Ética del Capitalismo
15.11.08 @ 18:57:41. Archivado en ECONOMÍA
¿La crisis económica mundial se debe al capitalismo? ¿El capitalismo es un sistema esencialmente injusto que provoca inexorablemente crisis cíclicas? ¿Es moralmente neutro? ¿Todos los fenómenos culturales, religiosos, sociales, políticos…, están determinados irremediablemente por las fuerzas económicas? ¿El capitalismo es un sistema de poder? ¿Es un sistema económico basado en la filosofía de la avaricia y del egoísmo? ¿No sería más razonable, desde el punto de vista ético, hablar de justicia o injusticia en su regulación legal del capitalismo como de comportamiento justo o injusto de los individuos que lo componen?
En primer lugar desechamos de plano, por grosería intelectual reduccionista, la visión socialista –marxista- de considerar al hombre un conjunto de impulsos materiales, esencialmente económicos y por tanto esto es lo que determina inexorablemente el sistema capitalista, sus crisis y por fin su ruina y el advenimiento -también de forma inexorable- del socialismo real de la sociedad sin clases, del paraíso en la tierra. Ya sabemos los resultados: miseria económica y miseria moral: desidia social masiva, hipocresía como defensa, irracionalidad económica, etc.
Por tanto ante la crisis económica, tan profunda, ya no hablamos de sistema económico alternativo, sino de grados de regulación del sistema, de más o menos intervención estatal. Nadie reivindica el sistema cubano, aunque el Secretario General del PSOE, José Blanco no tenga tiempo para reunirse con los disidentes de la satrapía, a la que por nostalgia y coherencia histórica el socialismo español jamás ha reprobado como sistema político y económico esencialmente injusto.
Tampoco quiero entrar en la larga polémica intelectual de los orígenes del espíritu capitalista. Reconozco que el filón del libro de Max Weber me llegó a apasionar; Sombart, Tawney…, y hasta tengo el libro agotado en castellano de Amintore Fanfani: “Catolicismo y protestantismo en la génesis del capitalismo”. De toda esta secular polémica se puede concluir que el capitalismo tiene su origen en el ascetismo religioso, en la austeridad, en el ahorro, en la honestidad en los negocios…; estas características son como signos que Weber los atribuye al calvinismo y en general a los puritanos protestantes, evidentemente Fanfani, Toniolo y otros ven su génesis en las repúblicas de Génova y Venecia. Esta actitud ascética ante la vida hace que se racionalice el trabajo de forma sistemática y constante, contribuye al ahorro y por tanto a la acumulación de riqueza, a la inversión; es decir a establecer lo pilares fundamentales del sistema económico.
Las características, como signos éticos, predominantes del capitalismo, van evolucionando a lo largo de la historia, no son los mismos en su origen que en la posmodernidad de de las complejas y masivas transacciones financieras de sociedades opulentas con más de 30.000 dólares per cápita. Una pléyade de individuos que conforman partes fundamentales de la sociedad no basan su ascetismo del trabajo en la religión de Calvino; ni tampoco consideran el ahorro como parte esencial de su vida, sino más bien el consumo derrochador; ni tampoco los brokers, ni los ejecutivos del sector financiero basan su quehacer en la honestidad religiosa para obtener millonarios bonus -retribución variable en función de los resultados-. El auri sacra fames –la maldita y perversa hambre de oro-, es decir el egoísmo y la avaricia se mezclan con la honestidad en los negocios.
La regulación jurídica no contradice al sistema, al contrario lo hace más firme. Es verdad que podrían haber regulado tanto el desaguisado de las hipotecas subprime a los ninja (personas sin ingresos fijos, sin empleo fijo, sin propiedades) como el exceso de ingeniería financiera para salvar las normas financieras de Basilea, pero no es menos cierto que el origen y la clave es la intervención en el sistema tanto Ben Bernanke como Alan Greenspan –y no el sistema económico de forma autónoma-, pues ante el peligro de recesión –pesimismo, terrorismo, torres gemelas- se intervino artificialmente en el sistema financiero bajando los tipos hasta el 1% (aquí reside el quid de la cuestión), esto hizo que el margen de intermediación bancaria (al final beneficio) decreciera, como ya había pasado en Japón y ante la demanda masiva de hipotecas, buscaron soluciones.
Se corre el riesgo de engaño masivo a los españoles, como tantas veces, al decir que la culpa de todos los males de la crisis sin mezcla de bien alguno es de las subprime, del sistema conservador, neoliberal de Reagan, Bush y Aznar. Falacia para permanecer engañando igual que antaño. Don Ángel Rojo, exgoberandor del Banco de España e insigne catedrático de macro de la Complutense, socialdemócrata, keynesiano, para más señas, por tanto nada sospechoso, lo ha repetido hace unos días de forma clara en el periódico de mayor tirada de España: "Ni Greenspan, ni el FMI, ni el BCE han funcionado bien", pues “…eso que ha dicho el señor [Alan] Greenspan de que la culpa la tienen los banqueros porque se han dejado llevar por su ambición, no lo veo así. Los banqueros siempre habrán sido más o menos ambiciosos, pero ése no es el problema”. “La verdad es que vi en 2001 que las cosas iban mal y que irían a peor. Y, ciertamente, así ha sido. Tras los ataques a las Torres Gemelas, Estados Unidos adoptó una política a mi juicio equivocada. Les ha pasado lo que les tenía que pasar, se ha reventado la burbuja porque se tenía que reventar inevitablemente.” Porque mantener unos tipos al 1% provocan una demanda hipotecaria ante el exceso de liquidez que lleva inexorablemente a la burbuja inmobiliaria, y toda burbuja termina explosionado.
Luego no es el sistema económico quien provoca el origen de la crisis, sino la intervención monopolística de la Reserva Federal bajando artificialmente los tipos de interés.
¿Se puede decir hoy y ahora que del G-20 nacerá un nuevo sistema económico, o será el capitalismo de siempre con un lifting facial rejuvenecedor? Me inclino más por el lifting sin bisturí. La realidad es que no hay alternativa posible: "Si por capitalismo se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía…”. Sí, sí, es el Papa Juan Pablo II en la encíclica "Centesimus Annus", quién lo asegura. No es menos verdad que la encíclica advierte de posibles desviaciones erróneas en las que el capitalismo, como cualquier otra forma de construcción humana, puede incurrir y evidentemente las condena.
La ética social del capitalismo reside en la moralidad de los individuos que componen el sistema y la regularización jurídica tendrá que ser mayor o menor dependiendo de dicha moralidad y de la complejidad del sistema, pero achacar al sistema los males cuando la ideología de la intervención social y económica se derrumba en un mundo globalizado, solo tiene una razón meramente coyuntural: permanecer en el poder a toda costa.
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Juan M. Delafuente
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