Llorar de alegría
07.11.09 @ 13:40:52. Archivado en POLÍTICA
Hace 20 años el periódico Bild Zeitung decía, rebosando emoción: “Alemania llora de alegría” y con los alemanes, millones de personas, sentíamos una alegría desbordante que nos hacía saltar lágrimas. “¡Qué locura!'. Creo que ninguna noche de mi vida he besado tanto...!" diría una senadora alemana. Sí, se puede llorar de alegría, reír, bailar, abrazar, besar y tener miedo… por la caída de un simple Muro de hormigón.
Las personas nos acostumbramos a los hechos más sublimes como si fuera algo corriente, nadie pensaba que el Muro se derritiera por la fuerza del amor y la libertad, ni siquiera el mismo Helmut Kohl, Canciller de la RFA, se lo creía, pues llegó a decir: “ Si en el debate sobre el estado de la nación, el día 8 de noviembre en el Bundestag de una Alemania dividida me hubieran preguntado cuándo llegaría la reunificación alemana, seguro que no habría contestado que la viviría durante mi mandato como canciller". Lo mismo que creía Kohl, pensaban todos los sesudos politólogos, Kremlinólogos y demás especímenes.
Para comprender por qué se derrumbó el Muro, hay que contemplar, con ojos muy abiertos y sin perjuicios, las fotos de la noche del día 9 de noviembre de 1989, miles de berlineses bailando y cantando alrededor y encima del Muro y de la Puerta de Brandeburgo. Esas imágenes, por sí solas, son la mejor repuesta a Stalin, cuando en la Conferencia de Yalta -febrero de 1945-, el tirano respondía a Churchill, dirigiéndose a Roosevelt, con otra cínica pregunta: “¿De cuántas divisiones dispone el Papa?” Cuarenta y cuatro años después se le puedo responder: “De miles y miles de divisiones de espíritus libres bailando y riendo sobre el muro de Berlín”. Porque la historia de la humanidad nunca la ha movido los materialismos –ni históricos ni dialécticos-, la ha movido el espíritu libre, el espíritu de hombres que aunque sean aherrojados detrás de muros, al final se derriten como un azucarillo, sin que los hombres acaben de entender por qué.
La causa material e inmediata hay que buscarla en Mijaíl Gorbachov, entonces Secretario General del PCUS, lo explica muy bien: "Lo que sucedió en la noche del 9 al 10 de noviembre lo supe a la mañana siguiente a través de los informes del embajador. Le pregunté qué medidas iban a adoptar los dirigentes de la RDA. (...) Me comunicó que habían abierto todos los pasos fronterizos del muro. Le dije que habían actuado correctamente y le pedí que lo comunicara así". Podía haber ordenado un baño de sangre como sus predecesores hicieron en el 59 en Hungría o en Praga en el 68, pero no lo hizo, por ello pasará a la Historia –con mayúscula- como gran benefactor de la humanidad.
Las razones profundas, del resquebrajamiento del Muro y de todo el sistema bajo la férrea égida de la URSS, hay que buscarlas en lo que dice el cardenal Stanislaw Dziwisz, arzobispo de Cracovia: “…el desmantelamiento del telón de acero empezó el 3 de junio de 1979 en Gniezno. Tras las visita del Papa, Polonia no fue ya la misma. La gente enderezó la espalda, ya no tenía miedo.” Después, como un castillo de naipes, llegaron los desafíos en los astilleros polacos de Gdansk, el fortalecimiento del Sindicato Solidaridad -unos pocos sindicalistas perdieron el miedo-; el 2 de mayo del 89, Hungría desmanteló ocho kilómetros de alambradas en su frontera con Austria, miles de alemanes orientales huyeron del paraíso. El dilema era: libertad o masacre -Egon Krentz (Presidente de RDA) barajó la posibilidad del baño de sangre, según contó años después-. Como desgraciadamente sucedió en Tianamen.
Todavía, después, de veinte años de la caída del Muro entran por los ojos los efectos –superficiales- de los sistemas políticos cerrados al espíritu. En pleno Berlín este, en la Alexanderplatz,, desde la Torre de Telecomunicaciones con un comedor giratorio de 360 grados, a 200 metros de altura; Torre inaugurada en 1969, aunque después en la década de los 90, hubo que remodelarla y dotarla de tecnología y seguridad; desde allí después de sufrir una penosa espera, y degustando un caro menú servido por rubias y fornidas teutonas, se aprecia una panorámica increíble de construcciones groseras de hormigón, tremendas y angustiosas celdas sin personalidad; la “racionalidad socialista” se plasmó en una miseria desoladora. Por el contrario en Berlín oeste, se divisa, su antítesis: diseño, lujo, esplendor, riqueza…, libertad.
Me gustaría, sin embargo, que no nos quedáramos en la denuncia del gulag, porque ningún intelectual lo defiende hoy, y la inmensa mayoría social lo rechaza. Aunque en España aún existen reductos, muy respetados por estos lares, que es necesario desenmascarar y poner en su sitio. Por ejemplo el todavía secretario general del Partido Comunista de España, en un entrevista al diario de Prisa se lamenta de que la caída del Muro de Berlín fuera para la izquierda “un palo muy grande del que no nos hemos recuperado” y sigue diciendo que no piensa celebrar la efeméride, con eufemismos como: “¡demagogias, las justas!”. ¿¡Será posible que en España voten a estos personajes el 5%!?
Sí, es posible porque ocurre elección tras elección. Es necesario, pues, una regeneración democrática que huya de los extremismos y abrace de una vez por todas las libertades democráticas. Algunos, incluso en el Gobierno de España, si bien no se atreven a denostar la caída del Muro de Berlín, tampoco denuncian la Dictadura cubana, al contrario la ayudan y denigran a la dispersa oposición. ¿Han oído ustedes, alguna vez, denunciar a los tiranosauros hermanos Castro por algún miembre del Gobierno ZP?
Y es que, antes de la sorpresa de la caída del Muro de la vergüenza, en los países occidentales y sobre todo en España, otros habían comenzado a edificar otras muros y hoy continúan levantando parapetos contra la libertad. Veamos un ejemplo con música. Nueve años antes de la caída del Muro una de nuestras mejores artistas ¡cantaba en Cuba! -isla convertida en una inmensa cárcel de miseria y opresión-, cantaba “La Muralla” contra USA y por ende contra todo el mundo libre. Por lo visto “el sable del coronel” estaba en USA y la “paloma y el laurel” en Cuba; lo mismo ocurría -tun tun- con el alacrán y el ciempiés, la serpiente, al veneno y al puñal, estos se encontraban en el capitalismo (cierra la muralla); el mirto, la yerba buena, el ruiseñor y la flor en socialismo cubano (abre la muralla).
La Muralla de Ana belén y Victor que defienden es la misma que la "Muralla de Protección Antifascista" que la Democracia Popular de la República Democrática Alemana (admiren por favor la demagogia eufemística y manipuladora del lenguaje) construyó para defenderse del fascismo de Helmut Kohl, Willy Brandt, Konrad Adenauer…, por eso tirotearon al menos a 251 alemanes al intentar huir del paraiso; unos lo hicieron con una locomotora, 14 cruzaron un río en medio de una lluvia de balas, un grupo de 57 personas se arrastró por un túnel de aproximadamente 150 metros de largo bajo el muro de Berlín, otros escaparon con un teleférico de construcción casera…, la imaginación, la libertad.
Hoy y todos los días en Berlín, en la Capilla de la Reconciliación, se piden sufragios por las víctimas mortales de las murallas levantadas contra la libertad; allí, “juntando todas las manos, los negros sus manos negras, los blancos sus blancas manos” cientos de cristianos rezan por los asesinados y por los asesinos por al auténtica reconciliación del género humano.
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Juan M. Delafuente
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