La Navidad de la Esperanza
27.12.08 @ 12:36:40. Archivado en RELIGIÓN-ÉTICA
Desde siempre la Navidad me llena de esperanza y alegría mezclada con una pizca de nostalgia y tristeza; esperanza porque, a pesar de los pesares, se sigue recordando en todo el mundo -con las adherencias sincretistas que se quieran- que hace más de dos mil años nació un Niño –inerme- en Belén de Judea, de la estirpe de David, en tiempos del emperador romano César Augusto, siendo rey Herodes el Grande. A los que creemos que el hombre, el mundo, el universo… ha sido obra de un Dios que lo trasciende –con toda la evolución y Big Bang que se quiera-; y que ese Dios eterno, todopoderoso y omnisciente nace, se hace hombre en los confines de un imperio, que subyuga a sus moradores, allá en una aldea perdida de Judea, Belén, y como trono un pesebre nace un Niño-Dios que cambiará radicalmente la historia del mundo. Esta es la razón de mi esperanza.
Toda la historia del cristianismo ha sido así, repleta de aparentes contradicciones, de misterios insondables, escándalo para unos y necedad para otros. Reconozco que, para aquellos que no creen, les resulte escandaloso y hasta absurdo, que un Dios eterno nazca en el cuerpo de un Niño, para más inri de una Virgen desposada, en un establo o gruta, porque “no había sitio para ellos en la posada”; y que unos ángeles y una estrella anuncian a los pastores y a los Reyes que había nacido "el Salvador, el Mesías, el Señor". "Encontraron a María, a José, y al niño acostado en el pesebre" y “…volvieron glorificando y alabando a Dios por lo que habían visto y oído". Para un incrédulo, desde luego, debe parecerles un relato mágico, un cuento de Navidad.
Para mayor escándalo aún si cabe, ese Niño dedica la mayor parte de su vida a la carpintería en Nazaret, sujeto a sus padres; y en tres años predica el amor como piedra angular de su doctrina: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente... El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas.” Predica el deber de perdonar no hasta siete veces a su hermano que le ofende, sino hasta setenta veces siete, siempre. ¿Ojo por ojo y diente por diente? No, si te abofetean en la mejilla derecha, muéstrale también la otra, es decir: “vencer el mal con el bien” (Rom 12, 21). ¿Es posible otra moral más excelsa, más sublime?
Pues, precisamente mi esperanza en la Navidad se basa en la sublimidad de la moral cristiana, por ello me causa risa y tristeza el empeño en conmemorar el solsticio de invierno (noche más larga), me importa poco que en parte sea una apropiación cristiana de las costumbres paganas para cristianizarlas, trascendiéndolas y asumiéndolas en la liturgia navideña, que conmemora el nacimiento de un Niño-Dios que redime al hombre.
El hecho de que los cristianaos hicieran coincidir la fiesta solar del Natalis Invicti romana, no convierte a la fiesta en un sincretismo alrededor del dios-sol, la aparente paganización actual del nacimiento de Jesús, no se debe a la conmemoración del nacimiento de “el Sol de Justicia” en épocas pretéritas, sino a la paganización moderna de las costumbres: la ingesta de alcohol, las bacanales, el derroche masivo y sus consecuencias: violencia, insolidaridad… Parece como si los saturnales izasen al niño Horus con su disco solar en la testa y clamaran venganza por la usurpación cristiana. A veces es poco reconocible la Navidad y lo que conmemora: bienaventurados los pobres…, los mansos, los que lloran, los hambrientos, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que trabajan por la paz…
El hecho, en sí objetivo, de una cierta paganización de la Navidad, no implica la descalificación del significado de la misma, ni tampoco de algunas costumbres como el consumo generalizado de los mejores productos, esto significa igualdad de género humano, principio básico del anuncio cristiano: la radical igualdad de todos los hombres y mujeres: negros, blancos, amarillos y mediopensionistas; libertos y esclavos, reyes y pastores, poderosos y desheredados, sanos, enfermos y minusválidos psíquicos, nacidos y nonatos. Para los cristianos todos los seres humanos deben ser iguales porque Dios ha nacido en Navidad, por eso nadie debe arrogarse la soberbia de legislar contra la vida del ser humano porque es imagen de Dios hecho hombre, por estas fechas hace más de 2000 años.
No me gustan los fetiches conceptuales modernistas que anuncian la Navidad, me gusta el nacimiento y el árbol, el abeto, el acebo, las guirnaldas de muérdago, los envoltorios de oro y plata, la lotería, los regalos, las velas, el fuego; los símbolos navideños me encantan, me resultan entrañables.
Toda esta parafernalia, parece contradictoria, pero me ayuda a tener esperanza, me regocija, y creo que al margen de creencias, la tradición cristiana ha impregnado las costumbres sociales, familiares e individuales; la herencia cristiana recibida durante siglos y siglos ha tenido como resultado una sociedad igual, libre, tolerante, a pesar de la paganización galopante. Ya sé de graves errores cometidos por cristianos en nombre del cristianismo, pero el balance es, sin duda, altamente positivo, sobre todo si lo comparamos con las sociedades que de forma real han ordenado el sistema social y económico (antes o después de Cristo) al margen de todo principio cristiano, las sociedades que se así se han gobernado al margen o contra las normas de la moral cristiana, han caído en la más abyecta pobreza y miseria personal y social. Me resulta curioso que los enemigos de la cultura que impregna la Navidad, sean partidarios de las mismas ideas que cuando han gobernado son enemigos acérrimos de la libertad.
Los cristianos debemos saber que aquí en la tierra no hay paraísos perdidos, siempre habrá alegría y tristeza, siempre habrá sanos y enfermos, ricos y pobres, listos y tontos de capirote, etc…, esta es la condición humana. A mí no me lleva a la desesperanza, me lleva a luchar por mejorar, a ayudar a los demás, a buscar la paz y la esperanza, porque la esperanza salva (Spe Salvi), predica el Papa alemán Benedicto XVI, veinte siglos después del nacimiento de la Esperanza.
Creo en la Navidad y en la esperanza, paz y amor que comporta, a mi me reconforta esta fiesta entrañable, me llena recuerdos. Y, con las más absoluta sinceridad, para los que tenemos la gran suerte de creer en el Dios del Amor y el Perdón os deseamos, al encarar el nuevo año, los mismos sentimientos de esperanza, paz y amor para todos los españoles y para todo el mundo, que sin duda se necesitará.
Comentarios:
Dices, Juan Manuel que Jesús cambio la historia de forma radical? ¿Para bien? No lo sabemos, pero desde luego el mundo no ha ido a mejor en lo relativo a sufrimiento humano. ¿a que Dios te refieres? Porque si es el que ha servido para justificar todos los atropellos de la historia los último...
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Juan M. Delafuente
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