¿Dios existe?
20.01.09 @ 11:56:04. Archivado en RELIGIÓN-ÉTICA
Quizá el título suene como a reto a provocación. Em eso estoy, en la misma marcha que la polémica mediática iniciada, en los autobuses londinenses, por Richard Dawkins, autor ateo del libro "El espejismo de Dios". La campaña dice: "Probablemente Dios no existe, deja de preocuparte y disfruta la vida". Eslogan, también, estampado en los autobuses de Barcelona por las asociaciones de "Ateos de Cataluña y Unión de Ateos y Librepensadores". Pero de verdad "El origen de la tragedia" (Nietzsche, 1870) comienza mucho antes. Con la tesis del joven Hegel en "Fe y saber" (1802): el "sentimiento sobre el que reposa la religión de la nueva época es el de que Dios mismo ha muerto", medio siglo después, Nietzsche diría: "Creo en las palabras de los primitivos germanos: todos los dioses tienen que morir". Las frases, las tesis de Hegel, Nietzsche, Dawkins y los Ateos de Cataluña, quizás sean distintas, pero para lo que importa en el presente artículo tienen una conexión esencial el deseo de la muerte de Dios, al menos en la cabeza y en el corazón de los hombres.
El relato de Nietzsche titulado "El Loco" en su obra "La gaya ciencia", nos introduce muy bien en la polémica de la propaganda atea de los autobuses, para comprender lo que está sucediendo: “¿No habéis oído hablar de ese loco que encendió un farol en pleno día y corrió al mercado gritando sin cesar: «¡Busco a Dios!, ¡Busco a Dios!». (…) sus gritos provocaron enormes risotadas. El loco saltó en medio de ellos… «¿Que a dónde se ha ido Dios?... Lo hemos matado: ¡vosotros y yo! Todos somos sus asesinos. Pero ¿cómo hemos podido hacerlo? ¿Cómo hemos podido bebernos el mar?... » Después de un largo discurrir, el loco se calló y … arrojó su farol al suelo, «Vengo demasiado pronto, todavía no ha llegado mi tiempo». Todavía el loco entró aquel mismo día en varias iglesias y entonó en ellas su Requiem aeternam deo. Una vez conducido al exterior e interpelado contestó siempre esta única frase: « ¿Pues, qué son ahora ya estas iglesias, más que las tumbas y panteones de Dios?».
Los no creyentes, ante la ausencia de experiencias personales con un Dios personal, cercano, hablan, como lo hace Dawkins en los autobuses londinenses y en su libro, de la existencia improbable o imposible de Dios. En los siglos pasados los argumentos se basaban en los razonamientos filosóficos, en argumentos sobre probabilidades físicas. El origen de la materia, de millones de universos o de la conciencia es un puro producto del azar. Para los ateos, el razonamiento de la existencia de algo que evoluciona a partir de la nada es más científico, según la leyes de la probabilidad y de la física quántica que el argumento ontológico empleado por los creyentes, que arguye que Dios existe por sí mismo y que de El comienza a caminar la aventura de los millones de universos y del hombre. Para unos la existencia de un Dios perfecto y creador es imposible, para otos un Azar creador, es por lo menos, igual de imposible.
Tampoco me sirven los argumentos antropológicos, sicológicos, etc. Si los argumentos de los ateos fueran tan “lógicos”, tan “científicos” por qué a lo largo de la historia el hombre a creído, ha buscado a Dios. El miedo a la muerte como contra-argumento es de risa, es lo que hace Dawkins y otros muchos. Respecto al argumento empleado por creyentes de que las personas religiosas son más éticas y felices, responden que la religión ha producido más daño que bien, han provocado muchas guerras y derramado mucha sangre. Y así argumentos ad infinitum.
Los creyentes ante estos planteamientos, pensamos que la demostración científica de la existencia de Dios, entendida ésta como demostración empírica, física, es imposible, exactamente igual que el argumento contrario de la inexistencia. Preferimos las experiencias personales de lo sentido, del cambio, de la conversión, como un don gratuito divino ante la humildad.
A mí personalmente, el mayor impacto me lo causó la conversión de A. Frossard narrada en el libro: Dios existe. Yo me lo encontré. Frossard, militaba en la extrema izquierda, nacido en el seno de una familia de ateos, su padre el Secretario General del PCF y diputado. Dice el escritor francés: "Éramos ateos perfectos, de esos que ni se preguntan por su ateísmo. Los últimos militantes anticlericales que todavía predicaban contra la religión en las reuniones públicas nos parecían patéticos y un poco ridículos, pues el ateísmo perfecto no era ya el que negaba la existencia de Dios, sino aquel que ni siquiera se planteaba el problema. (...). Dios no existía. El cielo estaba vacío; la tierra era una combinación de elementos químicos reunidos en formas caprichosas por el juego de las atracciones y de las repulsiones naturales. Pronto nos entregaría sus últimos secretos, entre los que no había en absoluto Dios”.
Sigue el escritor, “¿Necesito decir que no estaba bautizado? Mi padre era el secretario general del partido socialista. Yo dormía en la habitación frente a un retrato de Karl Marx y una fotografía de Jaurès. Karl Marx me fascinaba. Era un león, una esfinge, una erupción solar.
Él mismo cuenta cómo sucedió esta conversión en su libro, me lo encontré fortuitamente…, fue un momento de estupor que dura todavía. Nunca me he acostumbrado a la existencia de Dios. Habiendo entrado, a las cinco y diez de la tarde, en una capilla del Barrio Latino en busca de un amigo, salí a las cinco y cuarto en compañía de una amistad que no era de la tierra. Salí católico, apostólico, romano; llevado, alzado, recogido y arrollado por la ola de una alegría inagotable.”
En la literatura religiosa hay miles de conversiones extraordinarias, en ocasiones éstas nos dicen poco por lo lejanas y tan extraordinarias. Pero en épocas recientes, algunas son muy contagiosas por cercanas, la de André Frossard es muy llamativa por su procedencia ideológica y por la excelencia de su prosa. Pero también hay otras que solo son explicables desde la fe.
Una conversión que me gustaría que la explicasen los ateos mediante el azar y la probabilidad es la de la poetisa judía Joy Davidman, era atea y comunista, casada con el escritor Bill Gresham, también ateo comunista. Éste padecía crisis nerviosas. Un día él no llegaba. Inquieta, no sabía que hacer. "Acosté a los niños. Por primera vez en mi vida me sentí desesperanzada; por primera vez en mi vida mi orgullo se vio obligado a admitir que, después de todo, no era la dueña de mi destino, el capitán de mi alma... Todas mis defensas, los muros de vanidad y arrogancia detrás de los cuales me había ocultado de Dios, desaparecieron momentáneamente.
Y entonces entró Dios. Había otra Persona acompañándome en la habitación, presente en mi conciencia, una persona tan real que toda mi vida anterior me pareció un simple juego de sombras. Comprendí que Dios siempre había estado allí y que yo, desde la niñez, había dedicado la mitad de mi esfuerzo a echarlo. Mi percepción de Dios duró al menos medio minuto. Cuando se desvaneció me vi a mí misma de rodillas y rezando. Creo que he debido ser la atea más sorprendida del mundo."
Basten estos dos ejemplos occidentales de conversiones, el de Frossard y el de la poetisa Joy Davidman para comprender que el hombre no es un conjunto de partículas ordenadas por el azar. Pero detrás del muro las conversiones debieron suceder a millares, ante la indefensión del ser ante el sistema opresor, el hombre al sentirse nada, imploraría a Dios y encontraría la paz en medio de la miseria y el gulags. Tatiana Goritcheva nacida en Leningrado (actual San Petersburgo), lo relata en su libro "Hablar de Dios resulta peligroso", ella no estuvo en los campos de concentración soviéticos, pero fue “educada en el orgullo de los sin Dios”, en el “cinismo del resentimiento y sin escrúpulos”, “entre la intelectualidad más sublime y la miseria más ruin”, “nadie me había dicho que el amor está por encima de todo”.
Después del paso por todos los movimientos intelectuales, tampoco la llenaron las filosofías orientales. El yoga destruyó el orgullo intelectual. Repetía mantras, repitió el Padrenuestro seis veces, como si de otro mantra se tratara. “En aquel instante comprendí y capté el misterio del cristianismo”. “En aquel momento, todo cambió en mí”. Tatiana Goritcheva considera, que la sociedad materialista es, por definición, ateizante y consigue extender un odio terrible en el corazón de las personas.
Creo que el superhombre de Nietzsche no se consigue con campañas ateas en los autobuses de Londres o Barcelona, porque ese superhombre no existe, cuando el hombre ha jugado a hacerse un superhombre, como si fuera el mismo Dios, los resultados ya los conocemos: la Alemania nazi y la Unión Soviética. Si “Dios ha muerto” en el mundo, algunos hombres ocuparían su puesto y la respuesta nos la dio Dostoievski en su famosa novela Los hermanos Karamazov: "Si Dios no existiera, todo estaría permitido", para algunos, claro, los demás sufriríamos las consecuencias.
Comentarios:
En primer lugar, con respecto a la historia de El Loco, lo que Nietzsche estaba tratando de reflejar en esta historia es un mundo muy al estilo del ateismo que promueve Richar Dawkins, que es un ateismo en el que si bien se promueve la no existencia de Dios, realmente no se va a las consecuencias e ideas que desencadena esta idea, es un mundo de un ateismo superfluo donde nadie cree en Dios, pero aun asi la moral y valores judeo cristianos prevalecen, por eso la afirmacion de que aun cuando nadie cree en Dios siguen habiendo iglesias.
Desde este punto de vista, Nietzsche vislumbra un futuro sombrio, en que el mundo ha dejado de ser creyente, pero los valores cristianos continuan, su frase de "Dios ha muerto", refleja mas bien no la afirmacion que Dios no existe sino que en un mundo donde no es necesario recurrir a Dios para definir valores, el se hace la pregunta, En qu...
A mi que otros hayan "visto la luz" no me dice nada. Todos los ejemplos, por cierto, son de gente que fue educada en el ateismo: yo pienso que hay gente que necesita creer y otra que no, los casos expuestos son de los primeros. El cerebro humano es complejo (capaz de crear cosas mucho mas complejas, creame alber), y se plantea cosas que no puede explicar, como la existencia de un ser supremo cuya existencia es imposible demostrar. Yo ante la posibilidad de que sea falso, opto por un prudente agnosticismo.
Difiero tambien en la idea de "superhombre" asumida por el autor: para mi un "superhombre" es el tipo que se levanta a las 6 de la mañana, recoge a sus hijos del colegio, paga una hipoteca, conserva amigos y aficciones, y se acuesta con una sonrisa.
No hay nada dañino ni ofensivo ni raro en esa afirmación.
En El Corán se dice que Mahoma -¡el pederasta violador que tomó como esposa y coitó con una niña de 9 años, Fátima!- subió al cielo en una yegua blanca y allí habló con Dios y los ángeles.
Sr. Delafuente, ¿cree Ud. en esos disparates que defienden el cristianismo, el islam y todas las religiones?
Los cristianismos deienden como hechos verídicos:
1º. Dios dejó embarazada a una mujer, sin tocarla.
2º. El hijo de esta mujer fué llevado por los aires por el diablo y lo puso en lo alto del templo de Jerusalén. (Teniendo en cuenta que estaban solos, sería interesante saber quién "se fué de la lengua").
3º. Una vez bajado del templo -nadie lo vió bajando, ¡cachis!- se dedicó a caminar sobre el agua, sanar enermos y hasta resucitó a un muerto-¡pero las moléculas del cuerpo se descomponen!-.
No es necesario seguir. Y, así, las otras religiones.
Soy deísta racionalista -perdón si suena pedante, pero no he encontrado una definición mejor-. ios es la causa primera imprescindible, pero no tiene nada que ver con los mitos y cuentos de las iglesias.
<...
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Juan M. Delafuente
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