Feliz el hombre que llega a conocer las causas de las cosas - Opinión de Desiderio Navarro
13.01.07 @ 15:55:00. Archivado en Mi lucha por la libertad de Cuba
Estimados amigos y compañeros:
De repente, al cabo de más de treinta años de su destitución, reaparece en la esfera pública Luis Pavón, ex-Presidente del Consejo Nacional de Cultura durante el eufemísticamente llamado "quinquenio gris", ni más ni menos que en todo un programa de la Televisión Nacional dedicado a "su impronta cultural en la cultura cubana".
Ahora bien, ¿es lo que ayer vimos y oímos la impronta de Luis Pavón en la cultura cubana?
¿O es otra que dañó irreversiblemente las vidas de grandes y menos grandes creadores de la cultura cubana, "parametrados" de uno u otro modo? ¿Que impidió la creación de muchos espectáculos artísticos y la divulgación de muchas obras literarias y plásticas en Cuba y en el extranjero? ¿Que nos privó para siempre de innumerables obras a causa de la casi inevitable autocensura forzada que siguió a los ubérrimos 60? ¿Que llenó todo un período con una pésima producción literaria y artística nacional hoy justamente olvidada hasta por sus propios ensalzadores y premiadores de antaño? ¿Que nos inundó con lo peor de las culturas contemporáneas de los países de la Europa del Este, privándonos del conocimiento de lo más creativo y profundo de éstas? ¿Que a la corta o a la larga condicionó el resentimiento y hasta la emigración de muchos de aquellos creadores no revolucionarios, pero no contrarrevolucionarios, cuya alarma había tratado de disipar Fidel en Palabras a los intelectuales? ¿Que creó e inculcó estilos y mecanismos de dirección y trabajo cultural neozhdanovianos que ha costado décadas erradicar, de tan "normales" que llegaron a hacerse? ¿Acaso somos realmente un país de tan poca memoria que no recordamos ya la penosa situación a la que fueron reducidas nuestras instituciones culturales por obra del Consejo Nacional de Cultura, situación que el humor cubano captó por entonces en aquel trío de refranes parodiados: "El que no oye al Consejo, no llega a viejo", "En la Unión no está la fuerza" y "En Casa de las Américas, cuchillo de palo"?
Cierto es que Pavón no fue en todo momento el primer motor, pero tampoco fue un mero ejecutor por obediencia debida. Porque hasta el día de hoy ha quedado sin plantear y despejar una importante incógnita: ¿cuántas decisiones erróneas fueron tomadas "más arriba" sobre la base de las informaciones, interpretaciones y valoraciones de obras, creadores y sucesos suministradas por Pavón y sus allegados de la época, sobre la base de sus diagnósticos y pronósticos de supuestas graves amenazas y peligros provenientes del medio cultural?
Si de improntas culturales valiosas en el periodismo cubano se trata, habría que mostrar aquellas como las de ese hombre de letras que fue Agustín Pí, quien, en ese mismo período, desde su modesto puesto en el periódico Granma, ayudó a cuantos "mal vistos" de valía pudo y logró que las páginas culturales de Granma fueran lo menos cerradas posibles en cada momento y no se convirtieran del todo, como tantas otras publicaciones cubanas de la época, en un erial de mediocridad y oportunismo.
En mi artículo In medias res publicas he hablado de la responsabilidad de los políticos en las limitaciones del papel crítico del intelectual —sobre todo en los años en que la cultura fue conducida por Luis Pavón—, pero ésa es sólo la mitad del problema. La otra mitad —merecedora de un simétrico artículo— es la responsabilidad de los intelectuales: sin el silencio y la pasividad de la casi totalidad de ellos (por no mencionar la complicidad y el oportunismo de no pocos) el "quinquenio gris" o el "pavonato", como ya entonces lo llamaron muchos, no hubiera sido posible, o, en todo caso, no hubiera sido posible con toda la destructividad que tuvo. Con contadas excepciones, entre los intelectuales, los heterosexuales (incluidos los no-homófobos) se desentendieron del destino de los gays; los blancos (incluidos los no-racistas), de la suerte de los negros reivindicadores; los tradicionalistas, del destino de los vanguardistas; los ateos (incluidos los tolerantes), de las vicisitudes de los católicos y demás creyentes; los prosoviéticos, de la suerte de los antirrealistasocialistas y de los marxistas ajenos a la filosofía de Moscú, y así sucesivamente. Cabe preguntarse si esa falta de responsabilidad moral individual podría repetirse hoy entre la intelectualidad cubana.
Se impone, pues, preguntarse responsablemente sin dilación: ¿por qué justamente en este singular momento de la historia de nuestro país en que todo nuestro pueblo está pendiente de la convalecencia del Comandante en Jefe se produce esa repentina gloriosa resurrección mediática de Luis Pavón con un generoso despliegue iconográfico de selectas viejas escenas con los más altos dirigentes políticos, y ello tan sólo días después de la no menos repentina reaparición televisiva de Jorge Serguera, quien desde la presidencia del ICRT hizo un perfecto tándem político-cultural con el CNC durante el "quinquenio gris"?
"Feliz el hombre aquel que llega a conocer las causas de las cosas." El titulado es del Club de los malos amigos.
Desiderio Navarro
Mensaje sin firma llegado a nuestro buzón sobre el revuelo electrónico contra Pavón et caterva
AFFAIRE PAVON II: UN RECLAMO ARQUEOLOGICO
Confieso que tras la lectura de casi todas las cartas iracundas que conforman el actual "affaire Pavón 2da parte" he llegado a casa con cierto olor a guardado, como cuando husmeamos en las gavetas de la abuela muerta o salimos de una librería de uso o del almacén de un anticuario.
Fundada es esta ira --seamos justos--, pero infundados otros silencios.
Se pregunta Desiderio Navarro: "¿cuántas decisiones erróneas fueron tomadas más arriba sobre la base de las nformaciones,
interpretaciones y valoraciones de obras, creadores y sucesos suministrados por Pavón y sus allegados de la época...?", al tiempo que Antón Arrufat fustiga al "gran parametrador de importantes artistas, (...) el que los persiguió y expulsó de sus trabajos, el que los llevó ante los tribunales laborales, (...)quien pobló sus sueños con las más atroces pesadillas, (...) quien llevó al exilio a artistas dispuestos a trabajar en su país y dentro de su cultura..."
Fundada es la ira de este reclamo, pero visibles a la vez sus costurones, el modo en que lo convierten en un asunto de arqueología sin lazos evidentes con el presente, único en la historia de nuestra cultura, único e irrepetible pues el supuesto humanismo de la revolución se impuso en la hora nefasta para reivindicar a los excluidos por el pavonato, como si los tiempos de censuras y autocensuras --no obligatoriamente ligados al mercado actual de las editoriales y al dinero-- ya fueran parte del pasado, como si la esencia de este y de tantos otros sucesos no estuviera en el carácter robespierreano de un Estado Total al que siempre le han incomodado los intelectuales preguntones, los que no se ajustan al canon y al pensamiento rector.
Ahora resulta que el teniente Pavón --¿acaso se le ascenderá post-mortem?--, si seguimos lo expuesto por Antón Arrufat, "llevó al exilio a artistas dispuestos a trabajar dentro de su cultura". ¿Acaso trabajaron FUERA de su cultura Gastón Baquero, Severo Sarduy, Benítez Rojo, Guillermo Cabrera Infante, todos merecedores de ese Premio Nacional de Literatura que Antón Arrufat ostenta? ¿Negarles semejante distinción a quienes decidieron vivir fuera del país o a quienes discreparon sobre el camino político tomado por la nación habrá sido una decisión del cancerbero Pavón justo antes de colocarse el pijama? ¿Acaso es es impronta exclusiva de este poeta-policía?
Algo sí queda claro: todos estos intelectuales indignados de hoy terminan exculpando a ese ente abstracto que han dado en llamar Revolución de las atrocidades de un horrible censor llamado Luis Pavón, la exculpan a la vez que focalizan la envergadura del mal en lo que Desiderio Navarro llama "los ubérrimos 60" y los años grises que le siguieron, como si en los confortables 80, los supuestamente aperturistas 90 y los "incertidúmbricos" años 00 no se hubieran producido sutiles, inteligentes, barnizadas manipulaciones y acallamientos en el campo de la cultura nacional, como
pretendiendo ignorar que Pavón, Serguera, Quevedo, como en justa carrera de relevo, no olvidaron pasarle el bastón a Pedro de la Hoz, Iroel Sánchez, Fernando Rojas...
Si Luis Pavón no fue más que un Pinocho eficaz de mala madera, ¿quien asumirá entonces el papel de Geppetto, su bondadoso creador?
El simple --y grave-- hecho de que estas líneas deban parapetarse tras el anonimato es ya un marcador visible de que la real y nefasta impronta de Luis Pavón se respira, puede palparse.
11 de enero de 2007
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/67339
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Aún no hay Comentarios/Trackbacks/Pingbacks para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Julio San Francisco
autor








