CÓGEME ESE TORO PINTO
Agapito Prieto
"No hay negro guapo ni tamarindo dulce", era un dicharacho que oía mucho cuando muchacho. Además de racista, falso por partida doble. Los negritos de mi barrio eran guapos de verdad. Se batían al puño con el más pinto sin mirar el tamaño del contrario. Eran mis socios, mis ambias, mis consortíbiris. A mí me veían como a uno de ellos y en la escuela me defendían de los más grandes y abusadores.
--No se metan con Agapito porque les parto el culito-- les advertía entre serio y jodedor el negro Thompson, de ascendencia jamaiquina y con ese apellido impresionante que le traqueteaba como una ametralladora.
Palabra santa. El negro Thompson tenía eso que hoy se llama carisma, pero lo tenía en los bíceps y en la muñeca prohibida. Su pegada era realmente carismática. Contundente. Temible. Persuasiva.
La verdad que yo tampoco me dejaba quitar la merienda, no vayan a creerse que Agapito era tan pendejito. Era chiquitico y chimindilla (y lo sigo siendo), pero también me fajaba en una cuarta de tierra.
Después que vino el desastre, para qué contar. "Nacionalizaron" el colegio, "democratizaron" la enseñanza, y aquella escuela se convirtió en un oeste chiquito. O sea, en un gran bayud, como decía la mulatica que era profesora de español. Ella se hacía la fina pronunciando las des donde no iban. "Esto no parece una clase. Lo que parece es un bayut", apretaba la profe algunas veces cuando nos regañaba y nos ponía carácter tensando la letra de en una te de mal humor. "Distancia y categoría" era su lema favorito, aunque se le olvidaba cuando salía por la calle arrollando en la conga de la emulación. La finura se le bajaba a los pies a la rumbera mayor cuando iba al frente marcando el paso con sandunga revolucionaria. A ella lo que de verdad le gustaba era el bayú sin de.
Había que volverse un león para sobrevivir. Si no eras guapo de verdad, tenías que aparentarlo. Que si no, te molían a palos las fieras de Mabuya. Yo no era guapo, pero me paseaba entre ellos. Y una vez, a un zoquetón que quería agitarme le tiré por la cabeza con toda mi fuerza ¿saben qué? una bola de pulpa de tamarindo, pero con una piedra dentro. Lo dejé turulato y más nunca se metió otra vez conmigo.
A ése sí que debió de saberle amargo el tamarindo, pero no por eso voy a aceptar como válida la segunda parte del dicho. El tamarindo es dulce, pero al mismo tiempo es agrio. Ergo, es agridulce.
--¡Bingo! ¡Cómo te gustan las obviedades! --me reprime enseguida el editor interno--. Todo el mundo sabe que el tamarindo es agridulce. Así que si no tienes nada novedoso que postear, mejor te callas y no das constancia pública del hecho. Y además, déjate de esos alardes de guapería barata. ¿A quién quieres impresionar, si hasta te han visto por ahí con un bastón, todo rengo y cañengo, tirado para la tonga de la tercera edad?
¡Tate, tate, folloncico!, le respondo en el acto al censor interno, muy cervantino yo, aunque un tin picuito. Es verdad que todo el mundo sabe que el tamarindo es agridulce, pero también todo el mundo (o al menos, una pila de gente en Cuba) solía decir que no había negro guapo ni tamarindo dulce. Y no es verdad. No puede serlo. No lo acepto ni lo recepto; no lo admito ni lo permito; no me lo trago ni lo mastico; no lo digiero, lo regurgito.
Lo que pasa es que no hallaban dulce el tamarindo porque al cubano siempre le gustó el dulce hiperendulzado, superdulce, excesivamente azucarado, empalagosamente almibarado, acaramelado hasta el hastío y la repugnancia. Y todo seguro que viene de que la Isla de Cuba fue siempre la azucarera del mundo. Un gran productor y primer exportador mundial de azúcar, hasta que se hizo cargo de la industria azucarera quien tú sabes, el enfermo crónico, el mismo globero que ahora posa de bloguero con ínfulas de ecologista.
A tal punto ha llegado la debacle de lo que un día fuera el primer renglón de la economía cubana que, según las últimas noticias, ya están importando casi todo el azúcar para el consumo nacional. Vivir para ver, que dentro de poco en Cuba no van a poder tomarse ni siquiera una sopa de gallo*.
Que en la Perla de las Antillas no se pueda hacer un refresco, un batido o una champola por falta de azúcar, es lo último de Los Muñequitos (no los muñequitos rusos, los de Matanzas). Con lo que les gusta a los paisanos y con lo que ahora la necesitan para completar el mínimo de calorías diarias. Van a tener que aprender a echarle menos azúcar a las pulpas o mermeladas caseras. Así es más sano, aunque menos calórico.
Yo creo que al cubano siempre le gustó más la pulpa de tamarindo que la propia fruta al natural, por la elevada proporción de azúcar que contenía, posiblemente al 50 por ciento, es decir a partes iguales.
A mí también me gustaba mucho la pulpa de tamarindo bien endulzada. Hasta que la adversidad, la mala suerte, el infortunio y la salación irrumpieron en mi vida de adolescente. Entonces la rechacé por empalagosa. Cada cual tiene su historia, quecará.
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*Eufemismo popular para nombrar el agua con azúcar (N. del E.)
Gracias a Alberto, Genaro y Roberto por sus generosos comentarios. Y gracias a Roberto también por compartir con nos esa historia tan conmovedora. Morir atropellado por un tren por coger un poco de azúcar. Eso nunca se había visto en Cuba. Al más pobre de los pobres jamás le faltó antes de FC el azúcar para el café o para una limonada. O para la socorrida 'sopa de gallo'. Un saludo afectuoso de AGAPITO
Gracias Agapito por tan refrescante artículo. Aquí te escribo un hecho que ocurrió en el Central Preston, donde nací hace algunos años.
Una amiga muy querida y católica practicante, por cierto, murió atropellada por un tren mientras le sacaba un poco de azúcar a uno de los sacos que salían en vagones del central al muelle, para ser depositados en la bodega de un barco ruso. ¡Qué ironía para una persona que nació y se crió en uno de los grandes centrales de Cuba morir por robarse un jarrito de azúcar! ¡Qué ironía, desde el punto de vista religioso, morir mientras se comete un delito! Y todo por la necesidad de un poco de azúcar para el café o para hacerle una sopa de gallo a la familia. Hoy el Central Preston no existe. Fue desmantelado completamente y lo que quedó se lo llevaron como piezas de repuesto a otro sitio. Ahora el tiempo muerto dura 365 días, excepto cada 4 años, que tienen un día adicional.
Muy bueno, pero muy bueno su escrito Sr Agapito ....he disfrutado mucho este artículo, me he reido a más no poder y también he llorado pq he recordado algunas épocas de mi vida con ciertas similitudes con lo q usted cuenta. Muchas gracias por regalarme un momento más de alergía, a pesar de mi nostalgia. Le envío un abrazo de cubano triste en el exilio, pero en Libertad.
Genaro
Muy bonita la historia Agapito, sutil crítica.
Felicitaciones y ahora ... guardela para cuando se puedan publicar en una Cuba Libre.
Saludos,
La ONG en cuestión, es Solidaridad Española Con Cuba, presidida por D. Ricardo Carreras. En fin, una ONG de apoyo a las Damas de Blanco y al Proyecto Varela entre otros. No es dificil imaginar a quien le han dado la cepillada desde el Consulado, para no permitir ese viaje.
Los cubanos, auténticos o inauténticos, nada tenemos que ver con las visas que da o no da el gobierno socialista español. Esa reclamación mejor se la hace al Ministro Moratinos, a la Secretaria Trinidad o al embajador Zaldívar, todos ellos muy bien relacionados con la tiranía castrista. ¿No habrá sido que el régimen les ha negado la visa de la salida? Averigüe bien, que no es la primera vez que los castristas le prohíben un viaje a un ciudadano cubano?
Donde están los auténticos cubanos?
María Julia Fernández y Norma Guillord, trabajadoras del Centro Nacional
para la Prevención del SIDA en Cuba no recibieron el visado solicitado
para poder viajar el día 23 de mayo a España donde iban a realizar una
gira gestionada por organizaciones de solidaridad y ONGD cuyo objetivo
era dar a conocer el trabajo de prevención del SIDA que se realiza en
Cuba. Coordinadora Estatal de Solidaridad con Cuba
Lunes, 23 de noviembre
Julio San Francisco
Efrén Mayorga
Julio San Francisco
Grupo Cenyt
Asociación Cultural Vera Méndez
Angel Monagas
Julio Enrique Parada Contreras
Roderick Guzmán Meza
Julio Frank Salgado
Hermann Rodríguez Osorio, S.J.
Guillermo Roz