30 años de Constitución
06.12.08 @ 12:55:44. Archivado en POLÍTICA
El 6 de diciembre ha cumplido 30 años la Costitución del 78 desde su aprobación en referéndum. ¿El balance de lo logrado es positivo? ¿Ha llegado el momento de introducir reformas? ¿Qué reformas? ¿Sólo la sucesión a la Corona? ¿Cambiar el Senado como Cámara territorial o suprimirlo? ¿Se debe reformar, para cerrar, el modelo autonómico, evitando que las comunidades autónomas estén siempre reivindicando nuevas competencias?… ¿Nacionalidades y regiones por Comunidades Autónomas? ¿Se debe reformar la pena de muerte también en "en tiempos de guerra"? ¿Se debe cambiar el sistema electoral previsto en el art. 68? ¿Debe abrirse el melón de la religión modificando los artículos 16 y 27? ¿Reformar la Disposición Adicional 1ª sobre los privilegios forales en materia fiscal? ¿O la Disposición transitoria 4ª, en la que no se establece plazo alguno, en la que Navarra se pueda unir a Euskadi?
Treinta años es toda una nueva generación que ha vivido bajo una misma Ley de leyes, es tiempo más que suficiente para valorar si el sistema político fundado bajo esa Norma es razonablemente bueno, o si es mejorable. No hay duda que, para la inmensa mayoría de los analistas, España ha mejorado extraordinariamente en este período: se ha integrado en la Unión Europea, tiene estándares de riqueza similares a la de los países más desarrollados del mundo, de libertad, de igualdad, de justicia, etc., etc. No es un edén, el paraíso celestial; hay problemas como en todos los países de su entorno cultural y económico. A mi entender la pregunta que habría que hacerse para intentar saber si la Constitución necesita reforma sería: ¿Qué problemas ha tenido España en estos últimos 30 años que no han podido solucionarse o paliarse debido a la Constitución y en otros países sí los han solucionado?
Desde el punto de vista político, que es el que nos ocupa, en España ha habido tres graves problemas, en estos 30 años, que países similares no han tenido o han resuelto. Terrorismo con más de novecientos muertos; desempleo con tasas de dos dígitos, muy por encima de la de los países desarrollados; y las tensiones territoriales centrífugas. Evidentemente hay otros muchos que requieren un entendimiento y por consiguiente, su solución, como son: educación, energía, sistema electoral, desigualdades regionales, etc., etc.
¿Estos problemas: terrorismo, desempleo, tensiones territoriales, han sido consecuencia o agravados por la regulación constitucional? Veamos. La lucha contra el terrorismo no ha sido todo lo eficaz que debería, que un Estado moderno puede llevar a cabo; por la falta de legislación adecuada y consensuada entre los dos grandes partidos; y por la falta de voluntad política de acabar con el terrorismo policialmente. Por tanto la Constitución del 78 es ajena a la ineficacia política de los partidos políticos para acabar con esta lacra, más bien se debe a la concepción ideológica que el socialismo español tiene sobre las leyes penales, sobre rehabilitación de penas y presos, sobre “las cloacas del Estado”, etc.
El desempleo es un grave problema de España provocado exclusivamente por la incompetencia de políticos con ideas trasnochadas y de la oposición que no ha sabido desenmascarles ante el pueblo español (a veces los pueblos eligen a Hugo Chávez, que le vamos hacer). El desempleo se mantiene con dos dígitos con el largo mandato de F. González, por la locura del gasto despilfarrador de los grandes dispendios del Centenario, por la corrupción generalizada desde arriba, por la moratoria nuclear, por los déficits y deuda generados y todo los que esto conlleva, etc. El desempleo cae vertiginosamente cuando se aplican políticas económicas coherentes con Aznar y vuele a subir estrepitosamente con ZP cuando los Presupuestos de gasto se mantienen durante cinco ejercicios creciendo al 9%, esta es la principal causa de que el paro crezca exponencialmente en España y en otros países de nuestro entorno crezca, pero moderadamente. El problema no es pues de la Constitución del 78, sino del cariz ideológico más pronunciado del socialismo español respecto a los países de nuestro entorno.
Respecto al tercer problema con el que hemos convivido durante estos 30 años han sido las tensiones territoriales. Desde mi punto de vista, es el más grave problema y de peor solución, porque no solo hay diagnosticarlo como tal (el partido que gobierna no lo cree así) sino que hay que tener voluntad política de solucionarlo y de forma consensuada entre los dos grandes partidos, única forma eficaz de remediar la actual situación de modificación de la Constitución vía Estatutos.
¿Se arreglaría modificando el artículo 2º, cambiando “nacionalidades y regiones” por Comunidades Autónomas? Yo creo que no. El problema subsistiría, Cataluña ya se definió como nación en su preámbulo y Andalucía como "realidad nacional". Abrir el melón con este artículo nos llevaría a ninguna parte conociendo el panorama de nuestra clase política, discusiones interminables sobre federalismo y confederalismo, para luego votar en contra.
¿Se paliarían los problemas de tensiones territoriales modificando el Título VIII (artículos 137, 148, 149, 150, Adicional 1ª y Transitoria 4ª), o por el contrario crearían más tensión? Considero, también, que con el panorama político actual modificar estos artículos crearían más problemas que soluciones, porque para cambiar una Constitución debe haber un clima político que lo ampare y propicie, con el actual lo hace inviable.
¿A caso la claridad del artículo 3.1, ("El castellano es la lengua oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla"), impide que en Cataluña, el País Vasco y ahora en Galicia no lo cumplan? El problema fundamental es, pues, de voluntad política, no de claridad en la definición constitucional.
El único artículo que hay un cierto consenso, para su modificación, entre los dos grandes partidos es en artículo 57.1 que establece la preferencia del varón sobre la mujer en la sucesión a la Corona, una absurda discriminación, pero si se modifica sólo este artículo, no sería peor el remedio que la enfermedad. Al estar el artículo dentro del Título II, exige un referéndum. Un referéndum de modificación constitucional con solo este artículo, sin duda, se convertiría en un plebiscito contra la monarquía.
Respecto a la reforma de la pena de muerte también en "en tiempos de guerra", al sistema electoral previsto en el art. 68, a los temas religiosos de los artículos 16 y 27, creo que provocarían mas disenso y enfrentamiento, mejor sería no abrir el melón.
El grave problema que nos acecha y que ya soportamos, respecto al texto constitucional, es su transgresión por la vía de la modificación de los Estatutos de Autonomía, como el de Cataluña.
Es, pues, fundamental que los dos grandes partidos nacionales se pongan de acuerdo sobre los remedios de los grandes problemas que tenemos los españoles y embridar a las fuerzas centrípetas mediante legislación adecuada sobre sistema electoral que permita gobernar al más votado, para ello la Constitución permite un colchón de 50 diputados, hasta los 400 y el sistema D’Ont puede modificarse para permitir que IU esté más cómoda y que ese colchón, en distrito único, se reparta a la fuerza más votada. Otras muchas reformas serían necesarias, pero solo rozan la Norma de normas, como la reforma laboral, sindical, energética,…
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Juan M. Delafuente
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