Por AndresRivero*
Hace Medio Siglo
Las Elecciones Cubanas de 1958* (PARTE I)
Hace medio siglo, en Cuba la vida era buena y mala. El país prosperaba, emergía una robusta clase media, el gobierno construía autopistas, túneles y puentes, dispensarios médicos y escuelas; nuevas rutas se le abrían al agricultor y al pequeño comerciante, la industria nacional progresaba, las empresas financieras se modernizaban, el sistema crediticio se hacía más accessible y el cubano trabajador podía mirar para un futuro económico halagüeño, de bolsillo más repleto; desaparecían los barrios de indigentes, surgían nuevos repartos suburbanos, se multiplicaban las tiendas por departamentos, los teatros y centros nocturnos de diversión.
Las ciudades se embellecían, la música, el cine, la radio y televisión, disfrutaban de su mejor momento. Aparecían decenas de nuevos periódicos y revistas. Cuba se situaba a la cabeza continental en
cultura, economía, urbanismo, progreso y beneficios sociales.
Y sin embargo, declinaba dramáticamente la popularidad de su gobierno, seis años del mismo presidente eran demasiado para el cubano de entonces. Crecía alarmantemente la insurrección fidelista que se guarecía en la montaña, pero aterrorizaba en el llano. Diariamente explotaban bombas en lugares públicos, que arrancaban piernas y brazos de gente inocente; se hacían frecuentes los secuestros, asaltos y pase a cuchillo de indefensos soldados en el transporte público, con su secuela de represalia policial; el país iba al caos, se desmoronaban las instituciones oficiales, mientras ricos y aristócratas subvencionaban el terror y las iglesias se convertían en madrigueras de insurrectos; la mayor conspiración contra el gobierno no se fraguaba en cuevas o tugurios, sino en clubes exclusivos a la hora del trago y la veleidad.
En realidad, la insurrección terrorista no encontraba apoyo en las clases obreras ni campesinas, pues fracasaban todas las huelgas que convocaban los revolucionarios; el guajiro no se sumaba a la causa, no había protestas masivas del pueblo y las acciones criminales como el ataque al palacio presidencial en 1957, eran repudiadas por un amplio segmento de la población cubana. Sólo el apoyo económico, subversivo y torpe del conservadorismo más retrógrado fortalecía una revolución que contaba con cabecillas rojos como Bayo, Carlos Rafael Rodríguez y el Che. Absurdo. Patético.
Los cubanos se mataban por las calles y el país se sumía en un abismo político que afectaba todos los segmentos de la sociedad. Que detenía el avance nacional, la vida sensata. Cuba se volvía un infierno de ambiciones, estupideces, traiciones, violencia y crimen.
Ante esa caótica realidad, surgía un rayo de esperanza: en marzo de 1958, el gobierno convocaba a elecciones generales para celebrarse el tres de noviembre. El presidente Batista terminaba su mandato y para sustituirlo se presentaban cuatro candidatos de diferentes partidos políticos que prometían gobernar civil y democráticamente, terminar con la insurrección y conducir el país por caminos de paz y cordialidad. El terrorismo no era solución a la crisis nacional, afirmaban todos los candidatos. Y tenían razon, las elecciones eran el camino correcto, porque la voluntad soberana de un pueblo ejercida a través del voto, en cualquier parte del mundo, resuelve cualquier angustia patria.
Claro, ante la perfidia insurrecta, las condiciones electorales no eran óptimas; pero una elección multipartidista, en las que el principal regente no se postulase, aunque sólo lograra un bajo porcentaje de participación ciudadana --por temor o apatía-- ratificaría, sin embargo, que el voto libre y secreto siempre era una buena alternativa y probaría al mundo que el futuro cubano estaria regido por la concordia y unidad nacional.
Tan era así, que inmediatamente los cabecillas revolucionarios lidereados por Fidel Castro condenaron el proceso y “promulgaron” la Ley Número 1 de la Sierra Maestra que sentenciaba a muerte a todo el que participara del proceso electoral.
Definitivamente, aquellas elecciones del 3 de noviembre de 1958 fueron la gran oportunidad cubana de hace medio siglo.
¿Por qué se desperdició?
CONTINUARÁ.-
*Título original
**Andrés Rivero, escritor cubano-americano, reside en Miami desde 1959. Es autor de diez libros , entre ellos el primer libro del exilio cubano, Enterrado Vivo (Editorial Dinamismo, México D.F. 1960) novela histórica sobre los fusilamientos fidelistas de 1959. Rivero ha militado en varias organizaciones del exilio cubano; ha sido comentarista radial y columnista de los dos diarios más importantes de Miami y ha ganado numerosos premios por su amplia labor literaria. Su padre, Andrés Rivero Agüero, fue una destacada figura de la política cubana como embajador, ministro, senador, premier y presidente electo en los últimos comicios multipartidistas celebrados en Cuba Republicana (1958). Para comunicarse directamente con Rivero, escriba a: ar@andresrivero.com
Lunes, 13 de febrero
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