Ética de la crisis económica
28.03.09 @ 10:13:01. Archivado en RELIGIÓN-ÉTICA
¿A caso la profunda crisis económica mundial se debe exclusivamente a la falta de regulación del sistema financiero con el fin de impedir que cuatro desaprensivos codiciosos de Wall street urdan un tinglado de paquetes titularizados de hipotecas subprime, huyendo hacia delante con el fin de cobrar cuantiosos bonus? ¿O quizás la crisis hunda sus raíces en una degeneración moral del mundo de los negocios financieros: banqueros, yuppis, brokers, etc.? ¿O acaso la moral privada de los personajes que manejan los negocios en las bolsas mundiales es la misma que la sociedad donde trabajan? ¿Es una crisis del modelo capitalista? ¿La crisis económica es un simple reflejo de la profunda crisis de principios éticos que sufre el mundo actual? Me gustaría tener respuesta a todas las preguntas…
A río revuelto…, algunos aprovechan la crisis para atacar al sistema económico y reivindicar la necesidad de mayor intervención pública en bancos y en general en la economía. No deja de ser chocante que la ideología política que más ha contribuido al relativismo moral, incluso hasta llegar a su negación, ahora se rasguen las vestiduras por la ausencia de ética de la economía capitalista. Son los mismos que tienen una concepción subjetivista del bien: todo es relativo –excepto su propia creencia relativa que es un absoluto- . En la práctica no creen en nada, y embozándose en su agnosticismo o en su increencia reivindican y practican el todo vale: hedonismo desenfrenado, desidia, irresponsabilidad…; en el fondo amoralidad, es decir ausencia total de principios universales que eduquen a la sociedades en la honradez, en el trabajo bien hecho, en el esfuerzo; es decir principios que hagan de goznes sobre los que orbite la sociedad global de forma regular y sin sobresaltos.
Es verdad que la ciencia económica puede estudiarse de forma autónoma, pero no es menos verdad que además de reglas “técnicas” de obligado cumplimiento, la economía para funcionar necesita apoyarse sobre un sustrato social de honradez en los negocios, de trabajadores que acudan al trabajo los lunes, en definitiva de que la inmensa mayoría social respete la legalidad por convicción moral. Cuando los principios éticos universales –que hasta la fecha más o menos han imperado en occidente en los últimos veinte siglos- se desploman, cualquier laguna legislativa –ausencia de regulación de las prácticas bancarias: titularización con cuantiosos premios- conlleva una debacle internacional de consecuencias incalculables.
La economía y en general las sociedades para que permanezcan sólidas a largo plazo tienen que anclarse en principios ascéticos-éticos: trabajo bien hecho, honradez, ahorro,…; son los estados los que tienen el deber de fomentar estas virtudes sociales. Fomentar la avaricia, la codicia como virtudes que incrementan los negocios y la riqueza, en el fondo es un pésimo negocio porque más temprano que tarde se hunde el invento. La economía, el mercado, las reglas, solo funcionan cuando existe un amplio consenso moral básico que no necesita de un guardia para su cumplimiento.
Podríamos establecer una ley para predecir las crisis, como la de Wagner para el gasto público: “la moralidad de una etapa histórica es inversamente proporcional a la suma de intervención económica, más corrupción, más desconfianza, y su corolario es menor honradez en los negocios, menor inversión y por consiguiente menor riqueza”.
En el fondo es la hipocresía de siempre de aquellos que no creen en ninguna moral y desprecian las normas. Por el contrario los amantes de la libertad, siempre han reivindicado reglas claras, pocas leyes y para todos. Siempre, pues, desde sus albores del capitalismo ha tenido reglas, siempre ha proclamado que la seguridad jurídica, con leyes y contratos respetados conlleva a la creación de riqueza.
Entonces, ¿por qué acusamos hipócritamente a los responsables de los consorcios financieros americanos de los bonus, de los jets privados, de la titularización de las subprime para seguir cobrando más bonus, si la misma codicia y corto plazo, de la que hacen gala los altos ejecutivos, está instalada en todas las capas sociales de occidente?
En todo occidente, que es tanto como decir el mundo global, pero de forma especial en España, quizás por la ley del péndulo, se ha impregnado hasta el tuétano de la sociedad, la idea de que los principios éticos de nuestros antepasados: honradez, trabajo bien hecho, ahorro, esfuerzo…, son carcundia reaccionaria. Aquellos que proclamamos la primacía del espíritu, de lo moral, de los principios éticos universales, de la libertad con responsabilidad “y si hay problemas más libertad”, estamos abocados al ostracismo más despreciable.
Corremos el riesgo, especialmente en España, no solo de un colapso económico, con un horizonte de cinco millones de parados-cobrando el subsidio la tercera parte-, con los problemas que esto trae aparejado de déficits exponenciales que endeudan a varias generaciones; sino de un desplome social sin precedentes. Si los presos en las cáceles españolas se han multiplicado por cinco en treinta años, en la próxima década podríamos volver duplicar el número, la inseguridad se habría instalado.
Aunque casi siempre he sido optimista (no he gozado, afortunadamente, del optimismo antropocéntrico de ZP), sin embargo, mi pesimismo con la deriva de la sociedad española se acrecienta de día en día. No solo adolece la sociedad española los graves problemas –en mayor grado- por la pérdida de principios éticos y morales que asolan las sociedades occidentales y de la profunda crisis económica sino también de una crisis institucional (autonomías contra el estado, justicia, irresponsabilidad ancestral del partido del gobierno…) que promete funestas consecuencias, esperemos que se recobre el juicio político, aunque personalmente no lo creo.
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CARTA ABIERTA A UN "AMO DEL MUNDO"
Tu osadía y tu resolución no te dan ningún derecho a quedarte con lo que otros necesitan. Ni siquiera tu esfuerzo titánico o tu voluntad inquebrantable pueden darte ese derecho. No valen más que la habilidad de ese carpintero o la dedicación de ese labrador; no son mejores que la abnegación de una madre o los versos de aquel poeta. Todos aportamos, todos construimos el mundo. No serías nada ni nada podrías si no fuera por nosotros. Tu poder, tus conquistas y tus cuentas de resultados dependen del esfuerzo callado de muchos. ¡Tu propia existencia como ser humano depende de tantos!... Puedes creerte mejor o más imprescindible, pero si sobra alguien eres pre-cisamente tú. Lo que tú haces lo haría cualquiera, o lo haríamos todos. No requiere mucha ciencia, y aún menos sabiduría. Pero lo haríamos de otra manera, porque no podemos ser como tú… ¡no queremos ser como tú! Nos gusta más la palabra cooperación que...
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Juan M. Delafuente
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