21.02.10 @ 11:49:28. Archivado en POLÍTICA LOCAL
Hete aquí que el hijo del alcalde Van den-Brule, Joaquín, publica el pasado 8 de febrero un artículo en el que se pregunta: “¿Cuál es la obligación, el deber del militar, en este caso el coronel Moscardo? Indudablemente defender la población civil. Entonces ¿por qué él y su plana mayor, no pudieron, no supieron o no quisieron proteger la Imperial Ciudad inexpugnable en aquella época dado los medios de los que disponía el adversario especialmente desorganizado e indisciplinado en los inicios de la contienda? Los primeros milicianos, yo lo vi, lucían variopinto y obsoleto armamento, arcaicas escopetas, trabucos, arcabuces etc., etc.… ¿Y los ineptos artilleros del «quince y medio»” en los Alijares?.......” “A los defensores del Alcázar, muy especialmente a jefes y oficiales, les faltó modestia, modestia franciscana. Caballerosidad y gallardía. Cuando salieron, al encontrarse con la hecatombe de la que en parte fueron ellos responsables, debieron haberse silenciado, rechazando gloria, honores. O cuando menos, ¡qué menos! haber rendido homenaje a esas victimas, hermanos todos, los de «adentro» y los de «afuera» muertos por su ideal.”
Al leer estas palabras sentí una profunda tristeza, pesimismo… Desánimo en el que me encuentro sumido, por los derroteros de la política española, y por gran admiración que siento por el que fue alcalde de Toledo Don Alfredo van den-Brule y Cabrero. Intenté dedicarle una calle, me dijeron que por qué no, también, al otro alcalde socialista asesinado, parecía justo, se optó por “mejor no remover”, bueno. Para comprender mejor mi desolación, veamos lo que ocurrió, ya publicado en esta página más extensamente.
Alfredo van den-Brule Cabrero nació en Toledo en 1.890, bautizado en la parroquia de Santo Tomé, se casó con una toledana y vivió en la toledana Plaza de la Cruz. Era un pro hombre toledano por nacimiento y por carácter; abogado, católico y de derechas. Su padre francés, se casó con la hija del embajador de España en la Santa Sede, la ceremonia la ofició Pío X.
Elegido concejal a los 25 años, como candidato independiente –maurista- fue el más votado por su distrito. Una de sus intervenciones más aplaudidas fue su oposición al nombramiento de ciudadano honorario del Presidente de los Estados Unidos Woodrow Wilson. Aprobada la dedicatoria en el Paseo de la Rosa y no de la calles Comercio, bastaron plenos, en el siguiente presentó una moción para dedicar la calle Arco de Palacio al Papa Benedicto XV. El 8 de marzo de 1930 fue nombrado Alfredo van den-Brule Cabrero Alcalde de Toledo. Resulta curioso que en primer lugar solicitara la instalación del Museo del Ejército en Toledo, 80 años después parece ser que se cumplirá su propuesta.
Su tarea como alcalde fue intensa y eficaz y sobre todo, como muy bien define Sánchez Lubián, fue el Alcalde de la Concordia. Elogios por doquier, desde todos los bandos. Veamos algunos. “Activo, trabajador incansable, enamorado hasta el delirio del progreso moral y material de su amada ciudad, católico… como su santa madre y dispuesto al sacrificio de su salud y aún de su vida en bien de los ciudadanos,…”. Frases premonitorias. Se le llegó a comparar con Juan de Padilla. El Heraldo Toledano, en un número extraordinario para relatar lo ocurrido en el homenaje, dice: “Un día memorable para la historia de Toledo. El pueblo en masa, en momentos de intensa emoción, aclama a su Alcalde. La jornada de ayer fue el más rotundo alegato de civismo y compenetración mutua entre todas las clases sociales.”
Nunca ocultó su credo: “Soy Católico Apostólico Romano y lo soy no por tradición ni por conveniencia, sino por esa convicción íntima que tengo de que mi religión es la única Divina, y hago esta rotunda afirmación porque es la religión del amor, no de odios, de caridad, no de venganzas, de justicia, no de desigualdad.” Como es lógico, con estos antecedentes “la justicia del Frente Popular” lo encarceló en Gilitos –Cortes Regionales (paradojas de la vida).
El 22 de agosto, los sublevados del Alcázar reciben víveres desde un avión, con un mensaje de ánimo. También volaron aviones republicanos y unas bombas cayeron en el alcázar y otras entre los asaltantes. Parte de éstos milicianos fueron a Gilitos y ataron de dos en dos en una enorme fila, “la reata de la muerte”, “entre las sombras de la noche, en procesión dantesca que rezaba el rosario y cantaba himnos religiosos, fueron llevados los detenidos por el paseo de Tránsito y San Juan de los Reyes hasta la puerta del Cambrón. Aquí se dividió el grupo. Unos quedan en la parte exterior de la Puerta, los otros son apostados en la Fuente Salobre”. El Jefe de los milicianos ordena la colocación de la ametralladora, D. José Polo Benito –Deán de la Catedral-, al lado de Luís Moscardó, dice: “Dios es testigo del crimen colectivo que van a consumar,… Dios perdona…fuego de ametralladora, se desploman, arroyos de sangre…, en Fuente Salobre…, procesión de mártires al cielo. (J. F. Rivera).
Entre los asesinados no se encontraba Van den-Brule, una mano amiga le saco de la fila. pero las matanzas continuaron, el 29 de agosto fueron a por él, con 45 años y padre de siete hijos: María de la Inmaculada, María de la Salud, Joaquín, María de la Esperanza, maría del Pilar, María de los Dolores y José Ignacio; en el Monasterio de San Juan de los Reyes lo fusilaron. Hasta aquí la historia pura y dura.
Sin duda, Joaquín, el hijo de don Alfredo van den-Brule, debe ser tan bondadoso como bueno fue su padre, pero, también, sin duda, las ideas tan acendradas de amor, sacrificio, honor…, se han difuminado, el tiempo, la ola de confusión…; y desde luego, se puede ser en política de centro-derecha, y católico, como don Alfredo; detestar la dictadura de Franco y sentir nauseas por la deriva de la República y por muchos de sus tétricos personajes manchados de sangre hasta las cejas. Por tanto, lo siento mucho, no se es más imparcial quién coloca al mismo nivel al Coronel Moscardó que a los milicianos que asesinaron al mártir don Alfredo van der Brule.
Me identifico, también, por amor a la verdad con don Gregorio Marañón cuando afirma: "Mi respeto y mi amor por la verdad me obligan a reconocer que la República española ha sido un fracaso trágico". Es mentira que fuera "un colosal impulso modernizador y democratizador" al desarrollar "en múltiples campos de la vida pública una labor ingente, que asombró al mundo y situó a nuestro país en la vanguardia social y cultural" (el mismo asombro internacional que sienten las gentes sensatas ante la nefasta política económica de ZP).
La verdad de los hechos obliga, cuando se es intelectualmente honesto a proclamar la verdad. En la vida, ante hechos como los ocurridos, no se puede ser neutral y poner en la misma balanza a los que matan a don Alfredo y “la reata de la muerte de 62 mártires”, cuyo delito es rezar el rosarios y cantar himnos. Cuando hoy se hacen estatuas a personajes como Largo Caballero, que discutió con Julián Besteiro hasta la saciedad la necesidad de una guerra de civil y de tomar el poder y se jactaba de ello públicamente: "Si triunfan las derechas nuestra labor habrá de ser doble, colaborar con nuestros aliados dentro de la legalidad, pero tendremos que ir a la guerra civil declarada. Que no digan que nosotros decimos las cosas por decirlas, que nosotros lo realizamos". Ya lo habían intentado en el 34, y seguía: "la clase obrera debe adueñarse del poder político, convencida de que la democracia es incompatible con el socialismo, y como el que tiene el poder no ha de entregarlo voluntariamente, por eso hay que ir a la revolución". Con estos “demócratas” que estaban convencidos que lo mejor para España eran las sanguinarias dictaduras del proletariado ni se les puede defender ni se puede ser neutral.
Discúlpeme don Joaquín van den Brule, solo por el hecho de ser hijo de don Alfredo ya simpatizo, pero, perdóneme, yo no tengo el “síndrome de Estocolmo” ante la República, (es curioso, en una ocasión un alcalde me acusó de este síndrome ante la izquierda, parecía que teníamos telepatía pues yo pensaba lo mismo de él), la derecha no puede equiparar a los sátrapas asesinos del alcalde van den-Brule con el Coronel Moscardó. El concejal de Toledo, Julián Besteiro, lo tenía claro desde mucho antes, ya en 1933 dijo: "La verdad real: estamos derrotados por nuestras propias culpas: por habernos dejado arrastrar a la línea bolchevique, que es la aberración política más grande que han conocido quizás los siglos".