Rodolfo Alpízar desmonta la falsedad del castrismo
01.03.07 @ 00:18:28. Archivado en Cuba
Rodolfo Alpízar fija su posición en otro capítulo de la llamada revuelta de los emails
Reproducimos a continuación íntegramente la comunicación por correo electrónico de Rodolfo Alpízar Castillo, lingüista y escritor miembro de la UNEAC, cuyo análisis del 'quinquenio gris' no se limita a ese oscuro período y va mucho más allá del 'pavonato'. Se trata de un cuestionamiento a fondo del sistema que pudiera suscribir cualquier opositor, de no ser porque el autor se identifica como "revolucionario" y sus críticas se inscriben precavidamente 'dentro de la Revolución'. Al final, desliza una simpleza doctrinal sobre el anexionismo. ¿Se lo habrá dictado el censor interno o el 'policía de la familia'? Sea como sea, es uno de los textos más valientes que hayan circulado entre los numerosos mensajes intercambiados en la reciente "revuelta de los intelectuales", muy por encima de otras reivindicaciones estilo fresa y chocolate. Recomendamos enfáticamente su lectura. Agapito Prieto
MENSAJE DE RODOLFO ALPÍZAR CASTILLO
Este 30 de enero de 2007 se reúne ¿la UNEAC, su dirigencia?, en relación con un tema que ha generado infinitud de (justas) preocupaciones. Supongo que estarán altos dirigentes partidarios y gubernamentales. Solo que la entrada será por invitación..., “por razones de espacio”. Es decir, no valdrán mi carné de asociado ni mi cotización al día. Bueno, estoy acostumbrado a ser excluido de reuniones importantes. De hecho, estoy “acostumbrado” a no tener espacio donde expresar mis opiniones. Lo mismo que a la totalidad de los revolucionarios sinceros que conozco.
Según parece, habrá una “ronda de consolación”, el cinco de febrero, una reunión a la que podremos asistir más personas. Me pregunto: ¿Oiremos una nueva “declaración” que intentará poner fin al estado de inquietud actual, como intentó la “declaración” anterior? ¿O dedicaremos nuestro tiempo a temas más profundos, la firma de algún tipo de “Declaración de los intelectuales del mundo contra la contaminación del espacio estelar”, con que cada cierto tiempo aplacamos nuestras (dormidas) conciencias?
Como no tengo la respuesta, escribo estas meditaciones.
Ante todo, me solidarizo con quienes alzaron su voz contra el intento de reavivar dinosaurios que ni para producir petróleo han servido. También quiero dejar bien claro que la famosa reunión UNEAC/ICRT a que dio lugar para lo único que sirvió fue para demostrar que quienes sacaron el tema a la luz tenían toda la razón del mundo para preocuparse: los dinosaurios no han desaparecido. Y es posible que tengan descendencia en espera de un día enseñar las patas.
La declaración de la UNEAC tras la reunión con el ICRT me produjo vergüenza. Y no digo “ajena”, porque soy parte de la organización. Los no enterados (o sea, la mayoría de los cubanos) podrían pensar, si oyen hablar de la actual polémica (pues ni siquiera de ello está informado nuestro pueblo), que apenas los tres o cuatro cadáveres exhumados por la TV cubana son culpables del delito de lesa cultura que significó mantener en el ostracismo (en el mejor de los casos) a personalidades excepcionales de la historia intelectual de Cuba. O que lo ahora salido a la luz solo ocurrió durante el “quinquenio” llamado “gris”, no antes, ni después.
Recuerdo, hace algunos años, el revuelo formado en una reunión de escritores porque algunos propusieron eliminar la palabra “revolucionario” de los estatutos de la UNEAC. No sé en qué quedó aquello, pero, vista la mencionada declaración de la UNEAC, me pregunto, ¿es esta, en verdad, una organización de escritores y artistas revolucionarios?
Como persona que trabaja con el idioma tengo la manía de acudir al diccionario constantemente. Y debo admitir que, analizada su actuación de décadas, a nuestra organización solo muy relativamente se podría aplicar el adjetivo.
No he visto, desde que estoy en ella, que nuestra organización haya enfrentado de veras, por iniciativa propia (es decir, de sus miembros y su dirigencia), acciones verdaderamente revolucionarias en el ámbito nacional (es decir, inconformes con lo mal hecho, con el inmovilismo, con lo reaccionario agazapado en frases ultra-revolucionarias).
Ciertamente, la UNEAC ha acompañado el proceso de transformaciones sociales (revolucionarias) iniciado en 1959. Ha levantado la mano cada vez que se lo han solicitado, y ha aplaudido en correspondencia. Ha seguido el discurso de la dirigencia política del país en todo momento.
Pero eso no es ser revolucionario, sino oficialista: La UNEAC ha alzado la mano para apoyar, y ha aplaudido siempre, incondicionalmente, sin cuestionar si lo aplaudido era un gol del equipo revolucionario o un autogol. Y ahí radica el problema.
Por más que se haga propaganda al respecto, la incondicionalidad no es una característica revolucionaria. No todo se puede aplaudir ni todo se puede apoyar, y en nuestra historia pasada y reciente hay, junto a lo mucho bueno que aplaudir y apoyar, mucho de lo cual un revolucionario debe disentir. Nadie aplaude un autogol. Pero más de uno se ha aplaudido por nuestra intelectualidad (al menos, en público, que es donde cuenta).
Tenemos en la Asamblea Nacional diputados que aparecen como propuestos por la UNEAC, aunque, por un extraño concepto de la representatividad que enrarece nuestro sistema electoral, no representan a la organización. Son diputados y son miembros de la UNEAC. Son miembros de la UNEAC porque son intelectuales revolucionarios. Si son intelectuales se les supone elevada capacidad de análisis; si son diputados, conocen lo que significa la Constitución de un país, le han jurado acatamiento y se han comprometido a defenderla hasta con la vida... Siendo así, me pregunto:
1. ¿Por qué no los vemos actuar como diputados en la Asamblea Nacional (es decir, cuestionando el mal trabajo de algún ministro, reclamando solución a este o aquel problema, proponiendo mociones, soluciones, etc., es decir, legislando como diputados), y solo los vemos aplaudir, o darse golpes de pecho durante tres días (los tres días que estremecieron la economía cubana, pues fueron feriados para que todos viéramos por televisión) declarando su amor por la revolución y el socialismo?
2. ¿Por qué ninguno levanta su voz para exigir, por ejemplo, el respeto a la Constitución de la república de Cuba, esa misma Constitución que define que somos un Estado socialista, etc., cada vez que una medida gubernamental la viola (lo cual ha sucedido más de una vez)?
3. ¿Por qué nunca se han levantado para exigir el respeto, por ejemplo, al Artículo sobre la igualdad, y. además, el castigo ejemplarizante a quienes, durante décadas, han conculcado el derecho constitucional de todo ciudadano cubano a alojarse en cualquier instalación turística?
4. ¿Y por qué nunca, en ninguna reunión de la UNEAC, nosotros les hemos exigido (¡en cuanto miembros, no en cuanto diputados, pues, como no nos representan, no podemos exigirles nada!) que levanten su voz de intelectuales revolucionarios para reclamar el desmantelamiento de todo lo que contradiga nuestra Constitución socialista, venga de donde venga, y el castigo ejemplarizante a quien, por acción o por omisión, la haya violado? Si realmente somos “escritores y artistas revolucionarios”, ¿por qué permitimos esto?
Discrepo de quienes, en el interior o en el exterior, han desvalorizado la reacción de un grupo de intelectuales cubanos preocupados por la nada inocente “casualidad” de la aparición de ciertos personajes en tres programas diferentes de la TV. Por el contrario, creo que han sido valientes y dignos de imitación. Con el valor añadido, por cierto, de que han mostrado algo que habíamos descuidado: Podemos --y debemos-- usar los mensajes electrónicos (por favor: no “emilios”, ni “mails”, sino mensajes), pues no tenemos cómo acceder a otras formas de transmitir lo que pensamos.
Cierto que el correo electrónico está más que limitado (y de eso habría que hablar en otro momento), pero se ha comprobado que quienes no acceden a él pueden transmitir la información a otros, y eso es mejor que la nada informativa que representa nuestra prensa.
Pero admitamos que el gesto valiente ha sido limitado a aspectos “gremiales”, por más que lo “gremial” contiene implicaciones más generales. Me parece que deberíamos aprovechar la ocasión para ir más allá, para demostrar si somos, o no somos, acreedores de ese adjetivo que tan rimbombantemente aparece en los estatutos de la UNEAC: escritores y artistas revolucionarios.
No nos quedemos en el análisis de lo que pasó en el terreno de la cultura en cierta época. Veamos cuánto de eso mismo sigue ocurriendo de manera disfrazada o suavizada. Pero, sobre todo, seamos capaces de reclamar el derecho que tenemos (que tenemos todos, no una minoría que decide el qué, el cómo y la dosificación), por una parte, a ser informados, y, por otra, a expresar nuestras opiniones. Pero no solo en lo relativo al mundo de la creación artística y literaria.
Una de las inconcebibles contradicciones de nuestro país es que los contrarrevolucionarios tienen donde expresar sus discrepancias con la revolución y entre ellos, pero los revolucionarios no tenemos dónde expresar nuestros criterios, si no coinciden, al pie de la letra, con los criterios de quienes dirigen el proceso.
Es bueno que exijamos de una vez el espacio y el lugar para exponer lo que pensamos sobre lo que ocurre en nuestro país, sin que el hecho de discrepar del discurso oficial y triunfalista signifique una descalificación con epítetos de todos conocidos, tras los cuales se escudan quienes, en definitiva, lo que hacen es cavar la tumba de la revolución... Y no la de ellos, porque ellos sabrán cómo flotar si se diera el caso de una reversión del proceso revolucionario cubano. Ejemplos hay sobrados.
Ojalá que esto no pase de un escarceo, ojalá que sirva para que se abra una brecha en el muro de silencios y triunfalismo creado por el oficialismo, el oportunismo y el burocratismo en que se ha empantanado nuestro proceso, y que la verdad no sea más el patrimonio de unos cuantos “tocados por la divinidad”.
Hablemos también de lo que le duele al “ciudadano de a pie”, al inconforme con el mal estado de las calles, con la inexistencia del transporte en las ciudades, con la caótica situación de la vivienda, con que se acuse al trabajador de los problemas de corrupción, con que el salario no se corresponda ni de lejos con los precios. El ciudadano inconforme con las cifras de desarrollo que se esgrimen para mostrarnos lo bien que vivimos, porque no ve cómo eso se refleja en su bolsillo. Ese ciudadano, en fin, para el cual esas cifras tan maravillosas que nos esgrime el triunfalismo de los noticieros de la TV no se corresponden con su realidad cotidiana, por ejemplo, en los insalubres, y algunos a punto de derrumbarse, solares de La Habana.
Hablemos de las verdaderas causas de la corrupción, la prostitución y el proxenetismo, del robo y el desvío de recursos... Y de la correspondiente receptación, de la cual casi nadie escapa, al punto de que haya nacido el apotegma: “aquí el que no recepta no come”.
Hablemos del ciudadano que sabe que, dado el caso, se le hará un trasplante gratuito, pero no puede acudir con un dolor en el pecho al médico de la familia (ese gran logro revolucionario) porque su médico está en alguna parte del mundo que no es Cuba. O del ciudadano que todos los días, al recoger a su hijo en la escuela primaria, o simplemente pasar cerca de una secundaria básica, se pregunta por el país más culto del mundo de que habla la prensa.
Hablemos, también, de asuntos estratégicos para la continuación de la revolución, como el quehacer práctico de una Asamblea Nacional que no legisla sino se limita a aprobar los decretos del gobierno, que se reúne cuatro días en el año (y no todo el tiempo para hablar de los problemas, sino para oír a los dirigentes gubernamentales), que no increpa a ningún dirigente gubernamental por sus errores, que permite la eternización de ministros a pesar de errores evidentes..., incluso a pesar de ya no estar vivos.
Hablemos de esa inconcebible modificación de la ley electoral (no recuerdo que haya sido adoptada por la Asamblea Nacional, y, a pesar de que atañe a los derechos reconocidos en la Constitución, no se sometió a referéndum), que introdujo la frase de “valen todos”, mediante la cual se le arrebató al elector el derecho a elegir sus representantes.
Hablemos de la total apatía de la población en cuanto a las asambleas de circunscripción del poder popular y de la necesidad de que se retome la idea original de que el pueblo decida sobre sus problemas, no de que se reúna para oír justificaciones, en el mejor de los casos, y a comprobar que su delegado, en la práctica, no tiene ningún poder en el municipio, porque, en realidad, el municipio tampoco tiene autonomía para resolver los problemas y utilizar sus recursos de la manera como más convenga a sus ciudadanos.
En cuanto a lo gremial, hablemos de la democracia interna de la UNEAC, que no ha realizado su congreso en mucho tiempo (no es la única organización que sufre ese mal que mina su basamento democrático, pero no me pertenece hablar de ellas, para eso están sus miembros, que callan).
Entonces, sí, podremos decir, con orgullo, que la UNEAC es una organización de escritores y artistas revolucionarios, inconformes, anti-inmovilistas, por cuya voz habla un pueblo que se ha resistido durante más de un siglo a las ambiciones de los anexionistas de ayer y de hoy.
Rodolfo Alpízar Castillo
Facultad de Artes y Letras
Universidad de la Habana
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¿por qué caes en la misma descalificación que usa el gobierno en contra de sus enemigos? ¿por qué la ironía?
Durante el tiempo que llevo fuera de cuba me he dedicado a ver vídeos de los programas e contra de la revolución que se hacen en miami, y si bien es cierto que dicen muchas verdades... son verdades parcializadas e insidiosas, como mismo pasa en la tv cubana... entonces ¿para donde nos viramos? dondequiera es lo mismo, el mismo fanatismo absurdo.
Amigo, pienso que es necesario borrón y cuenta nueva, "olvidar las mierdas y que no corra la sangre", de lo contrario nunca te...
Por favor, si vas a decir tonterías limítate a citar el artículo... lo del anexionismo es tan real como el resto del artículo, documentate un poco sobre la historia de cuba
"...la UNEAC es una organización (...) por cuya voz habla un pueblo que se ha resistido durante más de un siglo a las ambiciones de los anexionistas de ayer y de hoy."
J. San Francisco comenta:
..."Al final, desliza una simpleza doctrinal sobre el anexionismo. ¿Se lo habrá dictado el censor interno o el 'policía de la familia'?"
Estoy con Alpízar.
Por qué se reconoce el anexionismo como la solución natural a los problemas de Cuba?
Por qué se espera de todo aquel identificado con la idea de transformación política en la isla, una afiliación automática con la idea de la anexión?
Afortunadamente, la identidad nacional del cubano esta demasiado establecida como para dar cabida a semejante asimilación (o aniquilación) de nuestra cultura, en un sentido realista. Semejante teoría tuvo -tal vez- cabida en los tiempos de la Guerra Hispano-Americana. Incluso entonces, no resultó plausible o deseable!
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Julio San Francisco
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