad de realizar el arduo trabajo de revisar uno por uno todos los textos del blog, podrá comprobar que existen más dedicados a Cuba que a mi Literatura. A pesar de todo, como creador de El club… puedo ejercer –y ejerceré- en todo momento el derecho a priorizar lo que en cada actualización estime pertinente. Otro asunto es que cualquiera pueda decir que ese poema es malo, aún cuando no se moleste ni en demostrarlo. Adelante.
He contado siempre con un equipo de colaboradores de lujo: primero, el filólogo Nicolás Águila y el fotógrafo José Armando Rodríguez. Después la filóloga Sonsoles Jimena y el columnista Juan Valer. Si hay algo que celebrar –y creo que lo hay- los invito a que cuando lean estas líneas levanten la copa conmigo y que cantemos a coro ese tema de Willy Chirino que tanto oíamos en Habana Press y que se titula “Ya viene llegando”. Yo no podré comunicarme con ellos ni por mi móvil, ni por mi correo electrónico, ni actualizar más este blog, de momento. Acaban de cortarme las líneas del móvil y de Internet.
Mis amigos y los lectores que me siguen y aprecian no deben preocuparse demasiado. Cada vez que cobro mensualmente lo primero que haga es llenar de comida el refrigerador y comprar cinco cartones de tabaco. Todavía, comparado con millones de personas, sigo siendo un privilegiado. Vivo, como siempre desde que estoy en el destierro, a caballo entre el Paraíso y el Infierno, pero tengo tocino, tabaco y techo. No hay que exagerar. Mi suerte no es la más mala. Creo en el sacrificio limpio y en los seres humanos que son limpios y en la necesidad de trasmitir, públicamente, esa posible pulcritud del espíritu. La de muchos me ha servido a mí durante muchos años. A alguien ha de servirle la mía. Vivo aún, como dijo el poeta cubano José Zacarías Tallet.
APUNTES PARA TIRAR
Cuando llegué a España desterrado por ser (un) Miembro Fundador de Habana Press y del Movimiento Cubano de Periodismo Independiente, que yo siempre he llamado Periodismo Libre, y una vez de que me había dado cuenta de que estaba efectivamente en España, fuera de mi patria, hice mis dos primeras gestiones.
La primera, enviar mi currículo a los directores de todos los medios nacionales de prensa impresa en papel (le dicen ‘plana’, no recuerdo por qué), a todos los canales nacionales de televisión, a las dos agencias españolas más importantes de noticias, a las dos emisoras nacionales de radio que conocía, y, por supuesto, a los periódicos digitales que, como se sabe, pueden ser nacionales o llegar a ser tan universales que hasta Dios los lea.
La segunda, después de encontrar un trabajo temporal, -una suplencia- pero con contrato gracias a un amigo productor de Telecinco, Alejandro, como ayudante de cámara del programa El Informal, ir a un banco y pedir financiación para empezar a comprar un piso. Yo ganaba un salario digno, pero modesto y tenía 46 años. Cinco bancos que me dijeron que con ese sueldo y esa edad no me podían ofrecer esa financiación. Intuí desde entonces que mi destierro en España lo pasaría siempre al borde de la precariedad, al filo de la crisis. Así ha sido. Fui tan sabio en esa previsión, como errado al optar, entre España –donde no me esperaba nadie, pero era la patria de mi abuelo gallego y de mi Lengua –queda dicho todo- y entre Estados Unidos de América, donde, por mi colaboración con Radio Martí, me esperaba un jugoso puesto en La Voz de los Estados Unidos de América, la emblemática VOA. Hoy, aunque no puedo arrepentirme ni me arrepiento porque la decisión fue meditada, con sus pro y sus contra, sí reconozco que la decisión fue errónea.
De la mayoría de los medios de prensa a los cuales envié dicho papel no recibí respuesta y las tres que recibí decían algo más o menos tan frustrante, pero comprensible, como esto. “Tenemos todas las plazas cubiertas. Su currículo lo hemos pasado al Departamento de Recursos Humanos. Gracias por confiar en nosotros”.
Una segunda tan esperanzadora como esta “Su interesante currículo lo hemos pasado al Departamento de Recursos Humanos. Le llamaremos tan pronto como sea posible”.
Y una tercera, que fue la que más alegría me causó y que decía –también textualmente- lo siguiente: “Gracias por sus interesantes opiniones. Tan pronto como podamos las publicaremos”.
Estos envíos, a los mismos lugares, los repetí dos veces más –siempre he preferido los números impares hasta el 13- y las respuestas fueron del mismo tono, calibre y talante.
El currículo siempre llevaba al final la siguiente acotación: “En una redacción he sido, desde Redactor de Mesa, pasando por reportero ágil y columnista argumentado, hasta jefe de página cultural y de tirada. Soy, además, un buen titulista, rápido y creativo. Mi super argumento no podía ser más banal en la capital del Reino de España, Reino, a su vez, de la Lengua Española que está lleno de excelentes profesionales en todos estos puestos.
Entre el tiempo en que envié el primero y el último han transcurrido entre 11 y cinco años y nadie me ha llamado a sus filas, de modo que he llegado a las siguientes conclusiones, algunas incluyentes o excluyentes entre ellas: O los departamentos de recursos humanos de todos los medios importantes españoles son desordenados y olvidadizos, O en todo este tiempo ninguno ha sufrido “sensibles bajas”, O ninguno a crecido en plantilla y, por tanto, en aspiraciones y alcance lo cual me parecería lamentable y sentiría , O todos han quebrado y los periódicos que yo leo todas las mañana –no digitales y digitales- son obra de un (mi) delirium tremen, O hay muchos periodistas españoles, sobre todo jóvenes, sin empleo, y ninguna dirección considera pertinente aplicar a un profesional de la información que ya tiene 57 años el principio de la “discriminación positiva” por el simple hecho de tener un “currículo muy interesante” y haber sido desterrado por luchar por la libertad de prensa en otro país de este mundo. O mi currículo no ha valido un bledo para quienes lo han juzgado. De ser cierta cualquiera de estas especulaciones, me parecía sencillamente aceptable por mi fe, casi religiosa, en la libertad. Es la vida. Seguramente todos siguen estando agradecidos de que yo confiara en ellos al haberle enviado mi currículo y seguramente yo seguiré confiando en ellos en espera de su respuesta, pero he logrado seguir ejerciendo el periodismo y he pasado en Madrid –donde, en general, en los periódicos se escribe bien y en la calle se habla mal, como casi siempre ocurre con el uso de la Lengua- he pasado un master de Lengua Española.
Por el otro lado y para no dejar de luchar por la libertad de prensa en Cuba, empecé a colaborar gratuitamente con los periódicos digitales en mi opinión mejores y más importantes del exilio, en este orden, Cuba Libre Digital; Cuba Democracia y Vida; Cuba Nuestra y La Nueva Cuba, (el primero editado en Brasil ,el segundo y el tercero, en Suecia, el cuarto en Miami) y con la importante cadena de habla Hispana de la capital del exilio cubano Univisión, enviado siempre a mi amiga Chuny Montaner, quien siempre me dice, “Pronto sale tu excelente artículo”. Y a quien siempre respondo “Gracias. Ya sabes que no sé escribir de otra manera”.
Ante esta circunstancia, empecé –mientras esperaba esperanzado a que me llamaran de al menos tres de algunos de los medios españoles más importantes, -siempre “a por lo máximo”- a trabajar en un bar, sin contrato, de siete de la mañana a once de “la madrugada”, por lo que hoy serían 20 euros diarios, donde hacía bocadillos de panceta en una cocina infernal, por el calor y el olor, hasta que dejé de ser necesario (nadie es imprescindible, incluso ni un bocadillero de pancetas), pero me convertí en el periodista del mundo más experto en este manjar, aunque nadie lo reconozca ni el jurado del prestigioso Premio Príncipe de Asturias me conceda su lauro por tal mérito.
Escribí el poema “El casero” que incorporé a mi libro inédito “El desterrado”, que recoge toda mi poesía del destierro.
Pero tenía que pagar una habitación compartida en un piso de Madrid –ciudad cara hasta en lo más barato-, vestir, perfumarme, comer, tomarme un vino, sólo o con alguien.
Comencé entonces, también a trabajar, en una brigada de limpieza del estadio Vicente Calderón donde no duré mucho tiempo, ni pude hacer ningún mérito tan especial como el anterior porque competía con otros chavales de poco más de 18 ó 20 años –yo les doblaba cómodamente la edad- y nunca pude no ya romper el récord de limpiar las gradas en un tiempo realmente olímpico, sino ni siquiera establecer una modesta marca mundial.
Escribí el texto “Crónica del desterrado”, que incorporé a mi libro, también inédito, “Ulises y otros artículos de Julio San Francisco”.
Pero tenía que seguir pagando una habitación compartida en un piso de Madrid –ciudad cara hasta en lo más barato-, vestir, perfumarme, comer, tomarme un vino, sólo o con alguien.
Comprobado mi fracaso en la limpieza de estadios, y como siempre trato de limpiar las eses de un fracaso con un propósito superior para, en el peor caso, asegurar un fracaso mayor, empecé a trabajar en la construcción donde, aparte del polvo –del polvo malo- todo iba “de maravillas”, como se dice en mi país, o, más exactamente, “de puta madre”, como se dice en España, hasta el fatídico día en que el jefe del batallón me dio la histórica misión de subir a hombros, por escalera y hasta un quinto piso aquellas inolvidables cuatro barras de escayola. Como siempre he aspirado a ser un Hombre de Honor, claro que las subí hasta el Frente indicado. No me ocurrió lo que al célebre personaje griego, sino algo mucho peor ante la moral personal y de la tropa: me desmayé al llegar. El jefe –un digno capitán- me dio de beber, me aireó un poco y, vuelto ya en mí, me dijo “No venga más. Si se muere aquí, me mete en un puto lío”.
Terminé la novela “Prensa Gulag, la apasionante lucha de un periodista cubano disidente”.
Pero tenía que seguir pagando una habitación compartida en un piso de Madrid –ciudad cara hasta en lo más barato-, vestir, perfumarme, comer, tomarme un vino, sólo o con alguien.
Otra vez, envíos de currículos, esperas ansiosas, interesantes entrevistas, pero ahora no ya como periodista, sino como conserje. En este sector los departamentos de recursos humanos sí son eficaces. Uno de ellos en poco tiempo aceptó mis modestos servicios y, en horas, me convertí en un Ilustre Conserje de un parking a las afueras de Madrid donde tenía tres turnos de trabajo: de 6 de la mañana a 2 de la tarde, de 2 de la tarde a 10 de la noche, de 10 de la noche a 6 de la mañana del cual, como ya se informó oportunamente en mi blog, acaban de despedirme a pesar de no haber recibido nunca ningún señalamiento, ni amonestación, trabajar todos los domingos y feriados para llegar al ansiado record de los 950 € mensuales y ser el único que siempre estaba en su puesto con 15 minutos de antelación. El consistente argumento y filosófico concepto para ponerme de patitas en la calle fue “DESPIDO IMPROCEDENTE”. Hoy, 8 de setiembre, que escribo estas líneas los periódicos informaban de una tasa de paro en España del 10,4 por ciento y, parafraseando a un poeta cubano, “se anuncia más paro todavía”. Así que si no quieres una tasa de paro, te dan tres tazas de tasa.
Escribí el poema “Las muchachas que se van”, que no tiene nada que ver con mi partida del parking de 300 plazas bajo tierra, desde luego, sino con las muchachas que se van y que también incorporé al poemario “El desterrado”.
Pero tenía que seguir pagando una habitación compartida en un piso de Madrid –ciudad cara hasta en lo más barato-, vestir, perfumarme, comer, tomarme un vino, sólo o con alguien. Pero mis pingües ahorros se habían agotado. Antes del despido acababa de cambiar mi viejo y lento ordenador IBM ThinkPad 600 por otro mejor. Y esta vez no se trataba de quedar bien con un casero con derecho –sensible o insensible-, sino con un matrimonio peruano, que paga, tenía que pagar, la hipoteca de su casa, en parte con mis 350 € de alquiler y cuidar lo mejor posible a uno de sus hijos con Síndrome de Down y tenía que pagarles antes del 25 de Agosto, pero no podía pagárselos porque cobraba el “paro” a partir del 10 de septiembre, de manera que me vi en la situación moral más difícil de mi vida. Ante esa situación sí no había poema que escribir. No podía disiparse oyendo Strangers in the night o a María Callas. Sólo me quedaba hacer lo que los viejos esquimales: salir andando hacia el Norte.
Una persona cercana me pidió que, en aras de mi fe en el ser humano, en la amistad y otras cosas, les pasara un mensaje a algunas personas pidiéndoles ayuda. Logré vencer ese peculiar orgullo cubano que siempre me ha acompañado. No por esos argumentos, sino porque pensé que si alguien, en una situación difícil, piensa en mí, se acuerda de mí, y yo estoy entre los elegidos por ella para ayudarla, me daría una gran prueba de afecto, de creer en mí, me proporcionaría, además, un gran premio y un gran orgullo, ahora en el buen sentido de la palabra, en medio de la preocupación que pudiera dejarme dicha situación difícil. Les escribí a unas cuantas personas con las que, por alguna razón, yo sentía un gran afecto y sé que ellas lo sienten por mí. Logré reunir la insignificante y astronómica cifra, con Óbolos de la Viuda, y pagar. De las personas de esa lista algunas me dijeron que lo sentían, pero que no les sobraba ni un céntimo. Otras no contestaron. A todas les debo algo. Tal vez no el dinero que pudieron darme o el que no pudieron darme o el mensaje de apoyo que nunca pasaron: les debo que todas me hayan ayudado a seguir conociendo mejor a la Especie Humana y su condición que, por cierto, ya conozco bastante según sentencia Luís María Anson en su prólogo a mi novela Prensa Gulag. h
Pagado el piso, vendría inexorablemente –lo sabía porque para eso, por ser un lujo comparado con lo otro, no pedí dinero- el corte de la línea de mi móvil y de Internet y, como ante eso sí no había nada que hacer, lo único que se podía era hacer algo. Estuve escribiendo obsesivamente a través de El club de los amigos malos, fundamentalmente por la libertad de Gorki Valdés, director de la banda de Punk-Rock, Porno para Ricardo, así como sobre Raúl Rivero un texto titulado “Decreto para quienes critican al poeta cubano Raúl Rivero” y otro contra la inmoral producción cinematográfica acerca de uno de los mitos más grandes de los muchos mitos fabricados por Fidel Castro, su tiranía y el eco internacional de Izquierda y de buena parte de la Derecha –lo único que han hecho con eficacia junto con reprimir- y que titulé “Steven Soderbergh y Benicio Del Toro satisfechos con llevar a la gran pantalla otro Hombre Lobo, otro asesino en serie: Che, el argentino”. Cuando a altas y largas horas de la noche –de una noche cualquiera, diría el poeta- fui a poner la traducción al inglés de esta crítica contra Soderbergh, Del Toro y todos los honorables inmorales que aparecen en la ficha técnica y contra Che, el asesino, ya no tenía conexión. Temprano, conecté mi móvil para llamar a mi –bien, es un decir- Empresa Telefónica, una apasionada voz de operadora impersonal me comunicó –reconozco sin ningún resentimiento que con todo derecho- que mi línea estaba cortada y que sólo podría recibir llamadas hasta que pagara la factura, pero con palabras más bonitas. Como no cobro el primer pago del paro hasta el 10 de Septiembre y ese pago será sólo de 400 € por ser lo que me corresponde según mi ex salario y desde el día en que se me despide hasta el 30 de Agosto, no podré pagar la factura hasta después del 10 de Octubre que será cuando cobre lo que llamaríamos el paro completo, 750 €. Espero que ambas líneas estén restablecidas, pues, para el 15 de Octubre. Yo al menos haré lo posible.
Como poeta y narrador, he creído en todos los mitos: el de enviar un ejemplar de un libro al departamento de lectura de una editorial importante y que caiga en la manos de una sensible e inteligente lectora que esté dispuesta a peder 50 € por decirle a su jefe “Este libro es bueno y le sugiero su publicación” segura de que no ocasionará una explosión publicitaria y, por tanto, un volcán que despedirá euros por su cráter; el del mecenas que se interesa por el escritor pobre y le garantizará el paraíso en la tierra para que pueda dedicarse sólo a escribir sin preocupación de ningún tipo; el de que en la red algún editor importante y despistado lea un texto mío, localice mi móvil durante toda la noche y me llame a primera hora de la mañana siguiente para publicar toda mi obra, la mayoría inédita, y los dos ya publicados, la autoedición de Todo mi corazón y otros agravantes, poemas escritos en La Habana y Madrid, y el editado por la pequeña Huerga y Fierro Nada y otros cuentos del absurdo; el de que llegaba un escritor inédito, de un país americano de habla Hispana al Reino de la Lengua y tendría que ser muy malo para que no alcanzara una edición muy buena dado el estrecho vínculo, filial, entre la Madre Patria y sus hijos lejanos; el de que un especialista en Literatura conocería un texto mío y lo promocionaría. Para confirmar con la excepción la regla, este fue el único que se cumplió. Como se sabe, mi poema El desterrado cayó en manos de la brillante estudiosa de la poesía contemporánea y especialmente del exilio español, la catedrática Nuria Rodríguez Lázaro, y decidió estudiarlo en su grupo en La Sorbona. Hay otro mito, el de los concursos, pero a ese he renunciado siempre porque escribir un poema o un relato o una novela cuesta emocionalmente muy caro –si el autor no escribe para hacerse rico- para venderlo tan barato.
Aprovecho, entonces, estas líneas para agradecerle nuevamente a la Catedrática Nuria su interés por ese poema tan importante para mí y, al parecer, para millones de cubanos. También al Académico Luís María Anson por haber escrito en tiempo récord un excelente prólogo a mi novela Prensa Gulag, la apasionante lucha de un periodista cubano disidente. A todos los que en distintos medios del mundo han publicado mis textos literarios y periodísticos. Los abrazo a todos desde mi habitación y mi corazón. Ojalá pueda verlos pronto.
La posibilidad de ver la botella medio vacía o medio llena es fantástica. Ser optimista es una cuestión de simple inteligencia, aún cuando esa posibilidad se repita muchas veces, mientras la decisión trascendente sea estar vivo. La posibilidad de verla medio vacía –el pesimismo- es paralizante, destructivo, solo te deja la opción de sufrir mañana, tarde y noche y, de todos modos, efectivamente siempre las cosas pueden cambiar, de manera que sí has decidido seguir viviendo, por muy mal que te hayan ido las cosas, ¿para qué vas a ver la botella siempre medio vacía?
Lamentablemente de mi despido no puedo condenar a Fidel Castro, a Raúl Castro, y a la tiranía cubana que me tiene en el destierro. Esta vez se salvaron, pero ya no podrán seguir repitiendo, una vez publicado este relato, aquel cuento de Alí Barba y los 40 ladrones de que, los demócratas cubanos de dentro o de fuera de Cuba, estamos al servicio del imperialismo y vivimos de las arcas de la CIA, aunque sé que ahora dirán o que este texto es ficción, o que su autor es un mentiroso, o que es la excepción de la regla. Todo el mundo sensible, inteligente, informado –incluso el no informado- y libre sabrá que vuelven a mentir en cualquiera de las tres afirmaciones anteriores o en las tres. Pretendo que este sea –y confío en que lo sea- uno de mis textos más poderosos y contundentes contra la criminal tiranía cubana. Por estos avatares –por este desierto de 49 años- es por el que han pasado casi tres millones de desterrados cubanos sin tierra prometida, sin riqueza prometida, sin nada asegurado, sin nada, algunos sin otro Apóstol que la libertad. Yo sólo soy el que lo cuenta, alguien que escribe una página más para que no se olvide ninguna del holocausto cubano. Yo sólo soy uno que escribe.
Tampoco sufran otra alucinación esquizofrénica: no voy a condenar al capitalismo. El comunismo, el fascismo y el nazismo, que han sido peores que la comunidad primitiva, el esclavismo y el feudalismo porque han existido en un mundo ilustrado, se desmoronaron con palabras dignas o con cañones humeantes. El capitalismo es la mejor sociedad que hay –de cuantas se han experimentado aunque a un demócrata de este mundo no le vayan bien las cosas- porque es la única que se puede mejorar con la libertad, la responsabilidad y un sentido de servicio público que debe estar sustentado en la ética y sometido cada día a controles más democráticos.
Nunca he pertenecido ni perteneceré a ningún establishment que no sea el que he elegido, a unos porque ni podría ni me interesa, a otros sólo porque no me interesa, de manera que nunca me han visto ni me verán en el establismen de los demócratas cubanos ni dentro de Cuba, ni del exilio. Ni siquiera en el de la Literatura que está lleno de canallas insuperables con obras geniales, como Gabriel García Marquez o Silvio Rodríguez. El único establismen, de la única aristocracia que me interesa y ante ella voy con mi sombrero calado y ante ella me lo quito es el establismen de la Aristocracia del Espíritu y a esa aristocracia sí pertenezco, a ese establismen sí pertenezco. No porque me lo haya ganado con concesiones, argucias, bajezas, suciedades y deslealtades que se han impuesto en los multimilenarios grupos humanos hasta el día de hoy, sino porque me da la gana. Las demás, (para utilizar una expresión del gran César Vallejo) me la pelaron, “me la pelan” y me la pelarán.
En alguno momento anterior he escrito todo grupo con pretensiones políticas no deja de ser un grupo de de afectos (y desafectos íntimos o públicos), de intereses, de relaciones, de influencias, de poder, a veces de ideales, de listos y tontos, de honestos y oportunistas, en fin, de seres humanos, donde todo esto, unido al prestigio, el historial o el dinero personales, juega su papel y hay que tenerlo en cuenta para establecer estrategia y táctica –comprendidos tiempo y lugar oportuno para cada palabra o acción, incluso para cada saludo cálido o frío, para cada apretón de mano y cada vino a invitar o invitación a aceptar- también personales y llegar adonde uno quiera llegar, requisitos indispensables a cumplir hasta por quienes ven la política como servicio público. En general, si no somos ingenuos o temerariamente optimistas y queremos darle un voto de confianza a la naturaleza humana, debemos empezar por aceptar que en principio todo el que se incorpora a la política lo hace movido por dos razones fundamentales: por su intención de hacer un Bien Público y por sus ambiciones personales, lo hace para aportar y recibir algo, excepto, tal vez, los Santos, pero sólo obtendrán el favor de sus electores, de su pueblo y de la Historia de su país aquellos que sitúen lo primero por encima de lo segundo. De modo que tenemos que aceptar que hay intereses individuales y colectivos en juego siempre y que en esa pugna se “puede” jugar sucio o limpio. Si yo fuera a constituir un partido político lo primero que haría sería elegir a dos personas más a partir del afecto y la lealtad que me hubieran demostrado todos los posibles candidatos a ser elegidos tratando de que, de esas dos, de una no tuviera ni la más mínima duda con lo cual tendría ya, de entrada, la mayoría absoluta, convencido, a la vez, de que ese crucigrama tiene desde el principio, desde que se crea, variantes no por insospechadas imprevistas. También sé que el que organiza la fiesta tiene que ser la figura de la noche y, en general, nadie permite que otro le reciba a sus invitados, que otro pronuncie el discurso principal, nadie permite pasar al rol de papel secundario en la fiesta que él ha montado, nadie permite, en fin, que su fiesta no sea su fiesta. Que nadie me diga que no tiene alguna dosis de vanidad porque no se lo creeré. No porque yo también la tenga –como habrá quedado demostrado desde el principio- sino porque es consustancial al ser humano. Una dosis bajo control es legítima y puede ser hasta buena. Mi ventaja consiste en dos peculiaridades: primero, conozco las reglas del juego; segundo, en política no quiero llegar a ningún lugar –yo no me dedico a ese crucigrama- de modo que puedo darme el lujo de ser, no un verso suelto dentro del poema, sino un libro completo de poemas suelto dentro de una colección también completa. Así que todo lo que digo aquí, como la mayoría de las veces, lo digo a título personal y asumo en exclusivo toda la responsabilidad. No implican, pues, ni a mi organización en España, la Unión Europea del Exilio Cubano, ni a mi partido en Cuba, la Unión Liberal de la República de Cuba, ni a mi partido en España, el Partido Popular español. Eso es lo que soy, un poemario suelto y como tal me expreso y me expresaré siempre. Si lo prefiere el lector, un poeta suelto.
(Por cierto, si esto lo escribiera el mediático poeta X, dentro de unos minutos o unas horas aparecería en varios sitios de Internet –finalmente en centenares- un titular de este corte “¡Peligro, Poeta suelto!” y un bajante con algo así como “Confiesa (Declara, Expresa) el prestigioso poeta X, Premio Tal, que es un caballo que se alimenta de jardines”, pero si su poesía es buena –belleza del Lenguaje y altura del Espíritu- y, por tanto, cumple las tres funciones fundamentales que yo –digo yo, no hablo por nadie- considero que debe cumplir la poesía: dar fuerzas al que le faltan, enriquecer al espiritualmente pobre y renovar la riqueza del que sí la posee, Enhorabuena por el titular de marras.)
Puede dudar de cualesquiera de los párrafos de este texto, pero le pediré un voto de confianza, amigo o enemigo lector. No dude de este, no dude precisamente del que, según la usanza, es del que más razones tendría para dudar. Soy ambicioso. Me gusta vivir bien que para mí empieza por vivir en un piso aunque pequeño propio diseñado a mis gustos y manías –hablo ahora de los asuntos que dependen de la cuantía en la tarjeta del banco-, dedicarme exclusivamente a escribir sonetos con toda serenidad que es, como en general, puede lograrse un buen soneto… O sea, vivir de mi obra Literaria, pero la obra Literaria, tal vez en la mayoría de los casos, da sólo para todo lo contrario. Mala elección adolescente dedicarme a mi obra que si ha servido a dos, a quien menos ha servido es a mí. Tal vez si no hubiera vivido hasta los 46 años en un país dominado por una tiranía totalitaria y cuando tenía 14 la Profesora Carolita Somarraba, de Corralillo, a mi confesión de “Profe, tengo algo grave que contarle. Pienso mucho en que me voy a morir temprano” (lo cual, como ven, resultó totalmente falso, al menos que me haya salvado precisamente la Literatura) no hubiera sentenciado “No te preocupes. Eso es que eres poeta”, hoy sería un gran empresario –filantrópico, quizás- porque tengo sentido común, soy sensato, prudente, disciplinado, responsable, tenaz, hábil. En mi vida privada, soy un buen padre de ningún hijo y amigo de mis amigos, aunque en cuanto a las reglas de la amistad tengo un estricto e inviolable “sentido moral mafioso”. No en cuanto a que a quien le descubra una deslealtad lo mande a matar, sino algo tal vez peor: lo mato en el instante, a sangre fría o caliente, lo mato en mi corazón que es la peor y verdadera muerte para un allegado, lo mato en mi corazón, que es la mejor forma de matar, la única muerte definitiva y sin resurrección. De la amistad (la pongo en primer lugar) y del amor siempre espero recibir lo mismo que doy. Tan pronto como noto que no recibo lo mismo, dejo de esperar, que es lo mismo que decir “Esto se acabó”. Como si todo esto fuera poco, también poseo un fino sentido del humor. -si me lo propongo, hasta soy buen actor-, puedo calcular todas las decisiones y todas las consecuencias, las ventajas o desventajas de mi actitud ante todas mis relaciones personales y, también si me lo propongo, sembrar y cosechar las papillas de las relaciones interesadas, la influencia decisiva y el poder que todo lo puede y todo lo soluciona. Antes de leer El Príncipe, ya había descubierto las motivaciones, en general, de quienes se incorporan a la Política –su modus operandi- y conocía los mecanismos –la mayoría de las veces tramposos y repugnantes mecanismos del poder. Soy un tipo listo que tiene, como preferencia, otra música y otro escenario. Pero me creí aquella profecía de aquella profesora maravillosa, simplemente, y, lo peor, me lo he tomado en serio el resto de la vida. Como ven, soy una mezcla rara, poética y práctica, pero prefiero disfrutar de un soneto perfecto de Jorge Luís Borges o escribir uno tratando –délo por seguro- de superarme sólo a mí mismo.
Si hubiera decido, en cambio, utilizar en el destierro, pero libre todos estos instrumentos que he mencionado, sobre el poder, para mejorar mi vida, la de mi familia y la de mis amigos, hablando por supuesto siempre del “servicio desinteresado” a mi país y a mi pueblo, mi vida, la de mi familia y la de mis amigos sería otra, pero yo también sería otro –el que nunca he querido ser, no pertenecería a la aristocracia que pertenezco, me habría traicionado a mí mismo y no poseería la fortuna que poseo: mi satisfacción personal, mi conformidad con mi historia, la sólida base de mi felicidad con altibajos. Ya sé que después de leer estas líneas con toda seguridad muchos pensarán que soy un idiota y a este vocablo otros podrán añadir el de loco, otros, más generosos, me calificarán de romántico, y, finalmente otros, -la menor cantidad- dirán que soy una persona consecuente con los valores en que cree y que, de cumplirlos más seres, harían este mundo más habitable, habría menos corrupción, menos miseria, menos dolor, más soluciones y más felicidad (por cierto, mis personajes literarios preferidos son el Príncipe Mikin (idiota), el otro, Arturo Rivares (romántico) y el otro, el Hidalgo Caballero Don Quijote de La Mancha (loco), algunos y algunas dirán, que soy un gran tipo. Y muchas mujeres, que escribo muy bonito.
Mi familia tal vez sería más completa. Tendría una mujer hermosa –según mi rígido indicador de la hermosura femenina que no es el de las modelos de pasarela, aunque sí tiene que ser elegante- y deseable, como me gustan, y tendría, claro, otros amigos. No hubiera estado obligado por la circunstancia a reunir 350 € con un grupo de los que hoy tengo, dos de ellos a quienes hace más de 20 años que no puedo darles un abrazo, y no me hubieran cortado las comunicaciones por aire, mar y Tierra. Mi blog no se hubiera llamado El club de los amigos malos, sino El club de los amigos de la dulce vida. Me sobrarían “amigos”, “admiradores” y, sin ninguna duda, “homenajes” y “enamoradas” y juergas. Ya me habría olvidado incluso hasta de que estoy en el destierro, pero mis desmedidas ambiciones me habrían vencido. Yo sería el derrotado de mí mismo.
Esta lucha contra la tiranía cubana me ha dado muchos dolores de cabeza, pero también la posibilidad, como ya dije, sumada al resto de mi vida, de sentirme satisfecho de sí mismo, base de hormigón de la felicidad. Toda lucha rigurosa puede destruir a una persona, transformarlo en un monstruo o convertirlo en un ser mejor, aún cuando más duro. Estoy en el último caso. He tenido que tomar decisiones duras en estos años como demócrata cubano, la más dura de todas cuando tuve que rechazar la entrada en Habana Press de un periodista independiente que estaba siendo acusado por todo el mundo en la capital cubana de ser miembro de la Seguridad del Estado, cuando yo estaba convencido –y el tiempo me dio la razón, el tiempo que a veces se pronuncia- de que no lo era, pero no podía ponerse en riesgo el prestigio de la primera agencia libre en Cuba en medio del comunismo, de la agencia que estaba comprometida a ofrecer al mundo toda la información sobre Concilio Cubano. Se cumplió un precepto casi sagrado. Los que resultaron ser agentes fueron aquellos de los que nunca se sospechó ni se comentó. Ese periodista hoy sigue luchando por la libertad de prensa en Cuba y no fue, al menos en aquel momento, sólo una víctima de Fidel Castro, fue también una víctima mía, la víctima de un poeta que tuvo que actuar –y actuó- como un político o como un militar. Como se dice en teatro, yo estaba fuera del papel. Algunos hasta me lo reconocerán. Para mí hoy, como 15 años después, es un recuerdo amargo. Me satisface mucho más recordar cuando en 1980 escribí el poema Credo. Por todo esto –no por mi edad, incluso ni por mi salud- nunca me he dedicado a la política aunque haya participado en asuntos políticos. No es lo mismo dedicarse a la política –para lo que siempre hay que estar dispuesto a medir conveniencias y a ser una aplanadora de semejantes- que dedicarse a luchar por la libertad para lo que sólo hay que arriesgarse un poco, a veces.
Estar esposado durante unas horas lo endurece a uno como si fuera durante un siglo, al punto que cuando enterré a mis padres, poco antes de salir, no sólo no lloré, sino que he cometido durante casi 15 años la estupidez de enorgullecerme de eso, pero si la vida no siempre le da a todo el mundo mucha suerte en muchas ocasiones, sí siempre le da aunque sea la posibilidad de rectificar hasta a última hora –que no es el caso- y a mí me la dio cuando le puse la mano sobre el hombro a Exxon, el niño del Síndrome de Down de quien hablé antes y a quien sacaba a pasear en mi poco tiempo libre, y le dije “Exxon, vamos a tener que dejar de pasear por un tiempo”. El se alegró y empezó a reír como si le acabara de decir “Exxon, a partir de ahora serás un niño sano para siempre”. Y se me aguaron los ojos.
Por la libertad de Cuba, por los paseos de Exxon, este blog volverá a actualizarse diariamente y en él volverá a ondear la bandera de las tres franjas azules, las dos franjas blancas, el triángulo rojo y la estrella solitaria.
*Lamento muchísimo no haber podido continuar informando a nuestros lectores día a día y, como siempre que he podido, minuto a minuto, sobre dos eventos de interés general para los cubanos: el Día de la Caridad del Cobre, 8 de Setiembre, y el paso por Cuba de los huracanas Gustav y Ike que han sido para mí doblemente dolorosos por ser cubano y por tener familia y amigos en mi patria con quienes tampoco me he podido comunicar y de quienes no sé la suerte que han corrido con la arremetida de estos otros mostruos, en este caso de la naturaleza. Ruego generosidad, a los amigos, a la hora de evaluar formalmente este largo texto. No he podido revisarlo y lo he escrito muy cansado, no de la vida. (El Autor)
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gracias, al godar, un abrazo. julio
Falsas, vanidosas....y estúpidas.
No te voy a decir que te perdono la angustiosa longitud de este post, pero te comprendo.
Es doloroso conocer esta historia, pero reconforta ver que tienes el valor de enfrentar toda esta jodienda y la sabiduría para sobrellevarla.
Te deseo mucha suerte,
Saludos,
Al Godar
Miércoles, 30 de mayo
Julio San Francisco
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