El joven saudí Hadi Saeed al Mutif - chií ismailí – fue condenado a pena de muerte por blasfemo según sentencia de tribunal de su país y la pena podría cumplirse en cualquier momento pues ya dos apelaciones han sido rechazadas. Tenía 18 años entonces y lleva 15 en la cárcel, según denunció ayer El País, de España.
El crimen que aquel aspirante a policía cometió, que lo llevó ante los letrados fundamentalistas y que está a punto de conducirlo al cadalso fue responder al “Recemos por el Profeta Mahoma”, del Imam, con la frase
“Y por su pene”, ante dos reclutas que rezaban junto a él y que inmediatamente lo denunciaron.
Yo nunca hubiera dicho una frase de este tipo porque creo que todo ser humano debe respetar toda religión, sus dioses, sus profetas, sus símbolos y sus rituales, créase o no en ellos, por el simple hecho de que todo ser humano debe respetar a todo ser humano y sus creencias, pero con la misma convicción sostengo que ninguna persona, institución, gobierno o Estado tiene derecho a condenar a una persona ni a privación de libertad, ni a muerte, ni a nada por un hecho de este tipo.
De modo que, como simple ser humano, exijo la libertad inmediata e incondicional de Hadi Saeed al Mutis, que a todos los efectos del mundo desarrollado y el Derecho Internacional es inocente. Toda persona, institución, gobierno o Estado que pretenda encontrar en una persona, institución, gobierno o Estado del mundo libre un interlocutor respetuoso, aliado y amistoso debe empezar por poner fin en su mente y en su corazón a toda filosofía y práctica de este tipo bárbaro.
Igualmente, nunca me atrevería a opinar acerca de cómo deben interpretar los musulmanes el Corán o qué actitud deben tener con respecto a esa Sacrada Escritura y sus particularidades porque considero que no me corresponde ese derecho, pero sí me siento en propiedad del deber de condenar toda acción que atente contra el respeto a la Carta Universal de los Derechos del Hombre en cualquier lugar del planeta del que soy ciudadano.
La Organización de las Naciones Unidas deben ser las primeras en exigirlo y los integrantes de la Alianza de las Civilizaciones, los primeros en plantearlo, -seguidas por todas las Organizaciones No Gubernamentales de Defensa de los Derechos Humanos en el mundo- trátese de condenas a muerte por blasfemia, por infidelidad, por homosexualismo o por razones religiosas, étnicas, ideológicas o políticas. Basta ya de tolerancia indolente o de complacencia cómplice de Occidente con respeto a estos graves problemas del mundo de ayer, vergüenzas del mundo de hoy.
Si Hadi Saeed al Mutis es ejecutado, todos los demócratas del mundo que hayan permanecido en silencio conociendo su caso serán cómplices.
Firmado:
Julio San Francisco
Demócrata cubano desterrado
Miércoles, 30 de mayo
Julio San Francisco
Paul Monzón
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Efrén Mayorga
Julio Frank Salgado
Guillermo Roz
Asociación Cultural Vera Méndez
Karina Longo
Meir Finkel
Angel Monagas
Rolando Rodrich
Francisco R. Figueroa
Julio San Francisco