RESCATE DE INGRID BETANCOURT: PUNTO FINAL DE LA IDEOLOGÍA FIDELISTA EN LATINOAMÉRICA*
Por Jorge Hernández Fonseca
www.cubalibredigital.com
7 de Julio de 2008
En este mundo globalizado, cada golpe que se propina a la izquierda comunista beligerante en cualquier parte del globo, tiene una consecuencia sistémica asociada a la disminución de la capacidad ofensiva de esa fuerza opresora y expansiva, con tendencia a neutralizarla.
En América Latina, el castrismo es la esencia ideológica de la lucha armada encaminada a la toma del poder político, línea que el dictador cubano impuso a prácticamente todos los países del área en la década del 60. Fue derrotada militarmente en
toda América del Sur y Central, con la única excepción de Colombia. Como se sabe, la beligerancia colombiana tiene también raíces históricas fuera del castrismo, sin embargo, fue la ideología germinada en la Cuba de Castro la que sirvió de fundamento a la red internacional de apoyo a las guerrillas colombianas.
Tres fuerzas insurgentes se enfrentan al ejército constitucional de Colombia: las FARC, la mayor organización guerrillera comunista colombiana, el ELN, otra fuerza guerrillera comunista creada artificialmente por la Habana dentro de la Colombia beligerante y los paramilitares, que luchan contra las guerrillas comunistas y contra el ejército colombiano, conformando una compleja red insurgente que llevó el país al actual conflicto alimentado por el narcotráfico.
El castrismo, que con su “lucha armada” impuso una cruenta guerra a Latinoamérica, también tuvo intentos institucionales legales durante sus inicios, siempre con similares pretensiones de tomar el poder político y hacer “la revolución”. Tal fue el caso de la elección del desaparecido presidente Salvador Allende en Chile, donde la intervención del ejército chileno frustró la experiencia comunista y se implantó en su lugar una dictadura militar siguiendo los pasos de la alternativa que previamente había triunfado en Brasil, extendiéndose posteriormente a Uruguay, Argentina, Bolivia y Perú, donde los militares derrotaron a los grupos insurgentes comunistas.
La muerte en Bolivia de Ché Guevara significó la derrota de la línea insurreccional en casi toda América Latina, pero ese no fue el revés total del castrismo, ideología beligerante que continuó propugnando la lucha armada, concentrando en Colombia su materialización y subsistencia.
La retomada de relaciones entre la antigua URSS y el dictador cubano a inicios de los 70, trajo cierta paz a América Latina, a partir de que los soviéticos lograron convencer a Castro de la existencia de una manera menos cruenta de imponer el comunismo en Latinoamérica: usando la vía política electoral. Esta vía sólo cuajó años más tarde, con el triunfo electoral chavista, cuando ya la URSS había desaparecido y el comunismo era una pieza histórica de museo.
Fuera de la victoria guerrillera de Nicaragua y de un ‘push’ golpista en Granada, ningún otro país de la América Latina consiguió materializar la famosa “teoría del foco guerrillero” como vía efectiva de tomar el poder político por las armas. Estas experiencias sobrevivieron muy poco, de manera que al triunfo chavista en Venezuela, Cuba era un anacronismo en Latinoamérica.
La simbiosis que se estableció entre Castro y Chávez conformó en la mente del dictador una convicción que le daba la razón a los soviéticos: “Es posible imponer el comunismo por la vía democrática”. A partir de entonces el dueto Chávez-Castro ha apoyado con éxito los intentos comunistas en la Bolivia de Evo Morales, la Nicaragua de Daniel Ortega y el Ecuador de Rafael Correas, habiéndolo intentado sin éxito en el Perú de Ollanta Humala y el México de López Obrador. Quedaba sin embargo el ejemplo beligerante colombiano, con una situación doble: por un lado un grupo guerrillero, el ELN, dirigido desde Cuba, y por otro las FARC, independientes.
La orientación de la Habana hacia el grupo guerrillero ELN fue negociar la paz y tratar de influir en las FARC, de manera que también aceptaran negociaciones de paz con el gobierno colombiano. Una contradicción sin embargo entró en juego: las guerrillas dirigidas por Castro no podían firmar la paz hasta que las FARC no dieran claras señales de querer incorporarse a la vida civil como partido de izquierda, para no perder el terreno ganado dentro de Colombia.
Un artículo reciente del dictador cubano publicado el 5 de Julio arroja luz sobre este particular. El deterioro mental de Castro dejó escapar detalles vergonzosos de sus relaciones con las guerrillas colombianas, que de otra manera no hubiéramos conocidos tan directamente. Castro escribió, refiriéndose al partido comunista de Colombia, del cual dependía entonces la guerrilla de las FARC, lo siguiente: “…estaba bajo la influencia del Partido Comunista de la URSS y no del de Cuba. Eran solidarios con nuestra Revolución pero no subordinados”. Impúdicamente Castro reconoce la dualidad de influencias existentes en América Latina, repartidos entre los que eran subordinados de la URSS y los que eran subordinados de Cuba: las FARC y el ELN.
Es claro ahora que Castro se empeñó en re-direccionar la lucha comunista en Colombia hacia la vía electoral, mediante una salida pacífica a la lucha guerrillera, de manera a conformar un partido que tratara de ganar las elecciones a medio plazo. Pero, como bien escribió el dictador en el artículo referido, “…las FARC siempre se caracterizaron por un hermético sectarismo…” Los esfuerzos de Castro y Chávez tropezaron con la oposición de las FARC a abandonar la lucha armada, lucha de la cual Castro (junto a Ché Guevara) habían sido principales mentores.
Por otro lado, la estabilidad del gobierno comunista de Evo Morales en Bolivia se hace cada vez más precaria. La división del partido de gobierno en el seno de la Asamblea Constituyente ecuatoriana deja entrever cada vez más claramente el rechazo a la ideología comunista presente en la clase política de ese país, haciendo más evidente que Rafael Correa no tiene el futuro que había programado. Y finalmente, las derrotas del chavismo, tanto electorales como sociales, han alertado al pueblo y la sociedad venezolana de la pesadilla comunista por venir.
Es en este precario panorama para la ideología comunista, que las FARC se enfrentan a un golpe tan demoledor como el recate de sus secuestrados ilustres, sin los cuales las guerrillas prácticamente han perdido sus principales cartas de negociación. En el ámbito nacional, las FARC pierden preponderancia; en el plano internacional, una penetración de la inteligencia enemiga pone de relieve el fracaso del intento insurreccional que más tiempo ha sobrevivido a la derrota de la línea castrista a manos de los ejércitos constitucionales, desde los años 60 y 70.
Cuba, a pesar de haber cambiado de métodos y ahora propugnar para Colombia una opción de paz descrita por Castro como “…la opción que durante tres décadas Cuba ha defendido en esa nación…” (dejando en evidencia que hubo otras dos décadas en que Cuba propugnó la guerra) no está muy clara la recomendación actual del dictador cubano para las guerrillas colombianas, tanto de las FARC como del ELN, cuando expresa: “…no estoy sugiriendo a nadie que deponga las armas, si en los últimos 50 años los que lo hicieron no sobrevivieron a la paz…”
De esta manera tan lateral y poco clara escribe su recomendación el dictador cubano cuando un golpe de audacia del ejército ha dejado a las guerrillas de Colombia sin posibilidades de actuar, ni ante el gobierno de Álvaro Uribe, ni ante la comunidad internacional que los toleraba.
Los razonamientos poco claros que expone por escrito el dictador cubano recomendando “…poner en libertad a los secuestrados y prisioneros que aún estén en su poder, sin condición alguna…” agregando: “…expresé con claridad nuestra posición en favor de la paz en Colombia…” que puede interpretarse como un consejo para hacer la paz, son signos claros de la derrota definitiva de la ideología cubana nacida en la mente del propio autor de esas líneas.
El golpe asestado por Uribe a las FARC en Colombia, fue sentido también con fuerza en Cuba.
*Título original de este excelente artículo de nuestro amigo Jorge Hernández Fonseca, demócrata cubano exiliado en Brasil y director de Cuba Libre Digital, uno de los mejores periódicos digitales cubanos del exilio y Premio Primavera Negra. Nota de El club...
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