¿quién fue realmente el Che Gevara?
26.10.08 @ 07:16:45. Archivado en POLÍTICA
Es el título de la película, de reciente estreno, del director S. Soderbergh sobre Ernesto Che Guevara. Fui a ver el filme porque la crítica es buena en general y porque el personaje es un mito ideológico, el mayor icono revolucionario del siglo XX, del que he leído y tengo un concepto muy definido de su vida y pensamiento. Quizá haya ido a otro film distinto al de los benévolos críticos, pero a mí me ha parecido un tostón aburrido, sin ritmo, un documental, un intento hagiográfico. A pesar del aceptable papel de Benicio del Toro, -nombrado mejor actor en Festival de Cannes-, la puesta en imagen del personaje no ofrece ninguna seducción.
El director ha buscado la cuadratura del circulo: “la película no muestra a un Che positivo o negativo, sino tal y como era". ¿No era ni positivo ni negativo, entonces qué era: neutro? Esta ambigüedad calculada para vender, hace que la película no sea creíble; efectivamente el personaje ni seduce ni repugna, porque es sencillamente un personaje sin fuerza, sin garra, sin continuidad, sin sentido, desconcertante. La película trata de ser objetiva y moderna narrando, mediante flashbacks, el discurso en la ONU en blanco y negro, para ello retrocede o se anticipa sin sentido, cortando el ritmo. Con esta técnica, el personaje no consigue objetividad, sino que pierde fuerza. Para colmo, con el fin de humanizarle, mezcla escenas, en plena acción guerrillera, con lenguajes y situaciones absurdas e irrelevantes: ¿Tienes fuego? No, yo no... . Sí, yo sí. ¿Me das, por favor? Ok, toma. Gracias...,” y todo este chispeante e ingenioso dialogo, se produce con una cadencia y una lentitud que lo hacen desesperante… Para colmar el vaso, el film, además del tedioso discurso de la ONU, mezcla retazos en off, de una entrevista en Nueva York, que aturde y confunde.
Ernesto Guevara es un personaje romántico del siglo XX, y aunque el film trata de ser objetivo empleando técnicas de reportaje-documental, no presenta a un Che Guevara “ni positivo ni negativo…”, como pretende su director, el personaje que nos muestra la película encarna las virtudes del revolucionario romántico: incorruptible, valiente, honesto, cerebral y justo. Con estas técnicas aligera la agresividad del personaje, haciéndole más humano y desmitificándole; muestra un retrato de un Che calculador, algo frío y por encima del bien y del mal.
Una película pretenciosa, que no consigue transmitir esa imagen de imparcialidad racional del guerrillero que da su vida por el pueblo cubano y por todos los proletarios americanos. Le presenta con la archifamosa foto de Alberto Korda, con esos cabellos largos, sobresaliendo de la boina, con barba y un conjuntado y estudiado desaliño militar.
Pero ¿quién fue realmente el Che Gevara, qué ideas tenía? ¿Cómo se comportó en Cuba o Bolivia? ¿Cómo era su personalidad? ¿Era un lector empedernido, como le muestra la película? ¿Era un revolucionario, un hombre de acción?
Su origen es absolutamente burgués, en una Argentina pletórica, la duodécima potencia económica del mundo, con más renta que Suiza o Francia. Sus lecturas marxistas le llevan a creer como si de un dogma se tratara, del destino inexorable del mundo hacia el comunismo, creando a un “Hombre Nuevo”, redimido por el nuevo Mesías: la sociedad sin clases, sin propiedad ni capital. Llegó a ser un convencido estalinista, por ello se jactaba firmando como Stalin II. Nunca censuró los fundamentos éticos, ideológicos o políticos de la Urss o del marxismo, ni de los gulags. Sus reproches son de tipo estratégicos por no apoyar con más medios bélicos las revoluciones en África o América.
La película presenta al Che como a Jesucristo que por amor pretende redimir a la irredenta Ámerica, así lo expresa el film, no dice, sin embargo, nada de sus crueldades. En su famoso Mensaje a la Tricontinental dijo: “El odio como factor de lucha; el odio intransigente al enemigo, que impulsa más allá de las limitaciones del ser humano y lo convierte en una efectiva, violenta, selectiva y fría máquina de matar”. O la carta que escribió a su esposa a bordo del Granma, el 28 de enero de 1957: “Estoy en la manigua cubana, vivo y sediento de sangre”.
Rendido ya el ejército de Batista, Castro lo puso a cargo de la prisión de La Cabaña. El Che ya sabía lo que había que hacer con los prisioneros: “Sabemos que todos son unos asesinos, luego proceder radicalmente es lo revolucionario”. Según Jorge Castañeda, uno de los biógrafos de Guevara, cuenta que un católico vasco simpatizante de la revolución, el fallecido Padre Iñaki de Aspiazú, hablaba de setecientas victimas. Este proceso, la cinta, lo desdibuja hasta pasar desapercibido.
Angel Ciutah, un español exiliado en la Urss, fue enviado a Cuba, amigo del otro español Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, se hizo muy amigo del Che, ambos fueron parte importante de la organización de la Checa cubana.
Como Ministro de Industria o director del Banco Nacional de Cuba o del Instituto Nacional de la Reforma Agraria, periodo en el cual Guevara estuvo a cargo de la mayor parte de la economía cubana, introdujo el racionamiento, eso sí en 1961 predijo una tasa de crecimiento para Cuba del 10 por ciento y, para 1980, un ingreso per capita mayor que el de "los EE.UU. en la actualidad." En 1997, el trigésimo aniversario de su muerte, los cubanos seguían con racionamiento impuesto por él: una ración de cinco libras de arroz y una libra de frijoles por mes; cuatro onzas de carne dos veces al año; cuatro onzas de pasta de soja por semana; y cuatro huevos por mes.
¿Ustedes conocen al argentino Juan Bautista Alberdi? ¿Le han visto en algún tatuaje en los brazos de Maradona, de Carlos Santana, de Antonio Banderas? Pues fue un argentino de mediados del XIX, que tuvo la oportunidad de influir pacíficamente sobre un líder en el poder Justo José de Urquiza en 1852. A diferencia del Che Guevara, Alberdi que nunca empleó la violencia, influyó decisivamente en la Constitución Argentina de 1853 que limitó y disciplinó al Estado, abrió Argentina al comercio libre, alentó la inmigración y aseguró los derechos de propiedad. El resultado ya lo conocemos: setenta años de asombrosa prosperidad, hasta superar la renta de los alemanes.
La diferencia con su paisano Ernesto Che Guevara es tremenda. A Alberdi no le conoce nadie, por su puesto nadie luce camisetas o remeras con su efigie, sin embargo su grandeza se debe a que durante más de medio siglo los argentinos fueran de los más afortunados del planeta. Por el contrario, Che, el Argentino fue un hombre profundamente equivocado que hizo y sigue haciendo muchísimo daño a los más necesitados del mundo, con su ideas atrabiliarias.
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Juan M. Delafuente
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