El club de los amigos malos

Vamos a ver, como se dice en España cuando te cabreas

17.05.08 | 18:27. Archivado en Mi lucha por la libertad de Cuba
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sobre el bochornoso uso de los fondos otorgados por Estados Unidos para apoyar a los demócratas en Cuba

Por JULIO SAN FRANCISCO
EX DEMÓCRATA DENTRO DE CUBA Y ACTUAL EXILIADO

¡Vamos a ver¡, como se dice en España cuando te cabreas, o ¡¿Qué coño te crees?¡, como se dice en Cuba cuando te encabronas:

"Los fondos del gobierno norteamericano destinados a promover la democracia en Cuba no llegan a la oposición dentro de la isla. Los resultados de un estudio reciente de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), que analiza los gastos de las organizaciones que reciben mayores cantidades de fondos federales del Programa para la Democracia en Cuba, demuestran que el 83% del dinero designado al apoyo de activistas democráticos en Cuba, ha sido gastado en Miami o en países extranjeros".

Yo quiero saber qué persona o entidad gastó ese dinero y
en qué se empleó. Lo ocurrido es sencillamente inaceptable. Puede ser penado moralmente o judicialmente, o de ambas formas. Si es obra de buenas intenciones, resultaría irresponsable y el que lo hizo demostraría conocer muy poco las duras condiciones de lucha de la oposición interna, de los demócratas cubanos, sus hermanos de lucha y sus familiares, o sea, si efectivamente se empleó en la lucha cubana por la transición, la democracia y la libertad de Cuba, pero sin que llegara a los demócratas cubanos que luchan dentro de Cuba, o dicho en Español de España, significa "Pasar de los demócratas cubanos que luchan en Cuba" o dicho en Español de Cuba, como corresponde decirlo, "Tirarlos a mierda porque lo que yo hago es lo más importante". Ese uso sería moralmente repudiable.

Si se empleó en asuntos ajenos a esa lucha, peor aún. El responsable o los responsables deben conocerse y deben pagar, de la forma que sea, su irresponsabilidad, su inmoralidad o su delito, o todo. Ruego a quien conozca esa información que me la envíe a juliosanfco@yahoo.es Si la obtengo, la publicaré toda -en detalle- en este espacio libre e independiente, El Club de los Amigos Malos, El Blog de la Libertad, un espacio que fue creado el 19 de septiembre de 2005 -tiene ya casi tres años-, acumula mil 287 posts y acaba de recibir el honroso lauro venezolano, creado por el periodista bloggers Alexis Marrero, Premio 11 de Abril, Por el valor en la lucha por la libertad, un blog que, en fin, ha mantenido una línea editorial clara, recta, concisa, honrada y siempre actual y de interés para Cuba y todos los cubanos.

En Cuba todas las empresas son del gobierno. Cuando un cubano decide pasar a la oposición activa, lo primero que tiene que hacer es renunciar a su trabajo y su salario. En caso de que cometa la ingenuidad de no adelantársele, el gobierno lo despedirá humillantemente en cuestión de horas, ante enardecida asamblea del resto de los trabajadores, tan pronto como se sepa que es disidente y se le acuse, de facto, de 'gusano', 'contrarrevolucionario', 'agente del enemigo'. A ninguno se le ocurriría ir a buscar trabajo a otra empresa porque ninguna ni nadie se lo daría.

Él y su familia tienen que empezar a vivir a partir de entonces sin dinero, sencillamente. El disidente y su familia tienen que olvidarse ya de los siempre precarios desayuno, almuerzo y comida cubanos. Empieza a dependerse de la buena voluntad de un familiar cercano -un buen tío-, de un hermano de lucha, que puedan darte un día un pedazo de pan quitándoselo ellos, o de un vecino que se atreva -lo hacen pocos dado el miedo ambiente- a llevarte o enviarte un plato de sopa.

Todo esto, sabiendo que vives ilegal y perseguido, que a cualquier hora te pueden ir a buscar, que te puede ocurrir cualquier cosa, desde que vayas en una bicicleta y te tiren un coche encima hasta que te asalten una noche en una calle oscura "presuntos delincuentes que saben karate" y te den una horrible paliza, pero sobre todo sabes que pase lo que pase y hagas lo que hagas ningún tribunal fallará a tu favor, que desde que te declaras disidente o te detectan disidente, ya estás condenado a algo, porque todos cumplen las órdenes del gobierno al cual pertenecen y responden incondicionalmente en un Estado de Desderecho donde cada magistrado tiene que ser militante del Partido Comunista de Cuba, y, lo peor, nunca sabes qué te podrá ocurrir, pero tienes la certeza de que algo te ocurrirá y de que será terrible. Siempre estarás vigilado, perseguido y amenazado. Siempre estás luchando contra la tiranía y, lo peor, contra tu miedo.

En caso de que caiga preso alguien, nadie que no lo haya vivido puede saber el infierno que empieza, el infierno que significa conseguir una cajetilla de cigarrillos -no digamos ya dos o tres- para llevársela a Villa Maristas, la comandancia general de la policía política cubana, si está allí y le permiten visitas -si no está incomunicado- aunque sea una vez a la semana o al mes. Una cajetilla de cigarrillos costaba en Cuba hace 10 ó 12 años, en el mercado negro, 20 ó 25 pesos (un dólar).

Fíjese lo importante que puede ser un sólo dólar de esos miles o millones que no llegaron a los demócratas dentro de Cuba. Puede definir que un cubano preso no pueda fumarse en ese antro -o en otro de los miles del País de las Cárceles Masivas y Macabras- ni la cajetilla que hay que entregar a los cuarteleros o cancerberos y ellos administran al reo según el deseo del guardián, el deseo de torturar.

En caso de que sea enviado a una cárcel -que siempre será lo más lejana posible de su lugar de residencia y en los sitios más inhóspitos- aparece el problema de la 'jaba' (la bolsa de comida) que todo familiar, sea hija, esposa, madre o abuela, quiere llevarle para que, aunque sea un día, pueda comer algo nutritivo y sabroso -sin hablar de la difícil transportación en cualquier caso. Esa comida hay que comprarla en el mercado negro. Un pedazo de carne de cerdo puede costar -o en aquella época costaba- 20 dólares. ¿Cuantos prisioneros políticos cubanos no han podido comer una ración de cerdo asado -plato preferido del cubano-, no como un lujo de Navidad, sino para comer algo que sirva, en las cárceles cubanas en estos 13 años porque alguien desvió ese dinero que era principalmente para ellos? ¿Cuántas hijas, esposas, madres o abuelas tuvieron que llevar su jaba casi vacía por esa razón?

Lo ocurrido no tiene perdón de Dios ni del Diablo.

Cuando Rafael Solano, fundador y director de HabanaPress, y yo, subdirector editorial, estábamos reportando desde La Habana, su familia y la mía apenas comían. Él y yo apenas comíamos. Había un carnicero en el barrio -algún día podré decir su nombre- que, con la mejor intención, a veces, cuando podía, nos enviaba un cartucho con carne de segunda. El desayuno llegamos a olvidarlo por completo. ¿Cigarrillos? (ambos fumábamos mucho). Cuando algún vecino nos los regalaba. Así se empezó y su fundó el Movimiento Cubano de Periodismo Independiente, pero así empezó, mucho antes, la lucha contra la tiranía castrista en la década del '60, la "Década Prodigiosa" para muchos lugares del mundo, la "Década Tenebrosa" para los demócratas cubanos.

Recuerdo que en marzo de 1996 Anthony DePalma, brillante periodista de The New York Times, me entrevistó en La Habana, en El Caballo Blanco, en San Miguel del Padrón, en la casa de la familia Solano, donde estaba la pequeña y modesta oficina de nuestra agencia con su teléfono a veces cortado y siempre pinchado. Cuando terminó la entrevista que me levanté para despedirle tuve que decirle (yo que soy cubano):

-Siento no haber podido brindarte una cerveza, un ron, aunque sea un refresco, un bocadillo, pero..."

Anthony, con una sensibilidad impresionante, una solidaridad conmovedora y un gesto que todavía recuerdo y siempre agradezco, sacó su billetera, extrajo un billete de 100 dólares y me lo extendió. Yo lo cogí entre avergonzado e hidalgo. Aquel billete se estiró y se utilizó, durante mucho tiempo, para que comiera la familia del director de HabanaPress, para que comiera mi familia y para comprar cigarrillos y llevárselos a Rafael Solano a Villa Maristas en el triciclo verde, del también periodista independiente, de la agencia, Joaquín Torres.

Tampoco olvido un día de buena suerte, de algo mágico en el purgatorio. Tuve que ir caminando -se sobreentiende por qué- desde San Miguel del Padrón hasta Centro Habana, a la casa de Raúl Rivero. Cuando subí las escaleras y Raúl me abrió y me vio pálido y sudando, le dijo a Blanquita:

-Dale a Julito un batido de papaya, que se nos desmaya.

Gran poeta y amigo al fin. Pero era, además de un verso muy cubano, impregnado del inseparable buen humor de Raúl, impregnado también de su inseparable buen sentido de la amistad, un ofrecimiento de verdad y también un batido muy cubano. Nunca olvido el color y la temperatura de aquel vaso de cristal y de verano. ¡Qué gran suerte tuvimos el gran poeta y su discípulo aquel día¡ Había batido de papaya. Que nadie diga, pues, que no somos poetas con buena suerte.

Estuve dos años reportando diariamente, desde La Habana, para Radio Martí, y a veces participando en paneles sobre distintos temas de la realidad cubana. Esta emisora, que ha cumplido una función tan importante en el despertar del pueblo cubano y que se ha convertido en la emisora más sintonizada en Cuba desde la década del '80, -méritos que sin duda tiene y reconozco y por eso le di el Premio Primavera Negra que lancé el Día Mundial de la libertad de prensa, nunca me pagó ni un centavo o un céntimo por ninguno de mis despachos noticiosos,-y los difundía destacadamente todos- pero no sólo eso. Algún periodista de la emisora los grababa en Washington o en Miami, en mi propia voz, y después lo reportaba como una noticia suya. Nunca se nos permitió reportar directamente, cosa que siempre me pareció humillante. Así y todo, había que agradecerlo "y se agradece", como decimos los cubanos.

También reporté mucho durante ese tiempo, dos o tres años, para otras emisoras cubanas de Miami. Ninguna me pagó tampoco nunca y nada. No me pagaron incluso ni aquella sonada noticia sobre las octavillas (buscar Octavillas sobre La Habana) por la cual la policía política me dijo que estaba decidido fusilarme “aquella misma noche, frente a tu oficinita de HabanaPress, si se hubiera producido un levantamiento o sublevación en la ciudad por causa de esos papeles de mierda".

Nuestros amigos intermediarios cubanos en Miami y otros lugares -los que recibían y distribuían nuestras notas- nos enviaban, cuando nos lo enviaban, 30, 40 o, a lo sumo, 50 dólares al mes, dinero que se distribuía - y de eso me encargaba- lo más justamente posible entre todo el staff: a partes iguales. Nunca he sabido, ni tal vez sabré a cuántas emisoras en Estados Unidos o en toda Hispanoamérica se le vendía ese servicio, ni qué ganancia dejaba a los intermediarios, pero sin duda seguramente que dejaba más que para pagar los gastos de su teléfono -lo pagaban ellos- y enviar 50 dólares mensuales a Cuba.

El viaje del Caballo Blanco hasta el aeropuerto internacional José Martí, el día que partía al destierro, tuve que pagárselo al 'taxista' con el reloj que llevaba puesto.

Se trataba -o se trata- de las rígidas reglas del juego en la lucha por la libertad de Cuba y por la libertad de prensa desde un país totalitario. Pero el exilio cubano, con su patriotismo a toda prueba y su poder incuestionable, tiene que contribuir de forma decidida y eficaz a vulnerarlas, cambiarlas y desmoronarlas.

Yo confieso estas cosas, estas cosas tan feas. Otros las vivieron igual y no tienen el valor de decirlas. Algunos podrán pensar que hacer pública esta información puede afectar mi prestigio, pero mi prestigio -el que haya ganado, el que tenga- no está hecho de material tan frágil y volátil a la vez.

No las doy a conocer para despertar lástima. Detesto la lástima y la autolástima. De haber sentido esos sentimientos no hubiera podido luchar durante todos los días durante estos últimos once años o me habría suicidado en el destierro.

Las publico porque es un dardo más al hígado de la tiranía, al menos para los lectores inteligentes o sensibles. Lo digo para, como decía el poeta Nicolás Guillén, ¡Que se avergüencen ellos¡ Lo digo porque, como decía el poeta Antonio Machado, "con mi dinero pago la mansión que habito y el lecho en donde yago" y, "en cambio, nada os debo..."

Así que nadie me haga cuentos, que lo conozco y lo recuerdo todo, incluidos nombres que hoy no he dado, porque lo he vivido. Nada de esto, sin embargo, debe ni puede manchar la imagen del exilio cubano, un exilio largo, duro, patriótico, emprendedor y exitoso, gran esperanza del pueblo cubano en la isla cuando llegue el día de la reconstrucción, hermano de sus hermanos.

A actos de este tipo hay respuestas dignas como la de la Fundación Nacional Cubano-americana.

El problema cubano de conseguir dinero para sufragar los gastos de la lucha contra un poder opresor no es nuevo en la Historia de Cuba. Mucho tuvo que andar el cubano más grande que ha dado el país en toda su Historia, más grande como poeta, como periodista, como Máximo Líder del Pueblo Cubano, como hombrecito, el gran José Martí, por las frías calles de New York para conseguir cuatro kilos prietos (céntimos) y enfrentarse al entonces colonial poder español.

Esta lección deberíamos tenerla más presente los exiliados de hoy, los ricos, y los que vivimos de nuestro ajustado salario mensual como empleados espartanos, en ambos grupos hay buenas y malas personas, pero las que han hecho este mundo más habitable y solidario -y lo seguirán haciendo- han sido siempre las buenas, desde Giordano Bruno o Thomas Alva Edison hasta Bill Gates.

El exilio cubano tiene mucho dinero. Yo me alegro de eso -me enorgullece-como cubano. Mis ídolos, además de Sinatra, Beetthoven, Borges, Sajarov y Gandhi, son los grandes y muchos empresarios cubanos del exilio. Sé que han hecho su obra y su fortuna con mucha disciplina, trabajo, talento, espíritu emprendedor y, a veces, en circunstancias muy adversas.

Yo sólo he podido hacer en 20 años un poema de unos 20 versos que se titula El desterrado y que parece que es bueno, aunque se ha vendido poco y no me ha dado dinero, y escribir -eso sí- más de 20 mil palabras por la libertad de Cuba y de Prensa en mi país y en todo el mundo.

El que desee aportar algo a la libertad de Cuba sabe en qué puede emplear parte de su fortuna: en ayudar a los demócratas que luchan dentro de Cuba y a sus familiares. En ayudar a las organizaciones cubanas de oposición, dentro y fuera de Cuba.

El dinero que ha otorgado y otorgará el gobierno de los Estados Unidos de América para apoyar la lucha por la transición, la democracia y la libertad de Cuba, como hicieron con otros países de Europa antes, debe ir a parar, en mi opinión, exclusivamente a los demócratas cubanos que luchan dentro de Cuba. No sólo porque ellos son el corazón de esa lucha, sino también porque allí está el escenario más peligroso y dramático.

La lucha de ellos, los de adentro, no es más importante que la lucha de nosotros, los de afuera, ni viceversa. No se trata de eso. Ambas se complementan, aunque la nuestra debería ganar mucho en eficacia porque luchamos desde la libertad. En primer lugar, en unidad, -es imprescindible ya la celebración de una convención internacional del exilio cubano-, una coordinación, una estrategia y un único fin con una única campaña internacional: la liberación de los prisioneros políticos y que todo el mundo exija, como un clamor, transición, democracia y libertad para Cuba ya ante todos y por todos los medios del exilio.

De lo que se trata es de que no es lo mismo estar en una cárcel cumpliendo 2 años de prisión después de haber dado una conferencia en La Habana que estar tomándose un mojito o un Bacardí reserva superior 8 años, dorado, sobre todo porque éste es el mejor ron del mundo, en un hotel de Miami o Madrid después de haber dado una conferencia en Miami o Madrid.

A los demócratas cubanos, tanto dentro como fuera de Cuba, nos han faltado en este medio siglo, unidad, estrategia y dinero, todo lo que precisamente le ha sobrado a la tiranía castrista. Tiempo hemos tenido abundante, sin embargo, para haber logrado esa unidad y esa estrategia, para haber creado ya dos o tres grandes partidos -de derechas, de centro y de izquierdas- que constituyan una verdadera e inmediata opción ante la posibilidad de unas elecciones libres, de una transición que, a partir de ahora, sobre todo a partir de la muerte física del tirano, en cualquier momento se nos puede venir encima.

Y por faltarnos todo eso también nos ha faltado capacidad de persuación y convencimiento, ante el resto de los cubanos en la isla y ante la comunidad internacional, acerca de nuestra lucha, sin duda difícil y justa.

Si yo tuviera una buena cuenta en el Banco, seguro que aportaría algo, pero todo lo que tengo -lo único que tengo- son palabras, una inmensa cuenta de palabras en los sesos que aún no sé si llegan a la categoría de fortuna, palabras desordenadas, caóticas, armoniosas o absurdas en las madrugadas, en esa otra patria que un poeta cubano llamó 'noche' y que intento que sirvan para algo en este mundo donde algún día tal vez se pierdan para siempre.

Me hubiera gustado vivir libremente, fundar una gran empresa de sombreros y corbatas y que llevara mi nombre, -fíjense si soy ambicioso- y cotizar en Bolsa, tener una mansión, no metafórica como la del poeta español, sino real, en Madrid, otra en Miami y, en el futuro, una en Matanzas, al lado del puente de hierro, junto al azulísimo mar de mi ciudad natal, pero tuve que pasar mi niñez, mi adolescencia, mi juventud y parte de mi adultez en un país férreamente comunista y salir al destierro con 46 años, solo y con 20 euros en el bolsillo.

He tenido que dedicar los últimos 20 años de mi vida a la lucha por la libertad de mi país, no por vocación, sino porque sentí esa obligación cuando descubrí la gran estafa comunista del Futuro Luminoso y el Hombre Nuevo, y, como si fuera poco, estoy satisfecho aún, Vivo aún, como decía el poeta cubano José Zacarías Tallet. No me ha ido tan mal. Si nunca me han faltado fuerzas para luchar tiene que ser –digo yo- porque no me habrá ido tan mal. En cuanto a lo de ser empresario, ¡Qué se va a hacer¡ "No se puede torcer el destino como débil barita de estaño".

INFORME DE LA FUNDACIÓN NACIONAL CUBANO AMERICANA

Los fondos del gobierno norteamericano destinados a promover la democracia en Cuba no llegan a la oposición dentro de la isla. Los resultados de un estudio reciente de la Fundación Nacional Cubano Americana (FNCA), que analiza los gastos de las organizaciones que reciben mayores cantidades de fondos federales del Programa para la Democracia en Cuba, demuestran que el 83% del dinero designado al apoyo de activistas democráticos en Cuba, han sido gastados en Miami o en países extranjeros. En los próximos meses se distribuirán $45 millones adicionales para este programa crítico. Fue con esta preocupación específica en mente que la FNCA emprendió la elaboración de este informe ampliamente discutido, pero aún no comprendido a cabalidad, que hoy estamos dando a la luz pública. Basado en un minucioso examen estadístico que tardó un año, nuestro reporte analiza la efectividad del programa federal en apoyo a la sociedad civil y ofrece recomendaciones concretas para asegurar que la valiente oposición cubana reciba los recursos que necesita tan desesperadamente para realizar su obra.

En 1995, Jorge Mas Canosa y yo nos sentamos en la oficina del entonces Congresista Bob Menéndez para discutir el borrador de la Ley de Libertad y Solidaridad Democrática para Cuba, conocida comúnmente como la Ley Helms-Burton. Además de aumentar la presión económica e internacional contra el régimen de Castro, reconocimos la importancia de incluir medidas para ayudar a la oposición interna. Considerábamos que los Estados Unidos debía jugar un papel crítico similar a sus exitosos esfuerzos con el sindicato Solidaridad en Polonia y que podía robustecer su compromiso a favor de la libertad ofreciendo apoyo financiero y material a la oposición de forma directa. Esperábamos que el gobierno de los Estados Unidos, por medio de lo que eventualmente se convirtió en la Sección 109(a) de esa histórica legislación, pudiera extender el mismo nivel de apoyo al pueblo cubano.

Tristemente, años más tarde, el Programa de Democracia para Cuba en la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) que resultó ser la entidad ejecutora de esta visión original, no ha cumplido con las expectativas que abrigamos hace más de una década, y sus acciones contradicen el espíritu y letra de la ley. De acuerdo con una auditoría independiente realizada en el 2001 por Price Waterhouse y más tarde en el informe del 2006 de la Oficina de la Contraloría General (GAO), el programa ha estado plagado de faltas significativas que todavía no han sido rectificadas apropiadamente. A través de la historia del programa, hemos sido testigos de cómo decisiones de política interna, arbitrarias, erráticas y a menudo discriminatorias, han quebrantado su efectividad; creando una cultura de dependencia de los fondos del gobierno norteamericano sin estimular la competitividad o la inventiva entre los que reciben esos fondos; prohibiendo el envío de remesas en efectivo a los disidentes y a los familiares de presos políticos, a pesar de la intención de sus creadores de permitir el envío de dichas remesas; y permitiendo que los valientes líderes opositores a lo largo y ancho de la Isla tengan que luchar cotidianamente para satisfacer sus necesidades más elementales.

Es ante esta coyuntura crucial para el pueblo de Cuba, cuando se planea la distribución de $45 millones adicionales, que nos vemos obligados a rechazar el papel de observadores pasivos y hablar clara y contundentemente, sin importarnos las críticas o los ataques personales de quienes prefieren permanecer a la sombra acomodaticia y conveniente del status-quo. La negativa de abordar con seriedad estos problemas por parte de sucesivas administraciones presidenciales ha facultado la continuación ininterrumpida del mal manejo de estos fondos, ya sea por falta de voluntad política o peor aún, por apaciguar intereses políticos locales.

El juicio prevaleciente en los círculos de Washington es que una retórica apropiada sobre Cuba es suficiente para satisfacer a los cubanos de Miami distribuyendo unos cuantos millones de dólares en un programa que sólo beneficia a ciertos sectores partidistas ayudando a promover las carreras políticas de quienes los distribuyen. No obstante, nuestro estudio no busca atacar a organizaciones bien intencionadas o a aquellos dentro de las agencias gubernamentales que han heredado esta situación, sino asegurarnos que se apliquen cambios drásticos en la manera en que se implementan estos programas. La Sección 109(a) de la Ley Helms-Burton establece claramente entre sus objetivos fundamentales proveer: “Asistencia humanitaria a las víctimas de represión política, y sus familias” y “Apoyar los grupos democráticos y de derechos humanos dentro de Cuba”.

Conseguir el pleno cumplimiento, tanto del espíritu como de la letra de la Sección 109(a), es el único objetivo, el motivo primordial, del estudio de la Fundación Nacional Cubano Americana. Para estos fines, recomendamos cinco medidas concretas: 1) Permitir envíos directos en efectivo a los disidentes y familiares de presos políticos en Cuba; 2) Exigir que quienes apliquen para fondos bajo el programa tengan otras fuentes de ingreso; 3) Permitir, a través de organizaciones fuera de Cuba, la asignación de fondos a organizaciones de sociedad civil independiente con base dentro de Cuba; 4) Exigir que los que reciben fondos gasten un mínimo de 75% de los fondos del gobierno en ayuda directa a la sociedad civil dentro de Cuba; y 5) Asignar empleados de USAID a la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana para monitorear el funcionamiento del programa.

Durante un reciente encuentro en las oficinas del Departamento de Estado en Washington con oficiales encargados de la supervisión del programa de asistencia a Cuba, pudimos reafirmar el sentido de compromiso de estos oficiales con los verdaderos objetivos del programa y de la consideración seria que otorgan a nuestras recomendaciones. Esto nos hace esperar que al fin se produzca un cambio real en la administración del programa de asistencia. Permitir que se asignen nuevos fondos a este programa para ser utilizados de la misma manera en que han sido empleados en los últimos 13 años, sería totalmente inaceptable. Por otra parte, permitir que un asunto de tanta trascendencia como éste se convierta en una simple querella de campaña electoral por quienes buscan evadir la responsabilidad de su inacción anterior y así esquivar la implementación de cambios que verdaderamente podrían ayudar a fomentar una transición democrática en Cuba, resulta inexcusable. No vamos a permanecer en silencio. Cualquiera que conoce la lucha de la FNCA de tres décadas en favor del pueblo cubano sabe que no se nos disuadirá ni se nos intimidará en nuestra búsqueda de cambios efectivos en el manejo y distribución de los fondos para la democracia en Cuba. El pueblo cubano merece una suerte mejor.

Francisco "Pepe" Hernandez
Presidente, Fundacion Nacional Cubano Americana

http://www.canf2.org/artman/publish/inicio/


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